Final (parte II)

Kevin despertó en la camilla de un hospital. Miró a su alrededor y su padre se paró de la silla y se sentó a su lado.

—¿Por qué me siento tan débil? —Kevin preguntó atolondrado.

—Te pusieron un calmante. —Cristian contestó mientras palmaba su mano. De repente los recuerdos espantaron a Kevin y él se sentó mientras apretaba su sien con los dedos.

—Laura... ella... —Dos lágrimas rodaron por sus mejillas.

—Kevin, tienes que calmarte. —Cristian lo miró preocupado—. Es irónico, puesto que te suministraron un calmante —bromeó y Kevin lo miró con desconcierto. ¿Por qué tenía que calmarse? ¿Acaso recibiría una mala noticia? No...

—Quiero ver a mi esposa. Sin importar si está con vida o no, necesito verla —dijo entre lágrimas.

—La verás, Kevin. Pero debemos esperar al doctor.

—No, yo no voy a esperar a nadie —refutó levantándose de la Camilla.

—¡Kevin, espera! —Su padre gritó al verlo traspasar la puerta. Kevin corrió por todo el pasillo y abría todas las puertas de los cuartos como loco. Varias enfermeras lo rodearon y Paulo se acercó a él.

—No se preocupen, yo me encargo —les dijo a las enfermeras quienes estaban dispuesta a volver a drogar a Kevin.

Kevin se sostuvo de los hombros de su tío y lo miró con ruego.

—Quiero verla —pidió con expresión de angustia y Paulo asintió. Lo dirigió al final del pasillo y abrió la puerta del cuarto. Kevin entró con prisa y corrió hacia su esposa quien dormía sobre la cama de hospital. Se recostó de su pierna y empezó a llorar. Laura abrió los ojos y acarició su cabello. Tenía una venda en el brazo izquierdo y un suero inyectado en el derecho.

Kevin levantó el rostro y empezó a reír al encontrarse con esos hermosos ojos mirándolo fijamente.

—¡Mi amor! —Tomó su rostro entre sus dos manos y lo besó con fervor.

—Pues yo me oculté detrás de unos arbustos y como estaba muy oscuro, Paloma no me vio. Luego empecé a sentirme muy mareada y perdí el conocimiento. —Laura terminaba de contarle a su familia lo que sucedió. Todos la miraban aliviados y con tristeza a la vez. Había algo que ella debía saber y ellos estaban preocupados por su reacción.

Cuando Laura se mejoró e iba ser dada de alta, Clara fue la elegida para darle aquella noticia. Ella entró y se sentó sobre la cama y la miró con ternura.

—Laura, debes saber algo. —Clara la miró con temor—. Gabriel... Él defendió a Kevin de Paloma y ella lo hirió en el pecho y, aunque la herida fue muy profunda, ya está controlada. Pero... mientras lo trataban, descubrieron que él está enfermo. Él tiene cáncer terminal, Laura. Puede morir en cualquier momento.

Laura se quedó helada. Aunque no lo conocía bien y ella aún no lo veía como padre, él fue el hombre que la engendró. Laura salió corriendo del cuarto y entró a donde yacía su progenitor. Eso era lo que ocultaba. Por eso lo veía tan demacrado. Se sentó a su lado mientras las lágrimas cubrían su rostro. Él las secó y le sonrió.

—Lo siento, Laura. Siento no haber estado allí y tampoco el no poder recuperar el tiempo perdido. Hace un año me enteré de mi enfermedad y caí en depresión. Empecé a beber y a enviciarme con las apuestas. Perdí todo, incluyendo a la mujer que me daba la buena vida. Dormía en la calle y comía de los basureros. Entonces, decidí regresar a esta ciudad, puesto que tenía un tío aquí y él podía ayudarme. Cuando fui a su casa el me dio dinero para que no lo molestara más, pues yo no me porté muy bien con él que digamos. Entonces, empecé a vivir en moteles y a buscar trabajo, mas no encontraba nada. Se supone que debía llevar un tratamiento para alargar mi vida, sin embargo, no tenía ni un centavo. Entonces te conocí y me impresioné con tu parecido con Leonor. Luego descubrí que eras mi hija y busqué a Clara. Pero como soy un patán idiota, la abordé de la manera incorrecta y ella me rechazó. Al principio, creí que serías la solución a mi problema, pero ahora solo quiero que estés bien y que me perdones.

Laura lloró desconsolada y él la abrazó. Ella decidió pasar los últimos días compartiendo con él y cuidándolo; varias semanas después, él murió. Laura estaba muy triste, pero por lo menos, tuvo la satisfacción de conocer a su padre y perdonarlo, así como también perdonó a su madre por la forma en que fue concebida. Gabriel murió con una sonrisa cuando escuchó a Laura decirle papá.

