Capítulo treinta y nueve
NARRA GISELLE.
Muy temprano por la mañana el prometido de mi madre me deja como la mayoría de las veces en frente de mi instituto.
— Gracias —le doy una sonrisa.
— No es nada —le resta importancia—. Si tu madre no puede, yo pasaré por ti a la salida.
Muevo la cabeza en un gesto afirmativo.
— Vale.
— Bueno ya no pierdas el tiempo conmigo, entra antes de que toquen el timbre —me dice—. Adiós
— Si, adiós —me despido también, saliendo del automóvil.
Entró al instituto buscando con la mirada a mis amigas, pero no encuentro a ninguna así que escribo un rápido mensaje por el grupo que tenemos las tres.
YO: Estoy en el instituto, ¿dónde andan?
Sus respuestas no tardan en llegar.
CLAUDIA: Yendo hacia ti.
Alzó la mirada en cuanto leo su mensaje, viendo todo a mi alrededor y compruebo que es así cuando la veo a unos escasos metros caminando hacia mí, le devuelvo la sonrisa que me ofrece cuando nuestros ojos se cruzan.
Un nuevo mensaje me hace bajar la mirada hacia mí celular.
LAURA: Estoy en el salón de la primera clase que nos toca, vengan.
— Hola —me saluda Clau, en cuanto llega a mi lado y deja un beso en mi mejilla.
— Hola —sonrío—. ¿Has visto el mensaje de Laura?
Ella asiente con la cabeza, enganchando su brazo del mío para luego empezar a adentrarnos a las instalaciones del instituto.
— Justo te iba a preguntar eso.
— Entonces vayamos.
Caminamos por las instalaciones del plantel educativo mientras charlamos de cosas triviales, hasta subir al segundo piso y llegar al salón donde veremos la próxima clase. Pero en cuanto ponemos un pie adentro la sonrisa que tengo en mi rostro desaparece cuando mis ojos se clavan en los del chico rubio que no sale de mi cabeza, el cual me vió primero.
A su lado está su amigo, Xavier y frente a este está mi prima con una sonrisa en su rostro quien no me ha notado. Claudia se da cuenta de mi expresión y de la del chico que me mira con la mandíbula tensa, y me da un jalón para animarme a acercarme a ellos.
Y entonces, de una forma tan inesperada para todos y causando que su silla casi caiga con violencia al suelo, Samuel se pone de pie sin apartar su mirada de mi mientras cuelga su mochila en su hombro y se dirige a los asientos del fondo bajo la mirada de los únicos que estamos en el salón, es decir, de Xavier, Claudia, Laura y mi persona.
Con eso todos se dan cuenta de nuestra presencia. Y otra vez esa punzada hace acto de presencia en mi pecho.
Lo he jodido todo.
Y ahora tengo miedo de no poder enmendarlo.
Claudia me da un pequeño apretón en el brazo, tratando de animarme y nos terminamos de acercar a dónde están ahora mi prima y su novio.
Tomo asiento a su lado, mientras que Claudia se sienta al lado de Xavier.
— Hola chicas —nos saluda él, a lo que le damos ambas una sonrisa—. Yo... bueno, iré con Samuel, supongo que quieren hablar entre ustedes... de sus cosas.
Al decir aquello me dió una mirada fugaz antes de enfocarse en su novia.
— Te buscaré en el almuerzo —él se inclina hacia ella, y le da un corto beso en los labios. Cuando se separa de ella, mi prima queda con una sonrisa embobada en su rostro y está asiente ante lo que le ha dicho. Entonces él se gira hacia Claudia y hacia mí—. Adiós chicas.
— Chao, cuñado —dice Claudia, por todas.
Xavier se levanta de su puesto y arrastrando su mochila por el suelo va a sentarse junto con su amigo.
— No sé tú, Claudia —empieza mi prima, y sé lo que viene a continuación—. Pero que Samuel se haya comportado así justo cuando vio a Giselle me resulta taaan extraño.
— Justo pienso eso.
