Marshall (Extras) Parte 1
— Dime otra vez como conseguiste esa beca. Puse los ojos en blanco. ¿Por qué no puede creer que la conseguí limpiamente? Todos lo creyeron o por lo menos tuvieron el tacto suficiente para no decírmelo en la cara. — Eres el único que sigue insistiendo. Me voy mañana y tú sigues acusándome de… no sé qué.
— ¿Chantajeaste a alguien? — ¡Diablos! ¿Cómo lo supo? Que suerte que estaba de espaldas a él o me descubriría. — ¿Cuándo fue la última vez que revisaste mis notas? Siempre tuve buenas notas. — Era cierto… Hasta cierto punto. —Por supuesto que las revisé, siempre, para tratar de descubrir tu nueva forma de hacer trampa, cambiar las notas en el sistema de la escuela o chantajear a los maestros para que te pusieran más de siete. — El viejo era bueno, siempre creí que lo engañaba la mayor parte del tiempo pero al parecer siempre estuvo al tanto de todo.
—Marshall, mírame. — Puso su mano sobre mi hombro para que dejara de guardar ropa en la mochila de viaje. Me di la vuelta para mirarlo, no lo vería en mucho tiempo. — Sé que tienes muchas habilidades increíbles, pero no todas esas habilidades pueden usarse para el bien aunque se tengan las mejores intenciones. También sé que no eres una mala persona, desde que eras un niño solo te probabas a ti mismo una y otra vez, querías ver cuáles eran tus límites y sentir que podías empujar un poco más, por eso te pido que no uses tus habilidades más oscuras y que uses las demás con cuidado y solo si es estrictamente necesario.
¿Cómo se respondía a eso? Toda la vida me dijeron, sé un hombre y supéralo, y ahora espera que me ponga cursi.
— ¿Eso incluye mi encanto con las chicas?
— Sí, también lo incluye. — Sonrió. — Hay muchas enfermedades rodando por ahí.
— ¿Te volviste un marica luego de viejo? Porque si es así lo entiendo, pero no significa que me guste.
— No. Era duro contigo y dejé que tu tío te metiera mucha mierda en la cabeza. Ser gay no está mal, ni ser mujer es sinónimo de debilidad, los afroamericanos y latinos no son pandilleros sucios y muertos de hambre y no tienes que acostarte con el mayor número de chicas posible para ser un verdadero hombre.
— Bien, bien. Trataré de recordarlo.
Terminé de empacar mientras mi padre seguía sermoneándome. Realmente estaba fastidiándome pero decidí ignorarlo, esto se acabaría pronto porque para mañana a esta hora estaría en Nueva York disfrutando de la gran ciudad, no más pueblo pequeño en medio de la nada, no más cow boys de montaña paseándose frente a mis narices.
Tiré lo que nadie necesitaría y dejé lo demás en cajas, algunas para heredar, como los libros. A Vanessa podrían serle útiles. Cuando terminé me di una ducha y me preparé para el viaje, iría en autobús hasta Helena y ahí tomaría un avión directo a la gran manzana.
Bajé a cenar, sabía que mamá quería pasar tiempo conmigo y con toda la familia así que me sentaría a la mesa y le daría una última noche familiar. Antes de ir al comedor la puerta principal se abrió y por ella entró Vanessa con toda su indumentaria de freaky loca y se dirigió a las escaleras.
— Vanessa. — La llamó papá—, es hora de cenar y será la última cena con tu hermano en casa.
— Que la disfruten. — Siguió su camino.
— ¡Vanessa, vuelve aquí jovencita!
Papá se alteró, esto no terminaría bien, especialmente porque mamá salió de la cocina con el bowl de ensalada. — Déjala cariño, es una cena en familia. — Papá se puso rojo por la ira y temí que le sucediera algo. — ¿Qué estás diciendo, Charlotte? Esa niña salió de tu vientre, yo la puse ahí nueve meses antes de que saliera, ¡¿cómo te atreves a negarla?!
Mamá lo ignoró, estaba decidida a tener una gran cena familiar y no permitiría que nada la arruinara, pero yo no quería que papá se sintiera mal por esa pequeña perra rara. La traería y la obligaría a cenar si eso era lo que se necesitaba para que papá estuviera tranquilo.
— Yo subiré por ella.
— Solo causaras más problemas, Marshall.
— No quiero pelear con ella, papá.
— Oh, ya basta de pelear por esa niña. ¡Charlie! La cena esta lista.
