Te amo 27
—Otra vez fallamos. —Jessica se lamentó. Ella y Ángel estaban sentados en la sala de la casa.
—Parece que Paloma notó que la seguíamos. Jess, es mejor dejar de jugar a los espías y decirle a tu primo. Ya han pasado varias semanas y ningunos de nuestros planes han resultado. No sabemos cuál es la intención de Paloma al tener esas fotografías.
—Tienes razón. —Jessica suspiró—. Hoy mismo desenmascaramos a esa loca.
***
—Hola, Jimena. —Un hombre vestido de ejecutivo la saludó con fervor. Era uno de los socios de la empresa que ella conoció mientras estuvo trabajando allí. Él siempre la trató con mucha amabilidad y desde que se enteró de la institución, empezó a apoyarla. Él era delgado y de cabello castaño oscuro peinado siempre hacia atrás; de ojos marrones y estatura media. Rondaba los treinta y tantos y era muy centrado y maduro.
—Hola, César —lo saludó con efusividad.
—Me preguntaba... —la abordó con nerviosismo—. ¿Te gustaría cenar conmigo esta noche? Es que tenemos mucho que no conversamos. ¿Qué dices?
Jimena lo pensó un rato. César era un hombre agradable con quien ella siempre se sintió cómoda. Ya ella había dejado su extraña relación con Bruno al entender que lo hacía por venganza. Decidió no querer llevarse el mundo por delante y estarse quieta. Tal vez algún día conocería a un buen hombre, tal vez no. Pero, su preocupación era crecer como persona y ser una buena madre, disfrutar de la compañía de su familia y de sus amigos. No podía negar que amaba a Pablo, mas no se sentía lista para estar con él. Quería dejar de amarlo como hombre y verlo como amigo.
—Cuenta conmigo. —Jimena sonrió y él le devolvió la sonrisa.
***
Jessica fue a la galería a contarle todo a Kevin.
—¡Jessica! —Paloma la abrazó de repente. Esta se apartó de ella y la miró con sospecha, entonces, Paloma ondeó sus manos y mostró su perfecta sonrisa, antes de dirigirse a la oficina de Kevin.
—Kevin, necesito hablar contigo. —Jessica dijo desde que entró a la oficina. Paloma estaba parada allí y ella la miró de forma acusatoria.
—Me gusta tu bolso. —Paloma se acercó a la pequeña mochila de Jessica y la jaló. De un bolsillo de ésta salió algo. Kevin miró al piso donde cayó el dispositivo y lo tomó.
—Se te cayó esto, Jess —dijo observando el aparato que estaba envuelto en un papel, pegado con cinta pegante.
Jessica lo tomó y lo miró dudosa. Paloma se lo arrebató y lo examinó con curiosidad.
—¡Dámelo, Paloma! —Jessica ordenó perdiendo la paciencia. No toleraba a esa loca atrevida.
—¿Qué es esto, Jessica? —preguntó desenvolviendo el papel que cubría el dispositivo—. ¡Por Dios! ¡¿Qué es esto?! —exclamó aterrada. Jessica la miró con confusión. Paloma entregó el papel a Kevin, quien lo arrugó con ira al leer su contenido.
—Entonces, todo este tiempo fuiste tú. —La miró de forma acusatoria—. Lo imaginé, pero no sabía cómo probarlo.
—¿De qué hablas, Kevin? —Jessica preguntó confundida.
—¿De qué hablo? ¿Te vas a hacer la tonta ahora? —La confrontó fulminante y le enseñó el papel. Jessica empezó a temblar al percatarse de qué se trataba. Estaba hecho con letras de revistas y era una amenaza a Laura. Decía que el contenido de la memoria se haría viral.
—Kevin... debes creerme... —Jessica temblaba entre lágrimas—. Yo no hice esto, no sé cómo llegó eso a mi bolso, pero te juro que no es mío.
—¡Eres una mentirosa! Estoy harto de ti y de tus juegos, Jess. Ahora mismo voy a llamar a tus padres.
—Kevin, yo no soy la acosadora. —Miró a Paloma con rabia—. ¡Fue ella! Kevin, Paloma es la acosadora. Vine a decírtelo. Ángel y yo decidimos desenmascararla porque él la descubrió con unas fotografías de Laura y tu amigo. Queríamos quitarle la memoria y colectar pruebas, pero Ángel es un tonto que no supo hacer las cosas y todo salió mal. Debes creerme, Kevin. Ya yo no estoy obsesionada contigo, incluso Ángel y yo somos novios, te lo juro Kevin —dijo entre sollozos. Se arrepentía de dejar todo en manos de su novio quien no supo lidiar con la situación. Debió por lo menos fotografiar a Paloma mientras hacía de las suyas. Kevin meneó la cabeza mientras reía con ironía. Le dolía aceptar que su prima tenía problemas, a tal punto de involucrar a otras personas para hacer daño. Paloma empezó a llorar ofendida.
