El dolor de tu ausencia

Ulises abrió los ojos con una sonrisa en el rostro. Le encantaba despertarse en la mañana y oler su delicioso aroma a cítricos y canela. Buscó el calor de su esposa, pero no lo halló. Pasó su brazo sobre el lado donde suele dormir Eli, el cual estaba vacío. Se incorporó y dejó salir un bostezo. Empezó a olfatear, mas no olía como si ella estuviera haciendo el desayuno, era lo que sucedía cuando él despertaba y ella no estaba a su lado. O... Se paró de un salto de la cama con marcada emoción y empezó a deshacerse de su ropa con una sonrisa pícara. Si no se encontraba a su lado ni estaba haciendo el desayuno, entonces se estaba dando en largo y aromático baño. Fue tarareando al baño, pero la decepción lo embargó. Salió de allí y de la habitación, exactamente como su madre lo trajo al mundo y se dirigió a la sala. No había rastro de ella, tampoco la vio en la cocina. Frunció el cejo sin entender y salió al patio. Recorrió todo el lugar olvidando que estaba desnudo.

—¡Santa madre! —Una mujer de unos cuarenta y tantos exclamó al verlo desnudo. No pudo evitar lamer sus labios al observar a semejante hombre frente a ella—. ¡Tanto chorizo y yo comiendo vacío! —La señora volvió a exclamar. Ulises puso sus dos manos sobre su entrepierna avergonzado.

—¿Quién es usted y qué hace en mi propiedad? —cuestionó sonrojado.

—Solo vine a inspeccionar algo. Vi algunas plantas en sus tierras que llamaron mi atención. Soy dueña de los terrenos vecinos, mi nombre es Frida Ben. Un gusto conocerlo... —Lo miró con picardía.

—Disculpe, señora. Pero debe saber que no se entra a las propiedades ajenas sin la autorización del dueño. Con su permiso... —Ulises corrió a la casa.

—¡Pero quien lo ve con su carita de yo no rompo ni un plato! Ese chico tiene tremenda... personalidad. —La señora se quedó mirando hacia la casa con una sonrisa retorcida.

Ulises se puso un pantalón y volvió a salir de la vivienda.

«Menos mal que la señora ya se fue», pensó mientras dejaba salir un suspiro.

—¿Dónde estás, Enana? —dijo para sí. Recorrió todo el terreno con la esperanza de encontrarla, volvió a la casa después más de una hora de haber recorrido todo su territorio. Fue a la cocina esperanzado. Miró hacia la sala, volvió a la habitación y entró al baño.

—Al parecer se te olvidó decirme que irías de compras, Enana distraída —dijo para sí con una sonrisa.

Ulises preparó el desayuno y le guardó su porción a Eli. A la hora del almuerzo hizo lo mismo, pero cuando anocheció, empezó a preocuparse. Eli nunca se iría por tanto tiempo sin antes hacerle saber. Miró el plato que había sacado para ella y una lágrima rodó por sus mejillas. Salió de la casa cabalgando su caballo y se dirigió al campamento. Se alegró al ver a Darian allí, lo que significaba que probablemente fue a dar instrucciones. Se acercó a ella esperanzado de que le haya dado alguna misión a Eli.

Su corazón latió con rapidez y su vista se nubló el escuchar que nadie la había visto y que ella no le había dado ninguna misión.

Cabalgó por todos los alrededores y luego volvió a la casa. De seguro Ella estaría allí y tendría una buena explicación.

—Enana, ¿llegaste? —Miró el plato exactamente como lo había dejado. Corrió a la habitación y encendió la luz —Eli, mi amor. ¿Estás en el baño? —Sus ojos se llenaron de lágrimas. Aquello no tenía sentido. Temía lo peor y varias imágenes horrendas vinieron a su mente.

Rebuscó alguna nota que ella haya dejado, tal vez tuvo que salir de emergencia. El brillo de algo que ignoró en la mañana captó su atención. Sus manos empezaron a temblar y las lágrimas cubrieron su rostro. Observó la joya con detenimiento, estaba rota como si la hubieran forzado.

—¿Qué rayos pasó contigo, amor? —Un sollozo se escuchó en la silenciosa habitación—. ¡¡Eli!! ¿Qué te pasó, Enana?

Un mes después...

Sus ojos ardían y la cabeza le daba vueltas. Se paró con desgana y salió de la casa. Lo que antes fue felicidad y calidez, ahora le era motivo de dolor. La escasa pero desordenada barba sobre su rostro era evidencia de su descuido. Estaba más delgado, sus ojos llenos de ojera reflejaban mucha tristeza e interrogantes. Nada tenía sentido. Una noche hace el amor con su esposa y se duermen como de costumbre y a la mañana siguiente, ella desaparece sin dejar rastro. Todas sus cosas estaban intactas, a diferencia de la gargantilla que él le había regalado que apareció tirada en el piso y rota.

