Hermanas y hermanos

Jack

Termino en su mano con un gruñido que no logro contener. No quiero soltarla y luego de unos segundos comienzo a besar su cuello otra vez. No tiene suficientes marcas que muestren que es mía. Su respiración se estabiliza y me recuerda que tengo que cuidar de ella como hermano y no como hombre, huele a mil demonios luego de correr y esconderse de esos rusos que querían secuestrarla.

No quiere ir a la policía porque ella está metida en problemas hasta el cuello y si lo hago yo haremos que nos maten. Desearía poder irme lejos con ella y esconderla, pero entonces se armaría un gran alboroto. Las mafias la creen importante y el resto del mundo creerá que me volví loco y la secuestre.

— Debemos ir a casa. — Gimió contra mi cuello. — Es tarde y sé que estas cansada. — Y todo lo que acabo de hacerle debió agotarla aún más. — Te prepararé emparedados de mantequilla de maní con un gran vaso de leche. — propuse. Ella asintió aún en mi cuello provocándome cosquillas.

Acomodo su ropa con cuidado y cuando voy a acomodar la mía la puerta se abre y un par de cuerpos entran mientras se retuercen. La poca luz de la calle apenas y me deja ver que son Carter y el chico de cabello verde.

— ¿Zachary? ¡Oh por dios! Me engañas con mi mejor amigo. — Carly se ve realmente sorprendida, no lo vi venir pero supongo que estaba frente a todos y nadie lo vio antes. — Por favor, ahora si recuerdas mi nombre. — Se quejó él.

— ¡Carter! Eres una perra traicionera.

— Tú no le das lo que yo le doy. Ahora, si ya terminaron nosotros necesitamos el espacio.

Termino de poner mi ropa en su lugar mientras me rio. Me ponían nervioso estos chicos pero ahora veo que no tengo de que preocuparme con el chico de cabello verde. — Pensé que eras hetero, Zack. — sigue Carly. Parece genuinamente confundida. — Soy bisexual. — responde. Ok, no se puede tener todo en la vida, mejor seguía vigilando al chico de cerca. Bi no es tan bueno como homo.

La cargo y la saco del lugar para cederles el nido romántico. Nos encontramos con Tyler y Grace en las escaleras, ella luce radiante y sonrojada, como si… bueno, es una pareja de universitario y adolescente, me sorprendería más que no lo estuvieran haciendo ya.

Al llegar a la fiesta buscamos a los demás, sé que dejarlos con un universitario y un tipo que boxea en peleas ilegales no es la mejor idea pero quiero que Carly descanse. — ¿Dónde está Stevo? No es bueno que se separen. — Los chicos me miran confundidos y luego regresan su atención a las chicas con las que bailan. Espero que no recibieran agua o cualquier otra cosa a esas chicas, se ven algo extrañas.

— ¿Sucede algo, señor? — Miré a Tyler que gritaba para hacerse oír por encima de la música. — Sucede que tengo a nueve integrantes del equipo de baloncesto y suplentes bailando con chicas en un viaje de LSD, el décimo integrante está perdido, también a dos chicos teniendo sexo en una oficina oscura, una chica con su novio universitario y el primo de éste que está metido en cosas ilegales también perdido, todos en medio de un rave en el que no deberían estar. No lo sé, pero esto me suena a receta para el desastre.

El chico empezó a buscar a su primo, supe que estaba maldiciendo aunque no lo escuchaba. — ¿Tenía que ser Stevo el que desapareciera? Pudo ser uno de los cinco suplentes, pero tenía que ser uno del equipo principal. — se quejó Carly.

Los demás la escucharon y aunque todos sabíamos que estaba bromeando los chicos suplentes le sacaron la lengua mientras ella se reía. Dejó de reírse cuando Steve saltó sobre nosotros muy asustado y el primo de Tyler lo siguió hasta casi chocarnos. El hombre se reía mientras trataba de atrapar a Steve que corría alrededor de nosotros.

Tyler lo tomó del brazo y tiró de él para llevarlo a algún lado. Dejé a Carly en el suelo y los seguí. Salimos del edificio y nos detuvimos en medio de lo que debió ser un estacionamiento para empleados.