—Kevin, yo siempre fui sincera con mis sentimientos por ti. —Paloma se defendió de la acusación—. Desde el principio te dije que me gustabas y hablamos sobre ello y quedamos bien. No te voy a negar que aún me atraes, mas he tratado de verte como a un amigo, en especial, uno que necesito para ser mejor artista. Nunca he ofendido a nadie ni he tenido problemas en este lugar. Sé que a veces me he pasado mandándote mensajes y llamándote, pero es que me siento muy sola y me gusta hablar contigo, pues me inspiras confianza. Yo jamás haría tal cosa que dice tu prima.
—Lo sé, Paloma. —Kevin contestó conmovido—. Sé que no harías algo así. De todas formas, esto —dijo levantando el papel— estaba en tu bolso, no en el de Paloma —se dirigió a su prima—. ¿Cuál era tu plan Jessica? ¿Venir aquí y saludarme con tu carita limpia y luego ir a dejarle esto a Laura? ¿Sabes que ella está embarazada y no puede alterarse? ¿Estas consciente de lo peligroso que puede ser tu juego? Si algo le sucede a Laura o a mi hijo, jamás Jessica, jamás te lo perdonaría y te lo haría pagar con creces. Lo siento, prima, pero esta vez no saldrás ilesa de esto.
—¿Vas a creerle a ella? —Jessica cuestionó entre lágrimas, el pecho le dolía y su respiración estaba agitada—. Yo soy tu prima. Sí, hice cosas malas, pero nunca llegaría a este extremo. Yo me arrepentí de mi comportamiento cuando vi las consecuencias de mis actos, por eso acepté las terapias y alejarme de ti. Ya yo no te veo como antes. Ya reconocí que no estaba enamorada de ti y ahora me gusta otro chico. Tienes que creerme, Kevin. La acosadora no soy yo, te lo juro, primo.
Kevin la miró con lágrimas en los ojos, sus palabras lo conmovían, sin embargo, no podía caer en su manipulación otra vez. Debía ponerle un alto a su prima por más doloroso que fuera. Llamó a la policía y a los padres de Jessica. Paloma se retiró, después de que Kevin se disculpase con ella. Jessica miraba a Kevin con gran tristeza y decepción. Estaba resentida porque él no creyó en ella.
Cuando Ángel se enteró de que Jessica fue llevada a la comisaría para ser investigada, fue a contarle todo a Kevin, pero el muy tonto no recolectó pruebas y los nervios lo hicieron embarrar más el asunto. Entonces ellos creyeron que él era cómplice de Jessica y a ambos lo tenían bajo investigación, ya que la única prueba que tenían hasta el momento, era la memoria con las fotografías y el papel.
Kevin le contó a Laura que descubrieron a Jessica, pero omitió la parte de que había otra posible memoria que aún no encontraban y que Jessica y Ángel negaban tenerla. Revisaron ambas habitaciones y sus aparatos electrónicos, pero no había rastro de nada. Entonces, los policías empezaron a sospechar. Mientras estuvieran en el proceso de la investigación, Jessica y Ángel estarían bajo prisión en una comisaría. Un detective habló con Ángel sobre su declaración y le creyó, entonces empezó a vigilar a Paloma, quien tomó más precauciones y ya no iba a los Cibercafés.
Un mes después…
—Gracias, Matt. ¡Estoy tan feliz! —Claudia celebraba con emoción.
—Y yo estoy muy orgulloso de ti. —Acarició su mejilla.
Claudia empezó a diseñar su propia marca junto a Lisa, quien estaba terminando su carrera. Semanas antes habían abierto una tienda en línea con asesoría de belleza y cómo vestir de acuerdo a los diferentes tipos de figura, que estaba teniendo mucho éxito. Matt las ayudó con el registro y los asuntos legales. Estaban pensando en poner una tienda física con empleados, pero sería después de que su tienda en línea se hiciera famosa. Claudia decidió ir a terapia para superar todos sus traumas, en terapia descubrió muchas cosas de ella que ignoraba y cada día se veía más feliz y tranquila. Solo esperaba que cuando se casara pudiera tener relaciones sexuales con Matt sin problemas.
—Te amo tanto, reinita. —Acarició su mejilla con ternura. Ella estaba recostada sobre su pecho mientras veían una película.
—Yo también te amo, grandulón. —Besó sus labios con fervor. Matt acarició su cintura y fue bajando por su muslo. Claudia lo besaba con deseo y fervor, su respiración estaba agitada y sentía como su cuerpo reaccionaba ante él. Dejó salir dos lágrimas que rodaron por sus mejillas. Matt se espantó al ver su rostro mojado y se apartó de ella sintiéndose culpable.