Ambas clavan la mirada en mí, en busca de alguna explicación.
— Chicas, no tengo ánimos para hablar de ello ahora —les digo, soltando un suspiro.
— ¿Tan grave fué? —dice Laura.
Formo una línea recta con mis labios, recordando todo mi conversación con el rubio aquel día cuando fuimos a la playa, su confesión y como le rechace aún cuando lo quiero como a nadie.
Miro de reojo hacia su sitio. Noto que trae las manos entrelazadas sobre el pupitre, las aprieta con fuerza a la vez que tiene la mirada clavada en algún punto ciego en su cuaderno cerrado y sus labios están en una línea recta, a su lado Xavier parece estar reclamándole algo por las expresiones que pone mientras habla.
Suelto un suspiro y me enfoco en mis amigas, me inclinó hacia adelante al mismo tiempo que ellas, creando un círculo de confidencialidad para soltar aquello:
— Samuel se me ha declarado —suelto, tan bajo que dudo un segundo en que me hayan escuchado, pero por sus expresiones sé que lo hicieron. Antes que digan algo, me apresuro a hablar otra vez—. Y lo he rechazado.
Sus expresiones cambian a una llenas de incredulidad.
— ¡¿Qué has hecho qué?! —gritan ambas al mismo tiempo, ganándose la mirada de los dos chicos sentados al fondo.
— Oigan, hagan silencio —las regaño—. Qué ese imbécil está al fondo.
— Imbécil, sí —asiente, Laura—. Pero uno de unos ojos lindos, eh.
Bromea, diciendo eso porque alguna vez llegué a llamar a Samuel imbécil de ojos lindos frente a ambas. Ruedo los ojos, fastidiada, aunque razón tiene.
— ¿Cómo que le has rechazado, Giselle? —me pregunta Claudia, cambiando el tono a uno más bajo como se lo pedí—. ¿Te has vuelto loca?
Abro la boca para contestarle, pero el que justo en ese momento entren todos nuestros compañeros seguidos de la profesora me obliga a callar de golpe.
— Demonios, debo ir a mí clase —se levanta Clau de un brinco, pues esta clase no la ve con nosotras—. Pero no creas que se me olvidará lo de que se te declaró y tú lo rechazaste.
— Exacto, tienes mucho que explicarnos en el almuerzo.
— Como digan —ruedo los ojos y veo a mi amiga—. Pero ya lárgate o no te dejarán entrar a tu clase.
Claudia asiente con la cabeza y tras despedirse de nosotras sale del aula a la suya como el corre caminos.
Mientras todos a nuestro alrededor toman asiento en sus respectivos asientos la profesora procede a escribir algo en el pizarrón sin siquiera saludarnos.
Al parecer alguien amaneció de mal humor, y como si Laura supiera lo que estoy pensando se acerca a mí para susurrarme:
— Se comenta que el director la mando al carajo —dice, murmurando—. Así que no te extrañes si está de mal humor en está y las siguientes clases.
Niego con la cabeza, y cuando la profesora se aparta del pizarrón puedo leer lo que ha escrito con letra cursiva.
Hago una mueca al leer las palabras; TRABAJO EN PAREJAS, TEMA LIBRE 20%.
— La nueva actividad, como verán, será un trabajo en parejas y valdrá el veinte por ciento de la nota —inicia la profesora—. El tema será libre, quiero que se pongan de acuerdo con su pareja y lo escojan, por favor, eviten escoger temas aburridos y repetitivos, sean creativos.
Una chica sentada en el pupitre de mi lado izquierdo alza la mano, cuando le permiten hablar lo hace:
— ¿Podemos elegir nosotros nuestras parejas?
— No, las elegiré yo —dice, y con eso una ola de quejas estalla dentro del aula, pero ella se encarga de silenciar a todos dando dos fuertes golpes en la pizarra con el borrador—. Serán elegidos de la siguiente manera, el primero de la lista estará con el último, el segundo con el penúltimo y así sucesivamente.