— ¡Excluyes a tu hija de la cena familiar pero llamas a tu hermano el vividor!
— Por favor, me voy mañana. Solo quiero una última cena en paz ¿acaso es mucho pedir?
— Dile eso a tu padre. —dijo mamá acomodando la bandeja con el cordero indiferente a lo que sucedía. — Me dirigí a las escaleras. —Olvídala, la comida va a enfriarse. — La ignoré y subí.
Cuando llegué a la puerta de Vanessa solo abrí sin molestarme en tocar, lo hacía todo el tiempo sin importarme que pudiera estar desnuda, la vi sin ropa muchas veces y aunque a ella le enfurecía para mí solo seguía siendo mi hermana. Tuve que cambiarle los pañales cuando mamá se iba con las vecinas y la dejaba llorando en su corral, no habia cambiado mucho desde ese entonces.
— ¡Largo de aquí bastardo!
— Tienes que bajar. — Apretó un libro en sus manos, vi que tenía una mochila sobre la cama. El libro tenía un pentagrama en la portada. — ¿Qué mierda estás haciendo? ¿Ahora adoras al diablo? Sabía que vestirte de negro y maquillarte como una bruja no traería nada bueno.
— Eso demuestra lo ignorante que eres maldito subnormal. El pentagrama no está invertido y soy gótica, no satánica. Tal vez deberías sacar tu cabeza de los coños de la ciudad y leer un poco.
— Leo mucho para tu información. ¿Cómo crees que evité ir a prisión todo este tiempo? He leído todos los libros sobre leyes que se atravesaron en mi camino. — Bufó y siguió empacando. — ¿A dónde vas? Te dije que bajaras a cenar.
— Disfruta tu estúpida cena con mami, sabes que ella no me quiere ahí; después de todo es la despedida de su adorado hijo.
— Aprendí a cambiarte los pañales cuando tenía cinco…
— Y no has parado de echármelo en cara desde entonces. Hazme un favor y lárgate de una vez. Estoy harta de tener que soportar las comparaciones y las acusaciones porque no nací con un maldito pene igual que tú.
— Nadie te compara conmigo.
— Mamá y el tío Charlie lo hacen. Pero eso no me importa, lo peor de todo es que no solo tienes toda la atención de ellos, también la de papá.
— ¿Qué? No quieras hacerte la víctima, papá siempre te defiende. “No es su culpa, solo es una etapa, no es rara, solo tiene personalidad excéntrica” —cité a papá. — Pero para él yo siempre soy él malo.
— ¡Eso es porque eres un maldito delincuente! Siempre estás cometiendo un delito solo por diversión y atención; te gusta que todos pongan sus ojos sobre ti, que vean lo atractivo, valiente e inteligente que eres, no solo imprudente. Mientras tanto yo tengo que esperar a que papá te saque de la comisaria para que pueda prestarme atención por cinco segundos antes de que vuelvas a meterte en problemas.
No puedo creerlo. — Yo no quería… — Tapo mis ojos con mi mano para controlarme un poco y cuando los descubro ella parece esperar algo. — Creer que eras tan maldita, pero tu envidia ha llegado a niveles exorbitantes. Hazte un favor y tírate de un puente.
Su expresión cambia y parece que algo se rompe dentro de ella, tal vez su orgullo. Me doy la vuelta para irme y escucho un sollozo. — De verdad eres un hijo de puta y no lo digo solo por Charlotte. Sabes que Danny se suicidó hace una semana lanzándose del puente de Hell’s Fall y tú vienes y me lo tiras a la cara. — ¿Su amigo raro se suicidó? Me giro inmediatamente pero ella ya ha terminado de empacar y va a salir por su ventana. — Espera, lo siento… yo no…
— Ahórrate tu mierda. Espero que una maldita pandilla te de una paliza hasta matarte. — Saca su cuerpo por la ventana pero antes de que se vaya la tomo del brazo. — Tienes que cenar con nosotros, papá te quiere ahí. ¿Qué vas a hacer si te descubren?
— De seguro estará muy ocupado solucionando tu último problema de despedida. — Se suelta de un tirón y baja por el techo, la veo saltar y correr hacia la noche. No sé a dónde va ni qué piensa hacer pero siento que en el futuro me arrepentiré de dejarla ir justo ahora.
