Capítulo 48

Allí estaba el rizado, sentado frente a la entrada de su casa disfrutando de la fresca e intensa noche que se mostraba más oscura de lo regular. Bueno, tal vez no disfrutaba, simplemente estaba allí, sin siquiera notarla. Sin percatarse del intenso brillo de la luna y del mar de estrellas que adornaban el cielo. Sentado en una mecedora, ido en sus pensamientos, sus ojos verdes emanaban tristeza y frustración.

—¿Todo bien? —Mary se acercó a él, hablando casi a su oído. Ella tomó una silla y se sentó a su lado.

—No lo sé —dijo de forma sincera, pues no sabía si todo estaba bien o si estaba cometiendo un error.

—¿Sabes qué pienso? —Ella lo miró con pesar—. Creo que te estás autocastigando. No sé qué sucedió en tu vida antes de llegar a este lugar, pero debes dejarlo ir. Te estás alejando de la mujer que amas por tonterías.

—No son tonterías —refutó—. No hables de lo que no sabes. —Él la miró frunciendo el ceño y ella bajó el rostro con pena—. Lo siento —dijo con arrepentimiento—. No fue mi intención hablarte así..., es que no te imaginas lo difícil que ha sido todo. Me duele estar lejos de Eli, pero algo en mi pecho me dice que no la merezco. Me siento sucio y el simple hecho de tocarla me llena de culpabilidad, como si estuviera haciendo algo muy malo. No sé cuánto me tomará superar esto, temo... nunca seré capaz de darle lo que ella se merece.

—Si tú la amas y ella te ama, no le veo la dificultad.

—Me gustaría que fuera así de simple. Quizás en otro tiempo cuando yo era un chico correcto las cosas con ella hubieran funcionado. Si no hubiera sido tan idiota y cometido las atrocidades que cometí, entonces yo no estuviera oculto tras las sombras y pudiera ser ese hombre que ella se merece.

—¡Vaya! Eres tan joven y tienes tantos fantasmas.

—Así es —secundó con pesar—. Hay errores que te marcan para toda la vida. Cómo me gustaría volver en el tiempo, pero lamentablemente, tendré que aprender a vivir con ello, aunque no es justo para mi enana hermosa. —Sonrió como tonto—. Esta no es la vida que ella se merece. ¡Qué irónico! Meses atrás la rechazaba y la trataba como basura. La hice sufrir mucho cuando ella solo me demostró amor. ¡Estaba tan ciego! Quería evitar todo lo que perteneciera a la vida que perdí cuando recibí esa horrorosa noticia. Quería olvidarme de todo —puso su mano sobre su frente y dejó salir un suspiro—. No esperaba volver a ver a mi primer amor. Tenerla frente a mí me dio rabia y frustración, pues ella me recordó la vida que perdí y me odiaba por tener esos sentimientos intactos. ¿Es posible amar a alguien para siempre? Porque amo a Eli desde que tengo uso de razón y no creo que eso cambie.

—¡Vaya! Me gustaría tener un amor así. Por supuesto que yo no lo complicaría, no, la vida es una sola. Los años pasan y con ellos llega el arrepentimiento de lo que nunca hiciste por miedo. De todas formas, no podrás cambiar el pasado. Entonces..., mejor vivir feliz que infeliz.

Ulises sonrió y miró al cielo con nostalgia.

—Deseo a Eli con locura. Como nunca he deseado a una mujer, sin embargo, no pude tocarla aun cuando ella me lo pidió. Me siento tan sucio que incluso besarla me hace sentir culpable.

—Pero te vas a casar con ella.

—Sí. Cuando esté listo para darle lo mejor de mí. Ella será mi señora, la madre de mis hijos y reina de la casa. Sueño con ese día, pero temo que nunca se haga realidad.

—Bueno..., eres joven —ella se acercó coqueta—, aún te queda mucho por vivir, cariño. —Empezó a acariciar sus rizos—. Tú y yo podríamos divertirnos un poco en lo que resuelves tus conflictos románticos. De todas formas, eres un hombre que tiene sus necesidades fisiológicas.

