Sacrificios innecesarios y verdades fulminantes

Estaba hecho.

Me había convertido en algo más que la mascota de la mafia. Por poco y me casan con uno de los hijos de un jefe de la mafia italiana pero ambos nos negamos. Él incluso dijo que era gay aunque no lo es solo para salvarse del matrimonio.

¿Por qué querían casarme con uno de sus hijos? Ni idea, pero ahora la mafia americana y la italiana trabajaban juntas debido a… No sé, solo decidieron hacerlo y no me dijeron nada. Tendría que servir en fiestas y reuniones por un tiempo porque decían que necesitaban recuperar la confianza en mí, pero me prometieron avanzar en la organización más adelante. Me negué, pero por alguna razón no tenía opción, ya era un soldado de la mafia y no tenía salida.

No me dejaron regresar a ese horrible lugar, me transfirieron a otro hogar de paso al día siguiente mientras estaba en la escuela. Les pedí que me inscribieran en mi vieja escuela pero me dijeron que esperara unos días. No sé qué sucedía pero no me gustaba, cuando los busqué no pensé que todo terminaría así. Tenía miedo de que me obligaran a casarme con alguien o algo peor, pero no tenía salida.

El fin de semana llegó y tuve que ponerme mi traje de mesera, había una fiesta y tenía que hacerme cargo. Me dieron toda la responsabilidad de una jefa de meseros sin serlo porque yo respondía a un hombre mayor muy amargado, si algo salía mal yo sería la que pagara.

Llevaba una de las bandejas con champagne alrededor del salón principal. La gente tomaba copas y algunos de los hombres me daban miradas de reconocimiento. — Bambina, ve y aleja a mi hija de esa zorra, no quiero que termine siendo una puta por su influencia. — me ordenó. Asentí hacia el hombre más poderoso de la mafia italiana. El señor Mancini me quitó la bandeja y yo me dirigí hacia Isabella y el grupo de gente que la acompañaba. La mujer a la que el señor Mancini se refería tenía un vestido verde esmeralda con la espalda al descubierto y caía desde su trasero hasta el suelo en un corte sirena que acentuaba sus curvas.

— Isabella, ven conmigo a… — La mujer con el vestido verde esmeralda era Brenda. — ¿Carly? — Al principio lucía sorprendida, pero luego sonrió. — ¿Qué haces aquí? ¿Acaso eres una prostituta?

— ¡No te refieras así a Scar, perra!

— ¡Isa! — le dije entre dientes. — Hice señas con mis manos para que se calmara. — ¿Scar? Parece que eres una prostituta frecuente.

— No querida, aquí la única prostituta eres tú, yo solo soy mesera. — me defendí. Ella se enfureció. — ¿Cómo te atreves a llamarme así, maldita zorra? — Quiso lanzarse hacia mí pero Isa se interpuso en su camino y uno de los hombres que las acompañaban la tomo de los brazos y la jalo hacia él.

— Brenda, cariño, no te avergüences de ser una acompañante. Por lo menos no tienes que pararte en una esquina a mitad de la noche con poca ropa. Aunque acompañante o puta barata sigues siendo solo una prostituta, tal vez una muy cara, pero prostituta al fin y al cabo. — le dije en un todo dulce.

— ¿Brenda? — Preguntó uno de los hombres que esperaba la pelea mientras la miraba intrigado. — Su nombre de puta es mejor, Krystal. Ahora que sé su nombre mundano y corriente no parece tan atractiva.

— Su nombre es Brenda Sullivan y era mi psicóloga en la escuela. Hizo que me llevaran a un hogar de paso solo porque su ex recibió mi custodia.

— ¿Psicóloga infantil? Vaya, pero quién lo diría.

El hombre estaba emocionado y agitado. No quería saber porque, Brenda solo estaba roja de la ira mientras el otro hombre la sostenía, pero miró a alguien tras de mí y se puso aún más furiosa.

— ¡Deja de grabar maldita mocosa! — Me di la vuelta para entender y vi a Sophie, la prima de Isabella. Estaba riéndose. Tomé a Isa de la mano y luego a Sophie para alejarlas de ahí, pero me detuvieron. — Estoy enviando esto a varias personas para que lo custodien. Si intentas lastimarnos o a Scar vamos a joderte en grande. Ella es la protegida de tío y sus socios, también de los americanos y a ninguno le gustará que ella tenga un rasguño. Y recuerda, vas a pagármelas por el divorcio de mis padres y toda la mierda que provocaste en la familia, maldita puta de quinta. — le dijo Sophie de cerca.

