Capítulo 53
—¿Dónde estabas? —Dimitri la estaba esperando frente a la puerta. Era de madrugada y la oscuridad inundaba el lugar.
—No es tu asunto. —Leela contestó de mal gusto y se dirigió a la puerta. Él se puso delante de ésta, obstaculizando el paso—. ¡Muévete! —Leela le reclamó frunciendo el cejo.
—Hueles a él. —Dimitri la miró con reclamo—. ¿Cómo te atreviste?
—Dimitri, deja de meterte en mi vida. —Lo confrontó con la mirada. Él puso una mano sobre su cintura y con la otra peinó su cabello de la rabia.
—Somos un equipo, lo que hagas nos afecta a todos.
—No te preocupes, fui cuidadosa y nadie me siguió. —Trató de entrar, pero él se lo impidió.
—Te acostaste con él, ¿cierto?
—Eso no es de tu incumbencia —espetó maravillada de su atrevimiento—. Él es mi esposo, puedo acostarme con él todas las veces que quiera.
—¡Ramera! Te estás acostando con otro hombre, él no es Jing.
—¡Ramera tu abuela, imbécil! Y créeme que él es Jing —sonrió maliciosa—, acabo de comprobarlo. Eres un idiota si crees que puedes engañarme con esa tontería.
—Él no es hombre para ti. Tú y yo podemos lograr muchas cosas juntos.
—Lo siento, Dimitri; pero no hay un tú y yo. Eres un atrevido, yo soy una mujer casada. Y ya deja la cantaleta, es el colmo que tenga que soportar esto.
—Entonces, ¿por qué me besaste? —La miró fijamente y Leela bufó del hastío.
—Para salvar mi vida. Actué sin pensar, ¿sí? Siento haberte dado la idea equivocada. ¡Créeme que jamás volveré a hacer algo similar! Los villanos son unos locos obsesivos.
—Tu amado Jing morirá de todas formas, te veré sola dentro de poco, viudita.
Leela arremetió en su contra con ira, pero Dimitri la esquivó. Él le llevaba mucha ventaja, aun así, no se atrevía a golpearla.
—¡¿Qué es este escándalo?! —Jeff salió de la cabaña envuelto en una frisa bostezando—. ¡Ya basta, chicos! —gritó irritado y ambos se detuvieron—. ¿Qué les pasa?
—Nada, solo quiero irme a dormir. —Leela espetó molesta y entró a la cabaña.
—¿Qué le dijiste? —Él miró a Dimitri con sospecha.
—La verdad, le dije la verdad —respondió airado y también entró a la cabaña.
Leela se acostó en la cama abrazada de la almohada. Sus lágrimas silenciosas mojaban el acolchado soporte. Tenía tanto miedo de perderlo. Si tan solo ella no hubiera seguido a Petra aquella vez, Jing no hubiera sido envenenado. Estaba cansada de caer en las trampas de sus enemigos, pero peor aún, estaba cansada de perder a las personas que amaba. Un escalofrío recorrió su cuerpo, no podía perderlo a él. No era capaz de si quiera imaginarlo; no, ella debía encontrar esa cura, Jing no podía morir y dejarla sola otra vez. Ella no podría superar otra pérdida.
***
—Brian, gracias por tu colaboración. —Edward le agradeció al castaño, topando su hombro.
—¿Qué no haría por un amigo? Todavía es extraño todo lo que sucede, pero entiendo tu reacción cuando viste a la mujer de la pintura por primera vez. Además de Jeff, tengo otros contactos y según ellos, el tal Holmes está reuniendo un ejército en tu contra.
—Sí, aún no sé cómo defenderme de eso, pero me imagino que el maestro Chan me ayudará. Yo no quiero involucrarte más. Iré a hablar con Jeff personalmente y luego le contaré a Leela sobre la información que recibí del Maestro. Ese anciano se hizo pasar por médico para mantenerme vivo.
—Sabes que si necesitas algo estoy a tu disposición. —Su amigo ofreció.
—¡Te lo agradezco! Pero, créeme que ya has hecho mucho. Gracias. —Apretaron manos y Brian salió de su oficina.
***
Petra entró a la oficina de Edward de repente.
—¿Qué quiere, señorita White? —inquirió desganado.
—¡Eres un descarado, Jing! Ni creas que te saldrás con la tuya —reclamó muy molesta.
—Entonces nos quitaremos las máscaras, Petra. —Sonrió malicioso.
—Confiesas que nos estuviste engañando todo este tiempo. ¿Cómo rayos recordaste?
—No he recordado nada, pero sí he reunido información suficiente. Me imagino que cuando todo se arregle recordaré quién soy.
—Sin el diamante no podrás hacerlo.
—Entonces, iré por él.