Dos semanas después
Le doy otra mirada a la pareja dispareja, el chico es guapo, tanto como yo pero es un freaky de mierda, será fácil robarle su cita. Sabía que en la universidad abundan los freakys y nerds en todas las presentaciones pero este sí que me hacía reír. No solo era freaky, también parecía una biblioteca andante. Lo tenía en mi clase de latín unas filas detrás de mí, el chico estudiaba literatura pero era obvio que pertenecía a física o a alguna ingeniería y no a una carrera de letras. Todo el mundo lo rodeaba para escucharlo hablar mierda porque al parecer todos querían ser sus amigos por alguna extraña razón.
Su ropa negra con calaveras u otros diseños extraños, esas botas de combate con picos de metal en la punta y los chockers y spikes en su cuello solo lo hacían lucir como un idiota, pero aun así llamaba la atención de todos y las chicas hacían fila para salir con él.
Se levantó y se dirigió al baño y aproveché el momento. —Hola preciosa, ¿qué hace una belleza como tú con un tipo raro como ese? — Sonrió. Ya la tenía y solo tuve que alagarla y darle mi mejor sonrisa.
— Por supuesto que lo hice. Jimmy Dalton era un idiota, pintar su auto de rosa fue poco. — Termine la historia riéndome y ella también. Fue una de mis mejores bromas, Jimmy nunca lo vio venir. — Disculpa, creo que tu Barbie se fue por otro lado pero sin duda no está en mi mesa pequeño Ken. — Me gire para ver al tipo raro parado junto a la mesa, no parecía cabreado, solo fastidiado. — Para tu información Barbie y Ken rompieron hace más de dos años y ella ahora sale con Blaine el surfista. Pero sí, te disculpo por interrumpirnos príncipe de la oscuridad. — El chico se rio. ¡Acabo de robarle a su cita y solo se ríe! Que maldito cínico.
— Da la vuelta y ve a lamerte las heridas a otro lado. — De repente se puso tan serio y me dio una mirada tan fría y aterradora que casi necesité pantalones limpios.
— Solo me tienes envidia, me has estado observando desde nuestra primera clase juntos, viendo cómo los admiradores que conseguiste los primeros días haciendo estupideces se esfumaron gracias a mí y a mi encanto natural. Y tú… — Miró a la chica—. El anillo que me quitaste no es mío, es del ex de tu amiga y no vale nada, ella me pidió que se lo devolviera a él justo antes de acostarse conmigo… por tercera vez.
Eso dolió. ¿Y a qué se refería con que yo le tenía envidia? Bueno, la chica fue la más afectada, ser el reemplazo de su mejor amiga debió dolerle. — Lo conocí antes que ella y juró que no le gustaba ¡esa maldita perra! — Puede que fuera una segundona pero aún estaba buena y la llevaría a la cama esta noche de todas formas, aunque parecía más enojada por ser el segundo plato después de su amiga.
—Cuéntame de esa amiga, debe ser toda una zorra. —Pasé una mano sobre su hombro. — Nada como tocar el tema de la amiga que la hace acomplejarse y a la que envidia. Caería como un avión lleno de terroristas.
Una semana después
Diablos, no debí acostarme con esa chica… Pero fue inevitable, ella traía ese pequeño vestido y sus ojos hacían esa cosa de bajar muy al sur de mí y luego subir otra vez. No podías resistirte a eso.
— Vamos chicos, los problemas se solucionan hablando, hablemos de esto y…
— Cierra la boca.
— Puedo darles el dinero que acabo de ganar. El billar se me da bien, no tienen que golpearme.
Siguieron acercándose, los tipos que jugaban conmigo al billar solo se quedaron mirando mientras se burlaban, quitarles todo lo que traían no fue una buena idea, pero si éramos justos, tenían suerte de que fuera billar y no póker, en ese juego no necesitaba tener buena mano, solo hacer trampa.
Miré alrededor del bar para buscar a alguien que me salvara pero no vi a nadie. Volví a mirar a los tipos que planeaban golpearme y el primer golpe vino, justo en la mandíbula. Casi me lanzó al suelo.
— Vamos, cinco contra uno no es justo.
— Te acostaste con mi novia. — Otro golpe, esta vez en el abdomen. — También es mi hermana. No solo eso, le hablaste a tu compañero de dormitorio sobre ella para que fuera tras ella. — Una patada de otro tipo. — No es mi culpa que sea una zorra. — Dije con un gemido. Me tomaron de la camisa y me golpearon un par de veces más en el rostro. Fue cuando lo vi.
— Oye, ayúdame hombre. — Supliqué. No se inmutó, se quedó en medio de la multitud del bar que miraba la pelea. — Vamos, no seas un hijo de… ¡Carajo! Eso dolió. — Se dio la vuelta para irse. Estaba jodido.
