Malen’kiy isporchennyy
Scarlett
Me estire en cuanto desperté. Me sentía relajada como nunca antes. Me di la vuelta y encontré a Jack mirándome con una sonrisa estúpida. Sentí que mi rostro se quemaba e imaginé que parecía un tomate debido a la vergüenza que me daba. No pasó realmente, pero hicimos muchas cosas y me gustaron, aunque se suponía que yo debía estar enojada con él.
— Buenos días, mi dormilona. — musitó. Me atrajo hacia él y me apretó fuerte.
— ¿Qué hora es?
— Ya casi es medio día.
— Bien. — respondí con una sonrisa y luego procesé su respuesta. — ¡La escuela! ¿Qué haces en la cama? No puedes tomarte el día libre.
Traté de liberarme de su agarre pero no me lo permitió, solo se reía mientras besaba mi cuello. Dejé de luchar cuando sus dedos encontraron partes muy sensibles entre mis piernas.
— Calma hermosa, la escuela está cancelada. Tendrán que hacer talleres y ensayos durante dos semanas, pero creo que tú los terminarás en tres días. — Mi genialidad era un hecho.
— Tal vez… Pero ahora tengo trabajo y necesito presentarme ante los jefes... Tengo una reunión en un par de horas. — dije entre gemidos. — No le agradó el hecho de que tuviera trabajo.
— ¿Así que vas a seguir ignorándome y yendo de fiesta? — Aceleró sus toques. — Me retorcí bajo la sensación. Mientras me acercaba a un increíble orgasmo él se tensaba por otras razones. — ¿Qué parte de trabajo no entendiste? — jadeé. Tomó uno de mis pechos en su boca y no pude evitar arquearme mientras gemía.
— La parte… En la que… Me haces a un lado como siempre. — Chupó con fuerza y vi estrellitas. Escuché un grito desgarrador y el mundo se puso negro por unos segundos. — ¿Estás bien? — preguntó con una sonrisa orgullosa. Asentí cuando recupere la conciencia. — Le petite mort. Hmmm, no sabía que podía provocártelo solo con mis dedos. — Increíble, un incentivo más a su narcicismo.
— Sería mejor si de verdad estuvieras dentro de mi cuando suceda. — le dije para calmar su ego. Hizo una mueca y trato de quitarme la sabana con la que me cubría cuando me levante pero la aferre a mi cuerpo con fuerza. — Ya hemos hablado de eso, no voy a ir más allá hasta que estés lista. No es el momento.
— ¡Tú eres el que no está listo! Te lo he pedido muchas veces pero sigues negándote.
Salí del cuarto enojada y él me siguió desnudo, en ese momento alguien salió del baño. Grace lo vio y gritó tan fuerte que casi me rompe los tímpanos. Jack corrió de regreso al cuarto maldiciendo en gaélico.
— ¿Qué hacen aquí otra vez? Me estoy cansando de que me crean niñero. — gritó desde el cuarto.
— Ash no se sulfure, ustedes tienen la mejor biblioteca. — respondió ella.
Escuchaba la pelea en el pasillo. Imagino que Carter corrió al pasillo para ver a Jack en cuanto escuchó a Grace gritar. Me preparé para el baño, quería llenar la tina con agua muy caliente, poner algunas esencias y velas antes de ir a trabajar. Ser un soldado de la mafia provocaba mucho estrés.
Esta tarde tendría que encontrarme con algunos… inversionistas. Estas personas estaban preocupadas porque en los últimos tiempos el ambiente se caldeó un poco. Los rusos atacaban y los irlandeses parecían querer meter sus narices en todos lados.
Daría todo lo que tengo por ser una chica normal con una linda y funcional familia, que no se mete en problemas y menos relacionados con mafias y tiene el dinero suficiente para ir a una buena universidad. Pero todo lo que tengo es de Jack, así que creo que me quedaré como estoy. Además si fuera esa clase de chica probablemente solo hubiera conocido a Jack hasta que entrara a la preparatoria y comenzaríamos una relación que sí estaría totalmente condenada a no ser.
¡Mierda!
Se supone que debería relajarme pero en lugar de eso estoy pensando en lo que deseo y no tengo.