—No, querido; nosotros iremos por tu amada esposa y a ti ya te tenemos. —Lo miró maliciosa—. ¿O crees que esta empresa te pertenece? Ustedes despertaron meses después que nosotros, eso nos dio mucha ventaja. Con el diamante, Deon se ha adueñado de esta ciudad y ustedes eran manejados a nuestro antojo. Estás atrapado, Jing, no podrás salir de aquí —de repente las ventanas se cerraron y la oficina se convirtió en su cárcel. Jing saltó hacia la puerta, pero Petra luchó con él. Jing la derribó de un solo golpe y pateó la puerta, cayendo ésta delante de él. Corrió por el pasillo y el lugar se llenó de guerreros armados. Jing luchó contra ellos. Uno disparó, pero éste saltó sobre la bala y pateó al tipo. Tomó la pistola y empezó a disparar como loco. Mientras vaciaba el arma a unos, desarmaba a otros. Cuando se le acababan las municiones, usaba las armas que tomaba de sus enemigos caídos. Bajó las escaleras deslizándose por el borde de estás mientras disparaba. Corrió hacia la salida, pero la puerta estaba bloqueada.
La voz airada de Petra se escuchó por todo el lugar, ella aún estaba arriba, mientras que Jing se defendía de un guerrero armado con una espada abajo.
—¡Recuerden que no lo pueden matar, imbéciles! —Ella increpó a sus hombres.
Jing sonrió al escucharla, puesto que esa declaración le daba ventaja. Pateó al guerrero en el estómago y lo desarmó. Lo traspasó con la espada y decenas de enemigos lo rodearon. Entonces él giró sobre su eje con la espada extendida, hiriendo a sus oponentes. Él se lanzó contra ellos sin tocar el piso y los iba lamiendo a todos, hasta que se quedó solo en la recepción. Fue tras Petra, quien saltó por una ventana y desapareció de su vista. Él aprovechó aquella ventana y saltó. Manejó hasta su apartamento y cuando entró, lo encontró desordenado, como si hubieran irrumpido en él.
—Al parecer te buscaban. —Sonrió tocando la joya que estaba sobre su cuello. Se quitó la ropa ensangrentada y se duchó. Se vistió con unos pantalones de mezclilla negros y una camiseta del mismo color que se ceñía a su musculoso cuerpo. Después de ponerse unos tenis tomó una mochila, allí echó los manuscritos, ropa y artículos de su higiene personal. Llamó a su amigo por medio de un celular nuevo que no había usado y que había guardado por si lo llegara a necesitar.
—Necesito un último favor —dijo por el teléfono.
***
Leela miraba a Jeff con sospecha.
—Responde, ¿a quién le llevas las informaciones que descubrimos? ¿Quién te está pagando?
—No sé de qué hablas, Supergirl —contestó nervioso.
—¿No sabes de qué hablo? Me parece sospechoso que nunca encontremos el diamante y que estemos dando vueltas en circulo sin ninguna solución. Además, siempre estás con un misterio y viendo personas extrañas. ¿No será que te pagan para entretenernos?
—¿Cómo crees, Leela? Recuerda que mi trabajo es vender información. Te pago para que me cuides y al mismo tiempo te ayudo. Lo que sucede es que tus enemigos son muy peligrosos y poderosos. Es como si ellos fueran los dueños de la ciudad.
—Algo aquí no me cuadra, Jeff.
—¡Deja de fastidiar! ¿Quieres? —Dimitri le gritó a Leela hastiado—. Si este gusano se atreve a traicionarnos, lo estrangulo con mis propias manos, él no es loco como para hacer una tontería de esas —lo miró amenazante. Jeff tragó seco con mirada de indignación.
—Claro que no. Y menos después de ver lo que ustedes son capaces de hacer. No se preocupen, solo debemos idear un plan para arrebatarle el diamante al tal Holmes, Deon o como se llame. Por ahora, debo irme, un cliente me espera. Si tengo algún percance los llamo, estén atentos.
***
Jeff se dirigió a un café, se sentó en una mesa que estaba cerca de la ventana y Jing se ubicó frente a él.
—Anderson. ¡Hasta que por fin da la cara! —se dirigió a él con una sonrisita.
—Las cosas se complicaron —contestó serio—. Deon descubrió que yo tenía la joya y que me acerqué a él para obtener información del diamante. Tuve que huir de mi propia empresa y ellos revisaron mi apartamento. Ningún lugar es seguro. Debo reunirme con el maestro Chan y necesito que los demás se reúnan conmigo. Solo que aquel lugar es muy pequeño, debo buscar la forma de encontrar un espacio seguro para todos hasta que tengamos un plan.
Leela se sentó al lado de Jing. Jeff y él la miraron sorprendidos.
—Ahora todo tiene sentido. —Ella dijo con toda serenidad, ignorando la cara de asombro de los dos hombres.
—¿Qué haces aquí? —Jeff preguntó mirándola con reclamo.
