Dimitri

Lucero Verde

—¡¡Aaahhhh!! —Su cabeza daba vueltas y su estómago estaba revuelto. Esa no era una manera muy agradable de viajar.

—¡Ah! —El grito de una mujer estalló en su oído y sintió como si se los desgarraban.

—¡Demonios! ¡¿Por qué tanto ruido?! —Se levantó de encima de ella frotando su sien. La chica se puso de pies sin todavía creer el descaro de aquel extraño tipo.

—¡Es en serio! —gritó sobre su rostro llena de rabia—. ¡Tú fuiste quien se me tiró encima! ¡Agradece que soy una guerrera entrenada y estoy acostumbrada a que me caigan cosas pesadas! ¡¡Pudiste haberme matado, imbécil!!

—¡Deja de gritar, loca chillona! —Dimitri espetó enfurecido. Lo gritos de esa chica le estaban haciendo estragos con el fuerte dolor de cabeza que tenía.

—¡Idiota! —Ella espetó llena de rabia, pero hizo silencio al escuchar los galopes de unos caballos. Se ocultó tras una gran roca y empuñó su espada al descubrir que eran los Evils.

—¿De qué te escondes, loquilla? —Dimitri preguntó con sorna, mas ella le hizo señas para que hiciera silencio. Él solo bufó como respuesta mientras la miraba entretenido. Por alguna razón, no podía dejar de observarla. Su cabello largo de color marrón con mechones amarillos caía sobre sus brazos con gracia, adornando su cuerpo de buena simetría y jugosas curvas. Terminó su escrutinio en el rostro de la chica al que también se encontró hermoso. Sacudió su cabeza para apartar esos pensamientos raros y miró al frente donde los Evils lo examinaban divertidos, pues al ver a Dimitri supusieron que podía llevar dinero gracias su apariencia elegante y delicada.

—Creo que esto no será muy divertido. El chico no se ve fuerte. —Uno de ellos se burló, al instante, los demás rieron como si hubiera dicho algo gracioso.

—¿Y qué esperaban? No soy ningún payaso y, amigos, el agua y él jabón son muy útiles para combatir ciertos aromas —dijo con cara de asco. Ellos lo miraron ofendidos y luego empezaron a reír. Ana lo observó perpleja, era obvio que había perdido la razón al atreverse a hablarle así a ellos.

—Este chiquillo debe estar cansado de la vida al buscarse la muerte con nosotros. —El tipo espetó y los demás volvieron a reír, colmando la paciencia de Dimitri.

—Ya me tienen harto. Yo me largo de aquí —dijo fastidiado y empezó a caminar. Los Evils lo rodearon con expresiones intimidantes, pero Dimitri esbozó media sonrisa. Estaba irritado e incómodo por lo que encontrarse con quienes desquitarse no le parecía mala idea.

—¡Déjenlo en paz! —Ana salió de su escondite y ellos empezaron a silbar.

—¡Esto se pone más interesante! —Uno de ellos espetó mirando a Ana con lujuria.

—Espero que se diviertan, chicos. —Dimitri ondeó su mano con una sonrisa, pero ellos posaron sus espadas sobre él—. Veo que me invitaron a la fiesta. Bien, ustedes lo pidieron. —Sonrió con suficiencia y desapareció de sus vistas. Ellos miraron por todos lados desconcertados, buscando a Dimitri. Uno a uno iba cayendo de sus caballos sin entender quién los estaba golpeando. En cuestión de minutos los Evils yacían sobre el tosco suelo. Ana se quedó paralizada del asombro.

—¡De nada! —Dimitri se paró frente a ella con una sonrisita airosa mientras ella lo observaba estupefacta por un momento.

—¿Quién rayos eres tú? —preguntó sin dejar de examinarlo. Verlo con detenimiento la hizo notar sus hermosos y espeluznantes ojos grises cristalinos. Su cabello negro y lacio cubría su cuello y parte de su rostro, haciendo contraste con su piel blanca. La osadía de mirarlo sin reparo la llevó a detenerse por largos segundos en sus labios delgados y rosados, los cuales se encontró bonitos y sensuales. Por otro lado, su cuerpo no era musculoso ni contaba con gran altura; aun así, se le notaba que tenía buena forma. Vestido totalmente de negro con una capa del mismo color, parecía un personaje de película de terror; escalofriante, pero atractivo e intrigante a la vez.