Isa apretó mi mano mientras Sophie sonreía triunfante después de su discurso. Ellas estaban planeando esto, Isa no estaba ahí porque le agradara Brenda, era por venganza y por su prima y tíos. — Adiós Krystal. Es decir, Brenda.

Nos dimos la vuelta y nos dirigimos a la cocina. Ellas comenzaron a reírse a carcajadas. — Ya te lo envié a tu teléfono, ahora asegúrate de hundir a esa puta con todos sus conocidos. Nosotras nos aseguraremos de hundirla con sus clientes. — me pidió Sophie. Me abrazaron y salieron de la cocina juntas.

Esa mujer era una prostituta, una muy cara. Tenía pruebas contra ella y podía hacer que la despidieran. No me devolvería a casa, pero me acercaba, porque si tenía a Brenda, el ruso pronto caería con ella.

Brenda

— ¿Para qué me llamaste? Deberías estar haciendo dinero. — dijo el ruso enojado.

— ¡Ella lo sabe!

— No tengo tiempo para tus dramas americanos, Krystal. Vuelve ahí y has dinero.

— Esa niña estaba en la fiesta y me grabaron.

— Sabes que no me gusta repetir y ya te lo dije más de una vez, no me colmes la paciencia.

— La pequeña zorra tiene un video de mí donde dos de los clientes me descubren, ¡Va a mostrárselo a Jack!

— ¿Mi prekrasnaya está ahí dentro? — La presión de sus manos en mi cuello me lastima. — S…Sí. — logré musitar. — ¿Por qué no lo dijiste antes? — Intentó bajarse pero lo detuve. — No puedes ir, te descubrirán. — ¿Por qué lo detuve? Podría librarme de él de una vez por todas. — Tienes razón, enviaré a alguien a recogerla.

— ¿Te importa más una pordiosera que limpia mesas que yo?

— ¡Cierra tu puta boca y deja de hablar de esa forma sobre ella! No quiero que te vuelvas a acercar a ella, no te prohíbo acercarte a ese irlandés porque eres la única que puede mantenerlo alejado de mi chica.

— ¿Por qué ella? ¿Qué tiene de especial para que sea tu chica? Yo he estado junto a ti por años.

— Entiende de una vez que tú no eres más que una zorra cara, no quieras compararte con mi chica. — En un arranque me subo a horcajadas sobre él. — Vamos Kolia, sé que yo puedo hacerte feliz. Ella solo es una niña y nunca podría darte lo que yo te daría. — Me muevo contra su entrepierna pero no sucede nada, él solo me empuja y caigo sobre el piso de la limo. Eso dolió. — Regresa ahí y trabaja. No quiero que te acerques a ella y hablo enserio. — me dijo abriendo la puerta de la limusina. — Otra cosa, si alguna vez vuelves a hablarme como si fuéramos algo, te mato. — Me levanté y salí de la limosina. Acomodé mi vestido y caminé hacia el edificio donde se realizaba la fiesta. Esa pequeña puta iba a pagármelas.

Scarlett

— ¿Puros? Enseguida. — Me movía de un lado a otro sin parar. Era difícil ya que hace mucho no hacia esto y estaba cansada, pero no tenía opción. — Quieren verte en la oficina. — Avisó uno de los hombres sin rango. Dejé lo que estaba haciendo y me dirigí a la oficina de esta casa. Pude respirar por un segundo, estaba agotada.

— Siéntate. — Señalaron una silla en medio del lugar, había demasiados hombres importantes y peligrosos en este lugar y no me gustaba. — Te dijimos que queríamos que ganaras nuestra confianza, pero algunas circunstancias extenuantes nos han obligado a darte mayores responsabilidades con las que pagaras todos nuestros favores. — Trague sonoramente. Esto no pintaba bien.

— No solo los rusos han mostrado interés en ti, los irlandeses también. Parece que McNeall no puede olvidar sus viejas rencillas con tu hermano y está dispuesto a hacer cualquier cosa para lastimarlo, incluyendo lastimarte a ti. — Mi vida era genial. — Es por eso que pensamos que sería bueno que lo enfrentaras y tomaras un puesto importante dentro de la organización. Nada oficial, solo es porque nos traerás grandes beneficios. Tenemos a los rusos donde queríamos y sabemos que tu tenacidad destruirá irlandeses.

