La prueba

Scarlett

— Todos estábamos muy preocupados por ti. — Me detuve antes de bajarme. — También estuve muy preocupada por mí. Por eso sacrifiqué todo por regresar con los que amo, pero me dieron la espalda y mis sacrificios fueron en vano. Aprende una cosa chico, en la vida no hay nada asegurado, ni siquiera el amor.

Me bajé del auto y me dirigí a la limosina que me esperaba. Desearía que mi vida fuera más sencilla, pero el destino es cruel y la vida no puede manipularse al antojo a menos que nazcas en cuna de oro. O eso creía.

Subí y me senté en medio del asiento trasero, frente a un anciano al que quería asesinar pero no podía. — Llegas tarde, Scarlett. — Suspiré. — Algo de drama familiar. Discúlpeme, señor Campbell.

— No importa, Scarlett.

Desde que se enteraron de mi verdadero nombre, disfrutan pronunciándolo una y otra vez. Que sus hijas lo supieran antes que ellos los hizo enojar, pero no tomaron represalias, ellos entendían que quería protegerme. Qué lástima que no sirvió de nada.

— Debemos hablar de un asunto muy importante. Tu hermano ha estado haciendo tratos con el diablo, y ahora tú tienes que limpiar su desastre. — Genial. — Como si no tuviera suficiente con mis tratos, ahora tenía que lidiar con los tratos de Jack. Estos hombres subirían mi deuda y me pedirían cosas peores.

Nos dirigimos a algún lugar y cuando la limosina paró en un edificio no muy llamativo me hicieron entrar al edificio. — Sube al cuarto piso, ve al cuatrocientos ocho y toca seis veces, espera a que abran y arregla el desastre. — indicó. — ¿Qué desastre?

— Ya lo sabrás, lo has hecho bien hasta ahora, sé que podrás con esto. — ¿Por qué no lo creía? Mi cuerpo aparecería en un callejón esta noche.

Subí al ascensor. Al llegar al cuarto piso caminé por el pasillo hasta encontrar el cuatrocientos ocho. Toque seis veces como indicaron, pero la puerta no se abrió y me puse nerviosa. Iba a tocar otra vez pero escuche pasos y vi una sombra por debajo de la puerta. Abrió y me dejó ver a un rubio con muchas pecas. Se hizo a un lado y asumí que debía entrar. Di unos pasos y la puerta se cerró detrás de mí, volteé y el rubio pecoso ya no estaba.

— ¿Qué estas esperando? — Un hombre salió de algún lado y un gemido de terror se me escapo. Declan McNeall estaba de pie frente a mí. — ¿Qué sucede, pequeña? Parece que las ratas se comieron tu lengua. — Esto era demasiado. Ya había tratado con los irlandeses, pero no con él. Traté con los mandos medios pero él era demasiado.

— Pasa con confianza, no me gusta la timidez, querida. — Lo obedecí aunque debí correr en dirección a la puerta. No era seguro estar a solas con Declan “Demente” McNeall. — Siéntate mientras te preparo algo de beber. — Señaló un sofá circular en la sala de estar excéntrica y lujosa. Se dirigió a la barra del mini bar frente a los sofás. — No bebo. — aclaré. Hizo una mueca. — Complace a este hombre, no creo que nos veamos en las mismas circunstancias otra vez.

— Jugo de naranja o de arándano. —Hizo otra mueca, esta vez parecía un puchero. — Está bien. — Sirvió un Bourbon y también una copa con jugo de naranja. Se acercó al sofá centonándose frente a mí. Puso el jugo de naranja en la mesa de centro y tomó un sorbo de su whisky.

— Me alegra por fin conocer a la pequeña perra de Mad Celtic. — dijo de una manera que me aterrorizó. — He escuchado mucho de ti últimamente, el pobre O´Lantern estaba muy preocupado.