Tomó la joya y la volvió a observar cómo hacía todos los días por todo ese mes. Nadie le daba una noticia sobre ella, pareciera que se la tragó la tierra. Ulises salió al gran patio, el cual estaba lleno de malezas y la grama estaban muy altas, también, su pequeño laboratorio estaba hecho un desastre. Caminó como cuerpo sin alma por un largo rato. Luego se paró en medio de éste y dejó salir el llanto:

—¡¡Eli!! ¡¡Dónde estás, amor!! ¡¡Enana de mi corazón!! ¡¿Quién te apartó de mi?!

***

—¡Esto es una pesadilla! —Darian espetó llena de frustración. Estaban reunidos en su estudio en el campamento. Los hombres de Sum habían tomado ventaja, pues la ausencia de Eli les quitó fuerzas, dado que ella era la guerrera más poderosa y experimentada en batalla. Por otro lado, no contaban con Ulises, puesto que él no salía de su casa sumido en la depresión. Él los culpaba de la desaparición de su esposa y se negaba a ver a cualquier restaurador. Temían que Ulises se levantara contra ellos y se pusiera de lado de sus enemigos. Se le sumaba también, el asunto con los hombres de Eli. Ellos estaban desanimados y desconfiados, pues habían sido testigos del menosprecio de los líderes restauradores hacia ella. En el campamento había mucha tensión y confusión, cosa que les impedía avanzar y cada día que pasaba perdían territorio.

—Regresar a Eli a su mundo fue un golpe bajo. Estoy segura que fueron los Sum. —Reka se lamentó—. Estoy buscando la forma de traerla de vuelta, pero algo me bloquea. Quien hizo esto es muy hábil. Incluso, Ulises no ha sido capaz de crear conexión.

—No creo que él sepa lo que es capaz de hacer. —Darian replicó.

—Él lo hizo una vez, ¿qué le impide hacerlo de nuevo? En especial ahora que tiene más acceso a su poder. Antes estaba muy limitado porque estaba en una cárcel. Él cree que me engaña, pero yo sé cómo encontró a Eli cuando se perdió en el bosque peligroso, también sé lo que sucedió con la hierba de la verdad. Él nunca la consumió no de la forma regular.

—¿A qué te refieres? —Darian la inquirió sorprendida y confundida a la vez.

—Me refiero a que Ulises tiene la capacidad de extraer la esencia de cualquier planta. Él lo hizo por accidente cuando la tocó en el río. Al parecer, atrajo todas sus propiedades y las absorbió. Por eso duró tanto tiempo en hacerle efecto y hasta pudo embriagar a Eli con su saliva.

—¿Y qué tiene que ver su poder sobre las plantas con transportar a una persona a otro mundo? —Darian preguntó más confundida aún.

—No es que tenga que ver, es un todo en él. Ulises es el heredero del gobierno de Lucero Verde. Nació con el poder de controlar este mundo. Lo que significa que tiene la habilidad de manejar el espacio y los portales. Pero solo puede hacerlo con alguien con quién su alma esté ligada, alguien tan parte de él, como si fuera él mismo. Solo una persona que tenga tal conexión con él puede ser transportada de esa manera, porque el espacio lo ve como una necesidad del elegido y abre sus portales. Fue por esto, que él pudo encontrarla cuando ella desapareció y transportarse con tanta rapidez. Él no sabe el poder que posee, lo que aun no entiendo es cómo pudieron transportarla sin que él lo notara. Algo o alguien debe estar neutralizando sus poderes. —Reka se quedó pensativa un rato. Salió de su ensoñación al escuchar murmullos y gritos procedentes del campo de entrenamiento.

—¡No la necesitamos para obtener la victoria! Todos somos buenos guerreros y siempre hemos luchado para mantener el equilibrio en nuestro mundo. El poder de la victoria no debe estar en manos de una aparecida. Dejen de idolatrarla y rendirse. Nos bastamos nosotros mismos. ¡No necesitamos a Eli Lojan! —Mariam gritó con euforia y gran ira.

—Se equivoca en muchas cosas, guerrera. —Uno de los hombres de Eli la confrontó—. Primero, aunque le moleste, ella es Eli Harrison, pues ya no está soltera. —Aquel hombre disfrutó mucho la cara de disgusto que puso Mariam al escucharlo—. Segundo y más importante, ustedes eran unos perdedores antes de que nuestra líder se uniera a su causa. Le recuerdo que nosotros la seguimos desde el campamento de los Sum al descubrir el engaño en el que estábamos sometidos, y como ellos mataron parte de nuestros hombres que habían descubierto su gran secreto en el bosque del Encantamiento, argumentando que ellos se habían suicidado bajo el efecto de las plantas alucinógenas. Sin mi líder, ustedes son nadie y todo lo que han logrado es gracias al entrenamiento que ella nos daba y a su gran habilidad, tanto en batalla como en estrategias. Sí, ustedes tenían ventajas antes de que ella llegara a este mundo, pero la diferencia no era mucha. Ella le enseñó mucho al ejército y los hombres de Leonel Sum, y ellos como son más hábiles que los líderes de ustedes, han aprovechado aquel entrenamiento.