—Mi nombre es Dimitri Pavlosky. Vengo de Destello y busco a Ulises Harrison. Creo que, si sabes de él, deberías llevarme a su encuentro como agradecimiento; digo, acabo de salvarte la vida —respondió con gracia y elegancia, mas ella frunció el cejo.

—¡Oye! Tú eres muy creído. Yo tenía todo controlado, no te pedí ayuda. Soy una guerrera fuerte y podía con ellos —profirió ofendida y furiosa de su actitud arrogante.

Él se acercó a ella y la miró a los ojos, provocando que todo su cuerpo tiemble ante su intimidante cercanía.

—Eres buena, pero no lo suficiente. Si no hubiera estado aquí ellos te habrían violado y matado, ya que son más fuertes que tú. Deberías conocer tus propias limitaciones y ser agradecida.

—No me conoces. Ni siquiera me has visto en batalla —replicó.

—No necesito hacerlo para saberlo. Tu postura, tus expresiones, la forma de empuñar la espada, tus movimientos, en fin, todo lo que haces me dice que tipo de guerrera eres y tu capacidad. No me mal entiendas, creo que puedes llegar a ser buena; veo en ti a una espía innata que necesita entrenamiento de verdad. Solo eso. —Sonrió. Ella se odió porque su corazón dio un salto al mirar esa sonrisa sensual.

—Pues, gracias. —Lo miró de soslayo—. Fue un placer, Dimitri, pero debo llegar pronto al campamento. Te deseo suerte en tu búsqueda. —Guiñó un ojo, maliciosa.

—Oye, espera. —Dimitri la agarró por la muñeca. Ella casi da un salto al sentir sus manos sobre su piel—. Por lo menos devuélveme el favor.

—¿Y qué te hace pensar que yo lo conozco? —Lo confrontó con la mirada.

—Pero sí me puedes ayudar a buscarlo. Eres de este mundo y al parecer, este lugar no es muy grande. Además, la chiquilla me dijo que él es famoso aquí. —La miró a los ojos, mas ella le evadió la mirada—. Veo que te pongo nerviosa. No te preocupes, no soy un enemigo, por lo menos llévame con tu gente y luego yo busco la forma de encontrarlo.

—Está bien. Pero debes ser cuidadoso con lo que digas allí, los lucerianos en su mayoría son muy paranoicos —le advirtió. Pero en realidad no quería que ellos supieran que él buscaba a Ulises y que venía de su mundo. Hablaría con él primero para saber si ese extraño era de fiar.

***

Destello

—No... —Eli se lamentaba sobre la cama con lágrimas en sus ojos—. Esto no está pasando. Estuve tan cerca...

—Eli, eso fue muy arriesgado. Todavía no puedo creer que Dimitri está vivo. —Leela comentó acariciando su corto cabello.

—Me enteré una semana atrás. Él me salvó de lanzarme por el precipicio, fue él quien me dijo sobre la piedra. ¿Cómo se enteraron ustedes?

—Jing se quedó extrañado de que supieras que él tenía esa piedra y que, sin haberla visto, aseguraras que era la misma de aquel mundo. El asoció tu viaje a Jeng con esa información y sospechó que el hombre misterioso habló contigo. Es por esto que te la dio a propósito para poder atraparlo. Él mandó a que te vigilaran mientras nos reuníamos con Odiel, cuando sus hombres le informaron que saliste de la mansión, entonces confirmó su sospecha, fue cuando fuimos hacia ti. Pero el maestro Chan nos había sorprendido en la reunión y cuando le contamos lo que nos dijiste, él recordó que Dimitri viajó a la tierra por su cuenta y nunca supieron cómo, fue cuando nos confesó que él estaba vivo.

—No puedo creer que yo cayera en la trampa del príncipe, olvidé lo calculador que es. —Eli se lamentó.

—Hablaré con Jing, él no está muy contento que digamos con tu engaño, es difícil para él creer que Dimitri ha cambiado. Además...

