Capítulo 49
El lugar era oscuro y tenebroso. El cielo se alumbró con una pequeña luz y pudo descubrir que había un río. Se acercó lentamente y con gran curiosidad. El brillo de la pequeña luz se reflejaba en el agua y ella se puso de rodillas y miró a través de las cristalinas corrientes.
Un rostro conocido se reflejaba bajo el agua.
—¿Ulises? —Ella preguntó asombrada y él la encaró sonriente.
—Adiós, Leela. —Le pareció escuchar desde la profundidad. Su voz era dulce y tranquila. El cuerpo de Ulises empezó a sumergirse en el agua, hasta que él desapareció de su vista.
—¡Ulises! —Leela despertó con un grito de desesperación. Sudores fríos recorrían su cuerpo y sus manos temblaban sin control.
—¿Estás bien? —Jing preguntó preocupado mientras frotaba sus ojos.
—Debo ver a Ulises, Jing —pidió en forma de ruego.
—No, otra vez, Leela.
—¡Jing, por favor! —rogó entre lágrimas—. Tengo un mal presentimiento, necesito verlo.
—Leela, amor. —La abrazó con ternura—. Él está bien. He enviado espías a vigilarlo y todo está en orden. Pero tú no te puedes arriesgar ni arriesgarlo a él. Recuerda que debes cuidarte y cuidar a nuestro bebé. No insistas más, no puedo complacerte con esto, es por tu bien y por el de él.
—Pero... —Dejó de insistir y fingió comprender. Jing era muy precavido y como él no le diría nada, ella tendría que buscar por su cuenta, así que tenía que hacerle creer que entendía su decisión para que no cambie las informaciones sobre Ulises de lugar.
Jing estaba muy ocupado en esos días buscando el diamante perdido con el maestro Chan y Odiel. Leela aprovechaba su ausencia para rebuscar sus cosas en el estudio y encontrar la ubicación de Ulises, pero había informaciones guardadas que estaban selladas y solo abrían con su huella.
***
Ulises logró obtener el nombre y descripción de la misteriosa hierba y descubrió que era un veneno mortal, poco común y sin cura. Mataba lentamente y solo se podía controlar con un neutralizador, pero ese neutralizador solo alargaba la vida de la persona envenenada, tarde o temprano su final era la muerte. Ulises se pasó esos dos meses investigando el veneno, el neutralizador y buscando una posible cura. También empezó a investigar con el joven, quien estaba inocente de lo que sucedía, sobre las visitas de Kara al señor Green. Al parecer, el dueño de la tienda encontró la hierba y se la vendió por una alta suma de dinero, junto al neutralizador. Ulises se encontró todo eso muy extraño y escribió un reporte al príncipe Jing. Envió una carta donde le pedía que se encontraran, puesto que no confiaba en enviar esa valiosa información por medio de un mensajero y ellos no tenían otra forma de comunicación, debido a que él fue desterrado y eso incluía no tener contacto con las personas de Zafiro.
***
—Eli, estoy preocupada por Ulises. —Leela le dijo con notoria ansiedad. Ambas estaban en el Dojo del maestro Lee.
—Pero Ulises está muy bien, no tienes que preocuparte por él —afirmó con seguridad llamando la atención de Leela.
—Hablas muy segura. ¿Acaso lo has visto? —La miró entrecerrando los ojos.
—¿Cómo crees? —mintió—. Pero hemos recibido informes de los espías del príncipe. Sabes que estamos detrás de Dimitri, y los espías que el príncipe manda para vigilar a Ulises nos dan un reporte. El príncipe suele rotar a los guerreros y ellos buscan por los alrededores cualquier indicio de Dimitri y su gente.
—Jing puede ser muy precavido, pero ha fallado en algo. —Leela frunció el cejo—. Debió darle un comunicador a Ulises para que se mantenga en contacto y pueda enviarnos cualquier información que los espías no logren obtener. ¿Qué tal que haya traidores dentro de los espías y tergiversen la información? El príncipe está tan obsesionado con encontrar el diamante y descubrir el plan de Dimitri que ha descuidado a Ulises y hasta actúa como un novato.