Cerré los ojos para no tener que ver mi propia vergüenza, me tiraron y me levantaron un par de veces pero a la tercera me dejaron en el suelo y comenzaron a patearme. De pronto se detuvieron y abrí los ojos.
— Ya es suficiente, aprendió la lección.
— No te metas Mahoney, este no es tu problema.
— Lo es cuando tiene razón y tu hermana es una zorra.
— ¿Qué dijiste?
— Sabes que no soy un idiota que va por ahí despreciando a las chicas, pero tu hermana sí va por ahí despreciando a los chicos acostándose con todos y luego tirándolos a la basura.
— ¡Mary no hace eso! Ella es una buena chica.
— Por favor Brad, abre los ojos. Él se acostó con Mary solo porque me la robó a mí, creo que piensa que está en una competencia conmigo. Mary me pidió una cita, le dije que no las primeras veces pero es insoportable y no se rinde, él me la robó en medio de la cita.
Pensé que todo quedaría así, todos parecían confundidos, pero entonces Brad pasó de la confusión a la ira y le lanzó un derechazo al chico con mucha fuerza. Este lo detuvo con una mano y sin esfuerzo. Ahí fue cuando se desató el infierno y supe que el diablo tenia sangre irlandesa.
Un año después
— ¿Le robaste a un contrabandista?
— No sé de qué hablas.
— Escuché que un mafioso está buscándote. Dime, ¿es uno de los que te entregan su mercancía para que la vendas o es uno de sus enemigos?
Lo que él no sabía era que no solo lo robé, me metí en su sistema y vacié sus cuentas bancarias en paraísos fiscales, robé información de su disco duro y de sus correos y prácticamente ahora podía crear mi propia red de contrabando con toda la información que obtuve.
Papá me hizo prometer que no usara mis poderes para el mal pero rompí mi promesa luego de la pelea que tuvimos antes de venir aquí. Escuchó mi pelea con Vanessa y se puso de su lado diciendo que tenía razón, que yo le robaba la atención a Vanessa. Lo mandé a la mierda y le dije que no me llamara nunca.
No debí romper la promesa pero ese dinero pagaría las cuentas, especialmente porque no quería vivir en un maldito dormitorio universitario, quería un buen lugar sin compañeros de cuarto entrometidos, Jack se metía en sus asuntos, me cuidaba la espalda, atraía chicas hermosas y además me hacía ganar mucho dinero con las apuestas de las luchas clandestinas. Era el compañero de piso perfecto.
— Un día de estos vas a hacer que te maten.
— Posiblemente.
— ¿No te importa?
— Algún día tendremos que morir. Pensé que lo entendías, después de todo adoras a esos demonios y brujas de la muerte o lo que sea.
— Son dioses y diosas celtas y tengo fe en ellas porque vengo de una familia pagana irlandesa que nunca abandonó sus tradiciones celtas por más que los católicos los apalearon.
Me levanté del sofá donde veía la película de terror que encontré en la tele. Él no bebía pero yo había adquirido el gusto por bebidas caras desde que mi mundo se volvió más grande al llegar a esta ciudad y tener tantas entradas de dinero fácil. Serví vodka y volví a sentarme. Le di un trago y lo disfruté, el mejor vodka que el dinero podía pagar. Este no era contrabandeado, lo compré en un buen lugar.
— Esta ciudad está corrompiendo lo poco que queda del hombre. Tu consumo de alcohol va en aumento.
— Odio cuando hablas de esa forma tan extraña.
— Como sea. — Rodó los ojos. — Prepárate, conseguí una pelea esta noche que pagará tres meses de renta, lo que ganes con las apuestas será para comida y otros gastos, y por favor evita que nos maten, no quiero saber nada sobre contrabandistas cabreados apuntándome a la cabeza con un arma.
— Sabes que siempre lo soluciono.
— Excepto cuando se trata de chicas.
— Siempre te robo a tus chicas.
— Y siempre las dejas ir demasiado enojadas como para escupirte cuando te ven.
— Lo sé.
Me levanté para arreglarme, quería una cita esta noche. Nicky dijo que conoció a alguien y volvió a cancelar nuestra cita, era la tercera vez este mes.
Un año después
— ¿Otra pelea con Nicky? Por favor hombre, ambos acordaron que sería una relación abierta, no puedes ponerte en plan posesivo ahora.