— ¡Mocosa! — Escuché los golpes en la puerta y los gritos de Marshall. — Mocosa, necesito el baño.
¿Qué hacía aquí tan temprano? Se supone que debería estar abajo en su oficina. Subí el volumen de mis audífonos y volví a concentrarme en mí. Cuando el agua se puso fría salí y fui a arreglarme, Jack estaba de mal humor y no creía que fuera por todos los adolescentes que tocaban sus preciados libros con dedos grasosos y sucios por las frituras que comían.
De camino a la puerta Jack regresó a la cocina con un plato, imagino que era mi almuerzo. No le presté atención, ya tenía suficientes problemas como para agregar otra pelea de novios a la ecuación. Lo de anoche terminó bien, aunque no estoy segura como termina una pelea, pero ese final fue insuperable.
Tomé un taxi y fui al lugar de encuentro. En cuanto llegué uno de los soldados me avisó de problemas por medio de señas. Esto iba a ponerse feo.
— Señorita Pepper, es un placer conocerla al fin. — ¿Gabriel Mathew? Este hombre es un político de D.C. ¿Qué hacia un político de la capital en una reunión de la mafia neoyorquina?
— No diría que es un placer, pero ya que no tengo opción… — Sonrió. — Veo que los rumores son ciertos. Sincera, inteligente, de mente y boca rápida y sin una pizca de capacidad de auto conservación. — Me encogí de hombros. — Y además hermosa, como las rusas. — El último comentario me pareció bastante extraño, especialmente por el tono en que lo dijo. Pero no quería perder tiempo en nimiedades.
— Señor Gabriel Mathew, veo que los rumores sobre usted también son ciertos. Un hijo de perra corrupto que desaparece a los que se atraviesan en su camino. — Dejo la copa sobre la mesa y me siento frente a él por obligación. — Cuidado niña, puedo reírme por un rato pero luego dejo de ser gracioso. — Me reí. — Máteme, me haría un favor.
Se levantó de la silla abruptamente y trató de tomarme del cabello, me levante aún más rápido y me hice a un lado. — Intente ponerme un dedo encima otra vez y tendrá un lindo moretón en el rostro.
Otros hombres entraron y él se acomodó el traje. Todos se sentaron y me ordenaron sentarme de nuevo. Aquí había figuras importantes, desde empresarios a una modelo reconocida internacionalmente. Esa tipa no solo traficaba oro blanco, también estaba en el negocio de la trata de blancas, la esclavitud de la era postmoderna. Todos me daban asco pero eran inteligentes y lograron llegar hasta donde están gracias a eso. La mujer me miraba intrigada como un sabio que está analizando a su futuro alumno y no me agradaba. En cuanto acabara con ellos no quedaría ni siquiera el recuerdo y por fin sería libre.
Durante la reunión con los inversionistas me hicieron preguntas sobre mi trabajo como… relacionista pública de la mafia, luego todos nos levantamos y fuimos a una sala con sofás y mucho alcohol. Algunas cabezas importantes en el negocio entraron, la reunión con los jefes comenzaba ahora. En un rato traerían prostitutas y mucho alcohol, intentaría terminar mis labores antes de que eso sucediera y luego me iría de aquí.
Lastimosamente tuve problemas para huir. Tuve que ver a las prostitutas bailando y desvistiéndose mientras las tocaban y como todos se embriagaban, excepto esa mujer. Cuando por fin pude irme salí lo más rápido que pude, pero en mitad del camino ella me detuvo.
— ¿Qué pasa? No es algo que no hayas echo antes. — Maldita zorra. — No soy una puta. — le aclaré con tranquilidad. — Claro que sí, cariño. No intentes hacerte la digna ahora, todas en este negocio pasamos por eso.
— Por si no lo ha notado yo no estoy en el negocio porque quiera y además soy virgen. Tenga cuidado con pensar en secuestrarme y venderme porque tengo aliados poderosos dentro y fuera de la mafia.
— Si no eres puta, eres hija de una puta. No estabas incómoda con lo que hacían, estabas incómoda porque estabas en medio de eso y no podías escapar. Nos pasa a todas cuando intentamos dejarlo o durante los primeros meses luego de hacerte con un nombre y comenzar a dar las ordenes.