—¡Por favor, déjate de bromas! —Se levantó de la mecedora y la miró con una sonrisa cortés—. Buenas noches, Mary —dicho esto se perdió dentro de la inmensa casa, dejando a Mary frustrada ante su sutil rechazo.

***

Jing se quedó un rato observando a Leela con detenimiento mientras ella se vestía.

—Leela —la llamó medio ido sin dejar de observarla con curiosidad e intriga—. Tus senos están más grandes. ¿Es eso normal?

Ella se miró para confirmar lo que él había notado.

—Tienes razón. —Sonrió picarona—. ¿Tendrás que ver con eso? —El príncipe se sonrojó y ella empezó a reír como loca.

—¿Qué tengo que ver con eso, Leela? —Se acercó para mirar de cerca—. A veces dices unas incoherencias —meneó la cabeza en desaprobación.

—¡Ay! —Ella gritó del dolor al príncipe tocarla como si estuviera inspeccionando el área.

—¿Te duele? —preguntó preocupado—. Creo que debemos llamar al doctor para que te revise.

—¿Tú crees? —inquirió asustada—. ¿Crees que estén enfermos?

—No lo sé... —El príncipe pensó un rato—. De todas formas, has actuado muy extraña en estos días.

—¡Tengo que ir! — dijo de repente y entró al baño de prisa.

—¿Qué no acabas de ir? Esta es la segunda vez que vas en menos de diez minutos.

Después de un rato Leela salió del baño molesta.

—¿Hasta eso le molesta a su majestad, el príncipe? —Hizo reverencia de forma burlona—. Ni al baño puedo ir en paz.

—Ah... —La miró confundido—. No te estoy reclamando que vayas al baño, Tigresa. Solo me pareció extraño que fueras dos veces seguidas.

—Pues ese es mi problema. —Se cruzó de brazos.

—No entiendo por qué actúas como una chiquilla, no dije nada malo.

—¿Chiquilla? ¿Eso es lo que piensas de mí? Pero cuando estamos en la cama no soy ninguna chiquilla.

—¡¿Es en serio?! —profirió hastiado—. No voy a discutir por tonterías sin sentido.

—¡¿Insinúas que yo soy una tontería sin sentido?! —gritó con lágrimas en los ojos.

—Esto no me está pasando. —El príncipe movía la cabeza con incredulidad—. Últimamente estás insoportable, pareciera que tuvieras las hormonas revueltas... espera... —Se quedó pensativo un rato mientras Leela se desbocaba llorando por lo que él le dijo. Jing tapó la boca de Leela con sus manos, provocando que ella se callara asombrada y despistada—. Leela... —La miró serio y con voz helada—. ¿Has visto tu periodo este mes? —El soltó su boca y Leela lo miró perdida.

—¿Por qué me preguntas eso?

—¿Me respondes con otra pregunta? —Enarcó una ceja.

—Creo que no. Lo hemos hecho casi todas las noches, Jing. Tu pregunta es tonta.

—Cierto..., pareces una depredadora sexual últimamente...

—¡Jing! —Empezó a llorar—. Ya no me quieres. Hasta de eso te quejas. —Jing entornó los ojos.

—No me quejo, pero estás muy demandante estos días e... —Iba a volver a decir insoportable, pero quería evitarse el berrinche—. Una pregunta, amada esposa. —La miró entrecerrando los ojos—. ¿Te estás tomando las pastillas anticonceptivas?

—Claro que sí, Jing. Me la bebí el día que el maestro me la dio.

—¿El día que él maestro te la dio?

—Sí, se supone que esas son especiales y se beben cada mes. ¿No es así?

Jing empezó a temblar.

—¡Rayos! —espetó de repente exaltando a Leela quien lo observaba sorprendida y con algo de temor—. ¡Cada dos semanas, Leela! —respondió con frustración y enojo. Ella lo miró como cachorrito y no pudo contener las lágrimas.

—Perdón..., creí que era cada mes... Él dijo que eran especiales y que no alteraría mi cuerpo como las demás y que como guardián no podía consumir ese tipo de medicamentos, todo debe ser natural. Pero escuché que dijo cada mes.