— ¿Cuál fue el trato? — Se rio. — Hmmm, directo al punto, me encanta. Ya veo porqué está tan fuera de sí, con ese cuerpo y con ese carácter cualquiera enloquece, sin mencionar el coeficiente. No hay nada que nos encante más que una mujer que no se deja doblegar. ¿Sabías que salimos con la misma chica en la adolescencia? Una irlandesa para nada dulce, era ruda y podía darle una paliza a una pandilla ella sola, pero tuve que matarla cuando no quiso perder una de las peleas.

Mierda.

— No vine aquí a perder el tiempo. — le dije con compostura.

— Yo tampoco. — Bebió.

— El trato.

— Ahora es mi socio en los negocios, y además regresara a las peleas.

— Estás metiéndote en territorios que no te pertenecen. Has matado a muchos de nuestros hombres. Te ofrezco un quince por ciento del territorio de Jersey y algunos de los prostíbulos en Nueva York. Sabemos que estás tras el negocio del sexo. A cambio de eso libera a Jack de cualquier trato. — Lo pensó. — Lo dejaré libre de nuestra sociedad. Pero debe regresar a las peleas.

— Ni hablar.

— Entonces no hay trato. — No podía ofrecerle nada más allá de eso.

— ¿Qué quieres? — Hizo girar su whisky.

— Lo que acabas de ofrecerme… y a ti. — ¡Hijo de puta! — Un pedazo de carne por otro. Carne vieja a cambio de sangre joven. — agregó. Soltó una risa suave y ronca. — Te he visto pelear, eres como él en sus mejores años, una máquina de matar imparable y una perra muy dulce. No sabría si usarte como carne para cuervos o como mi dulce filete personal.

¡El maldito quería prostituirme o usarme él! — Eres aún más hermosa que la chica de los rusos. Lleva años al servicio de un maldito Pakhan que nadie conoce. — Hice una mueca ante el recuerdo de Brenda y sonrió al ver que la conocía. — Llegó al negocio sin nada y en pocas semanas ya era reconocida como la mejor. No era cualquier prostituta cara, era la mejor, la más codiciada.

— Yo no soy ella, y odiaría serlo.

— Por supuesto que no, podrías ser mejor. Yo no te usaría como una simple mensajera, pequeña. Te pondría a mi nivel, serías mi mujer. Tendrías que abrir las piernas a algunos ancianos millonarios de vez en cuando pero repartiríamos tus ganancias a partes iguales. Soy ambicioso, pero reconozco que cuando hay alguien a mi altura merece su recompensa.

— Así que usarías a tu mujer como un agujero.

— He decidido que tu grandeza no puede ocultarse, debes ser entregada al mundo sin soltarte por completo. Sé que tú y yo lograríamos grandes cosas.

— ¿Has pensado que tal vez a tus clientes no les guste una mujer ruda y llena de moretones?

— Para todo hay un mercado, cariño. Aprende eso. Especialmente para las cosas más retorcidas, y si no lo hay bien puedes crearlo. — Tenía nauseas.

— Ya te hice mi oferta, tu contraoferta no me satisface. — Se rio de nuevo.

— Esos viejos verdes también quieren usarte como un traste viejo, pero la diferencia entre ellos y yo es que ellos quieren usarte y encadenarte, yo quiero darte toda la gloria y libertad que te mereces, que es mucha.

— Quince por ciento y los prostíbulos. Dos cargamentos con un total de diez toneladas. — Pareció interesarle.

— ¿Traicionarías a tus jefes? — alzó una ceja.

— Ellos me traicionarán en algún momento, yo solo estoy adelantándome a los acontecimientos.

— Sabía que planeabas algo grande, ese cerebrito no puede quedarse tranquilo nunca. Eres igual que O’Lantern, siempre planeando algo y arruinando mis planes. No lo intentes o lo pagaras caro.

— Arruinaré los planes de quien se ponga en mi camino. Hazte a un lado o te hundiré junto con todos esos malditos. — Esta vez su risa se escuchó fuerte y clara.

Me levanté para irme. — No has tomado tu jugo.