Eso sí era extraño, debería dedicarse a la adivinación y no al modelaje. — ¿Cómo sabes que soy hija de una puta?
— Porque somos como las brujas y nos reconocemos entre nosotras. Hay algo que nos delata frente a una como nosotras, siempre. — ¿Podría ser que Brenda…? Ella no vio nada en mí y yo no vi nada en ella, esta mujer solo tenía una capacidad de observación y análisis excepcional. ¿Por qué fingía ser hueca?
— Puta o hija de una ya estoy yéndome, así que si no te importa… — Intenté irme pero caminó junto a mí y luego me detuvo parándose en medio de mi camino. — Tranquila nena. ¿Qué tal si hablamos un rato? Veo que tienes potencial, podrías ser mi sucesora. Tendrías todo lo que quisieras y nadie se metería contigo otra vez.
— No quiero nada de nadie. — La hice a un lado y seguí caminando.
— ¿De verdad crees que significas algo para ese hombre? Puede que te dé el cielo y la tierra, pero en cuanto se aburra de ti, te tirará a la basura sin un centavo. — Me detuve pero no la miré. — ¿Qué importa quién me dé o me quite algo? Puedo abrirme camino en la vida yo sola y no necesito convertirme en una puta o en una traficante para hacerlo. — Retomé mi camino y esta vez sí logre salir de ese lugar.
Empezaba a creer que tal vez el diablo judeocristiano existía y trataba de unirme a sus filas, porque había recibido propuestas de gente de la peor calaña. No importa para qué, al fin y al cabo todos me querían como un títere del mal. Ya tenía suficiente de titiriteros.
Tomé otro taxi. Comencé a pensar en mis planes, estaba actuando de una manera arriesgada pero era la mafia o yo y no había sobrevivido a tanta mierda para rendirme ahora que tenía por quien luchar. De verdad me importa Jack, yo sé que lo amo. Pero si se lo digo la vida se encargará de quitármelo, no puedo decírselo o lo perderé.
Sé que aparte de los obstáculos de otras personas queriendo destruirnos, también tenemos el obstáculo de mi comportamiento. No soy estúpida, la he cagado y comienzo a entenderlo. Debí darle más tiempo, estar con él en momentos importantes, pero lo he dejado a un lado porque de repente mi vida parecía más linda y podía disfrutar de ser una adolescente.
¡Qué idiota! Ahora que quería pasar más tiempo con él, la mafia me jodía. El taxi frenó abruptamente y choqué contra el cristal de seguridad. — ¿Qué mierda le pasa, no sabe conducir? Wow, mierda. Esto no puede ser bueno. — Autos con cristales tintados nos rodeaban. Del auto que se atravesó en nuestro camino salieron dos hombres con fusiles. Genial, estaba siendo secuestrada.
Abrieron la puerta de atrás y me sacaron a la fuerza. No puse resistencia, no es que quisiera ser secuestrada pero estaba segura que estaba en gran desventaja contra un equipo táctico con fusiles. Era mejor no tentar a la suerte. Me subieron al auto frente al taxi, había cuatro hombres en total y yo estaba en medio de dos en el asiento trasero.
— ¿Puedo saber de qué mafia son? Si no son de alguna mafia, ¿para quién trabaja y por qué me están secuestrando? — Uno de los hombres junto a mí me miró con el ceño fruncido. — ¿No? Pues bien. No perdía nada con intentarlo. — murmuré.
Me quedé en silencio y me puse a la tarea de formular un plan de escape. Sé que el otro auto nos seguía de cerca, podría causar un choque pero me arriesgaba a que a alguno de estos idiotas se le escapara una ráfaga de balas y me diera a mí y también a morir o quedar mal herida debido al choque.
Me gusta mi cuerpo sin heridas. Excepto… Buen momento para pensar en fantasías del maestro castigador y la alumna mal portada. Debería comprar uno de esos uniformes sexis de colegiala, estaba segura que fingir ser una estudiante santurrona de escuela católica lo excitaría aún más.
¡Rayos!