—¡Cada mes la busques! —Apretó su cabello tratando de no perder la cordura.

—Perdón..., yo creí... —Empezó a llorar desconsolada. Él la miró de reojo y se sintió culpable por su reacción.

—Perdóname tú a mí, preciosa. —Limpió sus lágrimas con ternura—. Fue un malentendido. ¿Qué haremos, Leela? Es muy probable que estés embarazada.

—¿Tan malo es tener un hijo conmigo? —preguntó con tristeza.

—Claro que no, mi amor. —Besó su mejilla con dulzura—. Yo quiero tener muchos hijos contigo, pero... ahora no es conveniente. Sabes todos los problemas que tenemos con Kara, Dimitri y Deon. Estamos detrás de ellos y de descubrir su gran plan. Necesito a Búho, si estás embarazada no podrás ir a misiones ni a batalla.

—¿Y por qué no?

—¿Es en serio? —La miró de reojo—. Es peligroso para ti y el bebé. —Leela suspiró con decepción.

—Quieres decir que si estoy embarazada no haré nada por nueve meses.

—Más o menos. —Besó su frente.

—¡Qué horror! —se lamentó.

—No digas eso. —Acarició su cabello—. No es un horror. Un bebé es un regalo. Perdón por actuar como un tonto. —Jing besó sus labios con ternura.

***

Después de confirmar que Leela estaba embarazada y celebrar con euforia, ellos bajaron unas escaleras que los dirigió a una habitación llena de cosas antiguas. Sostuvieron los dijes de las joyas y éstas empezaron a brillar, una puerta invisible se abrió frente a ellos y éstos la traspasaron. Caminaron por un túnel cristalino y se detuvieron cuando llegaron a un lugar brillante. Aquel lugar subterráneo era hermoso en todo el sentido de la palabra, puesto que todo el alrededor era de diamante blanco. En el centro había una roca grande de la misma piedra con destellos de diferentes colores.

—Tiempo sin verlos, guardianes. —El maestro Chan los saludó.

—Hola, Leela. —Odiel se dirigió a ella con una sonrisa de tonto y Jing lo miró mal.

—¿Leela? —El maestro lo reprendió—. Demasiado confianza, Odiel.

—No me gustan las formalidades —se excusó sin dejar de hacerle ojitos a Leela.

—¿Sabes, Odiel? —Leela lo miró con curiosidad—. Siempre me he preguntado dónde te había visto. De verdad, creo que ya te había conocido.

Odiel sonrió y se acercó a ella.

—Vaya, de verdad tienes el don de ver en los sueños. Porque estás a punto de recordar la experiencia de un coma.

—¡Cierto! Fuiste el chico con quién hablé en aquel extraño lugar. —El maestro Chan y Jing los miraron confundidos.

—Sssshhh... —le susurró posando un dedo sobre sus labios—. Es nuestro secreto.

Jing aclaró su garganta medio molesto.

—Yo sí te había visto antes. —Jing lo miró con cara de malos amigos. Aunque le tenía aprecio y respeto, no soportaba como miraba a su esposa.

—¡Vaya, vaya! —El maestro Chan interrumpió su aburrida conversación—. Los guardianes tienen un retoño. —Se acercó a Leela y topó su vientre—. Muy lindo, pero pudieron posponerlo un tiempo más hasta culminar nuestra misión y encontrar el diamante de Odiel. Si cae en manos equivocadas estaremos en problemas.

Leela y Jing bajaron el rostro avergonzados. Si bien ellos entendían lo complicado que tener un bebé sería en ese momento, se sentían felices y bendecidos por el fruto de su amor.

—No se pongan así. —El maestro Chan los miró conmovido—. Es una buena noticia, complica todo, pero es bueno. —Tocó el vientre de Leela otra vez—. Lo extraño es que ni mi anillo ni el de Odiel ha brillado. La última información que recibimos es que ustedes heredarían el legado para siempre. Es por esto que deben reformar la forma en que se maneja la fuente y crear reglas de entrenamiento a los próximos guardianes. Nunca nadie había heredado el legado, siempre han sido guardianes temporales que solo sellaban la fuente y vigilaban el centro de los mundos. Tengo la sospecha que un hijo de ustedes será el próximo guardián. Por cierto, aquí están todos los manuscritos. Están separados por los generales y los de revelación.

