Marshall (Extras) Parte 2

Un año después

— Y… Joshua, ¿tú y esa niñita van en serio? —preguntó Lorna luego de que Patrick fuera por otra ronda. — Odiaba cuando nos juntábamos con este estúpido grupo snob. — ¿Por qué quieres saberlo? — Preguntó el con indiferencia.

Joshua se veía tan indiferente hacia ella como siempre. ¿Por qué seguía persiguiéndolo cuando era obvio que solo quería estatus? Joshua no podía darle eso.

—Es solo que una noche estás con ella pero a la siguiente estás con cinco más y se las restriegas en la cara. Parece que la niñita no puede tener suficiente de ti y por eso deja que la pisotees. — Por favor, aquí la pisoteada era ella… y Fred, pero eso era otra historia. — No te metas en mis asuntos y yo no me meteré en los tuyos, cariño.

Se puso roja, no sé si por la ira o por la humillación. Parker pareció darse cuenta de la indirecta y miró a Jack que estaba en el billar con Brenda. Él insistía en enseñarle cuando todos sabían que era mejor que yo, la chica me ganó un par de veces y desde la última vez tomé la decisión de no meterme en su camino porque tiraba a matar y apostaba en grande. No podía apostar dinero de las compras y los gastos del piso.

Jack solo quería “enseñarle” porque quería excusas para tocarla por todos lados, se veía patético pero decía que le mostraría jugadas que mejorarían su juego. En lo personal pensaba que él pobre hombre había caído en las redes de un buen culo. Tal vez pronto sería tío, lo que no me agradaba porque las peleas pagaban las cuentas y si se convertía en papá, tal vez quisiera dejarlo por seguridad y conseguir algo más tranquilo.

— ¿Alguien sabe dónde estaba Amanda anoche? La llamé y nunca contestó —preguntó Fred cuando Joshua volvió. Miré a Amanda que estaba reunida con su club de asiáticos a tres mesas de aquí, muy cerca del chico japonés del que no paraba de hablar y follar. — Creo que estaba con la niña de Joshua —respondió Lorna con desdén. — ¿Qué tienes contra la pobre chica, linda? Déjala en paz. — Ella sonrió y besó el mentón de Patrick. — Es solo que me parece inmadura. — Joshua ni se inmutó por el insulto a su novia. — Ella estuvo conmigo toda la noche, y cuando digo toda ya saben a lo que me refiero.

Los chicos rieron y Lorna puso los ojos en blanco.

— Entonces ¿en dónde estaba Amanda? — Esta vez fue Joshua al rescate. — Creo que dijo que iría a ver a sus padres. Parece que abrirán otra sucursal de su restaurante en los Ángeles y su hermano se irá pronto para atender el negocio o algo así.

Fred asintió y pareció satisfecho, la novia de Joshua entró por la puerta y él se puso su máscara de “chico encantador hasta que beba la siguiente cerveza”. Lorna miró a Joshua con una mezcla de dolor y enojo y Patrick miró a Jack con celos en cuanto Lorna volvió a desconectarse de sus atenciones, el chico no sabía que el verdadero enemigo estaba en la mesa justo frente a él.

Nicky entró poco tiempo después de la chica santurrona y todos se dieron cuenta de que estuve ahí sentado todo el tiempo y se pusieron sus máscaras de hipocresía fingiendo que lo que nadie noto ni siquiera yo podría verlo, porque eran buenos mintiéndose y fingiendo que eran amigos.

Me alegró por fin tener compañía que me agradara, no entendía cómo era que Jack podía hacer amigos tan normales pero tan hipócritas y en algunos casos malvados.

Seis años después

— ¿Estás seguro de esto?

— Ya te dije que sí. — Pasé el peine por su cabello por última vez. — Bien, así estás guapo. Hora de irme, mucha suerte.

— Gracias.

No pude evitar darle un beso en la frente. Este hombre me cuidó durante ocho años, peleó a mi lado cuando nadie más quería hacerlo y soportó que le robara sus conquistas. Ahora iba a comprometerse y dentro de poco se casaría. Perdería a un hermano, pero sé que nunca me abandonaría. Al parecer tenía problemas de abandono, nunca me habló de su vida antes de sus padres adoptivos, solo dijo que su padre alcohólico era un hijo de puta y que por eso no bebía una gota de alcohol, y que ese hombre murió de un paro cardiaco y por eso entró al sistema.