—Concuerdo con mi compañero. —Otro guerrero se unió a la discusión—. Ustedes no valoraron a la gran guerrera que tenían y la menospreciaron y la trataron con desconfianza. En especial usted, que le quiere robar el marido. No dudaría que tuviera que ver con su desaparición, pues como ve, sus planes se volvieron en su contra. Ni siquiera cuentan con Ulises Harrison. Él también debe sospechar de ustedes, así como nosotros lo hacemos.

Todos los guerreros empezaron a proferir insultos contra Mariam y se armó un gran escándalo.

—¡Ya basta! ¡Basta! —Mariam tapaba sus oídos mientras sacudía su cabeza con violencia. Quiso ofender a Eli y hacer que sus hombres se olvidaran de ella, pero lo que ganó fue que la enfrentaran con su realidad: Ulises nunca se fijaría en ella ni tampoco olvidaría a su esposa. Se sintió mareada ante el acoso y estaba a punto de colapsar.

Un silbido atravesó el tímpano de los presentes. El silencio reinó en el lugar, entonces Reka y Darian se pusieron frente a todos los guerreros.

—Compañeros. —Reka empezó su discurso—. Entiendo el desconcierto de todos. Nuestra situación es crítica y ninguno tiene una respuesta de qué sucedió con la líder guerrera Eli Harrison. De algo pueden estar seguros, ninguna persona de este campamento es culpable, nadie que ame nuestra causa nos haría tanto daño. Ahora mismo, nuestros enemigos tienen ventaja, no solo porque nos faltan dos guerreros claves, sino que nos hemos dividido contra nosotros mismos y nos tenemos desconfianza. Ningún pueblo que no esté unido podrá ser vencedor sin importar cuan fuerte sea. Es por esto que les suplico, seamos uno y luchemos en conjunto. Dejemos de culparnos y de especular, más bien, busquemos la forma de recuperar la confianza y colaboración de Ulises Harrison y de traer a la guerrera de vuelta. Sé que mi trato en los últimos días que ella estuvo con nosotros no fue el mejor, pues temía que nos quitara al elegido. Pero he entendido lo que al principio supe y luego olvidé, ella y él son uno y se necesitan. Un elegido solo, está incompleto y limitado. Ulises Harrison, necesita a su complemento y ayuda idónea para cumplir con su rol de heredero y gobernar este mundo.

Todos hicieron un silencio sepulcral. Mariam miró a Reka desconcertada y con gran disgusto en sus ojos húmedos. Nunca aceptaría que Ulises sea para una mujer viajera. Eso no tenía ningún sentido para ella. Más bien, se creía con más derecho que Eli pues, a diferencia de la primera, ella sí era Luceriana al igual que Ulises.

***

Ulises se acostó en la cama abrazado de la almohada de Eli. Cada vez que lavaba las sábanas, roseaba un poco del perfume de canela que ella usaba para mantener su olor en la cama. La extrañaba y no entendía la razón de no poder contactarla, de no poder percibirla, de no saber qué sucedió con ella.

—No es justo, Enana. Me duele tu ausencia, pero más me duele no saber si estás bien, si mantienes tu hermosa sonrisa y tu gran fuerza. Me imagino como debes estar sufriendo, amor de mi vida. Si tan solo supiera que estás bien y sigues con tu vida, aunque me duela, estaría más tranquilo. Enana... ¿Dónde estás? ¿Habrá anochecido donde te encuentras? ¿Me escucharías si te canto tu canción de buenas noches?

Ulises empezó su canto aferrado a la almohada. Sus lágrimas salían como torrentes y trataba de mantener la canción, a pesar de que su voz se quebraba al llorar.

Destello ~ Lucero verde

—Ulises... tu voz es hermosa... —Eli cerró los ojos para disfrutar de la melodiosa canción. Estaba sobre un risco sintiendo la fresca brisa del atardecer cuando en su mente, la voz dulce de su esposo recitaba su canción de buenas noches.

—Eli, amor. Donde quiera que estés debes saber que siempre cantaré para ti en las noches, en mis pensamientos siempre estarán tus mejillas enrojecidas y el sabor de tu dulce piel. Te amo, Enana, y nunca olvidaré todo lo que hemos vivido; tú eres y siempre serás el amor de mi vida. —La dulce canción salió de sus labios, otra vez acompañada de las lágrimas que provenían desde lo más profundo de su ser.

—Ulises, amado. Gracias por tu bella canción y por abrirme tu corazón. Espérame, iré por ti, mi amor. Ulises, te amo… —Dos lágrimas rodaron por sus mejillas.