La profesora rodea su escritorio y se sienta en la silla giratoria, acomoda sus gafas y abre la lista para empezar a asignar parejas.
— No estaremos juntas —me murmura Laura, haciendo un mohin.
— Por desgracia.
Laura asiente y ambas volvemos a mirar a la profesora que ya empezó con las primeras parejas.
— Laura James —nombra a mí prima quien en la lista es la primera y procede a buscar quién va con ella en lo último de la lista.
— Por favor, que no me toque nadie vago —suplica, haciéndome reír.
— Vas con Hannah Núñez —dice, finalmente.
Me permito a reírme de la cara que pone mi prima al escuchar quién será si pareja, pues aquella chica no le cae bien, han tenido muchos roces durante años y piensa que quiere quitarle a Xavier. Laura se gira hacia mí, obligándome a aguantar la risa.
— Como vuelvas a reírte, Giselle Josefina, juro que te golpeo.
Levanto las manos en señal de paz, aguantando mi risa.
— Calma fiera, calma.
Mi prima me rueda los ojos.
— André DeLuca —dice, y el chico alza la mano—. Vas con Xavier.
Y así va con todos, nombrando uno por uno, emparejando a todos, excepto a mí hasta que de pronto:
— Giselle James —me nombra, haciendo que levanté la mirada hacia ella y alce mi brazo, indicándole que estoy presente—. Giselle, te toca con...
Hace una pausa, buscando a mí pareja en aquella lista.
Y cruzo los dedos para que no sea... ustedes saben quién no quiero, no después de lo que ha sucedido ayer en su departamento y hoy al entrar al salón de clases.
— Te toca con Derek Harrison.
Suelto un suspiro de alivio al no haber escuchado otro nombre en especial. Pero al mismo tiempo siento en el pecho un pinchazo lleno de decepción de no haber caído con él
Pero después de lo que ocurrió ayer en su departamento y está mañana entrando al salón de clases creo que lo mejor es mantenerme al margen, aunque sea solo por hoy.
Y entonces noto que nadie ha levantado la mano o ha dicho presente al ser nombrado.
La profesora pasea su mirada por todo el aula buscando a aquel chico que sería mi pareja en el trabajo, al no encontrarlo pregunta.
— ¿Alguien sabe algo de Derek?
Una chica al fondo habla a la vez que alza la mano ganándose la atención de todos.
— No puede venir, profesora —dice ajustándose las gruesas gafas—. Se enfermó la semana pasada y el doctor le indico reposo por dos meses.
— Ya veo.
La profesora asiente y vuelve su mirada a la lista, entonces dice aquello provocando que mi corazón se acelere.
— Entonces Giselle trabajarás con... Samuel Rinaldi.
Cierro los ojos maldiciendo por lo bajo.
Qué suerte de mierda tengo.
En serio, me hace falta echarme un baño con hierbas y esas cosas para quitarme está mala suerte.
O un baño de playa, mamá siempre ha dicho que es bueno para eso.
Me niego a voltear y ver la molestia que pueda tener en sus ojos en estos momentos, pero sí siento su intensa mirada puesta única y exclusivamente sobre mi.
A mí lado, Laura suelta una risita.
— Al parecer ambas la pasaremos mal haciendo el trabajo.
Muevo la cabeza en un gesto de afirmación, porque de seguro así será.
La profesora continua diciendo nombres y emparejando a todos hasta que termina y cierra la lista.
— Ahora bien, ya todos tienen una pareja así que levanten su feo trasero y vayan a dónde está ella, el trabajo lo haremos aquí sí hay tiempo, sino les daré esta hora para que se pongan de acuerdo en cómo lo harán, o que tema van a escoger.
Y tras decir aquellas palabras, todos a mí alrededor, incluyendo a mi prima se levantan de su puesto con sus mochilas colgadas en su hombro.
— Deséame suerte —me pide mi prima, al ver como Hanna se acerca para ocupar mi puesto.
Suelto un suspiro, colgando también mi mochila sobre mi hombro y me pongo de pie.
