La huida

Lucero Verde

—Se abrió una brecha. —Una señora vestida con capa negra advirtió. Estaban en una habitación oscura y la voz de la mujer sonó a advertencia—. Hubo una conexión entre los dos mundos. Ese chico es muy fuerte, no podré retenerlo por mucho tiempo; lo que sea que vayan a hacer, háganlo ya o él encontrará la forma de romper el bloqueo.

—Haz lo que puedas para neutralizar su poder, pronto lo tendremos de nuestro lado. —La voz de un hombre afirmó.

***

Destello

—Eli, entiendo por lo que estás pasando, aunque no es la misma situación, pasé por algo similar. Eli te voy a ayudar, debe haber una manera de encontrar ese mundo con la joya. —Leela dijo convencida.

—En realidad, hay una forma. —Eli respondió—. La piedra que el hombre misterioso le dio a tu esposo es la misma la piedra transportadora. Fue utilizada por los padres de Ulises para viajar a este mundo.

—¿Los padres de Ulises? —Leela preguntó confundida.

—Al parecer, ellos no eran de este mundo. La madre de Ulises estaba embarazada cuando escaparon de Lucero Verde. Leela, necesito viajar allí y ayudar a los Lucerianos, ellos están en problemas y Ulises... —Bajó el rostro pensando lo peor.

—Eso sí es extraño. ¿Ulises de otro mundo? —Dejó salir una risita—. Por cierto, tú casada con angelito. Te compadezco, ese chico es un maniático, nada más vivía pegado de la oportunista.

—¡Gracias por el recuerdo! —Eli la miró mal y Leela se encogió de hombros—. Tú no puedes hablar, veo cómo te encierras con el príncipe muy seguido y no creo que sea para entrenar o tener una amena conversación. Tan serio que él se ve, de seguro lo pervertiste.

—¡Ja! Él fue quien me enseñó todo. No te lleves de la apariencia, Eli, pero tú debes saber de eso más que yo. Si no es porque no me hubiera tropezado con Ulises y la ramera varias veces, hubiera creído que él sería virgen para siempre. Con esa carita de niño bueno que tiene. Pero esos dos no medían ni hora ni lugar. —Leela se tapó la boca al notar que habló de Anya otra vez.

—Tienes razón, Leela —Eli frunció el cejo—. Un buen ejemplo es el príncipe, quien se veía tan serio y con mucho temple; sin embargo, se acostaba con cuantas mujeres se le pusiera en frente —contra atacó maliciosa.

—¡Oye! ¡No era necesario recordar eso! —Leela se quejó cruzando los brazos.

—¿Contra quién están conspirando? —Jing preguntó mientras abrazaba a Leela por detrás.

—¡No me toques, príncipe promiscuo! —Leela se fue echando pestes.

—¿Yo que hice? —Jing preguntó desconcertado. Eli se encogió de hombros y dejó salir una risita al ver a Jing correr tras su esposa.

—Leela, Leela. Creo que te dieron ganas y buscaste una excusa para que el príncipe te siga a la habitación. —Eli negó divertida. Por un momento la imagen de su esposo llegó a su mente. Él siempre fue muy cachondo y buscaba cualquier excusa para desnudarla. Su cuerpo se calentó y sus mejillas se enrojecieron. ¡Lo extrañaba tanto!

***

—Jing, según Eli, la piedra pertenece a ese mundo y ella la puede utilizar para regresar. —Leela comentó mientras acariciaba su torso desnudo con su dedo.

—Podemos darle el beneficio de la duda e intentarlo. —Él besó su frente—. Pero no quiero que llores si nada sale como lo esperamos. Temo que vuelvas a sufrir como aquella vez.

—Está bien. Te prometo que no me afectará como cuando su muerte, tarado. Eres lindo al preocuparte, pero son situaciones diferentes, no voy a reaccionar igual.

—Eso espero gatita pícara. Por cierto, vaya teatro el que armaste solo para violarme. —Besó sus labios de forma juguetona.

—¿Violarte? No sabía que se considerara violación si lo disfrutas. —Lo miró con coquetería.

Ambos estallaron de la risa y se sumieron en un delicioso y lento beso.

***

Eli se paseaba de un lado a otro. No sabía cómo involucrar a Dimitri en su regreso, pero tampoco quería dejarlo. Se suponía que debían reunirse esa tarde para buscar un portal con la piedra.

—Aquí está la misteriosa roca que nos entregó aquel extraño. —Jing le pasó la piedra a Eli. Ella se quedó observándola con detenimiento y curiosidad—. Nosotros nos encontraremos con Odiel en el centro de la fuente. Les diremos lo que nos contaste y buscaremos posibles portales. La dejo bajo tu responsabilidad. Si encontramos algo te aviso para que nos reunamos donde haya posibles portales, nosotros viajaremos contigo para investigar sobre el caos de aquel mundo y luego regresaremos.

