Parte II
NARRA SAMUEL.
Muevo de forma lenta mis labios sobre los de la pelirroja que se ha quedado paralizada, sorprendida de lo que acabo de hacer, hasta que con timidez me corresponde a último minuto y eso me hace sonreír con satisfacción.
Acaricio su mejilla y me aparto, ensanchó la sonrisa cuando notó que está con un leve sonrojo que la hace ver incluso más adorable de lo que ya es.
— Te estaba buscando —le digo, siendo consciente de la mirada del chico que nos mira claramente sorprendido.
— ¿P-para qué? —logra pronunciar tartamudeando, sin mirarme.
— Jason quiere que vuelvas.
Giselle asiente con la cabeza, antes de girarse hacia el chico pelinegro que nos mira.
— Y-yo... Hablamos... después —balbucea, mirándolo apenada.
Sin embargo, el chico ignora lo que le ha dicho.
— ¿Ustedes dos... son novios? —nos señala a ambos con su dedo.
— ¿Qué? ¡No! —se apresura a decir Giselle, cosa que me molesta al sopesar que teme que él piensa que sí porque le gusta—. Nosotros... no, por supuesto que no.
Celoso y molesto, rodeo los hombros de la pelirroja con la intención de acercarla más a mi cuerpo y siento como se sobresalta ante el repentino contacto, y clavo la mirada en el pelinegro que no recuerdo su nombre.
— No somos novios —digo, viendo como el alivio cruza por su rostro por un breve instante hasta que vuelvo a hablar—. Pero si somos mucho más que eso.
— Samuel eso no...
— Y por ello, te quiero a metros de mi chica —le corto, mirándolo a él con una expresión seria en mi rostro.
«Mi chica» Me gusta decir aquello.
Giselle gira su rostro hacia mí, mirándome como si definitivamente me hubiera vuelto loco, pero lo que no sabe es que si lo estoy es por ella.
— ¿Tú chica? —repite él, frunciendo el entrecejo.
— Lo es —asiento, sonriendo—. Así que déjala en paz, no te quiero cerca de ella o tendremos problemas, hablo en serio.
Él imbécil bufa, rodeando los ojos.
— Los tendremos entonces —dice—. Giselle es mi amiga, así que no pienso alejarme de ella porque un idiota como tú lo dice.
Con rabia aprieto mi mandíbula, me aparto de la pelirroja e intento ir por él, pero ella se interpone entre nosotros al saber cuáles son mis intenciones.
— Debo ir con mi hermano —dice ella—. Y-yo... después te busco.
Saber que ella lo buscará después hace que mi rabia aumente, así como los celos.
El pelinegro sonríe con satisfacción y se inclina hacia adelante para darle un beso en la mejilla que ella se deja dar, provocando que apriete mis puños a los costados con ganas de apartarla de él y llevármela lejos, pero me controlo.
— Vale, nos vemos preciosa.
Y con eso se marcha.
Y Giselle empieza a caminar en dirección contraria, alejándose de mí después de murmurar lo que creo fue un insulto que no logré entender.
[***]
NARRA GISELLE.
Comienzo a caminar lejos del rubio después de insultarlo sintiéndome molesta por aquel beso que me ha dado, no es que no lo quisiera o no me haya gustado, pero no quiero que piense que por lo que ocurrió entre nosotros tiempo atrás puede venir y besarme, menos si antes estuvo besándose con otra en mis narices.
Lo siento caminar detrás de mí, pero trato de ignorarlo, cosa que no me deja tan fácil puesto a que me adelanta y se posa frente a mí, haciendo que detenga el paso.
— ¿Qué? —escupo, cruzando los brazos sobre mi pecho.
— ¿De verdad lo vas a buscar? —pregunta, enarcando una ceja.
— No es tu problema.
Hago un ademán de pasar por su lado para irme lejos de él, pero se atraviesa en mi camino impidiendo mi huída.
— ¿Qué quieres? —digo, más bien exclamó molesta.
— ¿Qué ocurre contigo, Giselle?
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, erizando mi piel en el proceso al escucharlo pronunciar mi nombre.
— ¿Conmigo? —repito, frunciendo el entrecejo.
— ¿Qué es lo que tanto te molesta? —pregunta, enojado también—. ¿Qué te haya besado frente a ese imbécil o que piense que tenemos algo?
— ¡Ambas cosas, Samuel! —le grito—. Porque no puedes pretender venir y besarme como si tuviéramos algo, cuando en realidad no somos absolutamente nada ni lo seremos nunca y mucho menos hacerle creer a alguien todo lo contrario.
— Eso me queda claro —dice—. Qué no tendremos nada nunca.
— ¿ Entonces por qué mierdas me besaste?