—Te seguí. —Sonrió—. Con que fuiste tú todo este tiempo. Eres un desgraciado, debiste decirme y así me evitabas tantos momentos amargos —se dirigió a Jing indignada.
Jing la miró con seriedad y luego sonrió.
—Tenía que mantenerte al margen para poder acercarme a ellos e investigar la verdad. Al principio creí que ese hombre era tu padre y que estabas enferma, pero había algo en ellos que no me inspiraba confianza. Entonces, empecé a atar cabos. Marcos fue muy útil, él me ha ayudado todo este tiempo. Fui a buscarte al hospital, pero ya habías escapado. Estaba desesperado y sin ideas. Entonces acudí a Brian, quien tiene buenos contactos. Fue como supe de Jeff y que tú estabas con él. Entonces, le pagué al chico aquí presente para que te cuidara y me diera información sobre las personas que te buscaban. Accedí al plan de mi madre para cuidar su reputación familiar y de negocios. Eso desviaría la atención de ti y ayudaría a confundir a nuestros enemigos y poder acercarme sin que sospechen. Prácticamente, ellos fingían para accesar a la joya y yo lo hacía para accesar al diamante.
—¿Entonces, todo este tiempo sabías que eres Jing?
—No, cariño. Aún no estoy seguro de quién soy, pero ya nada me sorprendería. Solo sé que hay un gran caos y que pronto todos padeceremos si no hacemos algo que aún no sé qué es. Toda esa información la recibí ayer del maestro Chan, después de que te fuiste.
Leela se sonrojó al recordar lo que hicieron la noche anterior.
—Te ves linda cuando te sonrojas. —La miró seductor y ella lo besó en los labios.
—¡Oigan, estoy aquí! —Jeff reclamó con repulsión—. No coman delante de un hambriento.
—Disculpa. —Jing sonrió mirando a Leela como tonto.
—Entonces el dinero que me dabas... —Leela se dirigió a Jeff pensativa.
Jing la miró con una sonrisita.
—Nunca te dejaría a tu suerte, preciosa. Te vigilaba y velaba por ti.
—¡Eres tan lindo! —Se recostó de su hombro—. Un malvado por no decirme, pero lindo.
—¡Agh! Ustedes son muy cursis. —Jeff se quejó.
—Leela, amor, debes irte con Jeff. Cuando encuentre un lugar seguro los mando a buscar. —Ambos se besaron mientras Jeff los contemplaba con curiosidad. Jing mordió el labio inferior de Leela con deseo y lo jaló con suavidad. Ella rio y acarició su mejilla.
—Te amo. Espero verte pronto. —Ella le dio un corto beso en los labios y se puso de pies. Jeff se quedó atolondrado y Leela lo sacudió sacándolo de su ensoñación.
—Quiero tener una novia —susurró en un suspiro con anhelo y luego siguió a Leela.
***
—¿Marcos? —Jing lo contemplaba confundido. Odiel estaba sentado junto al maestro en la diminuta sala.
—Mi nombre es Odiel —respondió con toda su serenidad.
—Entonces, eres el maestro guía que mencionó el maestro Chan, el dueño del anillo —dedujo estupefacto.
—Así es; al igual que Leela, hace un mes recuperé mis recuerdos.
—Ahora entiendo. —Jing sonrió—. Me imagino que esa es la razón por la que estabas tan informado y por la que solo nosotros tres veíamos esa luz en el cielo, que, por cierto, desapareció.
—Así es. Eso era la advertencia de la fuente. La energía estaba suspendida en esta ciudad porque aquí está el centro del equilibrio de este mundo. Es aquí donde debemos cerrar la brecha.
—Pero, necesitamos el diamante.
—No, exactamente. Sí, necesito recuperar mi diamante, porque está en malas manos y Deon Puede controlar su poder y seguir haciendo daño. Pero en caso de que no podamos, debemos cerrar la brecha, llevar todo a la normalidad y luego buscar a Deon y el diamante.
—El problema es que, con el diamante, Deon Puede controlar el espacio dimensional y usar todo a su favor. —El maestro Chan añadió—. Pero si cerramos la brecha todos de acuerdo y siguiendo las reglas, Deon quedará atrapado; entonces cuando todo vuelva a la normalidad, él estará frente a nosotros y lucharemos contra él. Ustedes podrán vencerlos si están juntos y con sus llaves.
—Si es así, debemos movernos ya. —Jing advirtió.
—Sí, primero debo buscar el centro de equilibrio —dijo Odiel—. Sé que está en medio de las montañas; yo iré al amanecer, luego les enviaré una señal para que nos encontremos allí. Deben ser cautelosos, si Deon se entera nos puede arruinar los planes.
—Un momento… —Jing los miró con preocupación—. Mi familia... ellos pertenecen...