—¿Tú crees, Leela? —Eli preguntó incrédula.
—Estoy segura. Sé que teme poner tecnología en manos de Ulises porque puede ser irrumpida, no obstante, debe encontrar una forma en que él se pueda comunicar con nosotros que no sea por medio de mensajeros.
—Tal vez exageras. Debe ser el embarazo que te tiene así. Sé que extrañas a Ulises, pero debes ser paciente, Leela.
—No se trata de que lo extrañe o de mi embarazo. Tengo un nudo en el pecho que no puedo explicar.
Eli la miró en silencio con preocupación. ¿Qué tal que Leela tuviera razón?
***
—Búho… —Dimitri susurró mientras dormía—. Hermosa e imponente Búho. Seamos iguales y permanezcamos juntos. No dejaré que Deon te mate, te protegeré Búho porque yo... —Esbozó una sonrisa y abrió sus ojos lentamente. Había dormido mucho después del arduo trabajo de encontrar el diamante antes que su tío. Arrugó el rostro al ver a Petra observándolo con asombro y horror.
—¿Sabes, Dimitri? —Lo miró maliciosa—. Hay personas que hablan durmiendo. Existen muchas formas de sacar lo que no puedes decir abiertamente. Algunas personas necesitan la ayuda del alcohol o las sustancias, otras, un arranque de ira o el temor de pérdida. Hay personas que no lo dicen con palabras; dibujan, escriben poemas, hacen una canción… —Miró de forma acusatoria—. Mientras que otras se desahogan durmiendo.
—Ve al punto y luego explícame que haces en mi habitación —interpeló con indiferencia e incomodidad.
—Eres un tipo raro, Dimitri. Nunca pensé que tú fueras afectado por este mal. Pero de qué me quejo si a mí me pasa igual contigo —tenía lágrimas en sus ojos—. Tu plan de destruir a Búho, no es simplemente para obtener el acceso a la fuente, sino que también la quieres controlar a tu antojo. Por supuesto, una persona tóxica va a amar de una forma tóxica. ¿No?
—Yo no amo a Búho, si es eso a lo que te refieres.
—No, Dimitri, a mí no me engañas. Claro, no solo fue la orden de Deon que te privó de no matarla. Estoy segura de que algo te hubieras inventado para retenerla con vida, de todas formas, tuviste muchas oportunidades para hacerlo y nunca lo hiciste. ¿Qué tiene esa mujer de especial que todos enloquecen por ella?
—Deja de decir incoherencias y concéntrate en nuestro plan. Ya Kara va a dar el primer golpe, prepárate para el segundo.
—¡Nunca me amarás! —le reclamó con decepción y rabia—. Tú nunca te fijarás en mí.
—No, Petra. —La miró con una sonrisa malvada—. Yo nunca me fijaré en ti. Así que deja de perder el tiempo en tonterías y enfócate en la misión.
—¿Sabes? Voy a disfrutar mucho ver sufrir a Búho —espetó con rabia y odio, acto seguido, salió estrellando la puerta tras sí.
***
—Entonces ya Dimitri empezó con el plan. —Deon miró a Petra con satisfacción—. Kara me envió el neutralizador del veneno. Tuve suerte de encontrar el manuscrito perdido sino iba a cometer un error fatal y nunca iba a tener acceso a la fuente. Necesito a los guardianes con vida para poder accesar y uno de ellos debe darme el acceso. Usaremos a Búho, ya que él príncipe es muy sabio y puede arruinarlo todo. Después de que tengamos el acceso los mataremos. En cuanto a Dimitri, mantenme informado, él se llevará una sorpresita. —Deon empezó a reír con maldad emanando de sus ojos grises.
***
—¿Sabías que Búho está embarazada? —Kara se acercó a Dimitri.
—Escuché algo —contestó indiferente—. El príncipe la tiene recluida de las misiones. Él está a punto de descubrirnos, así que debemos movernos rápido. Él sospecha que estamos tras ella y por eso la mantiene bajo perfil. Será difícil accesar a Búho.