— Tampoco me drogo.

— ¿Cómo te diste cuenta? — preguntó con una sonrisa doblada.

— Soy un genio, no puedes engañarme tan fácilmente. La próxima vez que lo intentes te dispararé en las pelotas para que no puedas usarlas, no me gusta que intenten violarme, McNeall.

Salí del lugar y regresé a la limosina, era obvio que sabían que McNeall no aceptaría este trato y solo me estaban poniendo entre la espada y la pared. Querían deshacerse de Jack para que yo por fin aceptara ser una de sus putas o lo que sea en lo que quisieran convertirme. Iban a pagar caro esto, los destruiría lentamente, nadie pasaba sobre mí sin recibir su merecido, si lo hicieron a la primera fue porque estaba desesperada, pero a la segunda significaba que los hundiría a todos por sus ofensas.

— ¿Aceptó?

— Sí. — Me miró incrédulo pero cambio su expresión rápidamente.

— ¿Le ofreciste algo más, Scarlett? — inquirió.

— No. — No me creía, pero me importaba una mierda. Podían sospechar de mi todo lo que quisieran, jamás verían venir el golpe.

— ¿Estas segura, Scarlett?

— ¿Qué más podría ofrecerle?

— ¿Te pidió algo más?

— Por supuesto.

— ¿Qué fue, Scarlett?

— Qué fuera su puta y su luchadora.

— ¿Aceptaste?

— Le dije que se fuera a la mierda.

— ¿Y qué hizo?

— Se burlo mientras salía del lugar luego de aceptar el trato original.

Me dejaron cerca de casa. Esa ya no era mi casa, pero era mejor que las calles, no tenía a donde ir y menos ahora que la mafia quería usarme como títere. Corrijo, no solo era una mafia, eran cuatro. ¿Cómo es que terminé metida en este problema? Yo solo quería vivir. Caminé a casa alerta y vigilante, podía notar a todos los que me vigilaban. Esta vez estaba segura de que uno de los autos lujosos con cristales tintados resguardaba a Nóvikov, ese hombre se obsesionó conmigo y no entendía la razón.

Jack

Subió en el ascensor y se dirigió hacia su cuarto. Simplemente había desaparecido luego de regresar y no iba a permitir que siguiera sobrepasando mi autoridad, ya no éramos pareja, pero seguía siendo su tutor.

— ¿Dónde estabas?

— No es tu problema, Jack. — La seguí hasta la mitad del pasillo y la tomé del brazo. — Las cosas han cambiado y lo sabes. Ya no te permitiré ir por la vida como si nada importara, pondremos reglas y vas a cumplirlas. — Se dio la vuelta con expresión de triunfo. — No respondo a nadie, y menos a alguien que se arrastra ante cualquier idiota con algo de poder. —Esto ya era demasiado.

— ¿Crees que puedes venir y tratarme como basura solo porque terminamos? No vuelvas a hablarme de esa forma o…

— ¿O qué? ¿Enviarás a los irlandeses detrás de mí para que me den una paliza? ¿O tú mismo me la darás? Tal vez me lleves con McNeall para que él me dé un susto. — ¿Cómo rayos se enteró?

— ¿Cómo…? — La pregunta no salía.

— No importa el cómo, lo que importa es que tuve que recoger tu maldito desastre. Me pusieron en la línea de fuego y tuve que caminar hacia las balas para cubrir tu maldito trasero. Tu deuda ya no existe y será mejor que te mantengas alejado de ese mundo o yo misma voy a meterte un par de balas en el culo. Si vuelves a hacer algo como eso, seré yo la que pague, seré yo quien tendrá que abrir las piernas para evitar que nos maten. — Estaba muy alterada. No sé qué pasó, pero se metió con la gente equivocada para dejarme fuera, ¿qué le sucedía?

— ¿Cómo te atreves a meterte en asuntos que no te incumben?