—¿Los de revelación? —Leela preguntó curiosa.

—Sí. —El maestro asintió—. Son los que se crean cuando nace un guardián de acuerdo a sus características específicas. Por ejemplo, el líder se conoce porque brilla el anillo del maestro guía y se le prepara una joya que lo define como próximo guardián, pero con su pareja es más complicado. Él tiene que descubrirla y compararla con el manuscrito de revelación. Allí se describe su esencia para que el líder pueda discernir. La pareja del líder siempre se va a caracterizar por la sensibilidad a lo que los demás no ven y necesidad de entrega a su líder.

—Vaya, eso explica muchas cosas. —Jing espetó en tono de burla y Leela le pegó en el hombro.

—Y a ti te tocó la más intensa. —El maestro Chan le corroboró meneando las cejas.

—¿Todavía estamos hablando de la entrega en el asunto de la misión? —Odiel preguntó para regresarlos al tema principal.

—¿De qué más, muchacho? ¿De qué más? —el maestro Chan dejó salir una risita.

—Nosotros trabajaremos en conjunto —Odiel empezó a hablar con seriedad—. Yo seré su maestro guía y nos prepararemos para las siguientes generaciones. Como maestro guía soy inmortal y ustedes semi inmortales. Lo que quiere decir que morirán solo si es provocado o se envenenan. Pero no padecerán enfermedades. Durarán más tiempo que los demás para envejecer, así como el maestro Chan, él tiene ciento de años.

—¿Entonces el maestro Chan no es inmortal?

—No. El maestro Chan es semi inmortal, pero tiene otros poderes. No lo obtienes todo.

—¿Y vamos a durar cientos de años? —Leela preguntó desconcertada.

—No tanto como el maestro Chan, pero si no se dejan matar, un par de siglos. Eso será, siempre y cuando tengan las llaves puestas. Sin ellas son simples mortales. Ellas le dan más fuerza y habilidad. El príncipe Jing es muy fuerte, pero la parte de ser casi intocable se lo debe a la joya.

Ambos se miraron con asombro.

—¿Quieres decir que seremos guardianes por dos siglos?

—No. A ustedes lo sucederán los próximos guardianes en su momento, podrán decidir después de ahí si seguir usando las joyas o no. Es un legado que se les entregó, son afortunados.

—¿Y por qué nosotros? —Leela preguntó estupefacta.

—Preciosa, yo también me pregunto lo mismo. —Le sonrió con flirteo y Jing se acercó más a Leela frunciendo el ceño. El maestro Chan volvió a tomar la palabra.

—Deon era un discípulo de un guardián temporal y colaborador de los asuntos de la fuente, claro, él nunca tuvo acceso a ella ni a la información de ésta. Al parecer, rebuscando las cosas de su maestro descubrió el poder de la fuente y se obsesionó con ella. No supimos más de él, pues se ha mantenido con bajo perfil.

—Él y Dimitri están tras la fuente. —Jing afirmó con seguridad.

—Si eso es cierto, debemos estar atentos y buscar el diamante de Odiel.

Todos asintieron y se marcharon.

***

Ulises fue a abastecerse a un pueblo cercano. Él siempre llevaba una capa con capucha negra después de que fue desterrado, para pasar desapercibido fuera del lugar donde vivía.

Se iba a dirigir a la tienda y se ocultó al ver a Kara con un grupo de personas. Ulises conocía a la mayoría de la realeza de los cuatro reinos, puesto que su tío lo llevaba a esas actividades.

Le pareció extraño ver a la gente de Dimitri allí por lo que decidió acercarse sin ser percibido. Aquella tienda era popular entre los farmacéuticos por su gran variedad y calidad en químicos y productos orgánicos. Ulises vio a un trabajador de la tienda salir y lo llamó aparte.