— ¡Eres un hijo de puta! Estoy cansado de decirte que dejes de ir tras heterosexuales. ¡Es un niño, con un demonio!

— Habla el hombre que sale con una colegiala con cara y comportamiento de ángel.

— ¡Eso es diferente! Yo no voy tras chicas lesbianas para seducirlas.

— Solo le ofrecí una cerveza y hablar un rato.

— ¿Sabes algo? Dejaré que te entiendas con el maestro de esos chicos.

— No me importa, tampoco eres un santo, rubio. Sé muy bien lo que hacías con esa chica. — Puse los ojos en blanco.

— Sigues siendo peor que tu primo y yo juntos. Deja en paz al chico.

— No. Me gusta y lo quiero para mí. Ustedes diviértanse con sus colegialas, yo voy a conseguir a mi pequeño Jordan blanco.

¿Por qué mi vida tenia tantas complicaciones? Siempre fui buena persona, ¿por qué seguían pasándome estas cosas? Ahora tenía que defender a uno de mis antiguos estudiantes de un hombre homosexual y pederasta.

— Bien hecho Tyler, traer a tu primo loco a una fiesta con chicos de preparatoria. — Le di un golpe en la nuca. — No fue mi culpa, suele meterse en problemas si no lo vigilan. No pensé que se obsesionaría con un niño. Es enamoradizo pero suele encapricharse con hombres adultos.

Volvimos adentro, me preocupaba lo que pudiera pasar y estaba en lo cierto porque al regresar Carly y el primo de Tyler estaba peleando y los demás protegían a Steve. No me preocupé porque ella saliera lastimada, sabía defenderse. Lo que me preocupaba es que estaba demasiado acostumbrada a tener que defenderse. Ella es violenta por naturaleza y que esté tan metida en asuntos de la mafia la hace aún más violenta.

Logramos separarlos y Tyler se llevó a su primo. Iba a llevarse a Grace pero se lo impidieron, él tenía clases y Grace no, pero tenía talleres y ensayos que terminar.

Logré que todos se fueran a casa, llevé a Carter y luego a Grace. Para sorpresa nuestra los padres de Grace estaban en casa. Estuvieron a punto de llamar a la policía cuando no la encontraron en casa. Ella se volvió loca cuando intentaron castigarla y comenzó a gritarles, los mando a la mierda y les echó en cara que siempre la dejaban sola. Carly y yo huimos en cuanto pudimos, no quería terminar en una situación familiar como esta.

Al llegar a casa encontramos a Marshall sentado en el sofá en estado vegetativo, mirando a la nada. Pensamos que estaba ebrio así que solo fuimos a arreglarnos para dormir. — Demasiado que procesar. — suspiró Carly acomodándose en mi pecho.

— ¿Por qué crees que el ruso intento enviarte en una suite flotante a Rusia?

— ¿Por qué no? Debe tener uno de sus burdeles ilegales lleno de chicas occidentales.

— ¿Por qué Moscú? Podrían ser otras ciudades como San Petersburgo.

— Como sea, el maldito quiere convertirme en una puta, una muy cara porque no creo que envíe a todas las mujeres que secuestra en una suite flotante. — La apreté más contra mi pecho, esto me preocupaba demasiado.

— Es hora de dormir, debes estar agotada. El baño te puso somnolienta. — Se removió acomodándose. Le di un beso en la frente y unos segundos después escuché como cambiaba su respiración.

Tenía que hacer algo. La última vez que intenté arreglarlo solo conseguí que McNeall me usara y ella se arriesgara solucionando todo. Esta vez sería más cuidadoso y directo, pues los problemas solo se solucionaban si ibas a la raíz.

Desperté temprano y fui al gimnasio antes de que ella despertara. Si iba a hacer esto, tenía que hacerlo rápido y sin que ella se diera cuenta. Bajé a la oficina de Marshall, estaba un poco distraído y apenas me prestó atención cuando le conté mi plan. Me sorprendió que no dijera nada, normalmente siempre trataba de distraerme o evitar que cometiera esta clase de locuras. Su persuasión no funcionaba conmigo, pero a veces sí me daba los argumentos correctos y lo escuchaba. Esta vez solo asintió y se despidió. Algo le sucedía, pero fuera lo que fuera no tenía tiempo para solucionarlo ahora, ya tenía suficientes e iban en aumento.