—No te preocupes —dijo con malicia—. He estado vigilando a su amiguito. Al parecer, él descubrió algo importante sobre nosotros y es cuestión de tiempo para que trate de buscar al príncipe. ¿Qué tal si le ayudamos un poco? Ya sabes..., hacer que el mensaje llegue a las manos correctas.
***
Ulises se fue a los lugares rocosos de Jeng, cerca de los precipicios infinitos. Eran llamados así porque esos precipicios eran tan profundos que se decía no tenían fin. Era conocido como un lugar muy peligroso e inhabitable, adonde las personas temían siquiera visitar. Ulises se ocultó allí por unos días esperando la respuesta del príncipe.
Leela se levantó tarde como ya le era costumbre, pues el embarazo le daba mucho sueño. Se desayunó y luego salió al patio donde su esposo estaba pintando. Él le sonrió y le extendió la mano. Ella se sentó sobre sus piernas y él besó su mejilla con ternura.
—Buenos días, preciosa —saludó con una hermosa sonrisa que la hizo babear. Por más tiempo que tuvieran conviviendo, él tenía ese efecto de derretirla con un simple gesto.
—Buenos días, mi sexy príncipe. —Dio un casto beso sobre sus labios.
—¿Lo hacemos juntos? —dijo pasándole un pincel. Ella lo tomó y él la guió sosteniendo su mano. Ambos sonrieron cuando vieron el resultado.
—¡Vaya, soy toda una artista! —Leela alardeó sonriente. Jing se sirvió vino y tomó un sorbo.
—Sí, tigresa. Eres toda una artista, siempre y cuando yo sostenga tu mano, de otra forma... —Leela lo miró mal y él la abrazó—. Es broma amor, no vayas a llorar ni a pelear.
—No me trates como a una loca, mal esposo, estoy consciente de que no sé pintar. No voy a llorar por esa estupidez. —Frunció el ceño.
—Es que el embarazo te tiene tan sensible que lloras y te enojas por cualquier cosa. Solo espero que nada malo suceda, no sé cómo podrías afrontar una mala noticia.
—Nada malo tiene que suceder. —Acarició su largo y negro cabello con ternura—. Me encanta tu cabello, Jing. Hasta me da envidia lo sedoso y manejable que es, mientras que el mío es un rebelde.
—A mí me gustan tus bellas ondas —él la miró coqueto—, te da ese toque sensual y chispeante. En cuanto a lo rebelde que pueda ser tu cabello... —Ella le tapó la boca con la mano, mirándolo molesta.
—Yo no soy rebelde si es lo que insinúas. —Arrugó el rostro. El quitó la mano de su boca y le dio un beso, luego le sonrió malicioso.
—Leela, Leela. A veces se te olvida quien es tu esposo. ¿Crees que no me doy cuenta que rebuscas mis cosas para obtener información? —Leela agrandó los ojos y se sonrojó de la vergüenza.
—¿Yo...? —Negó nerviosa. El besó su frente divertido.
—Sí, tú. Leela debes confiar en mí. Sé lo que hago. Tengo que salir de misión y me preocupa dejarte sola y que cometas una locura. Prométeme que te quedarás juiciosa esperando mi llegada. Puedes ir al palacio, al campamento a visitar al maestro Lee y a Eli, pero no sola. Tienes buenos guerreros a tu disposición. No salgas más lejos hasta que yo regrese, por favor. —Besó sus labios con ternura, ella acarició su cabello y él intensificó el beso.
Jing salió con Ileana y Bruno a perseguir a Dimitri, quien salió de su escondite y merodeaba por los alrededores de Met. Ya habían pasado dos días desde la partida del Jing y Leela estaba ansiosa porque volvió a soñar con Ulises. El príncipe se llevó un grupo de guerreros especiales y envío varios guerreros y espías a los alrededores del reino del Este.
Un mensajero llevó una carta a la mansión y la entregó a los guardias. Ellos la revisaron y estaba limpia.