—Está celoso. —Eli la interrumpió y esbozó una sonrisa pícara.

—Sí... —Leela entornó los ojos—. A Odiel se le ocurrió la brillante idea de bromear sobre las insinuaciones de Dimitri y como él me acosaba. Sabes que vivimos juntos varios meses en la tierra mientras buscábamos el diamante de Odiel.

—El príncipe es todo un caso. Es muy obvio que no tienes ojos para otro hombre.

—Sí, pero ya sabes cómo son los hombres. Además, él nunca superó que yo haya besado a Dimitri. Cosas de Jing, ya se le pasará. Lo que él no se esperaba es que tú te robaras la piedra y trataras de escapar con Dimitri, él está muy decepcionado.

—Lo sé y lo siento. —Eli bajó el rostro apenada—. Me dejé llevar por la desesperación. Mi plan era llevar a Dimitri y ver a Ulises, luego regresar por ustedes y seguir el plan del príncipe.

—No estoy contenta con tu decisión, pero te entiendo. Yo en tu lugar hubiera hecho lo mismo.

—Solo espero que Dimitri busque la forma de volver por mí o enviar a Ulises.

—No creo que eso suceda. Al parecer hubo un desequilibrio en nuestro mundo, así que debemos esperar para viajar. Eso nos dará tiempo para investigar quién te dejó en el hospital y saber qué tipo de mundo es Lucero Verde, buscar información sobre unos conquistadores que el maestro Chan mencionó y sobre los padres de Ulises. También debemos saber cómo esa piedra llegó a manos de Dimitri.

—Eso último el mismo Dimitri nos lo puede decir, aunque me parece que mencionó que la encontró por accidente cuando buscaba portales para viajar a la tierra. Por lo menos estaré tranquila porque sé que él buscará a Ulises y le explicará dónde estoy. También será de gran ayuda en Lucero Verde.

—Eli, pero ¿tú le contaste a Ulises todo lo que sucedió después de su muerte y como Dimitri nos ayudó? Porque si no lo hiciste, entonces Ulises no va a confiar en él.

—Créeme que hablamos de todo eso. Pero no creo que él confíe del todo en Dimitri, sin embargo, él no tiene muchas opciones. —Eli respondió y luego miró a Leela con curiosidad—. Una pregunta, tú que fuiste muy cercana a Ulises y siempre tuviste esa intuición de las cosas, ¿nunca viste algo extraño en él? Algo que lo diferencie de una persona común.

Leela pensó por un rato.

—Pues, no. Siempre fue muy inteligente y yo me apoyaba en su conocimiento. Él siempre me tildaba de ignorante, pero fuera de eso y de sus hermosos y peculiares ojos, no.

—Sin mencionar que le encontró la cura a un veneno peligroso que nadie había podido. —Eli añadió—. Sabes que muchos profesionales en el área y científicos famosos buscaron la cura y nunca la hallaron. La fórmula el "Milagro de Ulises" no solo fue útil para aquello, sino que combate varias enfermedades que no tenían cura.

—Sí, él siempre fue muy bueno con las plantas. El señor Harrison alardeaba de que su sobrino era el mejor. Ulises siempre tenía una planta para todo.

Eli se quedó en silencio un rato y empezó a sollozar.

—¡Lo extraño tanto! Necesito verlo y saber cómo está.

—Lo siento, Eli. Vamos a buscar la manera de que vuelvas a reunirte con él. Debes hablar con Odiel y el maestro Chan sobre aquel mundo y Ulises.

Eli asintió y se acurrucó en la cama.

***

—Eso fue peligroso y arriesgado, Eli. —Jing le recriminó—. En primer lugar, viajar a otro mundo no es tan sencillo y no debe hacerse sin las reglas de los dos mundos donde se crea la conexión. Tanto los que te regresaron y Dimitri crearon un desequilibrio por hacer las cosas sin conocimiento. Ahora, debemos reparar el daño antes de nosotros poder transportarnos. Cada vez que abrimos una brecha, estamos alterando la naturaleza y el orden. El maestro Chan no necesita hacer esa alteración para transportarse porque la hace de manera natural. Él va a visitar a aquel mundo para saber un poco sobre este.