— Y tú a mí —digo, mirando de reojo al chico que no se ha molestado en levantarse de su asiento al fondo junto a la ventana, el puesto a su lado está vacío ya que Xavier ha ido a sentarse con su compañero y tomó una bocanada de aire, llenandome de valor para después caminar hacia él.
No me dirige ninguna mirada mientras me acerco a él, pero sé que ha notado mi presencia cuando me detengo a su lado en el puesto vacío por lo tensado que están sus brazos.
Suelto un suspiro, dejando mi mochila en el suelo sin delicadeza y me dejó caer en el asiento a su lado, evitando del todo que tengamos algún contacto por ser pupitres compartidos.
— A quien vea hablando de otras cosas que no sea relacionado al trabajo lo sacaré de la clase y le bajaré puntos —advierte la profesora—. Y a quien vea que no lo está haciendo, también.
Otra ola de queja se extiende por el salón, pero como la primera vez, la profesora logra hacer que todos guarden silencio con el mismo método.
— ¡Manos a la obra! —grita.
Todos a mí alrededor empiezan a conversar con su pareja, veo como algunos ya han escogido el tema con tanta facilidad y rapidez. Mientras no sé qué hacer, puesto a que a Samuel parece importarle mierda la advertencia de la profesora sobre no hablar ya que desde que me senté ha su lado ha permanecido igual, su postura recta, sus dedos entrelazados sobre la mesa siendo apretados con algo de fuerza y su mirada clavada en su cuaderno cerrado como si este fuera lo más interesante del mundo.
La actitud que ha tomado conmigo estos últimos días, y el que este visiblemente incómodo por tenerme a su lado me dice no hará el intento de siquiera mirarme, por lo contrario. Así que decido ser yo quien tome la iniciativa, suelto un largo suspiro a la vez que giro mi cuerpo hacia él, con una expresión seria en mi rostro y le suelto.
— ¿De qué haremos el trabajo? —pregunto.
Ni con eso me mira.
Al contrario, hace como si yo no existiese, como si no estuviera a su lado en estos momentos hablándole y eso me enfurece y entristece en partes iguales.
— Samuel, quizás a ti te valga mierda la nota de este trabajo, pero a mí no —digo, molesta—. Y no pienso reprobar por tu culpa, así que trata de hacer un pequeño esfuerzo y colaborar, porque esto también me resulta incómodo a mí, no solo a ti.
Tras decir aquello él desvía su mirada hacia la mía, y una media sonrisa que no le llegue a los ojos aparece en su rostro.
— Por supuesto —murmura, antes de llevar su mirada hacia la ventana.
Inspiró, sonoramente.
— ¿De qué haremos el trabajo? —repito, reuniendo paciencia.
Otra vez, me ignora.
— Ya me cansé —digo, harta—. Me cansé de ti, de que me ignores y de que hagas como si no existiese, Samuel.
Con eso logro que desvíe una vez más sus ojos y los clave en los míos, puedo ver qué sus labios ha fruncido sus labios en una fina línea recta. Permanece callado sin apartar la mirada de mis ojos.
— Estamos en el instituto, el problema que tengas conmigo déjalo por fuera de aquí —pido—. Por lo menos ahora, porque créeme que si pudiera ponerme con alguien más lo haría sin dudarlo, pero me tocaste tu como compañero y no puedo hacer nada al respecto.
— Claro, si fuese alguien como Andrés o él mismo, no lo dudarías.
Lo que dice me deja descolocada.
¿Por qué saca a colación al primo de Claudia ahora?
— Andrew, así se llama —le corrijo, a lo que él suelta un bufido y rueda los ojos, llevando su mirada otra vez hacia la ventana—. Y me refería a cualquier otra compañero, no a él.
Samuel no responde, cruza los brazos sobre su pecho con la mirada puesta en la ventana a su lado, su ceño está fruncido notablemente.
Suelto un suspiro, pasando las manos por mi rostro para calmarme.
