Listón azul Parte 1

Jack

Una semana en el hospital, por fin volvía a casa luego de esa pesadilla. No significaba que las cosas estuvieran mejor en casa, por lo menos para mí. Carly iba muy tarde y se quedaba poco tiempo cada día porque estaba concentrada en llevar a cabo su proyecto de ciencia. Quería hablar y arreglar las cosas o aclararlas. Lo que tuviera que suceder pero se suponía que esta vez si debía guardar silencio hasta que me recuperara por completo, no querían que sufriera ningún daño permanente y a eso me arriesgue todo este tiempo.

Ella se enfureció cuando pregunto por Brenda y yo no pude darle una respuesta, me acusó de dejarla escapar, dijo que seguía protegiéndola pero no fue así, quería decirle que lo intente pero probablemente después de todos los errores que he cometido no tendría sentido tratar de convencerla de que decía la verdad.

La vi enfrascarse por completo en sus estudios, en ser mejor de lo que ya era lo cual no importaba en este sistema educativo tan mediocre, al parecer uno de sus maestros de la primaria se había dado cuenta de su coeficiente más alto y había alertado a algunos conocidos que a su vez alertaron a peces gordos de grandes empresas y universidades, estuvieron haciendo un riguroso seguimiento escolar y a pesar de no tener ninguna actividad extracurricular en su expediente simplemente había algunos que la tenían en la mira para sus equipos.

Bueno, eso quería decir que podría abrirse paso en el mundo sin mí. Después de todo nunca me necesito, sobrevivió sola aun siendo una niña y ahora como adolescente estaba demostrando ser una mujer digna de izar la bandera del éxito. Bien, vida termina de destruirme por completo.

Mientras ella se regocijaba en su propio éxito aún tenía tiempo para compadecerse de mí, luego de que le rogara regresar a casa conmigo y que durmiéramos juntos cada noche, ella accedió y de nuevo compartíamos la cama. Justo como debía ser. Los doctores me dijeron que debía estar en reposo por lo menos dos meses, no quería estar tanto tiempo lejos de mis estudiantes así que cuando cumpliera un mes de estar en casa regresaría, ya llevaba una semana y fue una semana en la que apenas y veía a Carly.

Siempre estaba estudiando, ensayando, preparando alguna presentación. Se convirtió en la mujer orquesta, iba de aquí para allá sin detenerse y aunque dormíamos juntos aun así no era suficiente tiempo. No quise decir nada porque sus estudios eran lo más importante y porque seguía muy enojada. Según ella, deje escapar a Brenda y aunque trate de explicarlo me prohibió hablar con la excusa de mi laringe y faringe dañada. Se creía muy lista porque su promedio escolar es perfecto. Bueno, realmente es muy lista pero no tiene que restregármelo en la cara, yo también soy muy listo.

Para el final de esa semana en casa estaba volviéndome loco, nadie me dejaba hablar y toda mi comida era líquida, licuaban todo para no lastimarme mientras comía y comenzaba a sospechar que Marshall y Vanessa realmente querían asesinarme cada vez que me alimentaban porque ni siquiera podía hacer eso por mi cuenta.

— Abe boca. — Me negué a la demanda de Marshall pero él apretó mi mandíbula con una mano y el dolor me obligó a abrirla recibiendo una enorme cucharada de una sustancia marrón que no me agradaba para nada. — Eso es, buen chico. ¡Traga maldita sea! No cocino para que lo escupas todo.

— Déjame a mí, comerá si yo se lo doy. — Esta vez abrí la boca por voluntad propia y recibí la cuchara sin quejarme. Vanessa me golpeaba y gritaba cuando no comía. — El ascensor. Parece que regresó luego de estar afuera todo el día. ¿Qué demonios hace en la calle a estas horas?

— Tal vez no quiere ver tu horrible cara.

— Yo soy hermoso y tú estás celosa, tienes que usar todo ese maquillaje oscuro que te hace ver como una bruja.

— Cállate o hare que tu pene se muera.