—Príncipe, lamento mucho mi comportamiento, yo estaba desesperada y me dejé llevar por mi dolor e impaciencia. —Eli se disculpó bajando el rostro apenada.

—Sé que no lo hiciste por mal y te dejaste influenciar por el irresponsable de Dimitri. No entiendo cuál es su razón para viajar a ese lugar. Solo espero que no haga de las suyas en ese mundo.

—Jing, Dimitri ha cambiado mucho. Estoy segura de que no hará nada malvado allí, al contrario, creo que buscará la forma de ayudar a Ulises. —Leela intervino.

—Vaya, al parecer ustedes se hicieron muy cercanos. —Jing la miró con reclamo, mas Leela bufó.

—¡Qué infantil eres, príncipe de pacotilla! —Leela se cruzó de brazos.

—No busques compañero. Aquí la única infantil eres tú. Duraste todo ese tiempo bajo el mismo techo con un hombre que estaba interesado en ti y que haría cualquier cosa por fastidiarme. ¿Estás segura que no pasó nada entre ustedes? —La confrontó con la mirada por lo que Leela se puso roja del coraje.

—¡Eres un idiota, Jing! ¿Cómo te atreves a ofenderme así? Además, no tienes moral para reclamarme, tú te la pasabas pegado a esa mujer que estaba interesada en ti, también.

—Pero yo no hice nada con ella. Además, yo no tenía mis recuerdos. Incluso después de llegar a Destello, el tiempo en la tierra fue algo que no pude recordar con claridad.

—Eso no es una excusa, cariño. Y si sigues insinuando que yo tuve algo con Dimitri no voy a responder por mis actos. No puedo creer que me trates de esa manera. Yo no soy una cualquiera infiel, tarado. —Leela respiró hondo para evitar que esas lágrimas que llenaron sus ojos hicieran su salida.

—Dejemos el tema —dijo Jing con frialdad en su mirada—. Me fastidia que lo defiendas después de todo lo que nos hizo. Que tu amigo Ulises esté en otro mundo es culpa de él, también.

—Jing de mi corazón, las personas cambian. No es justo que lo vivas juzgando por su pasado, en especial tú, que tuviste el tuyo y decidiste enmendar tus errores. —Leela replicó.

—¡No puedo creer que me compares con él! Es un asesino malvado que nos arrebató a nuestro hijo. Yo nunca llegué a hacer cosas tan horribles como esa. ¿Cómo te atreves si quiera mencionar mi pasado? El único afectado por mis actos fui yo, nunca le hice daño a nadie. Pero Dimitri asesinó y planeó la muerte de muchas personas inocentes. Es un traidor de lo peor que ni siquiera se inmutó al mandar a matar a quien lo terminó de criar y trató siempre como un hijo. Fue cómplice de la muerte de sus hermanos de crianza. Los mandaron a quemar vivos, Leela. Él mandó a matar a Ulises y al maestro Lee y creo que tampoco te importa que haya participado en mi envenenamiento. —Jing ardía de la rabia. Leela se arrepintió de haberlo comparado con su enemigo. Dimitri y él siempre tuvieron mucha rivalidad y el primero, siempre buscaba la manera de destruir a su esposo sin medir los medios.

—Jing... —Leela lo miró arrepentida y trató de acercarse, pero él se alejó de ella con rudeza—. No quise decir eso, no me expresé de la manera correcta, yo... solo quiero que entiendas que todos tenemos derecho a una oportunidad de ser mejores personas y enmendar nuestras vidas. Perdóname, ¿sí? —pidió con tristeza y él asintió molesto aún. Eli los miró con pesar, pues entendía la reacción de Jing. Tal vez sus celos eran infundados, mas su desconfianza, no. Ni siquiera ella confiaba mucho en Dimitri, pero tampoco podía negar que él les fue de mucha ayuda.

—Príncipe, perdón. —Eli bajó el rostro con lágrimas en sus ojos. Se sentía triste de haber decepcionado a Jing y haber actuado por impulso.

