Final (parte I)
❤️ Te Amo (final)
4 el amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
6 no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad.
7 todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
1 Corintios 13
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Paloma se acercó a Laura aprovechando que ella quedó sola. Se acercó con sigilo y sacó un pañuelo de su mochila.
—¡Ojos Melosos! —Kevin la llamó de repente y Laura fue a su encuentro. Estaban afuera de la institución y ya era de noche. Paloma llevó el pañuelo de vuelta a su bolso y maldijo en sus adentros. Se quedó mirando a Laura y a Kevin con melancolía. Quería lo que ella tenía, quería esa mirada verde llena de amor, esa sonrisa tierna y esos besos que se veían tan deliciosos. Lo quería a él. Laura se subió al carro de Kevin y ellos se marcharon.
Paloma entró a su habitación y sacó el álbum de fotos. Tomó una de ellas donde Kevin mostraba una gran sonrisa, la besó con locura y luego la puso sobre su pecho.
—Pronto estaremos juntos, mi amor —dicho esto, abrazó la fotografía y se quedó dormida.
Paloma se levantó temprano y se dio un baño, abrió su clóset para buscar un vestido y miró el cadáver ensangrentado de su padre.
—Buenos días, papá —dijo con sarcasmo y rebuscó entre la ropa un vestido que no tuviera sangre. Sonrió al encontrar uno completamente limpio y adecuado para la ocasión. Estaba feliz porque cantaría junto a Kevin en la actividad y también, porque por fin se iba a deshacer de Laura.
***
—Todo esto se ve muy bien, Jimena. —César miraba los alrededores con admiración. Él y ella se habían vuelto más cercanos y hasta habían salido varias veces como amigos. Era obvio que a él le gustaba Jimena, pero aún no le había declarado sus sentimientos. Pablo los observaba de lejos con tristeza, miró a otro lado tratando de entretenerse con otra cosa. Ya Jimena había tomado una decisión y él también. Por tal razón, solo le quedaba sufrir en silencio hasta que ya no le afectara.
La actividad estaba siendo un éxito. Todos los invitados habían asistido y el lugar estaba repleto de personas. Kevin estaba cantando su última canción junto a Kenia, pues Paloma se había ido a tomar una bebida para recuperar el aliento, puesto que cantó toda la mañana y estaba exhausta. Laura se comió un pedazo de salmón que le había llamado la atención, sin embargo, le dio náuseas, así que corrió al baño. Había una gran fila en todos los baños disponibles. Laura empezó a desesperarse, pues temía vomitarse encima, además de que también se estaba orinando.
—Vamos, Laura. —Paloma la jaló por el brazo y se la llevó a rastras.
—¿A dónde vamos? —preguntó confundida.
—Al baño que está en el gimnasio. Está vacío.
Laura la siguió y el alivio vino a ella cuando se sentó en el inodoro. Las náuseas se le habían pasado y no vomitó como creyó que haría.
Al terminar, se dirigió al lavamanos. Mientras se lavaba las manos, Laura percibió a alguien detrás de ella, miró al espejo por inercia y casi da un respingo al ver el rostro de Paloma reflejado en el espejo. Un escalofrío extraño la recorrió al percatarse de esa espeluznante sonrisa, entonces sintió un impactante dolor en su cráneo y la oscuridad la envolvió por completo.
***
Dos días antes...
—¿Está seguro de lo que dice, Ramírez? —El policía miró al detective entre intrigado y dudoso.
—Sí. Fui a todos los cafés que el chico me indicó y observé detenidamente los videos de seguridad de la galería y el apartamento. El dueño de uno de los cafés es mi amigo y él me enseñó el video de seguridad del día que el muchacho me había indicado. La señorita Goodman visitó el ciber ese día y duró una hora frente al computador. Solo me faltan los demás Cibercafés para confirmar que ella estuvo en los tres lugares. Pero con el análisis y la comparación que hice sobre la complexión física de las dos chicas y la de la acosadora encapuchada, la de la capucha es más similar a la señorita Goodman que a la chica Mars. También, la señorita Mars pudo comprobar donde estaba en el momento en que dejaron las notas en el apartamento y la galería. Otro punto es que, Jessica Mars no estaba yendo a la galería en el tiempo de los acosos, la señorita Goodman, sí. También, el mismo Kevin Mars me enseñó los mensajes que ella le enviaba y buscando información sobre la sospechosa, una de sus amigas reconoció al señor Mars como novio de la joven, puesto que la señorita Goodman les hizo creer que era su prometido y que se iban a casar cuando él regresara de viaje.
