Capítulo treinta y tres
PARTE I.
NARRA SAMUEL.
Sin intenciones de ser brusco pongo mis manos en los hombros de Mónica y la aparto lejos de mí después de aquel beso que me tomo desprevenido.
— No vuelvas a hacer eso —gruño.
— ¿Por qué? —pregunta—. Si antes te encantaban mis besos, Samuel.
— Pues ya no.
Miro a mi alrededor buscando a cierta pelirroja, hasta que la encuentro a unos metros corriendo, así que pongo mis manos alrededor de mi boca para gritarle:
— ¡Giselle, espérame!
Ni se molesta en detenerse, o voltear.
¿Habrá visto el beso que me dio Mónica?
No, espero que no.
Me preparo para empezar a correr hacia ella, pero Mónica se posa frente a mí, es de mi misma estatura, así que no debe alzar la cara a la hora de mirarme con enfado.
— Déjala —dice—. Ahora estás conmigo, Samuel.
— No me jodas más, Mónica y apártate.
— No lo haré —dice decidida, cruzando los brazos sobre su pecho.
Con intenciones de seguir a la pelirroja que ahora no veo por ningún lado rodeo el cuerpo de Mónica, pero antes de que pueda irme ella me toma de la mano así que la miro sobre mi hombro.
— Hablemos, por favor.
Me suelta la mano, así que suelto un suspiro y giro sobre mis talones quedando frente a ella mientas cruzo los brazos sobre mi pecho.
— ¿Ahora qué?
— Quiero que seamos los mismos de antes, Samuel —me pide—. Te extraño.
— Eso lo hablamos el otro día, Mónica —digo, mirándola serio—. No quiero nada más contigo.
— ¡Pero yo si quiero!
— Quedamos en solo ser amigos y tú aceptaste, así que basta.
— Samuel...
— Basta, Mónica —digo, hastiado—. Te pedí que vinieras para compartir como antes, cuando solo éramos amigos, pero si seguirás con lo mismo mejor vete.
— ¿Qué me vaya? —repite, asombrada.
Muevo la cabeza en un gesto de afirmación.
— Todo es por esa, ¿verdad? —no hace falta que diga nombre, sé a quién se refiere—. ¿Te gusta?
— No hagas preguntas que lamentarás...
— ¿Te gusta, Samuel? —pregunta, con más firmeza.
— Si —soy sincero—. Por ello no quiero tener nada contigo, porque la quiero a ella.
Sus ojos se cristalizan ante mis palabras, pero la conozco desde hace años como para saber que lo que tiene conmigo es solo un capricho, así que no me produce nada, ni siquiera lástima.
— Te quiero Mónica —le hago saber—. Has estado siempre para mí y te has convertido en alguien especial en mi vida, pero a Giselle...
— Cállate —me pide, rabiosa—. No te creo nada.
— Si no quieres creerlo allá tú, Mónica.
Giro sobre mi propio eje y comienzo a caminar con dirección a dónde están los demás.
— ¡Samuel, ¿a dónde vas?! —me pregunta, alzando la voz.
No le respondo, solo avanzo queriendo llegar rápido con los demás para hablar con la irritante pelirroja.
— ¡Samuel no seas imbécil, espera! —vuelve a gritar, está vez algunas miradas se posan sobre mi—. ¡Samuel!
Sigo avanzando hasta que sus gritos ya no se oyen, cuando llego a dónde están los demás no veo a la pelirroja ni a sus amigas lo que me hace creer que están juntas, cosa que me confirma Louis mientras Jason y Xavier compiten dentro del agua a ver quien llega primero a la boya.
— Está con Laura y Claudia —me dice—. Fueron a dar una vuelta, creo.
Asiento con la cabeza.
— Por cierto, no creas que no me di cuenta que se fueron Giselle y tú juntos hace rato, eh.
Sube y baja las cejas de forma coqueta, haciéndome reír.
— ¿Y? —enarco una ceja, incitando a que siga.
— ¿Tienen algo? —pregunta—. Y no mientas.
— No —digo—. Aunque me gustaría.
— Te enamoraste —afirma, sonriendo.
Muevo la cabeza en un gesto afirmativo sin ocultar la sonrisa.
— Esto es un milagro —se burla Louis—. Samuel Rinaldi enamorado, vaya.
Abro la boca para decir algo, pero la cierro cuando mis ojos se mueven solos hasta dónde viene Mónica echa una furia. No me determina cuando pasa a nuestro lado y se va a dónde dejó sus cosas, empieza a guardar todo de mala gana en su mochila.
— ¿A esta qué le ocurre? —murmura Louis, mirándola con el entrecejo fruncido.
— Discutimos.
— ¿Otra vez? —enarca una ceja—. Ustedes envés de parecerse a cualquier otra amistad con derechos, parecen más un matrimonio. Por todo y por nada discuten.
Eso es cierto.
— Ya no tenemos nada —aclaro.
— ¿Eh?
— No somos más amigos con derecho, sólo amigos normales.
Louis forma una pequeña O con la boca por la impresión causada por mis palabras, y solo puede asentir con la cabeza antes de que la delgada figura de Mónica aparezca frente a nosotros.
— Tus deseos son órdenes —me dice—. No me quieres aquí, así que adiós.
Guardo silencio sin dejar de mirarla, lo que parece que le molesta todavía más por la forma en la que aprieta la tira de su mochila.
— Adiós, Louis —dice entre dientes, mirándome a mí.
— Adiós —se despide mi primo.
Sin más Mónica se da la vuelta y se marcha lejos de nosotros meneando sus caderas de una forma sensual y elegante.