Tengo que concentrarme. — Entonces… Son secuestradores. Hacen bien su trabajo. — los alagué. Nadie habló. Traté de tomar mi celular del bolsillo de mi chaqueta pero uno de los hombres junto a mí lo notó y metió su mano para sacar el celular. — ¡Oiga! Estoy calmada pero si me manosea tendrán a una rehén muy cabreada.
— No eres rehén, esto es un rescate. — dijo el hombre que me frunció el ceño minutos atrás. — ¡Oh, mierda! Ese ruso loco me encerrará para violarme. — Me desesperé. Estos tipos eran rusos, o por lo menos de un país de la antigua unión soviética. — Escuchen, sé que deben pagarles muy bien pero tengo mejores contactos y mucho más dinero repartido entre todos esos contactos. Si me permiten llamar a alguien podemos negociar y conseguirles un mejor… ¡Oiga! Yo no le he dado tanta confianza, no me golpee. — En realidad fue una pequeña palmadita en mi pierna, supongo que fue para que me callara.
— ¡Silencio niña! — No iba a callarme. Aunque provocar a un secuestrador no era una buena idea, pero mis ideas nunca se caracterizaron por ser buenas. — Silencio niña. — Imité su acento ruso. — Él solo se burló. — ¡Estúpido!
— Malen’kiy isporchennyy*.
— ¡Malcriada tu abuela!
En ese momento me di cuenta de que nos dirigíamos a los muelles. Eso no podía estar pasando, si me subían a un barco jamás regresaría. A la mierda el sentido común, tenía que hacer algo para huir. — Linda arma. Los rusos fabrican las mejores armas. ¿Puedo verla? — Estire mis manos y puse la mejor sonrisa.
— Sé buena niña y recibirás un premio.
— ¡A la mierda! Yo quiero el arma. — Me lancé sobre él y un segundo después tenía dos pares de brazos reteniéndome. Pateé, mordí y me retorcí todo lo que pude. El auto se detuvo. Había un buque de carga con bandera Rusa, este era un buen momento para que se me ocurriera un plan, pero no tenía nada. Me arrastraron por el muelle hasta que divisé a un hombre muy alto que no tenía abrigo parado a unos metros de los contenedores que la grúa subía al barco.
El maldito ruso estaba esperándome y ni siquiera tenía abrigo, el invierno aun no terminaba. — Prekrasnaya. — asintió para saludarme. — Maldito demente. — Imité su saludo y él sonrió. — Veo que estas algo atareada con mis hombres. — Miré a los dos gorilas rusos. Tenían facciones del Cáucaso, prefería a los rusos con características nórdicas como el demente frente a mí.
— ¿Por qué hace esto? Al principio pensé que quería una amante, ahora parece que solo estaba tratando de conquistarme para ganarse mi confianza y secuestrarme para enviarme a algún lado y prostituirme. Hay mucha gente con dinero que no dejará de buscarme.
— No quiero prostituirte, solo quiero protegerte.
— Por supuesto, y secuestrarme para meterme en un maldito contenedor en un barco es una gran forma de protegerme.
— Tranquila prekrasnaya, estarás en casa pronto y nadie va a lastimarte. Es una promesa.
— ¡Promesa mi culo! Déjeme ir o este viajecito le costará caro.
La grúa puso un contenedor detrás del ruso loco y dos de sus hombres fueron a abrirlo. Dentro había una suite de lujo. Bueno, eso mostraba que no iba a ser parte del negocio de la trata de blancas, si fuera así mi contenedor estaría lleno de chicas secuestradas.
— Hora de partir prekrasnaya. — Un plan. Eso era todo lo que necesitaba, pero ninguno vino a mi cabeza así que…
— ¡Suka!* — Pisé al que me dijo malcriada y en cuanto me soltó lancé mi pierna hacia la cara del otro. Escuché un hueso romperse y un gritó fuerte. Corrí de inmediato y esquivé a los demás, el demente gritaba en ruso que no me dejaran escapar. Me metí entre las montañas de contenedores, tenía que perderlos y salir de aquí.
— ¿Hola? — respondió Carter luego de un tono. — ¡Carter! Auxilio. El ruso me secuestró e intentó ponerme en un contenedor en un barco Ruso, logré escapar pero tienes que llamar a Jack y advertirle.