El lugar fue fácil de encontrar. Era una enorme casa en Brighton Beach, una bastante ostentosa. Al anunciarme en el intercomunicador de la entrada hubo un silencio bastante largo y por un momento pensé que no me permitirían pasar, pero una voz gruesa con inconfundible acento ruso dijo “pase” y el portón se abrió como si de magia se tratara.

Estacioné frente a la puerta, un par de hombres en trajes me esperaban y uno con un detector de metales de mano me escaneó de arriba abajo para asegurarse de que no tenía armas. — El señor Nóvikov lo espera en el despacho. — dijo al terminar. Me escoltaron a través de la casa. Todo se veía caro y lujoso, el lugar relucía del piso al techo sin parecer exagerado o excéntrico, solo impecable. Pude ver el patio trasero y una piscina en la que se encontraban dos mujeres bastante hermosas. Una de ellas tenía el vientre en crecimiento. Se trataba de la esposa y la hija mayor de Nóvikov sin duda. ¿Qué hacían en una piscina junto al mar a finales de invierno? Todos los rusos están locos.

— Toque tres veces y espere respuesta. — indicó uno de los hombres.

Los miré antes de irse y luego me fijé en la puerta doble que parecía hecha de roble con acabados hermosos. Quiero acabar con esto. Toqué tres veces y no tuve que esperar mucho, la puerta se abrió automáticamente. Entré y caminé por un pasillo no muy largo que giraba a la izquierda y luego se abría a una sala enorme. En medio había un enorme escritorio tan lujoso como el resto de mobiliario en toda la casa, el ruso giro en su asiento y se levantó.

— Señor Mahoney. ¿A qué debo la visita? — Me acerqué al escritorio lentamente. — Vine a pedirle que deje en paz a mi hermana.

— ¿Todavía mantienen esa farsa de los hermano? — se burló. — Déjeme decirle que nadie lo cree a estas alturas, y los italianos se han aprovechado de eso con el apoyo de los americanos.

— No me importa lo que usted o los demás crean, estoy dispuesto a hacer lo que sea para proteger a mi hermana. — hice énfasis en la última palabra.

— Lo está haciendo muy mal. — dijo con lástima. — Pero no importa, yo estoy aquí para solucionar eso. Déjeme ofrecerle un trago. — Tomó la jarra pero se detuvo. — Ciertamente es abstemio. Tal vez pueda conseguir jugo de uva, pero no creo que a mi oksana le guste eso, después de todo son sus jugos.

Idiota.

— No sabía que los rusos tenían sentido del humor.

— Y yo no sabía que los irlandeses pudieran hacer algo más que pelear en jaulas. — Lo fulminé con la mirada. — Usted comenzó, no me mire de esa forma. — Alzó sus manos. — Nunca pierdo una pelea, verbal o física. Siempre me aseguro de llegar hasta el final y salir bien parado de ella.

— Yo tampoco, es por eso que será mejor que se aleje y nos deje en paz de una vez por todas. No tenemos nada de su interés.

— Siempre con sus conclusiones apresuradas y erróneas. Yo no tengo ningún interés en usted, no me importa en lo más mínimo. A menos de que se atraviese en mi camino.

— Yo no me atravieso en su camino, usted se atraviesa en el mío.

Su mirada se tornó afilada y mis sentidos se activaron. Algo estaba a punto de pasar y cambiaría todo, lo sentía. — Hace frio, ¿no lo cree? — dijo levantando un control remoto y apuntó a su izquierda sin dejar de mirarme de esa forma. El calor me abrazó lentamente mientras nos mirábamos fijamente y comprendí lo que quería. Miré hacia la chimenea que acababa de encender y el alma se me cayó al suelo.

Esto no podía estar pasando.