— Si las miradas matarán —dice Louis—. Ya estuvieras tres metros bajo tierra, querido primo
Afirmó con la cabeza, de acuerdo con él.
— El otro día cuando se apareció en el edificio lo hablamos y pareció comprenderlo —cuento—. Fue ella quién propuso ser solo amigos, como de pequeños...
— ¿Y ahora qué?
— Le he dicho que me gusta Giselle.
— Hay que ver qué tú eres mucho bruto —dice, negando con la cabeza—. ¿Cómo se te ocurre decirle a alguien que claramente gusta de ti, que te gusta otra?
— Ella pregunto, así que fuí sincero.
— ¡Igual eso no se hace!
— Como sea.
— ¡Hasta que apareces! —exclama una tercera voz, haciéndome mirar al frente.
Hacia nosotros vienen Jason y Xavier empapados de agua, ambos se sientan en la arena frente a nosotros.
— ¿Dónde estabas? —dice Xavier.
— Por ahí —me encojo de hombros, restándole importante.
— ¿Dónde está Giselle? —pregunta Jason, frunciendo el entrecejo mirando a todas partes.
— Con Claudia y Laura —responde Louis.
— Claro que no —dice Xavier, mirando un punto detrás de nosotros—. Ahí vienen ellas, pero no están con Giselle.
Arrugo el entrecejo, girando la cabeza para ver a las dos chica en traje de baño que se aproximan a nosotros mientras ríen y conversan de manera animada entre sí.
Cuando se acercan a nosotros, Laura toma asiento entre las piernas de su novio y le da un beso en la mejilla mientras que Claudia se sienta entre Jason y la parejita.
— ¿Y Giselle? —pregunto.
Me gano la ignorada del siglo por parte de Laura que se hace la que no oyó mientras apoya su cabeza en el hombro de mi amigo y cierra los ojos.
— No es tu problema —responde Claudia, de mala gana.
Mi entrecejo se hunde más por como me ha respondido puesto a que ella no es así ni con quién le cae mal, Xavier también lo nota e interviene.
— Amor —llama a su novia, también extrañado por la actitud que han tomado ambas—. Samuel ha preguntado algo.
— Oh, ¿en serio?
— Si.
— Ah, pues no lo escuché —y sonríe de manera falda hacia mí, pero no tarda en borrador la sonrisa y rodearme los ojos.
— ¿Dónde está mi hermana? —dice Jason.
— ¿Giselle? ¡Oh, no te preocupes por ella! —Claudia le respondo, sonriente. Con que la cosa es solo conmigo, vaya—. Fue a dar una vuelta con mi primo.
— Si, con ese que babea por ella —agrega Laura.
Claudia asiente sonriente.
No puedo evitar tensarme en mi sitio al saber que está con ese.
— Capaz pronto sea tu cuñado, Jason —Claudia sonríe, bromeando.
Sobre mi cadáver ese se hace novio de mi pelirroja molesta.
— ¿Tú calculas, Clau? —dice ahora Laura—. Amaría que se hicieran novios, Andrew si es un encanto.
— No lo digan ni en chiste —dice Jason, levantándose de la arena con una expresión seria en su rostro.
— ¿A dónde vas? —le pregunta Louis.
— A buscar a mi hermana.
Sin dudarlo me pongo de pie también, sintiendo como los celos se apoderan de mi.
— Te acompaño.
Jason asiente con la cabeza y empezamos a caminar con dirección por donde las chicas llegaron hace un momento buscando a Giselle.
Recorremos la mayor parte de la playa, pero no la vemos por ningún lado por más que la buscamos.
— Como le haya hecho ese imbécil algo a Giselle se las verá conmigo —murmura Jason.
Y conmigo, quiero decir, pero me aguanto.
— Busquemos a esos dos por separados —me dice—. Tú sigue derecho, yo la busco del lado contrario a dónde vas tú.
Muevo la cabeza en un gesto de afirmación.
— Va —digo—. ¿Si la encuentro primero?
— Vienes con ella y me esperas aquí, lo mismo si yo la encuentro antes.
Vuelvo a asentir con la cabeza.
— Nos vemos aquí en... ¿cinco minutos?
Jason asiente con la cabeza, y choca su mano con la mía.
— Vale.
Ambos tomamos rumbos distintos, él avanza hacia la izquierda y yo por la derecha, voy tarareando una canción que viene a mí mente mientras camino.
Me aguanto de preguntar por ella, tampoco es que se haya perdido, no creo que ese imbécil la dejé sola.
Mientras avanzo a lo lejos, en unas rocas del malecón, reconozco el color cobrizo de su cabello ondulado lo cual me hace sonreír de manera inconsciente al saber que la encontré y troto hasta ella, pero mis pasos van disminuyendo a medida que me acerco y veo como el imbécil que tiene al lado abrocha un collar en su cuello, captó el momento justo en que Giselle se sonroja después por algo que le dice él lo cual hace que me hierba la sangre.
Cuando ella intenta decir algo me posó frente a ella, haciendo que guarde silencio de golpe al notarme. Siento la mirada confundido y enojada del imbécil sobre mí, tal vez molesto de que les haya interrumpido el momento, pero no me interesa, solo me interesa una cosa y es dejarle en claro que sí Giselle es para alguien, ese alguien voy a ser yo.
Por esa misma razón no espero a que me diga nada, solo tomo su rostro con delicadeza entre mis manos y uno sus suaves y deliciosos labios con los míos, en un beso que sin duda le tomo por sorpresa.