Jing y Leela se perdieron en el pasillo y Eli salió de la mansión a toda prisa. Esa era la oportunidad que necesitaba para llevar a cabo su plan con Dimitri. Por lo menos, Dee quedaba cerca de Zafiro y no tardaría mucho si iba a caballo. Sentía que estaba traicionando la confianza de sus amigos, pero ellos se tardarían en conseguir un portal; además Dimitri le dio esa valiosa información, no era justo sacarlo del viaje. Su plan era regresar a Lucero Verde con Dimitri y luego volver a Destello y seguir el plan de sus amigos.

El viaje se sentía más largo de lo que ya era. El simple hecho de imaginarse en los brazos de su esposo una vez más le agitaba la respiración y sofocaba su pecho.

—¡Espérame, Ulises, ya voy por ti!

***

Lucero Verde

Ulises estaba sentado sobre una roca lisa observando el anochecer, melancólico. Abrazado a una manta que mantenía el perfume de Eli, miraba al vacío como demandando una explicación. Cerró sus ojos y los volvió a abrir, parecían dos faroles verdes por el brillo que emanaban. Sus manos temblaban y los labios se le resecaron; entonces, un hilo de sangre salió de su nariz. Empezó a sudar frío y la respiración se le dificultó, la taquicardia apretaba su pecho y perdió el control de su cuerpo.

—¡No lo entiendo! —se lamentó con gran impotencia—. ¡Por qué no puedo! Ya estoy conociendo mi habilidad. Yo logré contactarte y atraerte hacia mí un año atrás... ¿Por qué no puedo ahora? —Las lágrimas corrían sobre su rostro y el miedo lo azotó.

¡Temía lo peor!

—Pero yo te sentí semanas atrás, creí escuchar tu declaración de amor, yo percibí tu aliento. ¿Cómo es posible que no te encuentre? No quiero, no acepto que estés... —Empezó a temblar, no, eso no era posible. Debía haber otra explicación, pero nunca que ella ya no existiera.

—Tus poderes están bloqueados. —Esa voz—. Al parecer, tu amiguita los bloqueó para que no puedas transportar a tu esposa.

—¿Qué rayos haces aquí? —Ulises la miró con escepticismo.

—Ulises, tú sabes que yo sé lo que eres capaz de hacer. Te descubrí en el bosque cuando atraías a los guerreros para que te ayudasen. Al parecer, no soy la única que conoce tus habilidades, es obvio que la brujita de Reka te está bloqueando para que no la busques, ellos esperan que algún día lo superes y olvides el asunto. Esa es la razón de meterte a la guerrera esa por los ojos. Si te enamoras de ella ni se te ocurrirá buscar a tu esposa y entonces te quitarían el bloqueo para explotar tu poder. Creo que ese fue su plan desde el principio, solo que las cosas no les salieron como esperaban. Es cuestión de tiempo para que te visiten y quieran convencerte con la mentira de que te ayudarán a traer a la chiquilla esa, pero la verdad es otra. Está a opción tuya dejarte ver la cara de idiota o... —Lo miró maliciosa.

—¿O...? —Ulises preguntó con impaciencia.

—O hacer un trato con nosotros. —Lo miró a los ojos—. Cariño, tú no perteneces aquí y como ves, todos los Lucerianos somos unos engañadores y traidores egoístas que solo pensamos en nuestro propio beneficio. Es mejor dejar de lado toda hipocresía y falsa moral y darte mi oferta. Tú volverías con el amor de tu vida y vivirían felices para siempre en ese mundo al que pertenecen, yo sí te puedo ayudar. Nosotros tenemos la piedra dorada de transportación que te llevará a donde está tu esposa, en cambio, tú nos das la piedra de Estrella verde. Nosotros no hacemos nada con la piedra dorada y tú no ganarás nada con el diamante.

—No confío en ti, Kiara. —Ulises respondió tajante.

—Yo tampoco confío en ti, dulzura. Pero haremos un intercambio. Tú me pasas el diamante y yo te paso la piedra de oro.

—No tengo tal diamante.

—Lo sé. Pero sí tienes el acceso a él. Solo tú puedes irrumpir en la montaña de Estrella verde y tomarlo. Es un intercambio justo. De todas formas, te criaste en otro mundo, déjanos a nosotros resolver nuestros problemas y tú lárgate a disfrutar de tu esposa. Si quieres, yo te puedo complacer mientras trabajamos juntos. —Acarició su brazo con lujuria en los ojos. Ulises tiró de él como si su simple roce le repugnara.

—No lo sé. Unirme a ustedes no sería muy inteligente de mi parte. Buscaré la forma de poder usar mi habilidad y largarme de este mundo; quien sabe, tal vez les robe su piedra dorada —contestó con burla y Kiara lo miró con disgusto.

—Piénsalo, lindo. Ambos ganaremos si nos aliamos. Esperaré tu respuesta; imagínate a ella en tus brazos en una fría noche como esta. —Sonrió con picardía y Ulises sintió un punzón en el corazón. ¿Será que esa sería la solución?

