Parte II
NARRA GISELLE.
— Entonces lo rechazaste por miedo —dice Laura, después que les cuento todo lo que sucedió aquel día con el rubio.
Muevo la cabeza en un gesto afirmativo.
— ¿Miedo de qué? —pregunta Claudia, frunciendo el entrecejo.
— Miedo a otra vez salir lastimada, por eso lo hice —les digo—. No quiero volver a pasar por lo mismo que pase con Matías, no quiero sufrir por alguien nunca más. Además lo ví besarse con Mónica antes.
— Para nadie es un secreto de que ella muere por él, y que Samuel solo la ve como una amiga, una con derecho a roce, pero eso se acabó —dice, seguramente eso lo sabe gracias a su novio—. Así que imagino que fue ella quién le besó.
— Y te recuerdo que ambos chicos son distintos, Giselle —dice Claudia—. Matías solo te quería para un rato, estar contigo mientras disfrutaba del sexo que le brindaba tu amiga y perdón que te diga eso así, pero es la verdad.
Me encojo de hombros, restándole importancia porque es algo que ya no me afecta tanto como antes y si lo hace es por la amistad que se rompió.
— Y Samuel es distinto —alega Laura—. No es porque sea el amigo de mi novio, pero es un gran chico el cual se ve que te quiere por la forma en que te mira o en la que sus ojos brillan cuando habla de ti, justo como te pasa a ti.
Suelto un bufido.
— Si me quiere, pero a metros de él.
— Giselle, le has roto el corazón así que deberías entenderlo un poco, prima.
— ¿Cuando planeas hablar con él y aclararle todo? —me pregunta Claudia.
— Por ahora no lo haré —digo—. No me quiere cerca suyo, me lo ha demostrado por la forma en que hace como si no existiese o por cómo me mira lleno de rabia.
— Eso es porque no hablas con él y le aclaras todo —vuelve a decir Claudia—. Pero ya verás que cuando le digas todo dejara de comportarse así y será todo un osito cariñosito contigo.
— Si no es que me manda a la verga primero.
— Pues si lo hace, asegúrate que sea a la de él —Lau bromea, sacándome una sonrisa.
Niego con la cabeza mientras Claudia la apoya.
— Ustedes no tienen remedio.
— ¡Hola chicas! —Louis aparece a nuestro lado, acompañado de Xavier.
Ambos chicos toman asiento, Louis entre Claudia y yo, mientras que Xavier al lado de su novia a la cual besa sin importarle que estemos observándolos.
— Busquen un hotel mejor —dice Louis.
— Si, lo necesitan —Claudia dice, a lo que ambas reímos junto con Louis.
Xavier y Laura se separan, ésta está sonrojada.
— Así como ustedes necesitan aprender a quedarse callados —dice, Xavier rodeando los hombros de mi amiga con su brazo para acercarla a su cuerpo.
— Falta uno —dice Claudia—. ¿Por qué no está con ustedes?
Louis solo guarda silencio, tomándose un sorbo de la malteada de fresa que pedí para pasar el almuerzo.
— No se tomen a mal esto, en especial tú, Giselle —dice Xavier, rascándose la nuca con nerviosismo—. Pero como sabía que iríamos a almorzar con ustedes no quiso acompañarnos, por...
— Lo que sucedió en la playa, lo sabemos —dice Claudia.
Louis y él asiente, dando a entender que también saben lo que ha ocurrido.
— Perdón por lo que diré, pero le has roto el corazón al chico.
— Si —Louis asintió—. Nunca lo había visto tan mal, ni siquiera cuando era pequeño y su obeso gato falleció.
— No sean idiotas, oigan —dice Laura—. Qué eso es algo de lo que mi prima se arrepiente.
— Déjalos —le digo—. Igual tienen razón.
— Si, pero te arrepientes —dice Claudia—. Y es por ello que deberías ir a hablar con él.
— No creo que eso sea lo más conveniente ahora —interviene Xavier.
— ¡Ven! —sin querer elevó un poco la voz, ganándome algunas miradas así que me aseguro de volver a mí tono normal—. No soy la única que piensa lo mismo.
— No, no —dice Louis—. Yo sí creo que sea conveniente, sé cómo es Samuel de orgulloso, pero si te acercas a él y eres sincera él te escuchará.
— No lo sé...
— Tú solo hazme caso y queden por lo menos de amigos —me dice—. Porque chica, ya estoy cansado de verle tan deprimido.
Miro a las chicas las cuales me sonríen de oreja a oreja y mueve la cabeza en un gesto afirmativo, dándome ánimos así que suelto un suspiro a la vez que me pongo de pie.
— ¿Saben dónde está?
Xavier niega, dudoso.
— No...
— Yo sí, creo —dice Louis—. Fue al salón de química, si no mal recuerdo dijo que iría allí.
Asiento con la cabeza y me dispongo a salir de la cafetería.
El salón de química queda en el segundo piso al fondo así que después de salir de la cafetería subo las escaleras un tanto apresurada planeando como voy a decirle todo aquello a Samuel en caso de que actúe como por la mañana en la primera clase que vimos.
Llego al segundo piso y camino por los pasillos solitarios, puesto a que como hora de descanso todos están en la cafetería o en el patio. Veo el salón a un metro, la puerta está cerrada como casi todas las aulas y una vez llego me detengo frente a la puerta.
Cierro los ojos, rezando porque este allí adentro y podamos hablar, si es necesario me encerrare con él solo para que pueda escucharme.
Tomo una bocanada de aire y la expulso mientras abro los ojos.
Vale, nunca creí que hablar con un chico fuese tan difícil.
Pongo la mano en la perilla de la puerta y con cuidado la abro, notando en seguida las risas que vienen de adentro.
Una risa femenina.
— Ay, Samuel...
Una punzada cruza mi pecho al oír esa voz, esa estúpida voz.
Para asegurarme de que no me haya equivocado miro hacia adentro del salón tratando de no hacer ningún tipo de ruidos y sin abrir por completo la puerta.
Y entonces los veo.
Mónica está riendo sentada sobre el escritorio del profesor, solo trae la camisa blanca mangas largas del uniforme y ésta está desabrochada hasta la mitad dejando ver parte de su brassier rojo.
Y de pie frente a ella, está el imbécil de ojos lindos mirándola con una sonrisa traviesa en sus labios. No está tan cerca, pero tampoco tan lejos.
Y el que con ella si actúe normal, que no la ignore como lo ha estado haciendo conmigo hace que el dolor que cruza mi pecho aumente y sienta ganas de llorar, pero me aguanto.
Aprieto el pomo de la puerta y sin importarme un carajo la cierro de manera violenta, dando un fuerte puertazo que se escucha en todo el pasillo.
Llena rabia y celos de verlos juntos, así de esa manera y después de que Samuel me confesará aquello en la playa, giro sobre mis talones y camino devuelta a la cafetería de manera apresurada, a mis espaldas captó como abren la puerta y salen del salón, alguno de los dos suelta lo que es parecido a una maldición, pero no me molesto en si quiera voltear.
Y sin ganas de que los chicos me pregunten como me fue me dirijo al salón de mi próxima clase que por suerte no comportó ni con el imbécil e idiota de ojos lindos, mucho menos con las chicas
Cuando la última clase termina me encargo de ser la primera de mi aula en salir e irme sin despedirme de nadie.