— ¿Qué? Más despacio chica. ¿Estás bien?
— Logré escapar, pero llevo horas moviéndome por la ciudad. Tienen que venir a buscarme.
— Espera, no podemos decirle a Jack todavía. Está enojado y deprimido, iremos por ti y luego hablarás con él y le pedirás perdón por ser una perra maldita todo este tiempo o voy a sacarte la mierda a golpes. Él no se merece una perra como tú, es un buen hombre.
— ¡Oye! No soy una perra. — Me defendí.
— Lo eres. Ahora dime en donde reunirnos, iré por la banda.
— ¿Qué? ¿Ahora se creen gánsters?
— Mientras no estabas nos hicimos con un nombre en la escuela. — Genial. Me voy por un mes y ellos se vuelven pandilleros.
Salí de la cabina y me dirigí al lugar donde le dije que nos reuniríamos. Era un bar de la escena underground, los vampiros lo adoraban y a mí me encantaba su temática gótica y la gente tan freaky.
Estuve esperándolos casi dos horas, estaba bastante cabreada y decidí irme. No quería ir a casa porque sabía que el ruso me buscaría ahí. Esperaba que Carter trajera a Jack pero el decidió venir con todo el grupo y ahora no aparecía. Cuando salí dos autos se acercaron a mí, ya estaba lista para correr cuando una ventanilla bajo y Carter salió gritando.
— ¡Hola chica!
Suspiré. En el otro auto se encontraban los chicos del equipo y el chico de cabello verde. No recordaba su nombre ni fecha de cumpleaños, si alguien me hubiera preguntado esas cosas recientemente la farsa habría caído. Subí al auto con Carter. Tyler estaba junto al conductor y para mi sorpresa era el hombre con el que Jack había peleado en esa jaula.
— ¿Qué rayos…?
— Es mi primo. — explicó Tyler. Me miró retándome a hacer o decir algo en contra del hombre, no lo hice. — Tengo que ver a Jack ahora. Las cosas están muy mal.
— Lo sabemos, ya lo llamamos y le dijimos en donde encontrarnos. No le dimos detalles pero le dijimos que debías verlo urgentemente. — Carter parecía aún más confiado que cuando lo conocí, la ciudad le sentó bien. Pero Grace seguía siendo la misma chica tímida a pesar de estar con Tyler.
Llegamos a un edificio que parecía abandonado. Escuché música y supe que había un rave clandestino, de la clase que tienes que esperar un mensaje o buscar las señales que te digan en donde será. Bajamos de los autos y Tyler tomó a Grace de la cintura y la apretó a él posesivamente. Su primo se burló de ese gesto y él lo fulmino con la mirada. Steve llegó a revisarme preocupado y en cuanto se dio cuenta de que estaba bien se tranquilizó y entró con los demás, Carter y yo nos quedamos afuera.
— ¿Qué está sucediendo? Ustedes actúan raro.
— Tranquila, es solo que descubrimos que todos juntos trabajamos muy bien provocando desastres. Solo nos divertimos, pero te extrañábamos.
— No me gusta esa actitud de gánster de barrio.
— En realidad es más como pandilla de freakys. — corrigió.
— ¡Son del equipo de baloncesto!
— Aun así son bastante raros. Vamos a dentro, disfrutemos de la noche ya que no tenemos escuela mañana y hagámoslo antes de que tu irlandés loco venga a arruinarla.
En la fiesta, mientras esperábamos a Jack, la naturaleza nos llamó a Carter y a mí. Decidimos buscar un lugar apartado de la fiesta para orinar en paz sin que nadie nos viera, pero cuando estábamos lejos de todos nos encontramos con Tyler y Grace. Él la cargaba y tenía los pantalones abajo, y ella apretaba su cintura con las piernas mientras gemía como loca.
— ¡Di que eres mía, dilo!
— Tu… tuya. — jadeó Grace.
Carter y yo tratamos de retroceder pero tiramos unos botes de pintura que hicieron mucho ruido. — Lo sentimos, ya nos vamos. Sigan en lo suyo. — Carter trataba de solucionarlo pero ellos ya se habían separado y estaban arreglándose la ropa.