¡Por toda la mierda! Iban a ponerme en el frente de batalla para recibir todos los proyectiles. — Serás una negociante. Te enviaremos a hacer relaciones públicas con algunas personas importantes.

— Me enviaran a dar la cara para que me maten o me encarcelen.

— ¿Quieres regresar con tu hermano? — Mi corazón se apretó.

— Cuando me di cuenta que estaba siendo buscada por ustedes supe que no debía acudir por ayuda. Me trajeron a la fuerza y me están obligando a hacer esto, si no lo hago me matarán o algo peor, si lo hago tal vez corra con la misma suerte. ¿Qué opción tengo? — Algunos sonrieron. — Ninguna, es evidente que no tienes opción. Ahora nos perteneces. No deberías temer, sabemos que en cierta forma siempre fuiste leal a nuestras organizaciones, vamos a regresarte con tu hermano.

— Pero nunca me dejaran ir…. — susurré diciendo lo obvio.

— Esto no es una empresa legal. Nadie sale y si lo intenta muere. Sabrás muchos de nuestros secretos, ya no hay vuelta atrás.

Ya no tenía vida.

Jack

No la vería otra vez. Había desaparecido y el juicio se había pospuesto, el juez no dio razones para detener todo, solo dijo que debía tomarse un tiempo para analizar el caso. Esto le molestó al ruso, por lo que deduje que algo estaba pasando, al parecer ni siquiera él sabía a donde fue Carly. Los cargos de agresión fueron desestimados por el otro juez. El ruso ya no tenía nada contra ella y de hecho tuvo problemas, por poco y es acusado por la fiscalía de acoso sexual a una menor. No sé qué diablos sucedía pero no me gustaba.

— Buenos días, clase. Hoy seguiremos con lo que dejamos pendiente la clase pasada sobre la literatura en el romanticismo y recuerden que esto irá en el examen de la próxima…

Escuché gemidos de sorpresa. Dejé lo que escribía en el tablero y me di la vuelta para ver a Grace con las manos en el rostro a punto de sufrir un ataque. Miré en dirección a la puerta y mi corazón casi sale de mi pecho.

— ¿Llego tarde? — preguntó la chica en la puerta.

Ella estaba parada bajo el marco, vestía ropa sofisticada aunque aún conservaba partes de su cabello de color verde en un par de trenzas espiga, y sus piercings en el rostro y orejas. También traía un par de lentes oscuros redondos. Parecía una niña rica y remilgada. Estaba hermosa aun con esa ropa sosa.

— Hmmm no… Yo… Grace, encárgate de la clase por un momento mientras voy a hablar con… Carly. — le pedí con dificultad.

Salí de ahí lo más rápido que pude. La sonrisa que lucía era risueña, nostálgica y provocaba cosas extrañas en mí. La llevé al sótano, si no podía controlarme era mejor que nadie viera el escándalo. El flash de mi celular nos daba luz suficiente, en cuanto lo puse sobre algo que lo mantuviera estable ella se abalanzó sobre mí besándome apasionadamente. Al principio respondí al beso pero luego recordé que desapareció por dos semanas y no sabía nada de ella. Marshall movió todas sus influencias y no encontró absolutamente nada. La alejé de mí y la mire a los ojos, se había quitado los lentes mientras bajábamos las escaleras.

— ¿Qué demonios crees que haces? ¿Piensas que puedes desaparecer, preocuparme hasta la muerte y luego reaparecer y actuar como si nada hubiera pasado? — Pareció dolida pero no podía estar seguro con tan poca luz. — Lo hice por nosotros, para estar juntos…. — se excusó.

¿Qué demonios había hecho? No estaba seguro de querer saberlo. Su cambio de imagen era extremo, su actitud despreocupada no era la típica, parecía diferente. ¿Qué rayos sucedió en dos semanas? Estuvo un mes y medio lejos de mí y regreso siendo otra.

— ¿Qué pasa? Me esforcé mucho para poder regresar, ¿Y así me recibes?

— ¿Qué mierda hiciste, Scarlett?

— Lo necesario.

— ¿Lo necesario? — No, ella no pudo…

— Sí. Lo necesario para volver a ti.