El policía lo miró atento. Ramírez era un buen detective que una vez fue policía, pero decidió dedicarse a la investigación y no podía negar que le era muy útil en los casos que le tocaban cuando él le pedía una mano.
—¿Sabe lo interesante de esta historia? —El detective preguntó alardeando—. Que investigando al señor Goodman me encontré con que vino de un pequeño campo donde vivieron unos meses. Después de una extraña muerte de una pareja de novios, ellos vinieron a vivir aquí dos años atrás. La señorita Goodman estuvo asistiendo a un centro psiquiátrico, pero un año atrás dejó el tratamiento.
Ante este descubrimiento, el policía logró obtener una orden para revisar los videos de seguridad de los Cibercafés restantes. Él también había solicitado una orden de allanamiento para la casa del señor Goodman.
La orden de allanamiento salió el día de la actividad. Ellos irrumpieron en la casa, pero no encontraron ni siquiera a los sirvientes allí, puesto que Paloma les había dado varios días libres la misma noche que asesinó a su padre.
Ellos empezaron a registrar el lugar. El policía y el detective entraron a la habitación de paloma donde encontraron la laptop destruida. El olor a sangre les inundó las fosas nasales y ellos buscaron en toda la habitación. Abrieron el clóset y casi gritan del espanto al encontrar al señor Goodman muerto allí dentro.
***
—¿Has visto a Laura? —Kevin le preguntó a Jimena, quien estaba sumida en una amena conversación con César.
—No… —pensó por unos segundos—. Creo que la vi en el buffet, pero hace como una hora de eso —contestó.
—Ese fue el primer lugar adonde fui a buscarla. Con lo tragona que está, creí que estaría acabando con todo el buffet, pero no está allí. Seguiré buscando, entonces. —Sonrió y se marchó.
Kevin buscó a Laura en toda la instalación, mas no la encontró. Llamó a su celular, pero sonaba hasta que contestaba el buzón de voz. Empezó a desesperarse.
—Papá, tíos... —Su voz era temblorosa—. No encuentro a Laura en ningún lugar y no responde mis llamadas. No sé qué hacer, tengo un mal presentimiento. —Apretó su cabello.
—Cálmate, Kevin. —Cristian palmó su hombro—. Debe estar por ahí, hay muchas personas y ruido. Tal vez no escucha el celular.
—La he buscado por todos lados, papá. Nadie la ha visto... —En ese momento Kevin recibió una llamada. Cristian y sus tíos se preocuparon al ver su reacción. Kevin dejó caer el teléfono y empezó a temblar, apretó su cabello de la impotencia y sintió un leve mareo, su corazón latía con violencia y su respiración era un caos.
—¡Kevin! ¿Estás bien? —Cristian tomó su rostro con sus dos manos y lo observó cómo buscando respuestas. Sintió la calidez de las lágrimas de su hijo mojarlas.
—No puede ser... —Sus palabras salían temblorosas—. Soy un idiota. ¡Dios mío! Ojos Melosos... Debo encontrar a esa maldita loca. Si ella toca a mi esposa —profirió entre sollozos—, yo la mato con mis propias manos.
Todos lo miraron desconcertados y asombrados. Cristian recogió el celular y buscó la última llamada. La devolvió y el policía encargado del caso contestó. Por otro lado, Kevin corrió desesperado y Paulo lo siguió mientras que Cristian hablaba con el policía. La sangre se le heló al escuchar aquella información, miró a Genaro con temor y caminó de un lado a otro. La buena noticia es que Jessica era inocente, la mala noticia es que la acosadora era una asesina peligrosa y posiblemente, Laura estaba en sus manos. Cristian y Genaro se dividieron para ir informando a la familia. Jimena agradeció el apoyo a los invitados y los despidió y, aunque trataba de disimular, sus nervios eran muy visibles. Una hora después el lugar quedó vacío y ellos se reunieron en la recepción.
—No sé dónde más buscar. —Kevin sonaba desesperado.
—Es posible que ella se la haya llevado de aquí. —Cristian comentó.
—Creo que debemos esperar a la policía. —Genaro exhortó—. Ellos sabrán qué hacer.
Kevin miró el bolso de Laura con tristeza. Lo habían encontrado en el baño del gimnasio, tal vez no debieron moverlo de allí, ya que era obvio que allá sucedió todo. No pudo evitar las lágrimas. Trataba de ahuyentar los malos pensamientos, pero era difícil. ¡Tenía tanto miedo! La policía llegó y empezaron a rebuscar todo el lugar y a tomar declaraciones. Kevin decidió salir de allí o se volvería loco.