— ¿Cómo te atreves tú a meterte en asuntos que no te incumben? No sabes todo lo que tuve que pasar para regresar aquí, todo lo que sacrifiqué para que ambos estuviéramos juntos y tú vienes y lo terminas solo porque no te gustó que hiciera lo necesario para sobrevivir. Y no solo eso, te metes con el mafioso más desquiciado de este lado del globo. ¿Sabes lo que arriesgo cada día? No, no lo sabes, todo lo hice por ti y lo sigo haciendo por ti, aunque no lo merezcas.

No entendía de qué hablaba. Se soltó de un tirón y entró a su cuarto tirando la puerta. Puso la música al volumen máximo y me dejó ahí parado con el corazón en la mano. No sé en qué se metió pero complicó las cosas, si tan solo me hubiera esperado. Sé que no era una princesa que esperaba que su príncipe la salvara, pero esto era demasiado grande para que ella lo resolviera sola, yo debí hacerme cargo de este asunto y ella solo vino y lo jodió todo.

Cuando Marshall subió fue directo al último piso. Se veía cansado. Aflojó su corbata mientras se estiraba en el sofá. — ¿Qué sucedió? — Tomé un gran trago de mi jugo. Ni yo lo entendía aún. — No lo sé, creo que alguien la está manipulando. — Tomó un trago de la primera cerveza del six pack. — Los italianos y los americanos. — Lo miré pidiendo respuestas. — se unieron debido a Polly. La están usando como cebo. La envían a reuniones importantes, no sé si para complacer a los posibles socios o por otra razón, es difícil infiltrarse en la mafia. — Sentí que el mundo me caía encima. — ¿Cómo lo supiste?

— La han visto con fichas importantes, parece que todo lo que se está cocinando últimamente gira entorno a ella. — Esto no podía estar pasando. Sentí nauseas. — Me dijo que no se prostituye. — No dijo nada. Era inteligente y sabia cuando callar, pero no quería que callara. — ¿Qué sabes?

Otro largo trago.

— Mis informantes la vieron bajando de una limosina esta tarde. Entró a un edificio y tardó lo suficiente para que pasara algo.

El cartón de jugo estalló en mi mano. No pude evitarlo, no pude evitar levantarme y dirigirme a ella. Veía rojo y no me importaba qué se atravesara en mi camino, tenía que llegar a ella.

Marshall me seguía de cerca tratando de detenerme pero sin atreverse a hacerlo realmente. Llegué a su puerta y simplemente la abrí de una patada, ella estaba en la cama leyendo mientras Slipknot estremecía el cuarto. Se sentó indignada preparándose para echarme, pero la tomé entre mis brazos para llevarla a mi cuarto. La música se detuvo y escuché que Marshall gritaba tratando de hacer entrar en razón pero no había nada ni nadie que pudiera.

Entré a mi cuarto cerrando la puerta con el pie y la tiré sobre la cama, mi cama. Donde pertenece. Volví a la puerta y le puse el pestillo, no iba a permitir que me la quitaran.

— ¿Qué diablos te pasa? Será mejor que me dejes en paz o voy a patearte el… ¡no, déjame!

Volví a tirarla en la cama e inmovilicé sus manos por encima de su cabeza mientras me metía entre sus piernas. Con un pie en el suelo mantuve el equilibrio mientras que con la otra pierna empujaba la de ella para abrirla. Me moví contra ella y fui recompensado con uno de sus deliciosos gemidos.

— ¿Eres virgen? — pregunté viéndola directo a los ojos, a centímetros de su cara.

— ¡No es tu maldito…! — Otra embestida. — ¡Ah!

— Responde.

— No es tu problema. — Otra embestida.

— ¡Jack, no lo hagas! Es una niña, no la lastimes. — Marshall tocaba la puerta desesperado.

— Hazle caso…. — Embestida. — ¡Ah!

— Ignóralo. ¿Eres virgen? Estoy perdiendo la paciencia, Scarlett.