— ¡Ese chico solo quería acostarse con ella!
— Exacto. — Se burló. — A eso iban.
Golpeé la pared y mi mano se rompió. Genial. — ¡Oye, mira lo que haces! Tengo examen el martes y sé que me obligarás a ser tu maldita enfermera y evitarás que vaya a clases.
— ¡Ya basta! Esto no es una broma.
— Lo siento, no fue mi intención.
Esa mujer me tenía muy mal. ¿Qué fue lo que me hizo? Yo solo quería sexo pero ahora no podía pasar un segundo sin pensar en ella.
— ¿Qué te sucede, hombre? Cuando la conociste hace más de un año solo era una de tus conquistas y en tres semanas se convirtió en tu no novia o lo que sea. Salían oficialmente antes de que todos se dieran cuenta pero seguían viendo a otras personas. Pensé que era solo eso.
— ¡Lo es! Maldita sea, no camines tan rápido, cada paso se siente en mi mano.
— ¿Y qué quieres que haga si no viene un maldito taxi?
— Camina más despacio, me duele.
— Eso te ganas por celoso. — Quería golpearlo pero mi mano dolía demasiado. — Eres un maldito. — Grite adolorido. — Sigo siendo más inteligente y guapo que tú. — Gruñí para mostrarle mi descontento. — Ya entendí: mano rota, hospital. Ahora, ¿crees que si le pido a esos amables gánster que están vendiendo droga en la esquina que nos lleven a un hospital sería demasiado abusivo de mi parte?
— ¡Muévete!
— Pensé que te dolía. — Volví a gruñir y él se burló.
— No debiste golpear esa pared; es concreto, sé que en tu pueblo no saben que es concreto pero… — Esta vez grité y los gánsters nos miraron.
— Bien hecho, ahora los dos necesitaremos un hospital. Ruega porque el que nos dispare tenga mala puntería y camina más rápido.
Una semana después
— ¿Por qué una cita doble? Sabes que me quedaré con las dos.
— Quería recompensarte por burlarme todo el camino al hospital, especialmente después de provocar a los gánsters luego de que fueran tan amables de ofrecer llevarnos en auto.
— Siempre dices que yo voy a hacer que nos maten pero esta vez fuiste tú el que se burló de ellos.
— No puedo evitarlo, estaba de buen humor para chistes.
— Tu humor es generalmente amable y en ocasiones sarcástico a menos de que te cabreen y te conviertas en el irlandés loco que eres, eso era más que sarcasmo. Estás actuando raro últimamente, ¿qué sucede?
— No más raro que tú, señor celoso y posesivo. — Le lancé una mirada que sabía no serviría de nada pero esperaba que comprendiera y me dejara en paz. No estaba en mi elemento y aunque generalmente acudíamos al otro cuando estábamos en plan depresivo, esto quería solucionarlo por mí mismo. Además él tenía secretos que lo atormentaban y no quería compartirlos conmigo, yo también y este era uno de esos secretos que no se compartían. Aunque a decir verdad, no sé qué rayos me sucedía con Nicky.
Nos arreglamos para salir, el chico iba con su indumentaria freaky como siempre, pero si así conseguía chicas lindas debía admitir que era mejor de lo que pensé que era en un principio. Yo seguía siendo mejor que él en el juego pero por alguna extraña razón a él lo miraban con ojos soñadores y a mí con miradas lujuriosas y eso me molestaba. Seguía robándose los corazones, suspiros y pensamientos, yo solo conseguía buenos polvos.
No sé cómo seguía siendo mi amigo si yo me robaba muy seguido a sus conquistas pero él seguía a mi lado, luego de esa gran pelea hace un año cuando me defendió de esos chicos que me golpearon en grupo. No sé porque me defendió pero se lo agradeceré siempre. Sin embargo había algo que me estaba molestando hace un tiempo…
No actuaba normal últimamente, esta noche se veía aún más sospechoso. No sé qué tramaba pero cuando su cita usó su pie para acariciar mi pierna luego de darle algunas miradas dejé de prestarle atención, esta noche seriamos tres.
— No me siento muy bien, iré a tomar un poco de aire. Ya regreso. — Algo no andaba bien, pero esta era mi oportunidad. Si Nicky iba a revolcarse con un desconocido, yo me tiraría a dos chicas al mismo tiempo.