Nos alejamos lo más rápido que pudimos y entramos en una gran sala del mismo piso, creo que esto era un antiguo edificio de oficinas pero no estoy segura. Luego de vaciar nuestras vejigas volvimos abajo, a la fiesta. Vi a Jack buscándome y fui hacia él. — Deja de ser una perra, no se lo merece. — me pidió Carter antes de caminar hacia él y asentí. — En cuanto Jack me vio vino a mí y me llevo lejos del ruido. — ¿Qué sucede? — preguntó sin rodeos. — Suspiré. — Tengo muchas cosas que decirte y creo que esperaré para contarte las malas noticias, quiero hablar sobre nosotros primero.
— ¿Nosotros? — sus ojos se abrieron. — No vas a dejarme, sé que lo que paso ayer fue una mierda pero yo estaba conf… — Puse mi dedo en sus labios. — Calla, déjame hablar. — Pensé en mi discurso pero estaba en blanco, así que solo lo dejé salir, tal como era y me sentía. — Sé que he hecho que las cosas sean más difíciles para ambos, especialmente para ti, pero no fue mi intención. Por primera vez tuve seguridad y lujos, quería vivir mi vida y no estaba pensando mucho en las consecuencias. Pensé solo en mí y no me importaba, creía que tenía el derecho de vivir y aunque sí lo tengo, debí pensar en ambos, no solo en mí. Hice a un lado lo que realmente importaba por mis caprichos, pero ya no más. Comenzaré a reparar el daño que nos he hecho y volveré a ser como era los primeros meses, cuando aún no tenía amigos y salíamos juntos a bares y todo eso. Te incluiré en todo eso porque lo hice primero contigo que con ellos, son mis amigos pero tú eres mucho más importante porque… Porque te amo.
Me miraba de una manera extraña. Sus ojos brillaban y me pareció aún más hermosos con esa expresión. Parecía estar a punto de llorar, pero se contenía. Me besó con fuerza y pasión. Se aferró a mí como si fuera un salvavidas y se apoderó de mi boca tal dulce pero tan posesivamente que me volví loca, todo mi cuerpo reaccionó.
— ¿Por qué hueles como si hubieras corrido una maratón? — Se separó de mí en busca de aire.
— Ese es el segundo asunto. — Tampoco había forma de decírselo limpiamente, así que también lo solté tal y como era.
Se enfureció.
Trató de irse pero lo tomé del brazo y lo jalé a un cuarto cercano donde encontramos un escritorio lleno de polvo. La linterna de su celular se apagó, se había quedado sin batería. La poca luz que entraba por la ventana apenas y nos permitía ver en medio de las sombras. Supe que estaba pensando en ese escritorio cuando se aferró a mí de nuevo y le dio un pequeño apretón inconsciente a mi trasero. Tenía que distraerlo para que no fuera en busca de problemas, yo solucionaría eso más tarde. Ahora mismo teníamos problemas mucho más grandes que solucionar entre nosotros, uno en especial que no dejaba de hacer presión contra mi humanidad y hacía que mi estómago se sintiera extraño.
Sacó un pañuelo de su abrigo y me llevó hasta el escritorio. Limpió la superficie y me sentó sobre él con el pañuelo bajo mi trasero.
— Dijiste que me amabas. — dijo mientras desabrochaba mis pantalones. — No me recuerdes mis pasos en falso. — Se rio contra mis labios. — Tienes mucha ropa. — murmuró.
Me levantó un poco para que yo bajara mis pantalones, luego él mismo los bajo hasta que se enrollaron en mis pies. Acarició mis piernas mientras me besaba y yo bajé su cierre y busqué a tientas en sus pantalones hasta que conseguí lo que buscaba. Su erección fuera de sus pantalones.
— Quieta, basta. Si sigues con esto tendrás que llegar al final y hacer que me corra. — Hice presión con una de mis manos y él se tensó mientras gemía. — Ese es el plan. — Comencé a mover mi mano de arriba abajo pero perdí el ritmo cuando sus dedos encontraron mi centro y gemí también. — ¡Mía! — gruñó. Le respondí con un gemido y él solo se volvió más codicioso tocando.
Malen’kiy isporchennyy: Pequeña malcriada.
Suka: Perra.