— Acábala tigre — Dije con voz apagada sin poder evitarlo.

Salí del lugar. Hace unos años se mudó con esta mujer, por suerte Nicky aceptó vivir conmigo y encontramos un buen piso. Al principio fue difícil pero conseguí una pasantía en un buen bufet, hice tan bien mi trabajo que me contrataron en cuanto me gradué, trabajo duro y ya no cometo tantos delitos como antes. Por suerte no me atraparon en nada grande y solo yo sabía mis verdaderos pecados.

Ahora que había terminado de ayudarle a Jack con la cena y toda esa mierda cursi, tenía que preocuparme por mí. Papá estuvo llamando todo este mes, quería saber de Vanessa y dónde estaba, le perdí la pista hace tiempo pero descubrí que se mudó a Rusia en cuanto cumplió los dieciocho. Ahora solo me quedaba hablar con ella y decirle que llamara a papá, a mamá no le importaba pero él quería que hablara con ambos. Sé que Vanessa jamás aceptaría llamar a mamá pero tenía que convencerla de hablar con papá.

Me senté frente a mi escritorio y encendí la computadora. Conseguí este lugar hace tiempo, era un pequeño sótano lo suficientemente grande para lo que necesitaba. Aquí venía a hacer mis cosas de pirata informático y detective.

—Vanessa. — Me colgó pero seguiría intentando.

— ¿Qué quieres? — Contestó luego de una docena de intentos.

— Que hables con papá. Tiene años sin saber de ti.

— A él no le intereso.

— Si no le interesaras no me habría molestado por un mes para que te buscara.

— ¿Por qué no me dejas en paz? Sé que me vigilas, logré perderte la pista hace un tiempo, lo estoy haciendo muy bien yo sola.

— Lo sé, pero la sangre es más espesa que cualquier otra cosa. Llámalo y dile que estas bien.

— Apuesto a que estás en un pequeño lugar oscuro cometiendo delitos informáticos, esta llamada debe romper varias leyes.

— No es tu asunto.

— ¿Ya tienes una vida, Marshall? ¿Una decente? Yo sí tengo una y me encanta. Soy bilingüe y hago una carrera, tengo una pareja y somos muy felices. ¿Por fin encontraste lo que tanto buscabas? — Es una maldita.

— No.

— ¿Por qué siempre quisiste quitármelo a mí? Todo lo que conseguía siempre me lo quitaste y luego lo hiciste trizas frente a mis ojos. Déjame vivir Marshall.

— Vanessa esto no es sobre ti…

— Por supuesto que no, siempre fue sobre ti. Apuesto a que encontraste a alguien más, alguien a quien pudieras quitarle todo siempre. Debe estar a punto de abandonarte y vuelves a mí porque tienes miedo a estar solo, a no ser el centro de atención.

— ¡Eso no es…!

Silencio.

— Vaya, parece que di en el clavo. Por fin te das cuenta de la clase de basura que eres. Deberías dejar a esa persona en paz y a sus amigos, porque el único que yo tenía se suicidó por tu culpa.

— ¿De qué mierda hablas? Danny no se suicidó por mi culpa.

— Marshall, Marshall, Marshall. Creo que tienes memoria selectiva. Nos hiciste un blanco de tu mierda, buscaste en todos lados para encontrar sus más oscuros secretos solo porque era mi amigo. Cuando los encontraste publicaste los videos en donde su padre lo golpeaba por ser un marica y lo insultaba, te enteraste de que le gustaba Elizabeth Bermont y coqueteaste con ella frente a él hasta que conseguiste tirártela. Como si no fuera poco lo hiciste blanco de tus burlas y él no lo soporto.

Sentí una presión en mi pecho. — Yo no sabía que se había suicidado hasta que tú me lo dijiste esa noche.

— eso no importa, ahora sabes porque se suicidó y espero que la culpa te carcoma. Vete al infierno Marshall. — Colgó.