—Ojos melosos, mi amor. —Las lágrimas mojaban su rostro pálido y angustiado. Empezó a caminar por el amplio patio sin rumbo fijo. Quería pensar, analizar el asunto. Paloma era muy buena actriz y muy inteligente, pero en algo debió fallar. Buscaba algún recuerdo que le diera alguna pista. Se paró en seco cerca de la puerta trasera del gimnasio. Era una salida estrecha que llevaba a un conjunto de árboles que cubrían el lugar. Entonces, algo llamó su atención. Era una pulsera que él le había regalado a Laura en su cumpleaños. A ella le gustó tanto que casi siempre la llevaba puesta. Él la recogió y empezó a llorar.
—Laura, resiste, mi amor. —Acarició la pulsera—. Iré por ti. —Su mirada era fría y escalofriante. Caminó entre los árboles y la oscuridad lo arropó. Sus pasos eran torpes y algunas ramas lo golpeaban. Tomó su celular que estaba sonando y contestó. Su padre lo estaba llamando porque él desapareció de repente, pudo percibir la preocupación en su voz. Kevin le explicó lo que encontró y donde estaba. Cerró la llamada antes de que su padre le recriminara por su imprudencia y encendió la linterna del aparato. Caminó por unos quince minutos y la desesperación lo estaba volviendo loco.
—¡Kevin, viniste por mí! —Paloma apareció de repente y lo abrazó. Kevin sintió como la ira recorrió sus venas. La separó de él con brusquedad y empezó a removerla por los hombros.
—¡¿Dónde está mi esposa?! —interpeló con ganas de matarla.
—Estoy aquí, amor. —Ella respondió con descaro. Kevin respiró varias veces. Tenía que controlarse para no perder la cordura y cometer una locura. Tenía que encontrar a Laura.
—¡Déjate de juegos, Paloma! Dime dónde está Laura, por favor.
—¿Laura? ¿Cómo te atreves a preguntar por otra mujer? Estoy aquí, mi amor. Ya nada nos podrá separar.
—¡DÓNDE ESTÁ LAURA! —Kevin se desesperó. Paloma empezó a llorar y acarició su mejilla.
—¿Cómo te atreves a hablarme así? Yo te amo, Kevin. —Paloma trató de besarlo y abrazarlo, pero Kevin la tiró al suelo.
—¡Laura! ¡Dónde estás mi amor! —gritaba desesperado.
Una hora antes...
Laura despertó amarrada a un árbol con un trapo en la boca. Estaba oscuro y hacía frío. Miró a su alrededor y se encontraba sola. Trató de soltarse, pero era inútil. La desesperación la abordó y empezó a llorar. Estaba muy confundida. Recordó el evento del baño y empezó a temblar del miedo. El cuerpo y la cabeza le dolían y se sentía mareada y hambrienta. Debió estar amarrada allí por horas, puesto que había perdido el conocimiento en la tarde. Sus vellos se erizaron cuando vio a Paloma venir a ella con una mochila.
—Disculpa que te haya dejado sola, pero salí a comprar algunas cosas que me serán útiles para tu tortura. Te voy a matar lentamente y luego me casaré con Kevin. —Laura empezó a temblar y las lágrimas salían como torrentes. Temía más por su hijo que por ella. Tenía que buscar la forma de salir de allí ilesa.
Paloma sacó una navaja y se acercó a Laura, quien no dejó de temblar y el miedo aumentó. Entonces, empezó a sajar su brazo con lentitud. Laura sollozó del dolor y a mordió el trapo que ella le había puesto en la boca. Se removió con fuerza y la soga se expandió, dándole más libertad. Paloma siguió pasando la navaja sobre su piel con una sonrisa retorcida y una calma inquietante, entonces Laura golpeó su frente con la de ella como Jimena le había enseñado. Paloma cayó sentada y mareada. Por su parte, Laura sintió que la cabeza le explotaría, pero el poder de la sobrevivencia fue mayor que su dolor o mareo y ella tomó la navaja que Paloma dejó caer y cortó la cuerda.
—¡Maldita! —Paloma gritó y la golpeó en la cara cuando ambas se pusieron de pies. Laura le dio una patada en el estómago y la loca cayó de rodillas. Luego la golpeó en el rostro y salió corriendo. Agradecía a las pocas prácticas que tomó con su prima. Ella siempre le insistía para que tomara las clases, mas Laura la evadía. Si salía viva de allí, sería su alumna más fiel y aplicada.