— Samuel, yo... —empiezo, paso la punta de la lengua por mis labios para humectarlos antes de seguir—. Respecto a lo que sucedió el día de la playa, lo que te dije, yo... a mí no...
Callo cuando lo veo ponerse de pie rápidamente de su asiento.
— Yo elijo el tema, lo investigo y tú haces el trabajo —suelta, para después colgarse su mochila en su hombro y salir de forma apresurada del aula de clases.
Y entonces noto que todos se están levantando de sus asientos, así que suelto un suspiro lleno de resignación tomando mi mochila del suelo y me la cuelgo en el hombre a la vez que me pongo de pie.
Laura se acerca a mí y juntas vamos a la cafetería por algo de comer.
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— Entonces lo rechazaste por miedo —dice Laura, después que les cuento todo lo que sucedió aquel día con el rubio.
Muevo la cabeza en un gesto afirmativo.
— ¿Miedo de qué? —pregunta Claudia, frunciendo el entrecejo.
— Miedo a otra vez salir lastimada, por eso lo hice —les digo—. No quiero volver a pasar por lo mismo que pase con Matías, no quiero sufrir por alguien nunca más. Además lo ví besarse con Mónica antes.
— Para nadie es un secreto de que ella muere por él, y que Samuel solo la ve como una amiga, una con derecho a roce, pero eso se acabó —dice, seguramente eso lo sabe gracias a su novio—. Así que imagino que fue ella quién le besó.
— Y te recuerdo que ambos chicos son distintos, Giselle —dice Claudia—. Matías solo te quería para un rato, estar contigo mientras disfrutaba del sexo que le brindaba tu amiga y perdón que te diga eso así, pero es la verdad.
Me encojo de hombros, restándole importancia porque es algo que ya no me afecta tanto como antes y si lo hace es por la amistad que se rompió.
— Y Samuel es distinto —alega Laura—. No es porque sea el amigo de mi novio, pero es un gran chico el cual se ve que te quiere por la forma en que te mira o en la que sus ojos brillan cuando habla de ti, justo como te pasa a ti.
Suelto un bufido.
— Si me quiere, pero a metros de él.
— Giselle, le has roto el corazón así que deberías entenderlo un poco, prima.
— ¿Cuando planeas hablar con él y aclararle todo? —me pregunta Claudia.
— Por ahora no lo haré —digo—. No me quiere cerca suyo, me lo ha demostrado por la forma en que hace como si no existiese o por cómo me mira lleno de rabia.
— Eso es porque no hablas con él y le aclaras todo —vuelve a decir Claudia—. Pero ya verás que cuando le digas todo dejara de comportarse así y será todo un osito cariñosito contigo.
— Si no es que me manda a la verga primero.
— Pues si lo hace, asegúrate que sea a la de él —Lau bromea, sacándome una sonrisa.
Niego con la cabeza mientras Claudia la apoya.
— Ustedes no tienen remedio.
— ¡Hola chicas! —Louis aparece a nuestro lado, acompañado de Xavier.
Ambos chicos toman asiento, Louis entre Claudia y yo, mientras que Xavier al lado de su novia a la cual besa sin importarle que estemos observándolos.
— Busquen un hotel mejor —dice Louis.
— Si, lo necesitan —Claudia dice, a lo que ambas reímos junto con Louis.
Xavier y Laura se separan, ésta está sonrojada.
— Así como ustedes necesitan aprender a quedarse callados —dice, Xavier rodeando los hombros de mi amiga con su brazo para acercarla a su cuerpo.
— Falta uno —dice Claudia—. ¿Por qué no está con ustedes?
Louis solo guarda silencio, tomándose un sorbo de la malteada de fresa que pedí para pasar el almuerzo.
— No se tomen a mal esto, en especial tú, Giselle —dice Xavier, rascándose la nuca con nerviosismo—. Pero como sabía que iríamos a almorzar con ustedes no quiso acompañarnos, por...
— Lo que sucedió en la playa, lo sabemos —dice Claudia.
Louis y él asiente, dando a entender que también saben lo que ha ocurrido.