***

Un mes después de la muerte de Gabriel...

—¿Una niña? —Pablo miró a Kevin con emoción.

—¡Sí! Laura y yo vamos a tener una princesita. Estoy muy feliz, la única hembra de los Mars es Jessica. Ya no será solo ella la mimada de la familia.

—Me alegro por ti, Kevin. —Pablo lo abrazó.

***

—Siempre sospeché que tenías algo que ver, arpía. —Matt reclamó a Gómez con rabia.

—Solo quería liberarte de esa loca, Matt. Esa tipeja era una amenaza para todos. Matt, por favor, debes creerme. Lo hice por ti, yo te amo.

Matt rio con ironía.

—¿Me amas? No, Gómez, tú te obsesionaste conmigo porque he sido el único hombre que no ha caído en tus redes y porque la escogí a ella y a ti te rechacé muchas veces. Dices que Claudia es una amenaza para la universidad, pero indagando descubrí que tú te acuestas con estudiantes.

Gómez fue echada de la universidad y se le quitó la licencia para enseñar, además de que tuvo que pagar una multa por daños y perjuicios.

***

—¿Me perdonas? —Kevin abrazaba a Jessica juguetón mientras dejaba varios besos sobre su mejilla.

—¡Me tienes harta, Kevin! —Jessica frunció el ceño y se cruzó de brazos recuperando su espacio personal—. Ya te he dicho mil veces que no tengo nada que perdonarte. ¿Vas a estar en ese plan de pedir perdón cada vez que me ves? ¡Qué fastidio!

—Sí, ya párale, primo. Hasta a mí me tienes harto. —Pablo se acercó a ellos—. Y deja tu zalamería con mi hermanita o su novio te va a romper la cara.

—Sí, Kevin. —Jessica secundó—. No sabes lo difícil que se pone con esos celos. Él todavía no supera que yo estuviera obsesionada contigo. No quiero más problemas con mi osito de peluche.

Kevin y Pablo estallaron de la risa.

—Estos moscosos no saben buscar un bendito nombre de pareja.

—No soy ninguna mocosa, idiota. Soy mayor de edad.

—Que tengas casi diecinueve no quiere decir que te gobiernes. —Pablo la miró amenazante—. Y que te aceptemos el noviecito ese no significa que te pases de lista y le abras las piernitas. Teticas, nalguitas y tu cuevita que, espero aún esté selladita, son zonas intocables. Te lo advierto, Jess, si te dejas tocar...

—¡Ya basta, imbécil! —Jessica espetó sonrojada.

—Si quieres conservar a tu novio con mi vida más te vale hacerle caso al tonto de tu hermano. —Kevin se unió a las amenazas.

—¡Qué fastidio! —Jessica gruñó—. Ustedes no son mis padres. ¡Déjenme en paz! —Se alejó de ellos echando pestes y estos empezaron a reír.

—¿Crees que nos haga caso? —Kevin preguntó.

—Es una Mars, primito. La calentura está en sus venas, pero ya yo amenacé al noviecito. Ese es un pendejito que me va a recordar cada vez que intente pasarse de listo. Le dije que conozco cien maneras de matar a una persona sin que nadie lo note.

Ambos estallaron en carcajadas.

***

—Ella es mi novia, Jillian. —Cristian recalcó hastiado de que ella se entrometiera en su relación.

—Y yo soy la madre de tu hijo —refutó.

—Sí. También eres la mujer que me abandonó para irse a aventurar. Me has humillado de todas las maneras posible, acostándote con tipos diferentes y luego viniendo aquí a ilusionarme para luego largarte. Ya no más, Jillian. Esa es la vida que quieres llevar, bien por ti. Pero no pretendas arrastrarme contigo. Tú y yo ya no somos nada. Es más, quiero que te vayas de mi casa. Tú tienes varios apartamentos en la ciudad, múdate en uno de ellos y déjame en paz.

—Tú no me puedes hacer esto, Cristian —reprochó entre sollozos.

—Sí, puedo. Esta es mi casa. Yo hace mucho te di la mitad de mi fortuna. Ve y disfrútala con tus amantes y déjame vivir mi vida en tranquilidad. Amo a Delia y me voy a casar con ella. Es tiempo de que ambos tomemos nuestros caminos, Jillian. Tú lo quisiste así.

Jillian empezó a llorar.

—Tienes razón —ella asintió—. Siento mucho que no haya resultado, yo te amé mucho Cristian. Aunque no lo creas, eres muy especial para mí.

—Tú también eres especial para mí, Jill.