— ¿Te revolcaste con cualquiera? — la pregunta simplemente salió. La bofetada que recibí no dolió en absoluto comparado con el dolor que sentía por dentro. — No soy Courtney, tengo dignidad aunque tuve que dejar un poco de ella detrás de mí. Nunca me convertiría en una prostituta y lo sabes.

Eso no fue suficiente. El dolor que sentía no se iba, todo el tiempo que perdimos no podía recuperarse. Algo ya no se sentía correcto, pero la amo y tenía miedo, no se lo dije al principio porque esta relación fue más difícil para ella que para mí, pero ahora no podía decírselo porque no quería que me rompiera el corazón. La había perdido y cuando pensé que no volvería a verla ella regresa y parece tan distinta. Sigue siendo una niña, aunque ahora parece más mujer. De alguna forma su aire de dolor se transformó en superioridad y no en el buen sentido.

— ¿Qué te sucedió, mi vida? Antes no eras esta criatura altanera que ahora parece querer llevarse por delante a todos, solo querías ser fuerte para salir adelante.

— Ya te lo dije, hice lo que tenía que hacer por ti, por nosotros.

— No, esto no es por nosotros. Sea lo que sea no es por lo que teníamos.

— ¿Teníamos? Sacrifiqué mucho para volver a ti, no lo tires todo por la borda ahora.

— Creo que esto no fue una buena idea. Pensé que lo nuestro podría funcionar, pero ha sido más difícil de lo que pensé. Contigo siempre actuando como una niña y ahora… como una desalmada.

No sé qué vi en sus ojos pero era algo que jamás estuvo ahí. ¿Qué mierda le sucedió? — ¿Yo siempre actué como una niña? Por si no te has dado cuenta eso es lo que soy. Apenas cumpliré quince en unos meses, Jack. Tú fuiste el que no me dejó irme cuando descubrimos que serias mi maestro. Si actué como una adolescente es porque lo soy, porque por primera vez en mi vida tuve la oportunidad de actuar acorde a mi edad y de no tener miedo porque el hecho de que me protegieras me lo permitía. No es mi culpa que tuvieras un estúpido capricho de finales de los veinte, la última oportunidad para sentirte joven pero sin dejar de ser un adulto con responsabilidades. No podías pedirme que actuara como una adulta porque me estabas dando todas las libertades y seguridad para actuar como una maldita adolescente y no quería desperdiciar la única oportunidad de ser joven.

¿Qué estaba diciendo y por qué parecía tener tanto sentido? Hice mal todo. Le ofrecí dinero, techo y libertad pero quería quitarle lo más importante al atarla a mí. Quería que actuara como una mujer para que nuestra relación funcionara, pero ella solo tenía catorce y por primera vez pudo quedarse hasta tarde con sus amigos porque ya no tenía que preocuparse de tener un techo para dormir lejos de las orgías y drogas. Le estaba quitando la oportunidad de pasar todo el fin de semana jugando videojuegos o en una pijamada porque quería que estuviera conmigo haciendo que una relación inestable funcionara.

¿Fui el único culpable o ella debió poner de su parte?

— Debemos regresar, no queremos que esos viejos rumores revivan.

Se dirigió a las escaleras y mis manos picaron pidiéndome que la tocara, pero no podía. El destino fue más fuerte y nos venció. Al parecer ya todo había terminado y yo solo quería gritar que era mía y que no dejaría que nadie la tocara, pero tal vez lo mejor para los dos era terminar justo aquí y ahora.

Sentía más dolor. No quería ser un ogro porque los estudiantes no se lo merecían, por suerte era miércoles y la semana pronto terminaría. Esa primera clase fue la peor, ella estaba ahí pero ya no a mi alcance. Ni siquiera me molesté en decirle nada cuando hizo levantar a la chica que se adueñó de su silla. La vi chasquear los dedos como una pandillera y mirarla de una forma intimidante. La chica tardó en levantarse pero finalmente lo hizo. Vi que Cole no paraba de enviar mensajes por su celular y de mirar a Carly de reojo, sus mejillas estaban sonrojadas y había visto que esto le sucedía solo con ella. Los celos se apoderaron de mí y quise golpearlo, pero no podía dejar que mi sangre irlandesa dentro me venciera frente a los estudiantes.