— ¿Se encuentra bien, Señor Mahoney? — No respondí, estaba tratando de asimilar lo que estaba frente a mí. — Señor Mahoney, ¿comprende ahora que ha perdido? Tengo pruebas y acudiré a medios legales si es necesario.

Mi irlandés surgió desde lo profundo de mi ser. Lo encaré con toda la seguridad que siempre me caracterizó y la furia celta que no lograba reprimir en momentos como este. — No, aun no pierdo. Puede que tenga pruebas pero si va con ellas a la policía y juzgados se arriesga a que ella sea investigada y se descubra que está relacionada con las mafias y termine en prisión. La peor parte es que cayó en manos de esa escoria debido a la demanda por agresión y todos los otros cargos que usted puso contra ella por lo que sucedió en la fiesta de navidad. Al final de todo iría a prisión debido a eso y a que usted ocasionó que la investigaran de nuevo.

Tragó fuerte y supe que había ganado esta batalla. — Me encargaré de que no vaya a ningún lado lejos de mí. — El nivel de perversión de este tipo era increíble. — No tiene que hacerlo, yo me ocuparé de eso. La alejaré de todo mal, especialmente de los pervertidos como usted que quieren algo más que admirarla.

— ¿Puede culparme? Usted mismo ha caído en los encantos de esa sílfide. Desde las primeras civilizaciones el hombre veneraba la belleza y se enamora de ella, independientemente de qué ideales de belleza existan, esta siempre los sobrepasaba y los obligaba a hincarse para venerar a criaturas tan hermosas ante sus ojos.

Definitivamente estaba tan loco como una cabra. — Hágase un favor y vea a un loquero.

— ¡No es así como la veo! No es ella, no habla ni piensa como ella. La belleza no es nada si solo es un caparazón y lo que hay dentro no llega a la altura o simplemente está vacío. No está vacío pero no significa que sea la misma. No es así como la veo.

Estaba alterado. Se sentó y parecía otro hombre, ya no era el frío y calculador, ahora parecía un hombre que había pasado por las cosas más horribles y apenas había salido con vida de sus pesadillas. — Ella se quedará conmigo. No puede ir con la policía y yo no voy a entregársela voluntariamente. No podría vivir tranquilo si la dejo con un pervertido como usted.

— Puede decir lo que quiera, usted no es mejor que yo. De hecho está haciendo lo mismo que yo hice en aquel entonces. — En cierta forma tenía razón, pero estaba seguro que yo no era un pervertido. — Aléjese de ella. — exigí.

Me di la vuelta y caminé hacia la puerta, antes de llegar al pasillo escuche un no puedo en un susurro. Cuando me dirigía a la puerta principal vi a una niña que bajaba por las escaleras. Reconocí algunos rasgos y eso me provocó un sentimiento extraño en mi pecho. Le sonreí, ella no me devolvió la sonrisa. Los rusos no apreciaban que los desconocidos les sonrieran, esto era mal visto en su cultura.

Ya en el auto me apresure a llegar a casa.

— Polly no deja de… ¡Oye, que demonios haces!

Entré apresuradamente y serví un trago para luego beberlo. Tosí luego de que quemara mi garganta. Por suerte el cliente con el que estaba acababa de salir cuando llegué era un conocido y al verme me ofreció un saludo que apenas y pude responder con un asentimiento de cabeza. — ¿Qué rayos te sucede? No puedes beber Bourbon como si fuera agua por más irlandés que seas. Tú no bebes. — Me regañó Marshall. Se levantó y me quitó la botella y la copa antes de que terminara de servir el segundo y luego regresó a su escritorio.

— Esa cosa sabe horrible y quema. — Dije con dificultad. — ¿Qué esperabas, idiota? No es jugo de fresa.

— Tú eres el idiota.

— ¿Qué sucede contigo? Si es tan malo será mejor que lo solucionemos rápido. ¿Te atraparon con una de tus alumnas?

— ¿Por qué es lo primero que piensas?

— Bueno, tus antecedentes…

— ¡Cállate! — Le lancé algo de su mobiliario y él lo atrapo en el aire.

— Ven con Marshall y suéltalo todo.