—No hay peligro en ella. —El guardia la entregó a un sirviente—. Puede llevársela a la princesa. —El sirviente obedeció y se la dio a Leela.
Conoció las letras y su corazón palpitó con violencia.
"Leela, estoy en peligro. Ayúdame, por favor. Estoy oculto en la tierra de los precipicios infinitos en las afueras de Jeng, debes darte prisa o pronto moriré".
Leela sudó frío y su pulso se aceleró. La razón se le nubló al recordar esos sueños horribles donde él moría. No podía permitirlo. Salió corriendo fuera de la sala dejando caer la carta y se dirigió a donde estaban las naves parqueadas, ya tendría tiempo de avisarle a Jing.
—Princesa —uno de los guerreros nuevos que hacían guardia en el palacio la interceptó—. Encontré esta carta tirada en el suelo y me disculpo por el atrevimiento de leerla. Si se dirige a Jeng con la nave, los espías de Dimitri que merodean Zafiro pueden notarlo y arruinar su misión. Mi recomendación es que nos vayamos en caballo, porque debe saber que no la dejaré ir sola. Incluso debe dejar su comunicador para no ser rastreada, ya he enviado un mensajero al príncipe, él nos alcanzará.
Leela asintió y se apresuró a ir por dos caballos, uno para ella y otro para el guerrero. Cabalgaron a toda prisa. Jeng estaba muy alejado de Zafiro, por lo tanto, se tardarían días en llegar.
Dos días después…
—¿Guerrero? ¿Dónde está? —Leela caminaba con dificultad entre aquel solitario bosque. Habían pasado varias horas desde que él fue a buscar algunos frutos para darle de comer y no había regresado. Como salieron a toda prisa no llevaron provisiones con ellos y bajo otras circunstancias, eso no le hubiese afectado mucho, pero la debilidad ante la falta de ingerir alimentos la hacía sentir más débil, gracias a su embarazo. Se recostó de un árbol, pues otra vez le había dado sueño, decidió dormir hasta que su guerrero llegara con los frutos.
El hambre le hacía estragos, además de la incertidumbre de no saber qué pasó con su subordinado. Se puso de pies y montó su caballo, ella misma buscaría algún árbol frutal con el cual saciarse, no tenía tiempo para seguir esperando; en especial, porque no sabía si aquel guerrero aun vivía. Con la esperanza de que Jing pronto se le uniera y después de detenerse a comer y beber agua de un río, prosiguió su camino.
***
—¡Príncipe! —Eli se tiró de su caballo e hizo reverencia.
—¿Qué sucede, Eli? —inquirió con preocupación.
—Leela y Ulises están en peligro. —Ella contestó temblando.
— ¿A qué te refieres? —le preguntó abrumado.
—Cuando regresaba de mi guardia vi a un mensajero. Era el mismo que me hirió cuando estaba espiando a los hombres de Dimitri en las cercanías de Ming. Se me pareció raro verlo en Zafiro y decidí seguirlo. Entonces él envió un mensaje por un comunicador y fue cuando lo enfrenté. Dado que Nico estaba conmigo, él se encargó de sacarle información. Al parecer, Ulises le envió una carta a usted. Él descubrió algo muy importante y temía que esa información fuera comprometida o que lo asesinaran antes de entregarla. Según la carta él lo citó en las tierras rocosas de Jeng, donde están los precipicios infinitos. Pero, el mensajero fue atacado por los espías de Dimitri y ellos copiaron las letras de Ulises y alteraron el mensaje dirigiendo la carta a Leela. Fuimos a la mansión a confirmar que Leela haya recibido la carta y ella no estaba. Según los sirvientes ella salió como loca sobre su caballo junto a uno de los guerreros que hacían guardia.
—¿Qué? —Jing preguntó aturdido—. Pero ella... —Se quedó sin palabras y un frío recorrió su cuerpo. Como despertando de una pesadilla se subió a su caballo y ordenó a todos que lo siguieran. Era obvio que Dimitri le había puesto una trampa para alejarlo de Leela.
Mientras cabalgaba se reprendía y reclamaba. ¿Cuántas veces caería en el mismo juego?