— Perdón por lo que diré, pero le has roto el corazón al chico.
— Si —Louis asintió—. Nunca lo había visto tan mal, ni siquiera cuando era pequeño y su obeso gato falleció.
— No sean idiotas, oigan —dice Laura—. Qué eso es algo de lo que mi prima se arrepiente.
— Déjalos —le digo—. Igual tienen razón.
— Si, pero te arrepientes —dice Claudia—. Y es por ello que deberías ir a hablar con él.
— No creo que eso sea lo más conveniente ahora —interviene Xavier.
— ¡Ven! —sin querer elevó un poco la voz, ganándome algunas miradas así que me aseguro de volver a mí tono normal—. No soy la única que piensa lo mismo.
— No, no —dice Louis—. Yo sí creo que sea conveniente, sé cómo es Samuel de orgulloso, pero si te acercas a él y eres sincera él te escuchará.
— No lo sé...
— Tú solo hazme caso y queden por lo menos de amigos —me dice—. Porque chica, ya estoy cansado de verle tan deprimido.
Miro a las chicas las cuales me sonríen de oreja a oreja y mueve la cabeza en un gesto afirmativo, dándome ánimos así que suelto un suspiro a la vez que me pongo de pie.
— ¿Saben dónde está?
Xavier niega, dudoso.
— No...
— Yo sí, creo —dice Louis—. Fue al salón de química, si no mal recuerdo dijo que iría allí.
Asiento con la cabeza y me dispongo a salir de la cafetería.
El salón de química queda en el segundo piso al fondo así que después de salir de la cafetería subo las escaleras un tanto apresurada planeando como voy a decirle todo aquello a Samuel en caso de que actúe como por la mañana en la primera clase que vimos.
Llego al segundo piso y camino por los pasillos solitarios, puesto a que como hora de descanso todos están en la cafetería o en el patio. Veo el salón a un metro, la puerta está cerrada como casi todas las aulas y una vez llego me detengo frente a la puerta.
Cierro los ojos, rezando porque este allí adentro y podamos hablar, si es necesario me encerrare con él solo para que pueda escucharme.
Tomo una bocanada de aire y la expulso mientras abro los ojos.
Vale, nunca creí que hablar con un chico fuese tan difícil.
Pongo la mano en la perilla de la puerta y con cuidado la abro, notando en seguida las risas que vienen de adentro.
Una risa femenina.
— Ay, Samuel...
Una punzada cruza mi pecho al oír esa voz, esa estúpida voz.
Para asegurarme de que no me haya equivocado miro hacia adentro del salón tratando de no hacer ningún tipo de ruidos y sin abrir por completo la puerta.
Y entonces los veo.
Mónica está riendo sentada sobre el escritorio del profesor, solo trae la camisa blanca mangas largas del uniforme y ésta está desabrochada hasta la mitad dejando ver parte de su brassier rojo.
Y de pie frente a ella, está el imbécil de ojos lindos mirándola con una sonrisa traviesa en sus labios. No está tan cerca, pero tampoco tan lejos.
Y el que con ella si actúe normal, que no la ignore como lo ha estado haciendo conmigo hace que el dolor que cruza mi pecho aumente y sienta ganas de llorar, pero me aguanto.
Aprieto el pomo de la puerta y sin importarme un carajo la cierro de manera violenta, dando un fuerte puertazo que se escucha en todo el pasillo.
Llena rabia y celos de verlos juntos, así de esa manera y después de que Samuel me confesará aquello en la playa, giro sobre mis talones y camino devuelta a la cafetería de manera apresurada, a mis espaldas captó como abren la puerta y salen del salón, alguno de los dos suelta lo que es parecido a una maldición, pero no me molesto en si quiera voltear.
Y sin ganas de que los chicos me pregunten como me fue me dirijo al salón de mi próxima clase que por suerte no comportó ni con el imbécil e idiota de ojos lindos, mucho menos con las chicas
Cuando la última clase termina me encargo de ser la primera de mi aula en salir e irme sin despedirme de nadie.