Puso esa expresión extraña que siempre ponía cuando sabía que iba a ser un caso difícil. Creo que se hizo abogado porque los casos le producían adrenalina. Me senté frente a él y traté de hablar pero las palabras se amontonaban en mi garganta y me ahogaban.

— ¡Suéltalo de una maldita vez!

— ¡Es su hija!

— ¿Qué, quien?

— ¡Es su hija!

— Hombre, necesito más que eso.

— ¡Carly es hija de Nóvikov! — Grito y salto de mi silla.

— Envuélvela para regalo y envíasela de regreso antes de que nos aplaste. Sabes que va a destruirnos si no lo haces. — Dijo Marshall luego de unos largos segundos de silencio.

— ¡No! él tipo está… El tipo es un enfermo. Si la envío con él va a lastimarla, va a hacerle cosas horribles.

— ¡Es su padre, Jack! La última vez que me metí con la hija de un ruso casi pierdo las bolas y ese ni siquiera era mafioso.

— ¿Por qué no me dijiste que tenía una hermana?

— ¿Qué?

— Nóvikov tenía una hermana.

— No, no la tiene.

— No ahora. Creo que está muerta y él estaba enamorado de ella. Aún la ama.

— ¿Cómo lo sabes?

— Porque vi la locura en sus ojos.

— Idiota, no eso. ¿Cómo sabes que tenía una hermana y que está muerta?

— Tiene un retrato enorme sobre la chimenea de su despacho, está rodeado de velas, flores y santos. Ella… Ella es igual a Carly, excepto por sus ojos. Carly tiene los ojos de Courtney, la chica tenía los mismos ojos de su hermano.

Se puso pálido y comenzó a caminar de un lado a otro mientras se culpaba por el error al investigar al ruso. — ¿Cómo lo pasaste por alto? Pensé que eras bueno en esto.

— ¡Lo soy! — Gruñó. — Pero no hay registros de ninguna Ivanovna Nóvikova en ningún lado. — Si no había registros significaba que querían esconder una verdad muy grande. — Pero existieron. Alguien debe saber algo, Marshall. Y yo voy a averiguarlo. — Ahora sabía cuál era el punto débil del ruso y no iba a desperdiciarlo por nada. — Escucha hombre, lo que debes hacer es enviar a Polly a un internado en suiza si es que quieres salvarla. Los que manejan esos lugares dan más miedo que El Mossad, ni siquiera Putin se atrevería a atacar a uno de esos lugares.

— ¿Estás loco? No quiero alejarla. Si la envío a un internado lejos va a odiarme, ella vive por y para su libertad y eso sería cortarle las alas.

— Entonces prepárate para que el ruso ataque. Sabes que ese hombre no se detendrá y menos si está obsesionado con la idea de recuperar a su pequeña hermana y arrebatarla de las garras de la muerte porque estoy seguro que debe creer que Polly es su hermana muerta en algún sentido, o por lo menos le recuerda mucho a ella. Me dijiste esta mañana que quería secuestrarla y enviarla a Rusia en un contenedor.

El teléfono sonó. — Le dije que pidiera comida, pero ella quiere que le cocines. ¿Por qué no deja de llamar? Me está volviendo loco. Has algo y dile que me deje en paz. Y que venga a ayudarme esta tarde, esa asistente que contraté no es muy buena en su trabajo pero debiste ver las que se presentaron para el puesto. ¿Qué paso con las mujeres fuertes e inteligentes? Luego dicen que soy machista.

— No voy a dejar que la explotes.

— No es explotación, seré una buena referencia en su currículo para la universidad. Ya tiene cerebro, la experiencia la conseguirá trabajando conmigo.

Me dispuse a ir a casa. No quería que comiera mantequilla de maní, la lucha para que se alimentara bien dio sus frutos y ahora esperaba que cocinara para ella, eso era un avance.

— Jack.

— ¿Qué?

— No cometas una locura.

Ignoré su comentario. Podía controlarme y actuar de la manera correcta, después de todo el imprudente era él, y yo el que siempre lo sacaba de los problemas, incluso cuando lo convertí en mi abogado. ¿En qué estaba pensando cuando lo contraté? Tenía suerte de no estar en prisión por su culpa.