La clase terminó y vino la siguiente. Para mitad de la mañana yo estaba hecho puré. Un alboroto se escuchó y una de las maestras entro tirando la puerta. — Mahoney, será mejor que vengas rápido. Un día la escuela se caerá a pedazos por tu culpa. — No entendí el comentario pero salí para ver que sucedía. Traían a Brenda a rastras mientras ella gritaba y pataleaba, Carly venia tras ella sonriendo con malicia. Era maldad pura.

— ¡Jack! No dejes que me tiren a la calle como un perro, no dejes que esa maldita me destruya. — Pidió Brenda mientras trataba de tomar alguna parte de mí, quería aferrarse a algo pero me mantuve en pie a una distancia prudente. — Diles que es un montaje, que ella lo hizo solo para alejarme de ti mi amor.

No sabía a qué se refería, pero un segundo después todos los estudiantes y maestros que estaban fuera de los salones de clases comenzaron a mirar sus celulares. Las expresiones de asombro y las miradas que le daban a Brenda solo empeoraron las cosas.

— Mi vida, por favor. Yo te amo, no dejes que me lleven ¡Jack! — suplicaba. Gritó mi nombre cuando la distancia era demasiada. — Mahoney, venga conmigo y usted también señorita Davis. — Ella parecía feliz y yo solo quería entender qué demonios estaba sucediendo.

— Nunca me agradó.

— No quiero pensar que pudo hacerle algo a los estudiantes pero… — Escuché que dos maestras hablaban y me preocupé.

Cuando entré a la oficina del Ranger la señora Richard nos esperaba. Sea lo que sea que pasó, no sabía si era bueno o malo, porque si ella estaba aquí podía significar cualquier cosa.

— Señor Mahoney, nos vemos de nuevo. Lástima que sea en tan malas circunstancias, pero algo bueno saldrá de todo esto. — Esto en definitiva no pintaba bien. La secretaria trajo otra silla y Carly se sentó en ella. — Señor Mahoney, quiero que sepa que lamento mucho todo lo que pasó. Scarlett intentó decírnoslo pero no la escuchamos y…

— Vaya al grano señorita Richard, nada de lo que le diga puede hacer el golpe menos fulminante. — Oh mierda ¿Qué sucedía ahora? — Scarlett tenía razón, señor Mahoney. Esa mujer estaba intentando enviarla lejos.

— ¿Cómo es que cambió de opinión tan de repente?

— La señorita Sullivan es una prostituta que se mueve en las altas esferas, al parecer movió sus influencias para hacer que nos lleváramos a Scarlett lejos de usted.

El mundo giro más rápido y por poco me caigo aunque estaba sentado. Brenda una prostituta. ¿Por qué? Esto no podía ser cierto. ¿Por qué me enamoró y luego me dejó como un perro? Por eso me dejó cuando le propuse matrimonio, ella no planeaba quedarse conmigo, no planeaba ser mi esposa nunca porque no iba a dejar de ser una prostituta.

— Señor Mahoney, ¿me escucha? — Una sacudida me regresó a la realidad, Carly me empujaba. — Aquí están los papeles que confirman que usted es el tutor de Scarlett, todo está en orden y no volveremos a molestarlos. Se ha comprobado que los rumores sobre la relación romántica entre Scarlett y usted eran solo una mentira esparcida por la señorita Sullivan para que servicios sociales se hiciera cargo de Scarlett. — Maldita, ¿cómo pudo?

— La policía ha tomado el caso, quieren asegurarse de que esa mujer no cometió ningún otro abuso con algún otro estudiante debido a la autoridad que tenía como psicóloga. — Asentí, aunque por alguna razón no entendía las palabras del hombre frente a mí. — Todos los papeles de la custodia se encuentran en esta carpeta, puede revisarlos y llamarme si tiene alguna duda. — culminó ofreciéndome la carpeta. Yo solo asentí y ella se levantó y se fue.

— Lo siento mucho, esa mujer parecía ser una buena persona. Se veía tan amable y los estudiantes realmente la querían, era la psicóloga favorita. — Yo solo me quede pensando. ¿Qué pasaría ahora? — Les daré la semana libre. Creo que tú has pasado por muchas cosas para tu edad y tienes que ayudar a tu hermano a superar lo que esa mujer le hizo, sé que tuvieron algo y enterarse de esto es duro para un hombre. — continuó el director. Ella asintió. Iba a quedarse conmigo, no me odiaba.