Marshall apretaba más mi mandíbula sin darse cuenta mientras peleaba con Vanessa y realmente comenzaba a dolerme demasiado. Trate de apartarlo pero no conseguí nada. Cuando el ascensor se abrió y ella salió de él intente voltearme para saludarla, cuando Marshall por fin se dio cuenta de que me lastimaba me soltó y pude levantarme del sofá para dirigirme hacia ella.

— ¿Dónde estabas mocosa? Tu cena está fría, nadie me ayuda a cuidar a Jack y tengo mucho trabajo atrasado.

— Marshall, hazle un favor al mundo y muerte de una vez.

— Se lo digo todo el tiempo pero no quiere escuchar.

— Tuve un día muy largo, cállense de una vez y hagan algo útil o desaparezcan.

Seguía con los brazos abiertos esperando mi abrazo pero ella estaba concentrada en esos dos. No debí dejar que se metieran a mi casa, me quitaban la atención de Carly todo el tiempo. Me acerque más a ella y la abrace. — ¿Qué pasa? — Negué para darle a entender que todo estaba bien. — ¿Quieres dormir ya o aun no estás cansado? — Negué otra vez. — Veamos la tele un rato. ¿Está bien? — Asentí. Por suerte pude quitarme ese incómodo collarín de mi cuello ayer y podía mover mi cabeza libremente.

A veces parecía que actuaba rara pero lo deje pasar siempre porque no quería molestarla. Teníamos que hablar sobre nuestra relación y sabía que se estaba distanciando, que no estábamos tan bien como parecía, sus besos a veces eran algo fríos y faltaba algo. Lo ignore solo porque si iba a dejarme, tal vez estos eran los últimos momentos con ella y quería disfrutarlos. Me resigne de verdad y estaba dispuesto a aceptar su abandono, pero no quería que me dejara todavía y ella parecía entenderlo.

Se quedó dormida unos veinte minutos después de encender la televisión, Marshall la llevó a la cama porque no quería que yo me esforzara durante mi recuperación. No me enfermaba muy seguido y el tampoco a excepción de sus resacas pero cuando yo me enfermaba siempre estaba cuidándome en exceso así que estaba algo acostumbrado a que quisiera hacer todo por mí en estos momentos pero igual me molestaba, nunca dije nada porque parecía que necesitaba cuidar de mí para sentirse bien.

Le quite la ropa y le puse una de mis camisas cuando estuvimos solos y luego me prepare para dormir. Me acomode detrás de ella y la abracé desde atrás, era reconfortante sentir el aroma de su cabello y su calor cubriendo mi cuerpo. Aun se estremecía cada vez que la acariciaba, había extrañado tanto esto y pensaba disfrutarlo mientras durara. Mientras ella dormía besaba, mordisqueaba y acariciaba cualquier parte de ella a mi alcance, mi camisa siempre abotonada tan solo por el botón de en medio para que pudiera bajarla un poco sobre su hombro y besar. No le molesto y siempre seguía durmiendo tranquilamente.

¿Significa todo eso que todavía me ama?

Espero que sí, no quiero perderla. ahora sé que dejaría que se vaya, pero no dolería menos el estar listo para que lo haga, no existiría consuelo para mi pena, no esta vez porque realmente la amo, no será como cuando Brenda me dejó, esta vez no podré vivir en paz conmigo mismo. No podía dormir, por más que intentara saciarme con el aroma de su cabello y piel, con su sabor, solo conseguía estar más despierto.

Me aleje un poco y abrí uno de los cajones de la mesa del lado de mi cama. Tome la caja que quería y la saque para luego abrirla ante mí. No podía ver el anillo en la oscuridad pero recordaba sus dimensiones. ¿Aceptaría si se lo pido? No sé si poner mis esperanzas en un anillo sea adecuado o sano especialmente después de lo que sucedió la primera vez que intente darle uno a una chica. Volví a poner la caja en su lugar e intente dormir.

Marshall corría como loco de un lugar a otro, no encontraba su camisa favorita, sus pantalones le apretaban, los zapatos no eran los adecuados, ahora quería su camiseta favorita porque no quería verse muy formal e intimidarla y tampoco la encontraba. Stacey escogió el domingo para darle esperanzas a Marshall y justo ahora está arruinándome el fin de semana con su desesperación y gritos histéricos porque no sabe qué ponerse para impresionarla.