— Déjame en paz. — Comencé a moverme más rápido, sus gemidos salían sin control.

— Si no me respondes lo comprobaré por mí mismo. Haré una prueba de virginidad.

— ¿Una…qué? — Solté sus manos. Le di suficientes oportunidades, no las tomó. — Prueba de virginidad.

Me sostuve con una mano y llevé la otra a su abdomen. Acaricié hacia arriba lentamente por debajo de su top. Se estremeció y trató de empujarme, pero yo estaba como una roca literalmente y sus manos haciendo presión en mi pecho solo me llevaban más cerca de la locura. Ese top me estorbaba así que solo lo subí por encima de sus pechos. El sujetador era otro obstáculo pero por suerte tenía el broche al frente y me hice a un lado fácilmente. Sus lindos y llenos pechos saltaron a mi vista y no pude resistirme a tomar uno en mi boca.

Se estremeció tan fuerte y los gemidos se convirtieron en un grito ahogado. Trató de apartar mi cabeza pero volví a tomar sus manos y esta vez las mantuve juntas con una de las mías mientras que con la otra jugaba con el otro pecho.

— Ahí no está… mi virginidad. — murmuró. ¿Lo deseaba? — Procedimiento de rutina. — respondí.

Luego de unos segundos dejó de intentar apartarse y comenzó a acercarse hacia mi boca mientras que sus gemidos me envolvían. Seguí moviéndome contra ella y no tardé en emitir gruñidos. Jugué con su otro pecho por un par de minutos más y luego me levanté. Pensó que la dejaría ir pero solo terminé de quitarle el top y el sostén.

— El juego termino, si no terminas con esto… ¡Basta!

Le quité los zapatos y pantalones. Cuando vi su ropa interior me sorprendí, no era lo que esperaría ver en una prostituta. Los bóxers femeninos eran lo suficientemente cortos y ajustados para mostrar sus curvas, pero seguían cubriendo demasiado y el material solo era cómodo y no sexi.

— ¿Qué me vas a hacer?

— Ya te lo dije, prueba de virginidad y si encuentro algo que no me guste voy a azotar ese dulce culo.

— ¿No deberían hacerme esto en un hospital?

— Ahí no es tan divertido.

Me arrodillé frente a ella, tenía frente a mí el paraíso y no sé cómo lo había ganado pero no quería perderlo.

— ¿Jack? Llamé a la caballería. Si no la dejas ir, un montón de adolescentes histéricos te caerán encima. Si le haces algo será la policía, aún estas a tiempo de evitar una tragedia. — Lo ignoré y me concentré en lo que quedaba de su ropa interior.

— Aún estás a tiempo de decírmelo. Si confiesas ahora seré indulgente, pero si tengo que descubrirlo por mí mismo no tendré piedad y el castigo será ejemplar. — Su respiración era agitada y ver sus senos subir y bajar me envió directo a la locura.

— No sé de qué hablas, y si haces esto… — Besé su abdomen y lo acompañé de una lamida. Ella se estremeció y gimió. Comencé a bajar sus pantis lentamente mientras besaba y lamia mi camino a la gloria.

— No hagas esto… Aún estas a… ¡Diablos!

Bese muy cerca de su abertura luego de quitar el último obstáculo. La tome de las caderas y la acerque al borde. Se levantó para ver y se sostuvo sobre sus manos, sabía que quería esto tanto como yo. — ¿Algo que decir antes de que esto suceda? — Negó fervientemente con sus ojos cerrados. Me concentré en su coño y me di cuenta de que ya estaba lista para mí, no había vuelta atrás. Estaba haciendo esto. Tal vez no llegaría hasta el final pero iba a hacerla mía y esta era la única forma por ahora. Además tenía que saber.