—No te preocupes, Eli. —Sonrió—. Entiendo por lo que estás pasando y sé que aprendiste tu lección. Solo debes ser más paciente ahora, tenemos que resolver todos los problemas que la irresponsabilidad de Dimitri causó. Por cierto, deja de llamarme príncipe, mis amigos me llaman Jing. —Le guiñó un ojo y ella sonrió—. Bien, mañana nos reuniremos con el maestro Chan y Odiel. Descansemos por ahora. —Jing dio por terminada la conversación y se fue a la habitación sin cruzar si quiera una mirada con Leela.

—Jing está enojado. —Leela bufó con tristeza.

—Entonces tendrás que esforzarte esta noche. —Eli le respondió con una sonrisa pícara. Leela suspiró y se fue a la habitación para contentar a su esposo.

Jing estaba acostado mirando hacia el techo con tristeza cuando ella entró. Él se hizo el dormido, por su parte Leela se quitó la ropa, quedando en completa desnudez. Se acostó a su lado y empezó a acariciar su torso descubierto, él abrió los ojos y la miró con reclamo.

—No tengo ganas, hoy —dijo mirándola de soslayo.

—No te estoy diciendo que hagamos nada, príncipe pervertido. Solo te doy cariño. ¿Quieres un masaje? —ofreció con su carita de niña arrepentida. Jing no se pudo resistir a la ternura que ella le causaba.

—Leela, sé que te ofendí con mis palabras y quiero que me perdones. No debí hacer ese tipo de insinuaciones. ¿Me perdonas? —Acarició su mejilla con delicadeza mientras ella dejaba salir esas lágrimas que ya no pudo retener más.

—Yo nunca te sería infiel. Ni siquiera cuando nos robaron nuestras vidas pude estar con alguien más. Jing, te amo demasiado como para si quiera fijarme en otro hombre. Perdóname por hablar de forma tan ligera y mencionar tu pasado, sé lo mucho que sufriste, yo no debí. Créeme que no quise compararte con Dimitri. Entiendo que no confíes en él, en realidad, nadie lo hace. —Sonrió con ironía—. ¿Me perdonas, amor? —Su voz salió chillona por el llanto y él la abrazó.

—No te preocupes, entiendo a lo que te referiste, mi gatita salvaje. —Limpió sus lágrimas y le regaló una sonrisa.

Leela besó a su esposo con anhelo. No entendía por qué después de una pelea, sus labios eran más exquisitos de lo normal. Se aferró a ese beso y lo envolvió con su cuerpo. Jing se estremeció por el apasionado roce de sus pieles, se puso encima de ella desesperado por degustar su cuerpo.

—Te amo, Leela. Soy un egoísta porque no quiero que otro hombre te mire con deseo.

—Entonces, somos dos, mi apuesto príncipe. Eres mi hombre y yo tu mujer, los celos son normales, pero no deben ser causa de peleas ni problemas en nuestra relación. Jing, te amo.

Jing devoró su boca mientras sus manos recorrían ese cuerpo que lo enloquecía.

Eli había estado en el patio, pues necesitaba respirar aire fresco. Trataba de ser fuerte, aunque se estaba muriendo por dentro. No sabía por cuánto tiempo más estarían separados y la inseguridad la carcomía otra vez. Se imaginaba a Mariam acosando a su esposo y él todo necesitado. ¿Caería en la tentación? ¿Qué tal que ella lograse su cometido? Mariam era una mujer muy atractiva, si Ulises probase, ¿querría regresar con ella? Sacudió su cabeza para dejar de pensar tantas tonterías. Caminó por el pasillo hacia su habitación y sonrió al escuchar los atrevidos sonidos que salían de la recamara de los esposos. Al parecer, ya se habían reconciliado y las cosas que se escuchaban no eran para nada decentes. Se puso roja y corrió a su dormitorio. Dejó salir una carcajada después de cerrar la puerta tras sí. Se recostó sobre la fría madera y esbozó un suspiro. Su cuerpo ardía y esos deseos dormidos empezaron a emanar.

—Te extraño tanto, Ulises. No veo la hora de estar entre tus brazos otra vez... Te anhelo, amor. Mi cuerpo está ansioso y deseoso de ti. —Limpió sus lágrimas y se acostó abrazada de sí misma, rememorando la hermosa canción que él solía cantarle antes de dormir.