—Lo siento, perdón —pronunció tembloroso mientras se sentaba en la cama. Claudia se sentó a su lado y acarició su hombro.
—¿Por qué te disculpas? Sé que nos pasamos a veces con las caricias y mi tía me dijo que hasta que no me case no haga nada de esas cosas contigo. —Se encogió de hombros—. Pero, yo te he provocado, no tienes que sentirte culpable.
—No es eso, Clau. —La miró con tristeza—. Vi tus lágrimas, me siento mal por provocarte temor, debería esperar y no hacerte sentir incómoda.
—Mi amor —lo abordó divertida—, no eran lágrimas de miedo. Eran lágrimas de felicidad y de logro porque mi cuerpo está reaccionando a tus caricias, porque quiero más de ti.
Matt la miró con unos ojitos de felicidad que la conmovió. Ella lo abrazó con fuerza y llenó su rostro de besos.
***
Gabriel trabajaba sin descanso en la institución dejando a todos sorprendidos, pero se veía demacrado y triste. Laura hablaba un poco con él cuando iba a la institución. Ya ella había retomado todas sus actividades y salía sola, puesto que ellos creían que la acosadora había sido atrapada. Pese a que ella mediaba palabras con él, mantenía su distancia, pues, no lo podía ver como un padre. Cada día que iba a la institución lo notaba peor. Todos sospechaban que guardaba un secreto y estaban atentos a su comportamiento.
***
Ariadna se sumió en una depresión tan fuerte que intentó suicidarse varias veces. Entonces, se la pasaba medicada la mayoría del tiempo y sufriendo las burlas de las demás presidiarias, quienes la llamaban loca, bestia y doble cara. Ya estaba acostumbrada al maltrato físico y verbal de sus compañeras de prisión. Estaba sola en el mundo y nadie la visitaba. Así que cuando escuchó que tenía visitas se sorprendió mucho.
—¿Qué hacen aquí? ¿Vinieron a burlarse de mí? O a deleitarse al verme sufrir. —Su mirada era de odio y sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—No, Ariadna. Vinimos a perdonarte y a ayudarte. —Pablo contestó viéndola con lástima, ya que ella no era ni la cuarta parte de la mujer que recordaba.
—Yo no necesito ni su ayuda ni su estúpido perdón —espetó con rabia.
—No seas orgullosa. —Jimena replicó—. Queremos ayudarte.
—¡¡Pues yo no quiero su ayuda!! —gritó a gran voz y pidió ser regresada a su celda. Pablo abrazó a Jimena, quien empezó a llorar. Ellos insistieron varias veces, pero ella se negó a recibirlos. Entonces, Pablo convenció a Jimena para que desistiera. Simplemente, hay personas que no son valientes para aceptar que necesitan ayuda y buscar cambiar y ser mejores seres humanos.
—Jimena... —Pablo la miró directo a los ojos con nerviosismo. Lo había decidido, abriría su corazón a ella y daría su última pelea. Si ella no lo aceptaba, entonces, era tiempo de olvidarla y empezar desde cero.
Jimena lo confrontó nerviosa, sospechando lo que él le diría.
—Sé que te fallé y fui un mal esposo. Te traté muy mal y te humillé. Tal vez, es mucho atrevimiento de mi parte esperar algo de ti, pero estoy arrepentido de mi estupidez y mal comportamiento. La embarré contigo de todas las formas posibles. Para mí eres la persona más especial que he conocido. Una mujer fuerte que ha luchado y vencido. Una mujer de buenos sentimientos que ha enmendado todos los errores del pasado. Te amo como nunca podré amar a alguien más. Te amo y quiero estar contigo, si tú así lo quieres. Dame una oportunidad de demostrártelo. Te prometo que esta vez será diferente, cásate conmigo Jimena. Se mi esposa y sigue dándome hijos preciosos como Adrián. Seamos una familia, Jimena. —Sus ojos se llenaron de lágrimas al decir esas palabras. Jimena lo miró con frialdad y eso lo puso más nervioso.
—Lo siento, Pablo. Pero no volveré a cometer el mismo error que antes. Haz tu vida, búscate a otra mujer y sé un buen esposo con ella —dicho esto se marchó con indiferencia. Pablo se quedó quieto un rato, asimilando las palabras de Jimena. Sintió un dolor en el pecho indescriptible. Las lágrimas empezaron a salir sin permiso y su mente quedó en blanco.
—Supongo que me lo merezco. —Sonrió con ironía y se marchó. Ya no había marcha atrás, había perdido al amor de su vida para siempre.