No esperé mucho para poner dinero sobre la mesa y proponerles diversión triplicada a las chicas, se miraron la una a la otra y luego me sonrieron. Nos levantamos y salimos rápidamente. Me aseguré de pagar la cuenta porque era lo menos que podía hacer. Últimamente me sentía mal por ser una mierda con Jack y obligarlo a seguir soportándome, pero a decir verdad era la única persona que me soportaba y la única persona que tenía en el mundo. Especialmente luego de que Vanessa escapó de casa y papá llamó para pedir que la buscara y para culparme. Mi propia familia me odiaba, mi madre decía que me amaba pero siempre llamaba para pedir dinero y luego del divorcio dejé de contestar sus llamadas, al parecer la familia estaba peor de lo que todos pensaban y se desmoronó en cuanto comencé a empacar para venir a la universidad.
Mi hermana era la persona que más me odiaba, siempre fue así, la envidia la destruyó lentamente desde que era una niña. La busqué porque era mi sangre, yo podía encontrar a cualquier persona en el mundo y averiguar todos sus secretos, no me importaban los obstáculos que encontrara en el camino, yo siempre conseguía la información que quería. Con Vanessa fue fácil, hackear las cámaras de tránsito o incluso las cámaras de seguridad privada era relativamente fácil.
Ella estuvo yendo de una gran ciudad a otra, conoció a un grupo de freakys como ella y juntos comenzaron a viajar. Hacían espectáculos callejeros y otras cosas para sobrevivir en las calles, alertaba a servicios sociales y a la policía pero ella era buena escapando y escabulléndose. Me arriesgaba a ir a prisión con muchos cargos que me hundirían por mucho tiempo en un agujero y ella siempre escapaba. Tenía que contactarla y obligarla a regresar, pero esta noche era para las dos linduras que tenía frente a mí en la cama de hotel.
Nunca llevaba a una chica a casa a menos que fuera Nicky. Eso mostraba lo importante que era para mí. Pero no podía distraerme en este momento, tenía que funcionar con dos chicas, no podía pensar en mis problemas familiares y en Nicky ahora. Nicky. Maldita sea, iba a sacármela de la cabeza aunque fuera a fuerza de folladas, tal vez con algo de vodka pero eso vendría más tarde.
Las chicas me convencieron de llevarlas a casa. Luego de unas cuantas rondas de buen sexo estaba lo suficientemente enojado conmigo mismo porque solo pude correrme pensando en ella, tuve que imaginarme que tenía a dos Nicky en esa cama de hotel para que mi amigo no se durmiera y luego para llegar al orgasmo. Siento asco de mí mismo en este momento y no sé porque.
Nos bajamos del taxi una calle antes y caminamos hacia mi edificio. Encuentro que Jack está afuera con una chica, besándose. ¡El maldito me tendió una trampa! Todo el tiempo tuvo otra cita y me dejó a dos chicas porque sabía que estaría más que ocupado para darme cuenta de que tenía a otra escondida. La chica para un taxi mientras aún lo besa y cuando este se detiene ella se aleja y se sube al taxi rápidamente mientras el gusano traidor se recupera del aturdimiento que le provocó el beso. Debe ser muy buena. Para cuando se recupera el taxi ya se está alejando y aunque trata de detenerlo no lo logra y él, enojado y frustrado golpea un sofá viejo que abandonaron en la acera.
— ¡Gusano traidor! — Me alejo de las chicas y salgo de las sombras resultado de una lámpara de la calle en mal estado. — ¡Cucaracha mentirosa! —Lo señalo con mi mano rota—. ¡Te atreviste a tenderme una trampa para luego escapar con otra! — Respira agitado y me mira de esa forma en que mira a los que está a punto de moler a golpes pero sé que no lo hará conmigo porque me ama. — ¿Cómo te atreves a engañarme y dejarme con dos chicas mientras tú te vas con otra? —Me acerco a él hasta que nuestras narices se tocan, ambos respiramos agitadamente y no decimos nada por unos segundos—. ¡Responde!
Me golpea fuerte en el abdomen, justo en el mismo lugar que siempre me golpea cuando quiere darme una lección que yo nunca aprenderé. — ¡Maldito bastardo!
Quiere ser maestro, que tenga esperanzas es algo bueno si quiere soportar a un grupo de adolescentes salvajes y hormonales. Que practique conmigo con eso de dar lecciones de vida es necesario, pero no debería hacerlo con golpes. Me retuerzo mientras las chicas tratan de ayudarme a recuperar, abanican sus manos frente a mí y él solo sube y entra al edificio con ese paso y porte de “soy un hijo de puta muy cabreado”.