—¡Hola, amigo! —Ulises lo saludó con efusividad.

—Hola... —El chico lo miró de forma extraña.

—Oye... ¿Crees que el Sr. Green me atienda hoy? Como tiene compradores de la realeza.

—Pues, deberá esperar a que se vayan, ya que cuando ellos lo visitan él cierra la tienda.

—¡Vaya! —fingió sorpresa—. Debe ser una compra muy importante...

—Pues..., están buscando una hierba extraña. El señor Green la ha buscado por mar y tierra y aún no la ha encontrado.

—¡Qué interesante! Me pregunto qué tipo de hierba será.

—Pues no sé. Pero es muy exótica.

—Me imagino que debe ser muy curativa.

—Al parecer lo es.

—¡Lástima! Me sería muy útil saber sobre esa hierba, ¡quién sabe cuántas vidas pueda salvar con ella! —se lamentó fingiendo pesar.

—Pero podemos hacer lo siguiente. —El muchacho propuso—: Yo investigo el nombre y en su próxima compra le doy la información. —Sonrió con ingenuidad—. Sería una gran satisfacción poder aportar a la medicina.

—¡Y yo y la ciencia te lo agradeceríamos mucho! —Ulises expresó con emoción mientras ponía dinero en el bolsillo del chico—. Es bueno saber que existen personas dispuestas a ayudar, gracias.

El chico sonrió complacido y Ulises se retiró.

***

Dos meses después

—¿Quién es el bebé de papá? —Jing dijo llenando de besos el vientre de Leela.

—Solo espero que tenga tus hermosos ojos miel. —Leela comentó mientras acariciaba el cabello de Jing, quien tenía la cabeza semi recostada de su barriga.

—No, mi amor. —El dio un beso sobre su vientre—. Tendrá tus hermosos ojos grises.

—No, me gustan más los tuyos. —Ella refutó.

—Y a mí los tuyos. ¿Qué hacemos entonces?

—Bueno... —Leela miró hacia arriba pensativa—. Que tenga un ojo gris y el otro de color miel. —Jing estalló de la risa.

—¿Te das cuenta que esta conversación no tiene sentido? —Volteó su rostro quedando recostado sobre sus piernas—. No tenemos el poder de decidir el color de ojos de nuestro bebé.

—Tienes razón. —Leela sonrió.

—Señor, tiene visitas. —Un sirviente anunció haciendo reverencia. Jing asintió y éste se marchó. Ellos estaban en una pequeña sala personal, donde no recibían visitantes. Jing tomó el rostro de Leela y le plantó un beso que ella recibió gustosa, acarició su mejilla y la miró con mucho amor y ternura.

—¿Te he dicho que te amo? —preguntó con una sonrisa.

—Sí. —Ella sonrió sonrojada.

—¿Te he dicho que me has hecho el hombre más afortunado de todo Destello? —Él volvió a besarla—. Gracias, Leela. No creí que se pudiera ser tan feliz, gracias mi amor. —Acarició la barriga que aún no se notaba—. Los amo, ustedes dos son mi tesoro y siempre los voy a proteger.

—Yo también te amo. —Ella besó su frente—. Ustedes son las personas más importantes en mi vida. Soy tan feliz, Jing. Después de que lo perdí todo, he sido recompensada con tu amor y el milagro de llevar vida en mi vientre —dicho esto se besaron con fervor.

***

—Entonces la gente de Dimitri está husmeando los lugares remotos. —Jing estaba sentado en su escritorio frente a sus tres amigos.

—Así es. —Bruno respondió—. Deben estar buscando algo muy importante.

—Sí, debe ser una joya que pertenece a uno de los maestros de la fuente. —Jing aseguró.

—Según información de un espía, Deon estuvo buscando un manuscrito por décadas. Al parecer, lo encontró en el tiempo en que Leela fue secuestrada por Dimitri. Creo que tiene información importante sobre ti y tu muy embarazada mujer. Según estuve investigando, la dejaron escapar a propósito. —Nico dijo mientras mordía una manzana.