***

Destello

Eli cabalgaba a toda prisa con el corazón en la boca. Estaba nerviosa y con sentimientos encontrados. Por un lado, se encontraban las ansias y la alegría de volver a ver a Ulises, por el otro, la culpa de hacer las cosas por su cuenta, engañando a sus amigos. Pero hasta ese momento, esa era la salida más rápida y certera que tenía a mano y no la dejaría pasar.

Saltó del caballo desesperada y temblorosa. No podía creer que pronto lo iba a ver. Respiró profundo al encontrar a Dimitri sentado sobre una roca y se acercó mostrando la piedra. A Dimitri se le iluminó la mirada al ver la roca plateada y se apresuró a sacar su pequeña máquina.

—Esto me trae viejos recuerdos. —Eli sonrió y Dimitri hizo una mueca.

—Al parecer, tus deseos carnales fueron más fuertes que tu lealtad. —Dimitri comentó con ironía y Eli se entristeció.

—No soy como tú. No lo hago por ningún deseo carnal, es amor. Además, debo detener a los que me hicieron esto y ayudar a Ulises a guiar a los Lucerianos. Esta vez será diferente, no sé en quien debo confiar de ahora en adelante, por eso mi lucha será por las personas inocentes de aquel lugar, no estaré en ningún bando.

—Solo te advierto que esa no es mi lucha. Aunque sería divertido, eso de llevar una vida como las personas regulares es muy aburrido. Yo soy un guerrero y las batallas son mi vida.

—Entonces serás de mucha utilidad, siempre y cuando no te unas a los malvados. —Eli entrecerró los ojos.

—Si no fuera porque te agradezco, lo hiciera. Pero pelearé junto a ti, créeme que tendrás tu victoria con mi habilidad —alardeó con media sonrisa.

—De eso no me cabe duda. Después de Jing, eres el mejor guerrero que he conocido, solo Leela podría acercarse a tu habilidad.

—No tanto. Lo que pasa es que a ella yo nunca le haría daño, pero soy mucho más fuerte. En cuanto a Jing, no es que me lleve mucho, más bien ha sido un suertudo —refunfuñó.

—Sí, claro. —Eli sonrió. Se espantó al ver la pequeña máquina de Dimitri brillar. Era similar a la que usaban para contactar a Leela, devolverle sus recuerdos y tratar de acceder a la tierra. Con lo último siempre fallaban porque algo faltaba. La máquina era útil para encontrar y abrir portales, pero carecía de la fuerza suficiente para completar la transportación.

—¡Encontré uno! Debemos apresurarnos, no creas que Jing iba a ser tan ingenuo de darte esa piedra porque sí.

Y como si hubiera adivinado, los temblores de galopes se sintieron en el suelo. Ambos corrieron adentrándose a una llanura. La máquina brilló y Dimitri la puso en el centro del lugar junto a la piedra.

—Son los guerreros de Jing. ¿Qué hacemos? —Eli preguntó nerviosa y Dimitri respiró profundo.

—Tendrás que luchar con ellos mientras termino aquí. Ve hacia allá, porque si me ven, estaremos en problemas. No podemos permitir que se acerquen o no nos dejarán terminar; créeme que Jing y Leela deben estar en camino. Date prisa antes de que lleguen aquí.

Eli corrió hasta encontrarse con los guerreros de Jing.

—Guerrera Lojan, tenemos una orden de captura. Debemos detenerla hasta que el príncipe nos alcance, fueron órdenes directas de su majestad. —El líder anunció. Eli miró hacia donde Dimitri abría el portal con preocupación y angustia, para regresar su atención a los hombres de Jing. Debía hacer algo rápido, pero nunca dejarse capturar. Si Jing llegaba estaría perdida. Decidió entretenerlos saltando por los aires en dirección contraria de Dimitri, pero no tan lejos, así cuando él le avisara, ella podría apresurarse y escapar. Algunos ninjas saltaron detrás de Eli y los demás guerreros la persiguieron sobre sus caballos. Le lanzaban cuerdas mientras le advertían que se entregara, pero ningunos usaban sus armas, puesto que recibieron la orden de no lastimarla. Asimismo, ella tampoco quería hacerles daño, solo se preocupó por escapar.

—¡Eli! ¡Confía en nosotros! ¡Dimitri no es de fiar! —Esa fue la voz de Jing. Eli sintió como se le helaron los huesos y su cuerpo se tensó.

—¡Chiquilla, apresúrate! —Dimitri gritó—. ¡El portal se abrió!

Eli saltó en su dirección y Jing hizo señas a una parte de sus hombres para que atraparan a Dimitri. Él cabalgó hacia allá y Leela saltó por los aires en dirección a Eli. Jing También saltó para detener a Dimitri, quien miró a Eli con pesar.

—¡Espera! —Ella gritó al ver a Dimitri ser envuelto por una gran luz, segundos después Leela saltó sobre ella, cayendo ambas sobre el polvoriento suelo. Eli empezó a llorar al ver a Dimitri desaparecer de su vista con la única esperanza que tenía para volver a ver a Ulises.

—¡¡No!! ¡No me dejes, por favor! ¡¡Nooo!!