Laura corría sin rumbo y la oscuridad le hacía estragos. Vio unos arbustos y se escondió allí abrazada a sus piernas.
—Laura... —La voz de Paloma le erizaba la piel—. ¿Dónde estás, Laurita? Laura... —Su voz era escalofriante. Paloma caminó cerca de unos arbustos, se detuvo y sonrió.
***
—¡¡Laura!! —Kevin la llamaba con desesperación. Sentía que se volvería loco.
—¡Deja de llamarla! —Paloma empezó a sacudirlo con violencia—. ¡Ella ya no está, Laura dejó de existir!
Kevin se puso frío ante aquella confesión, se volteó lentamente y le dio una cachetada a Paloma que la hizo caer al piso. Él la levantó por el cuello y la miró con ojos asesinos. Un hilo de sangre salió de la nariz de la chica y ella empezó a reír.
—Desgraciada, si le hiciste algo... —Le apretó el cuello. Paloma rio con más intensidad.
—La muerte de ella fue dolorosa, de la misma manera como me dolía verlos juntos. Ya ella no está, mi amor. Ya podemos estar juntos.
Kevin empezó a llorar y apretó más sus manos. ¡Iba a matarla! Paloma empezó a respirar con dificultad y su rostro se puso morado, pero ella seguía riendo.
—¡Kevin, suéltala! —Cristian gritó. Todos corrieron hacia ellos. Kevin miró a Paloma con desconcierto. Verla sufrir le daba cierto placer, entonces notó como una lágrima corrió por la mejilla de ella. Se estaba muriendo, él le estaba quitando la vida a una persona. La soltó espantado y se arrodilló, luego dejó salir un gran llanto. Paloma empezó a toser y salió corriendo, pero Gabriel corrió tras ella junto a la policía y Cristian abrazó a Kevin quien no paraba de llorar.
—¡Ella la mató, papá! —Se soltó de los brazos de su padre y empezó a buscar como loco. No podía aceptarlo, su esposa y su hijo no estaban muertos. Él la vio vestirse contenta en la mañana. Estaba muy feliz por la dichosa actividad. La observó devorar la nevera y bailar al ritmo de la música que escuchaba en su iPad. La vio reír a carcajadas con la señora de servicio. Observó sus ojos llenos de felicidad al verlo cantar sobre la tarima, ese brillo especial en sus orbes miel al fotografiar cada detalle de la actividad. La vio acariciar su barriguita y suspirar. Ella estaba llena de vida y se veía hermosa. No, ella no estaba muerta, su amor de verano no podía dejarlo. Corrió desesperado mientras gritaba su nombre entre sollozos y lágrimas.
Mientras buscaba con desesperación, los recuerdos con su amada inundaban su mente como si de un video se tratara. Recordó su primer beso en aquella choza vieja y el desconcierto en los ojos de ella. No habían cruzado palabras y él la estaba besando. Recordó que duró varios meses con la sensación de aquel delicioso beso en sus labios. Su corazón palpitó como loco cuando volvió a verla. Ya no era una niña y estaba más hermosa de lo que la recordaba. Recordó esa bella amistad que surgió entre ellos y como se enamoró de ella poco a poco. Recordó cuando le pidió matrimonio y como sus ojos brillaron antes de darle el sí. Recordó su primera noche juntos y lo maravilloso que fue entregarse a ella. Nunca había estado con una mujer y ambos eran inexpertos. Aprendieron juntos el arte del amor y cada día descubrían algo nuevo y placentero. La amaba y no estaba listo para dejarla ir.
Paloma se abrazó a Kevin, quien la tiró al suelo con brusquedad. Ella tomó la navaja y lo atacó por detrás, sin embargo, Gabriel notó lo que pretendía y la jaló por el cabello. No obstante, él resbaló y ella le clavó la navaja en el pecho. Iba a seguir enterrando la afilada arma cuando un disparo la paró en seco, como si nada hubiera pasado, iba a arremeter de nuevo contra Gabriel, pero otro disparo la hizo soltar el arma y caer muerta sobre las hojas secas.
—¡Aquí está! —El detective gritó y Kevin lo miró con temor. No sabía si debía estar triste o feliz. Por lo menos mientras la buscaban, aguardaba la esperanza de que estuviera viva; pero ver la realidad era demasiado difícil y no quería. Corrió fuera de allí como un cobarde.
—¡Llamen una ambulancia! —Fue lo último que escuchó antes de perder el conocimiento. No sabía si lo decían por Gabriel, por Laura o por él.