¿Por qué me sentía tan mal? El chico no se suicidó por mi culpa, era un chico raro y odiaba la vida, no tuve nada que ver con eso. Era hora de volver a casa con Nicky.

El lugar estaba vacío. Salió con un tipo al que veía hace unos meses. Se llevaban bien y al parecer el sexo era bueno, no tanto como conmigo pero era aceptable, sus palabras no las mías. Era fin de semana y no llegaría hasta el lunes, lo sabía. Su nota en el refrigerador me desconcertó un poco pero así era esto. Éramos libres de hacer lo que quisiéramos, una relación sin ataduras. Tanto silencio comenzó a molestarme y la televisión no ayudaba, pero el bourbon y el vodka sí, tenía una botella de cada una en la despensa. Empezaría con el Vodka y tal vez no necesitaría el Bourbon.

El teléfono no paraba de sonar, mi cabeza iba a estallar y ese teléfono no ayudaba. Lo tomé de la base y conteste.

— ¿Hola? — Respondí. — Un sollozo. — ¡Me dejó, me dejó! — ¡Mierda! Esa zorra. — Voy para allá, hombre. No hagas nada estúpido. —Colgué y me levante del sofá lo más rápido que pude sin importarme el dolor. Tomé mis llaves y mi billetera y corrí a la calle para parar un taxi.

— ¿Dónde rayos estabas?

— En un lugar muy oscuro.

— Te llamé toda la noche y no contestaste.

— Lo siento amigo, estaba lidiando con mucha mierda pero ahora estoy aquí, Jack. Escúchame, no, ¡mírame hombre! Este no es el fin del mundo. Yo estoy contigo, saldremos de esta ¿entiendes? Vamos a salir de esta.

Apretaba con fuerza la pequeña caja de Tiffany. Se aferraba a esa cosa como si fuera su vida.

Un año y cinco meses después

Lo vi alejarse de todos, lo vi convertirse en un caparazón vacío. Ya no era un hombre, era la sombra de lo que alguna vez pudo ser. Su antigua amabilidad seguía ahí porque era natural en él, pero no socializaba con nadie a menos de que fuera estrictamente necesario, me confiaba a mí todos sus asuntos y hasta yo sabía que eso era una completa mierda porque nadie en su sano juicio me confiaría sus asuntos si me conociera desde hace tanto tiempo.

Sus amigos a veces me llamaban, no se preocupaban realmente pero querían ver en qué terminaba la historia de Jack, imagino que esperaban que se suicidara o matara a Brenda en un ataque de locura.

De quitarle todo pasé a entregarle todo lo que tenía, no solo mi tiempo. Por primera vez comprendí qué era perderlo todo y estar al borde del abismo, lo veía en él todos los días y me recordaba a Vanessa y a su amigo. Él siempre estuvo solo al igual que mi hermana y me pegué a ellos como una lapa para absorberles la poca vida que les quedaba, pero estaba resarciendo mi error. No podía arreglar las cosas con Vanessa porque ella no quería saber nada de mí, pero con Jack era diferente. Nunca le quité tanto como para que él me odiara.

Si miraba atrás podía ver que la envidia que le tenía fue la que me llevó a robarle a la primera chica, pero que me recordara a Vanessa con toda esa mierda freaky fue lo que nos unió como amigos. Inconscientemente estaba tratando de aferrarme a algo que perdí por ser el mayor idiota en toda la tierra, y ahora doy gracias porque él fuera un maldito bastardo que no guardaba rencor y siempre tenía esa sonrisa amable para todos. Y por eso tenía que evitar que el cometiera el mayor error de su vida.

— Pequeña Polly, ¿no tienes deberes? Podrías venir a ayudarme en la oficina si no estás ocupada.

— Claro. — Se encogió de hombros. Sonreí. La enviaría lejos dentro de poco, un buen internado para niños ricos y el problema estaría resuelto. — Genial, tendrás que organizar algunos papeles y encargarte de contestar las llamadas, aún no consigo una secretaria. — Sonrió. —Perfecto, puedo hacer eso.

Ella podía hacer cualquier cosa, era un genio como Jack. La enviaría lejos en algún momento, pero eso podía esperar. No era tan mala después de todo.