***
Después de tres días, Leela llegó a los precipicios. Se desmontó del caballo con dificultad, pues estaba muy débil, ya que no había comido ni dormido bien.
—¡Debí venir en una nave! —se reclamó por su estupidez, pero luego recordó lo que le había sugerido el guerrero perdido. Empezó a buscar por los alrededores con sus dagas en mano. Después de varias horas se sentó cerca de una cueva, totalmente frustrada y hambrienta. Estaba mareada y tenía pequeños cólicos en su pelvis—. ¿Dónde estás, Ulises? —se lamentaba con tristeza. De repente alguien puso un puñal sobre su cuello—. ¿Eres tú, Ulises? —preguntó atolondrada. Sintió como el frío metal dejaba su piel.
—¿Leela? —Ulises la giró hacia él y se espantó al ver su estado. Se veía pálida y sus labios estaban blancos y resecos—. ¿Qué rayos haces aquí?
—Vine a salvarte... —susurró.
—¿A salvarme? —La miró preocupado—. Mírate, te ves muy mal. ¿Estás enferma?
—No..., estoy bien. —Sonrió poniéndose de pies—. Te he extrañado tanto. —Lo abrazó con fervor.
—Yo también, chica salvaje. —Besó su frente.
—¿Qué sucede, Ulises? ¿Por qué estás aquí? —preguntó inquieta. Ulises iba a sacar algo de su bolsillo cuando fueron atacados por Kara y un grupo de guerreros. Leela y Ulises empezaron a luchar contra ellos. Leela fue rodeada por un grupo de guerreros y Kara atacó a Ulises, él se defendió como pudo, dado que tenía muchos años sin practicar. Ella avanzaba en su contra mientras él solo se defendía retrocediendo el paso hasta que quedó acorralado entre Kara y el precipicio.
—¿Cómo quieres que suceda? —preguntó con malicia y una risita que mostraba lo mucho que lo disfrutaba. Ella golpeó su pecho y él perdió el equilibrio, Leela pateó a Kara, quien cayó tras ella y sujetó a Ulises de la mano, atrayéndolo a su cuerpo. Ambos se tambalearon y él sostuvo a Leela de la cintura tomando el control de su cuerpo otra vez.
Ulises puso algo en el bolsillo de Leela y de repente su corazón latió agitado. Una sensación de frío heló todo su cuerpo y su respiración se dificultaba. Leela quedó impresionada al notar como una navaja, viajó desde la dirección de Kara al pecho de Ulises. Estaba tan sumergida en mantener el equilibrio que no la vio venir. Sin contar lo débil y abrumada que se encontraba. Un nudo apretó su pecho cuando al encarar de Ulises, confirmó su temor. Su rostro angelical se tornó pálido y un hilo de sangre bajaba desde su nariz. Miró su pecho con incredulidad y allí estaba la navaja enterrada, manchando de rojo su blanca camiseta.
—¡Nooo! —gritó aterrada. Kara la golpeó en la espalda y Ulises se soltó del agarre de Leela. Kara iba a golpear a Leela otra vez, pero una daga traspasó su corazón, cayendo muerta al instante. El príncipe saltó quedando de rodillas detrás de su esposa, quien se agitaba del dolor frente al precipicio. Ella se lanzó tras Ulises, pero Jing la atrapó evitando que cometa una locura. Leela se removió atrapada en sus brazos mientras lloraba a todo pulmón, pero él la sostuvo fuerte.
Y así se perdía Ulises en la oscuridad de aquel precipicio, con su pecho lleno de sangre y su piel pálida. Cerró los ojos lentamente. Creyó haber escuchado a Eli gritar su nombre. Una lágrima recorrió su fría mejilla y él apretó el anillo que colgaba de su cuello, ensuciándolo con la sangre que salía de su cuerpo. Ya no podía ver, oír ni hablar. Ya no sentía más que paz. Una sensación de tristeza inundó su pecho y su último pensamiento fue:
«Perdóname, enana... No pude cumplir mi promesa».