—Sí. —El maestro Chan lo interrumpió sabiendo lo que iba a preguntar—. Esa es una de las razones del caos en Zafiro, se quedaron sin reyes al igual que el reino del Norte. Pero no te preocupes. Cuando todo se restaure, ellos volverán junto a nosotros, dado que no pertenecen a este mundo. Todo el caos causado por el mal uso de las joyas se restaurará y todo volverá a su orden natural.
Jing se quedó con el maestro y se durmió en un sofá que había en la sala. Odiel salió de madrugada y el anciano se acercó a Jing para revisarlo, entonces notó que éste sudaba y temblaba.
***
Leela se despertó temprano con una sensación extraña en el pecho. Salió de la cabaña y notó que había más viento de lo normal y que el cielo estaba anaranjado como si fuera de día, pero sin sol. El ambiente se sentía tenebroso.
Despertó a los demás y todos se prepararon.
—Algo no está bien. —Los abordó preocupada—. Debo ir a la ciudad, ustedes vayan a donde el maestro, les daré la ubicación.
Ellos asintieron y así lo hicieron. Leela saltaba por encima de los árboles, y su cadena emanaba un brillo sutil. Empezó a escuchar susurros, como si el viento le hablara.
—Caos... —Le pareció escuchar. Siguió su camino y se espantó al llegar a la ciudad. Las personas huían sin razón, niños abandonados lloraban en las agitadas calles, las tiendas eran saqueadas. Policías disparaban por doquier sin justificación alguna. Los animales atacaban a las personas y los carros chocaban unos con otros.
Miró al cielo con lágrimas en sus ojos y se percató de que las tinieblas se expandían en todo el firmamento. Una luz anaranjada circular era lo que impedía la absoluta oscuridad.
—¿Qué está pasando? —Leela apretó su cabello entre sus manos con frustración y gran dolor. Trató de ayudar a varias personas, pero el caos era tal, que no podía hacer mucho; además sus enemigos estaban tras ella. Decidió reunirse con los demás. Entró a la sala del maestro Chan para contarle lo que sucedía, cuando vio a todos reunidos alrededor de un sofá.
Leela se acercó lentamente y las lágrimas salían sin cesar al ver a Jing tirado sobre aquel mueble. El maestro trataba de bajarle la fiebre, los contornos de sus ojos estaban morados al igual que sus labios, y su piel se mostraba pálida.
—¿Qué le sucede a mi esposo? —Leela se acercó a él con nerviosismo.
—Ya no podemos retener más el veneno. Necesitamos una cura. —El maestro se lamentó.
—Jing, mi amor. —Las lágrimas mojaban el rostro de él—. Por favor, amor, despierta… —Se recostó sobre su pecho y las dos cadenas se unieron, ambas empezaron a brillar y Jing abrió los ojos.
—¿Qué sucede? —Él preguntó desorientado y con voz débil. Leela repartió besos sobre su rostro de la emoción.
—Al parecer, tu guardiana te despertó del coma del veneno. Pero eso no durará mucho. Debemos apresurarnos y cerrar la brecha, antes de que mueras.
—¿Qué? —Leela balbuceó con desconcierto al escuchar las palabras del anciano.
—Lamentablemente no tenemos una cura. Me imagino que después de que muera la fuente buscará un nuevo guardián, no sé. Esta muerte será un problema. —El maestro Chan se lamentó, pero sus palabras salían con tanta naturalidad que le helaron el corazón a Leela y ella se fue en llantos.
—No llores, mi amor. —Los ojos de Jing se llenaron de lágrimas. Ella era la razón por la que temía morir—. Debes ser fuerte. Prométeme que pase lo que pase, estarás bien. —La miró a los ojos con ruego.
—No puedo aceptarlo, Jing —negaba entre lágrimas—. No quiero perderte, amor. Eres lo único que me queda. ¿Cómo viviré sin ti?
Jing la abrazó con fuerza.
—¡Prométemelo, por favor! Seguirás nuestra meta y dirigirás a los guerreros por mí. Cuidarás la fuente y velarás por la justicia en Zafiro. Prométeme que pase lo que pase, serás muy feliz y nadie podrá destruir tu esencia. Preciosa, mi gatita salvaje, yo creo en ti y necesito que tú también lo hagas y seas fuerte. —No pudo evitar las lágrimas.
—Jing..., no es justo, mi amor... —Lloraba desconsolada. Todos los miraban con pesar a excepción de Dimitri, quien disfrutaba el momento.
—No entiendo la algarabía. —Dimitri dijo con malicia—. Todavía no se ha muerto. —Leela lo miró con odio, pero Jing la atrajo más a él y besó sus labios con ternura.
Después de unos minutos, Jing se puso sobre sus pies y les repartió unas armas de fuego que su amigo les consiguió, en caso de que la necesitaran.
***
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