Salimos de la oficina, iba a ir a casa con Carly, por fin estaríamos juntos… Pero solo bajo el mismo techo. Aun así ella se quedaría y yo podría encontrar la manera de solucionar las cosas.

— ¡Scarlett! — El maldito chico de cabello verde.

Ambos corrieron a abrazarse y se besaron en frente de toda la escuela. Era el cambio de clase y todos estaban en los pasillos. Vi a sus amigos mirarlos desde la distancia, Carter y Grace me miraban a mí. Dejaron de besarse y se acercaron a su grupo de amigos, fui con ellos, ella se despidió y les dijo que luego hablarían. Los chicos del equipo de baloncesto estaban muy felices de que regresara. Fuimos afuera, ella tomada de la mano con el chico. Si no fuera gay creo que ahora mismo estaría golpeándolo.

— Hora de ir a casa, Carly.

— Tienes razón, te veré en algún momento. Iré a casa.

Siguió caminando con el chico. Los escuche hablar y los vi subirse al auto de él. Se fueron y sabía que ella iría a otro lado, solo se fue con él para continuar con la farsa. Fui al estacionamiento apenas conteniéndome. Subí a mi auto y me dirigí a un lugar que ya no sabía cómo llamar, porque desde que ella se fue ese lugar dejó de ser mi hogar y ahora que regresó pero no quería quedarse solo era un espacio vacío.

Subí al ascensor que llevaba directo a mi sala, no solía usarlo mucho pero a veces era útil, como ahora. Escuché un alboroto afuera, no quería ver a nadie pero no podía ignorar los golpes en la puerta como si hubiera una pelea. Al abrir me encontré con Marshall y Brenda discutiendo, él trataba de contenerla y ella se estremecía de una manera horrible. Marshall se distrajo al verme y ella se liberó. Trató de empujarme para entrar pero no se lo permití, ella no entraría al lugar que compartía con mi familia, porque aunque fuera difícil de admitir, Marshall era la única familia que tenía.

— Déjame pasar, debemos hablar.

— ¿Cómo te atreves, Brenda? — pregunté casi escupiéndola. La ira me cegaba.

— ¿Cómo te atreves a venir a mi casa y pedir entrar como si tuvieras el derecho de siquiera dirigirme la palabra?

— ¿Qué está sucediendo? — preguntó Marshall pero no tenía tiempo para él ahora.

— Jack, por favor solo quiero que me…

— ¡Ni siquiera intentes terminar esa frase! No hay perdón, Brenda. No hay perdón para lo que me hiciste. — Mi voz subía una octava con cada frase. — Durante años te di todo lo que me pediste, te di mi amor. Me entregué a ti en cuerpo y alma, cada maldito pensamiento era para ti y cuando creí que no podía estar más enamorado decidí dar el gran paso. ¡Vivimos juntos durante cuatro años! Te propuse matrimonio y ni siquiera en ese momento tuviste la decencia de decirme que eras una jodida prostituta y que me estaba arriesgando a contraer una maldita ETS. En lugar de enfrentarme simplemente usaste una excusa estúpida que nadie usaría y me dejaste.

Marshall se alejó un poco asustado, no sé qué tan loco me veía pero mi respiración agitada me daba una idea.

— Y no contenta con acabar con mi vida regresaste y decidiste acabar con la vida de una chica que nunca te hizo nada. — continué.

— ¡Ella me quito a mi hombre! — lloriqueó. Suficiente. La tome del cuello sin lastimarla aunque me costaba contenerme. — ¡No soy tuyo, maldita sea! Nunca lo fui y no quiero serlo. Solo quiero que te vayas y desaparezcas de mi vida de una puta vez por todas, aunque tu recuerdo se quede, tú estarás muy lejos.

— Mi vida, yo soy la única que puede darte lo que necesitas. — dijo usando la voz del día en que la conocí. Desató la correa de la gabardina que llevaba y la dejo caer al suelo, quedándose solo en unas pantis azul reí de encaje, nada más. La solté y me alejé un poco.

— Marshall, eres testigo de que esta mujer vino a mi casa a hostigarme y además de eso a acosarme sexualmente. Por favor toma las grabaciones de seguridad del edificio, especialmente la de este pasillo y pon una demanda por acoso de todo tipo. — le dije con severidad, evitando verla. Cerré la puerta justo cuando ella intentó abalanzarse sobre mí. Esto no podía estar pasando. Mi vida era una mierda y parecía que una cosa era peor que la otra.