***
La institución estaba creciendo y cada día se agregaban más miembros y colaboradores. Estaban preparando una actividad donde cada grupo haría una presentación de las actividades que hacían. Paloma se ofreció para cantar junto a Kevin, Kenia y sus alumnas. Por otro lado, Bruno y su equipo prepararon varias coreografías y Pablo y Jimena darían una presentación de artes marciales. Claudia y Lisa construyeron una pasarela donde diferentes mujeres modelarían diseños de acuerdo a su complexión física. Alan, el novio de Lisa, ayudó con los bocadillos y los demás eran encargados de asistir a los invitados.
—¡Estoy tan emocionada! —Claudia gritó eufórica.
—Sí, será nuestra primera actividad. Estoy muy agradecida por el apoyo que he recibido de todos ustedes. —Jimena miró a las chicas con ternura.
—Bueno, sigamos, mañana es la actividad y todavía faltan muchas cosas. —Cecilia las apresuró.
—Chicas, necesito irme. —Paloma se paró de su asiento—. Es que mi laptop se descompuso y necesito comprar una nueva porque voy ensayar un poco hoy y mañana temprano, antes de la presentación. —Jimena asintió y después de despedirse, Paloma salió. Laura la observaba con sospecha, había algo en su mirada y esa sonrisa falsa que le daba escalofríos.
Paloma regresó a su casa con su nuevo computador. Entró a su habitación y la encendió. En la tienda le habían hecho todas las instalaciones a lugar, así que abrió la página con perfil falso; hecho esto, tomó la memoria USB y la conectó a la laptop. Sacó su álbum de fotos y empezó a acariciar el rostro de Kevin.
—Mi amor, pronto tu esposa será la comidilla de las personas, tú estarás decepcionado de ella y todos sabrán lo perra que es. Luego voy a liberarte. Ella dejará de existir junto con ese parásito que tiene en el vientre. ¿Cómo se atreve a quedar embarazada de ti? Solo yo tengo ese derecho, amado mío.
Paloma tomó la foto donde posaban Kevin y Laura y la partió por la mitad. Tomó la parte de Laura y empezó a romperla.
—Morirás, maldita. Entonces, Kevin y yo estaremos juntos para siempre.
Paloma abrió el archivo y observó las fotografías un rato. Se dirigió a la página para cargar las imágenes y hacerlas viral.
—Paloma, ¿cómo te atreviste a faltar al ensayo del teatro? —Su padre entró a su habitación de repente. Paloma saltó del susto cuando este abrió los ojos de la impresión. Se acercó al computador y Paloma lo cerró de repente. Él la empujó con violencia y abrió el aparato.
—¡Maldita loca! ¡No otra vez, Paloma! —Su voz era temblorosa y sudores fríos corrían por su cuerpo. Estaba cansado de lo mismo. Ya no quería huir más ni cambiarse el nombre por culpa de las locuras de su hija.
—¡Dámela, papá! —Trató de quitársela, pero él la volvió a empujar con violencia.
El señor Goodman estrelló la laptop y empezó a pisotearla hasta que quedó destrozada. Hizo lo mismo con la memoria. Las pisadas sobre el aparato eran fuertes y con brusquedad mientras emanaba todo tipo de maldiciones.
—¡Eres una desgracia en mi vida! ¡He tratado de que cambies y darte una vida honorable! Pero, tú no tienes solución, tendré que llevarte al loquero.
—¡Ya basta! —Paloma tapó sus oídos con desesperación mientras agitaba su cabeza con violencia. Su padre seguía descargando la ira contra el aparato—. ¡¡YA BASTAAAA!! —gritó desesperada y salió de la habitación corriendo.
Fue al dormitorio de su padre y buscó un bate de hierro que él guardaba allí. Regresó con el bate en la mano para confrontar a su padre que seguía destruyendo el computador con desesperación, como si haciendo eso arreglara su vida, como si destruyendo ese aparato acabara con el infierno que le había tocado vivir.
—¡¡Bastaaaaa!! —Paloma gritó y le pegó en la cabeza. El señor Goodman cayó al piso al instante. Ella siguió pegándole con ira mientras la sangre la salpicaba.
—¡¿Cómo te atreviste?! —reprochaba al mismo tiempo en que le pegaba al cuerpo sin vida de su padre—. ¡Eso era para destruir a esa desgraciada!
Paloma escondió el cadáver en el clóset y limpió la sangre de su habitación. Se dio un baño y se vistió como si nada hubiera pasado. Se sentía libre, ya podía hacer lo que quisiera sin que él la esclavizara a su voluntad. Ya no podía hacer viral las fotografías porque su padre las destruyó, así que, iría directo al plan final. Tomó una mochila y salió de allí tarareando con alegría.