—Entonces, ellos deben tener un plan bien elaborado. —Jing los miró con preocupación.

—Así es —afirmó Esteban—. Pero tenemos algo a nuestro favor. —Todos lo miraron a la expectativa—. Dimitri y Deon se van a traicionar. Pavlosky hizo alianza con Deon porque él tiene información que el rey Joaquín y él no tenían, más Deon está utilizando a Dimitri para accesar a la fuente.

—Entonces debemos estar atentos —Jing los miró con seriedad—, en cualquier momento estalla la bomba.

—Cambiando de tema. —Nico sugirió malicioso—. Tu hermano tiene años de casado y aún no ha dado en el blanco y tú no has cumplido el año y ya Búho tiene recado.

—Al parecer Jing tiene mejor puntería. —Los tres estallaron de la risa y Jing los fulminó con la mirada.

—¿Podrían ponerse serios? —Jing les reclamó sonrojado—. ¿Es tan difícil que actúen como adultos?

—No te enojes, Jing. —Esteban palmó su hombro—. ¿Qué se siente ser papá y tan joven?

—Ni tan joven. —Nico intervino—. Dentro de unos meses cumple los veintiséis. ¡Abuelo!

—Demasiado joven para ser padre. —Esteban refutó—. Adiós a la tranquilidad y libertad. Ahora tu vida se resumirá a pañales, leche y un bebé que no te dejará dormir.

—Bueno, solo cambiará en los pañales y la leche, ya que Jing está acostumbrado a que no lo dejen dormir. —Bruno dijo meneando las cejas con picardía y todos rieron a carcajadas, Jing los miró mal y luego se dejó contagiar por ellos, entonces los cuatro reían de su mal chiste.

Reino del Norte

Kara entró a un estudio donde Dimitri estaba sentado detrás de un escritorio y Petra yacía con las piernas abiertas en un sofá. Kara la miró disgustada. Simplemente no la soportaba. Se la pasaba entrometiéndose en todo y tomándose atribuciones que no le correspondían. Además de que ella se moría por Dimitri y no desaprovechaba la oportunidad de lanzársele.

—¿Por qué esa mujer tiene que estar en mi palacio? —Kara le reclamó mientras miraba a Petra con desprecio.

—No vamos a empezar con el mismo tema otra vez, Kara. —Dimitri la miró hastiado.

—Pero es que no entiendo por qué tiene que quedarse aquí.

—Kara, Kara… —Dimitri se paró de su silla y se acercó posándose detrás de ella, provocando que su piel se erice y su corazón se agite—. Somos un equipo, ¿recuerdas? —habló sobre su cuello provocando escalofríos en todo su cuerpo. Petra los miraba divertida de cómo Pavlosky jugaba con la princesa—. Debemos estar más unidos que nunca, estamos cerca de lograr nuestros objetivos. ¿Entiendes? —se acercó más al hablar, provocando que su aliento la descontrole.

—Está... bien... —asintió tartamudeando y con la respiración hecha un caos.

Dimitri estaba sentado sobre sus rodillas en un Dojo que Kara preparó exclusivamente para él. Sus ojos estaban cerrados y su respiración era lenta y controlada. Recuerdos inundaron su mente y empezó a fruncir el ceño. Abrió sus tenebrosos ojos grises y esbozó una sonrisa malvada.

—Me daré la satisfacción de quitarte lo que más has querido y luego voy a matarte, querido tío.

—¿Evocando tus demonios? —Petra se acercó a él con una sonrisa descarada.

—¿Sabes querida, Petra? —comentó malicioso—. Hay personas que son malvadas de forma innata, como tú. Otras que las pérdidas las hacen malvadas como Kara y en parte yo, pues creo que me pasan ambas cosas y, por último, personas que podemos utilizar para el mal cegadas por el odio. Odio, querida Petra, que nosotros vamos a causar en Búho. Sobrevivió cuando lo perdió todo, una primera vez, pero... ¿Una segunda? —Sonrió con maldad—. Leela Brown, pronto empezará tu infierno y tú misma nos darás lo que queremos.