Separé sus labios para ver su entrada y el alivio me inundó. Sé que estaba actuando como un troglodita posesivo pero esto no solo era por mí, tenía miedo de que la estuvieran obligando a hacer cosas horribles, cosas que la marcarían para siempre. Pero estaba bien, tal vez no segura pero ya me encargaría de eso más adelante. Ahora solo pensaba en llevarla a casa a buen término. Así que solo tome su exquisito botón entre mis labios e hice nuestro camino a la gloria. Se retorció bajo mi boca con un grito que la envió de vuelta a la cama retorciéndose y a sus manos a escarbar en mi cabello.

En algún momento pude escuchar gritos y exclamaciones de sorpresa pero estaba tan perdido en su placer que no me permitía concentrarme lo suficiente para ir más allá de ella. Le di lo que necesitaba una y otra vez adorando su cuerpo. Usé mis mejores armas sin ir muy lejos. Aún no era el momento para tomarla por completo, yo era caprichoso pero ella era joven, tenía que darle tiempo. Ella tenía que tomar la decisión sin que las hormonas la abrumaran.

Luego de horas de juegos, ella se durmió y yo tomé una larga ducha helada para calmarme. A pesar de correrme sobre ella varias veces y sin control, mi polla aún estaba insatisfecha. Tan duro como una maldita roca.

Me desnudé lentamente en medio de nuestros juegos pero logré mantener los pantalones por un buen rato hasta que la presión fue demasiada. Fue la primera vez que tocó a un hombre en zonas tan intimas, pero no perdió la oportunidad de explorar y aprender. Siempre ha sido una buena alumna, mi preferida.

Me corrí en mi mano gruñendo, con ese pensamiento en mi cabeza y el agua helada cayendo sobre mí. No sé cuántas veces había tenido que acudir a la ducha helada desde que comenzamos nuestra relación hace meses, pero por lo menos esta vez sí hubo algo de acción antes.

Si esto iba a condenarnos, yo recibiría todo el castigo, pero me aseguraría de disfrutarlo lo más que pudiera hasta que la condena llegara.

Fui a la cocina por algo de comer, estaba famélico y no por Carly, el apetito regresó en cuanto ella se dejó llevar por mí. Todos se quedaron en silencio en cuanto entré, las miradas que me daban me hacían sentir un poco culpable.

— ¿Qué? — les pregunté. Nadie respondió. — ¿Por qué siempre están en mi casa? No somos guardería. — Seguían sin responder. — Por favor, ustedes tienen más vida sexual que Marshall y yo juntos.

— Excepto David, últimamente parece un monje. — Todos trataron de disimular sus risas mientras David golpeaba a Steve. — Vaya Steve, ¿te sientes orgulloso de tener suficientes parajes sexuales como para ser un riesgo de contagio peor que Racoon City? — Se defendió el chico. Esta vez se burlaron de Steve. — Sigo teniendo más vida sexual que usted y el alcohólico juntos… y siempre me protejo.

El típico “oooh” se escuchó en boca de todos, excepto del universitario y de Grace. Steve sacó su billetera y puso una larga, enserio muy larga tira de condones sobre la mesa. Todos rieron a carcajadas.

— Silencio, van a despertarla. Mañana hay escuela y necesita descansar.

— No, no hay. Llamaron para avisar que no habrá clases. Al parecer uno o unos bromistas pusieron cal y petardos en los baños, la cal se solidificó en las tuberías y los petardos reventaron otras. La escuela está inundada y no habrá clases por dos semanas.

Todos estaban muy callados mientras Marshall explicaba lo que pasó. Esto era sospechoso. — Tienen que ser muchos bromistas. — dije y los mire acusadoramente a todos. Volvieron a quedarse muy callados, esta vez desviaban sus miradas. — Por suerte lo hicieron luego de clases, porque no vi inundaciones. — Agregué. Seguían evadiendo mi mirada.

— Solo espero que no se dejen atrapar o esto será más que una expulsión, podrían culparlos de daños a propiedad pública. — Se pusieron pálidos. De verdad esperaba que no se dejaran atrapar, esto era demasiado y no tenía idea de porqué lo hicieron.

Kolia: diminutivo de Nikolai.