Mientras tanto, Vanessa trata de alimentarme pero se ve peor que yo luego de que me rescataron de esa bodega, parece que no solo es el mal humor habitual en ella, hay algo más que la está molestando y su semblante es el de una persona enferma.

En medio de la locura de Marshall escuche los gritos de Carly y un segundo después Marshall apareció con ella sobre su hombro envuelta en mis sabanas. — ¿Qué demonios te pasa, maldito hijo de perra? No vuelvas a tocarme infeliz.

— Tienes muy buen sentido de la estética, ¿Me veo mejor en camisa verde claro o con la camiseta color salmón? La camisa podría ser muy formal pero resalta mis ojos y puedo doblar las mangas hasta la mitad de mi antebrazo para darle un toque más informal.

— ¿Para eso me sacaste de la cama?

— Abre la boca y come maldito desgraciado o voy a poner un embudo y poner toda la sopa en él para que te atragantes. — Vanessa trato de poner la sopa en mi boca a la fuerza pero entonces se detuvo y se estremeció de una manera extraña. Parecía realmente enferma y lo confirmo cuando hizo un movimiento de arcada y soltó la cuchara para tapar su boca, se levantó a prisa y corrió a toda velocidad al baño.

Todos la miramos correr y luego nos miramos entre nosotros. — ¿Quién va a decirle al ruso loco que va a ser papá? — Carly pregunto intrigada. Ella y yo nos miramos y luego corrimos, ella hacia nuestro cuarto y yo hacia la puerta principal. — ¡Regresen aquí, traidores! — Marshall grito sin saber a quién perseguir. Aleksandr podía parecer un hombre violento e impredecible, pero en el interior era una bomba de tiempo a punto de explotar, nadie quería darle noticias, no importaba de qué naturaleza fueran porque siempre reaccionaba de una forma inesperada y nada agradable para los que estaban a su alrededor.

Esa semana comenzó y terminó demasiado rápido, Vanessa tenía todos los síntomas pero no quería aceptar que había un pequeño asunto creciendo dentro de ella o por lo menos, no quería que su novio lo supiera todavía y se enfurecía cada vez que se mencionaba el tema.

Otra semana vino y se fue y cuando me di cuenta Carly estaba volando a Chicago para presentarse en el concurso de ciencias, nunca me gustaron esos concursos de grandes compañías y empresas que querían robar ideas y proyectos a las personas y especialmente a adolescentes porque no querían gastar su dinero y recursos en personas que tuvieran las ideas, sólo querían encontrar a personas que tuvieran listas sus ideas y quedarse con los derechos. Lastimosamente para ellos, Carly sabía esto y Marshall conocía las leyes al derecho y al revés por lo que ambos se aseguraron de encontrar vacíos legales, registrar su proyecto en algún lado, hackear el sistema de la compañía para obtener los datos de los demás participantes y enviarles la información para que protegieran sus proyectos.

Todo estaba bien y ellos solo podrían darles el listón azul y los de segundo y tercer lugar a quienes se lo merecían, los premios que prometieron a las escuelas y a los mismos participantes y hacer publicidad tanto a los ganadores como a su proyecto.

Ella es maravillosa.

Hablamos antes de que se fuera, lo que me dijo me dejo perturbado porque no dijo nada en concreto y se supone que arreglaríamos todo la noche en que regresara. Me hizo prometer que diríamos todo lo que cada uno debía decir, todo sobre nuestra relación y que era lo que queríamos ahora y en nuestro futuro. Sé perfectamente que la quiero a ella, ahora y siempre pero dijo que estaba confundida y necesitaba entender qué era lo que quería realmente pero no quería terminar todo y tirar lo que vivimos a la basura. Ahora entendía a Freud y el asunto de “las mujeres son el continente oscuro”. Ni siquiera ellas pueden entenderse a sí mismas.

Prometimos encontrarnos la noche en que regrese de chicago en el parque de nuestra niñez. Ese parque en el que alguna vez tuvimos que dormir, ese parque donde alguna vez la lleve para que jugara. Estaba cerca de nuestro edificio y para ambos fue el inicio de tantas cosas, tal vez ahora sería el final de todo.