— ¿Por qué mierdas lo hice? —repite, tomándose un momento para, tal vez, pensar la respuesta a mi pregunta.
Asiento con la cabeza por inercia.
— Eso es fácil —dice, después de unos segundos en completo silencio—. Porque me gustas como no tienes idea, Giselle.
Su repentina confesión hace que guarde silencio mientras los músculos de mi cuerpo de tensan. ¿Cómo puede decirme eso después que estuvo besándose con Mónica?
— Y llevo semanas deseando sentir tus labios sobre los míos una vez más —murmura, sin perder contacto conmigo—. Por eso lo hice.
— Lástima, porque yo no deseaba lo mismo ni lo desearé jamás.
«Mentirosa» Grita la voz dentro de mi cabeza, pero la ignoro.
— ¿Te gusta él, Giselle? —inquiere, cambiando el tema y avanza un paso hacia mí, provocando que deba alzar la cabeza para mirarlo al tenerlo tan cerca como ahora—. ¿Es por eso que te molestaste?
— Si me gusta o no, no es tu asunto.
— Te gusta —afirma en un susurro.
Si tan solo supiera quién es el que realmente me gusta...
— Es por ello que te molestaste, aún cuando querías que ocurriera incluso algo más que un simple beso entre nosotros.
Bufó, negando con la cabeza, aunque razón si tiene.
— No digas estupideces, Samuel.
— Digo lo que veo y siento —dice—. Y en mi opinión así fue, como cuando te bese en el ascensor, ¿recuerdas?
— Eso solo fue por el momento y las hormonas que me ganaron —me excuso.
— Claro.
Su tono lleno de sarcasmo, más la sonrisa estúpida, pero ridículamente hermosa que aparece en su rostro hace que me moleste mucho más.
— ¿Y si Andrew me gusta qué? —pregunto, alzando el mentón—. Total, tú estás con Mónica.
Tras mis palabras veo el momento justo en que borra su sonrisa, dándole paso al entrecejo fruncido.
— ¿De qué hablas? —dice, confundido—. No estoy con Mónica, ni lo estaré.
Mucho descarado.
— Claro, y ahora me dirás qué no se besaron hace un rato cuando los vi perfectamente hacerlo.
La expresión le cambia cuando sabe aquello
— Yo no...
— No me digas nada —le corto—. Mejor ve con ella, apuesto que te está esperando.
Él intenta hablar, pero no lo dejo.
— Yo iré con Andrew —informo—. Prefiero estar en compañía de él porque, a diferencia de ti, él si es alguien de quien vale la pena hasta enamorarse.
Samuel tensa la mandíbula a la vez que aprieta los puños a sus costados cuando me escucha decir aquello.
— Pues pásenla bien.
— Oh, claro que lo haremos.
Le sonrió de forma falsa, a lo que él solo me mira a los ojos por unos segundos más antes de girarse e irse en dirección recta.
Giro sobre mi propio eje en dirección contraria a la que agarró el rubio con la intención de buscar a Andrew, pero...
— ¡Giselle!
Gritan a mis espaldas e ilusionada de que sea otra vez él volteo de manera rápida, casi como la niña de El exorcista, pero cuando lo hago me encuentro a alguien totalmente diferente corriendo hacia mí.
Arrugo el gesto viendo a mí hermano detenerse frente a mí, apoya sus manos en sus rodillas tratando de normalizar su respiración, mientras noto su cabello cobrizo húmedo, lo que me indica que salió hace poco de bañarse en la playa.
— Estaba buscándote —dice, enderezando su cuerpo.
— ¿Para qué?
— ¿Qué tan cierto es que estabas con el primo de Claudia? —pregunta, tomando el papel de hermano celoso.
—Estaba con él —afirmo.
— ¿Y Samuel?
El que mencioné su nombre hace que mi corazón comience a latir más fuerte.
— ¿Él qué?
— ¿No lo has visto? —pregunta—. Nos separamos para buscarte.
— No lo he visto —miento.
Jason asiente con la cabeza, indicándome que me cree.
— Vamos con los demás entonces.
— ¿Por qué? —inquiero—. Es que Andrew...
— Viniste con nosotros, no con ese —hace una mueca de asco al decir la última palabra—. Así que andado.
Ruedo los ojos con total fastidio y avanzo con mi hermano a mi lado devuelta hacia los demás.
Cuando llegamos me sorprendo al ver qué solo están mis amigas en compañía de Xavier y Louis, puesto a que el resto se ha marchado y el solo pensar que Samuel puedo haberse ido con Mónica después de decirme aquello hace que mi sangre hierva de la rabia.
Pero trato de ignorar aquello, y me enfoco en disfrutar el resto de la tarde en compañía de mis amigos y mi hermano.