Ambos se abrazaron. Jillian decidió regresar a París y volvería cuando su nieta naciera. A pesar de que no soportaba a Laura, estaba muy feliz por la bebé. Siempre quiso tener una niña para vestirla con sus diseños.

***

Jimena estaba cenando con César en un restaurante, él tomó su mano y le declaró sus sentimientos. Ella ya lo sospechaba, pero no le dio una respuesta al instante, puesto que no estaba segura de empezar una relación.

Los Mars y los Gutiérrez estaban en una reunión donde tenían un reporte sobre las ventas y ganancias de ese año. Desde que terminó de la reunión, Pablo se marchó, dado que evitaba a Jimena a toda costa. Después de celebrar, Genaro le pidió a Jimena que le buscara una carpeta que había en la oficina de Pablo. Ella entró y empezó a rebuscar en el escritorio, pero no encontró la dichosa carpeta. Abrió una gaveta y encontró unos boletos que llamaron su atención. Los tomó y sus ojos brillaron al ver de qué se trataban.

—¡Guau! No sabía que tenían este evento en la ciudad. Debió ser difícil comprarlos, esta actividad es muy exclusiva. Tiene dos… ¿Con quién planea ir? ¿Será que me regala uno si se lo pido?

Observó los boletos con detenimiento y se decepcionó al notar que la fecha había pasado.

—¿Por qué no fue? ¿Y por qué no me dijo nada? Sabe cuánto me gustan este tipo de actividades. —Volvió a mirar la fecha y se quedó pensativa. En ese tiempo había empezado a salir con Bruno. Su corazón empezó a latir con brusquedad al asociar su salida con Bruno y la invitación de Pablo.

—¡Oh por Dios! —Las lágrimas inundaron sus ojos—. ¡Qué cruel fui! —se lamentó—. Con razón cambió tanto conmigo, ahora entiendo el motivo de su reclamo al cancelarle la cita para irme con Bruno.

—Jimena, ¿por qué te tardas tanto? —Genaro entró a la oficina impaciente—. ¿Estás bien? —preguntó al verla ida y triste.

—Sí... No..., es decir..., debo irme —tartamudeó atolondrada y salió corriendo de allí. Llegó a su casa y tomó la almohada de Pablo, entonces empezó a llorar sobre ella.

***

Jimena estaba en el gimnasio donde César la sorprendió con un ramo de flores. Ella fingió una sonrisa, pues no le gustaban esos detalles. Jimena no era del tipo cursi.

Él tomó sus manos y la miró a los ojos.

—Jimena, sé que te dije que esperaría por tu respuesta, pero estoy muy ansioso. Dime: ¿Me das una oportunidad?

Jimena lo miró dudosa.

—Por favor, déjame demostrarte que puedo ser un buen hombre para ti —dicho esto tomó su mentón y la besó.

—¡Oh! Lo siento. —Un triste y sorprendido Pablo se disculpó.

—Pablo... —Jimena susurró y lo miró con preocupación.

—Lamento interrumpir, yo... —Miró a Jimena con un semblante que la puso triste.

—¡Pablo, espera! —Ella espetó cuando este salió de allí a toda prisa. Jimena se apresuró a seguirlo, sin embargo, fue detenida por César, quien sostenía su muñeca.

—Piénsalo, Jimena —pidió esperanzado y ella asintió. Salió a toda prisa del gimnasio y llamó a Pablo cuando lo vio en la salida.

Él se volteó con cara de malos amigos. Ella se acercó a él y lo miró con timidez.

—Pablo... ¿Todo bien? —Bajó el rostro.

—Si te refieres a lo que acabo de ver, ya estoy acostumbrado a verte besuquear a otro. Por lo menos, este es un buen hombre. —Fingió una sonrisa.

—Pablo...

—No tienes que venir a ver si estoy bien. Ya me resigné a qué te perdí, tampoco me ofendas con tu lástima. No te preocupes, yo estoy bien; es más, hasta pienso aceptar la invitación de una socia de la empresa que me invitó a salir. Es hora de superarte, Jim —dicho esto se marchó. Jimena apretó los puños de la impotencia y los celos inundaron su pecho.

***

Claudia convocó una pijamada en el apartamento donde estaban sus hermanas, Lisa y Laura. Ella se casaría dentro de un año, puesto que Matt se iría por seis meses al extranjero a hacer una especialización.

—Jimena, ¿por qué tan callada? —Cecilia indagó.

—Estoy confundida —contestó con desdén.

—¿Confundida? —Claudia la miró con curiosidad.

—Es que César me confesó sus sentimientos y me besó —respondió cabizbaja. Las chicas soltaron un chillido, excluyendo a Laura.

—¡Pero esa es una buena noticia! —Claudia exclamó.

—César es un buen hombre y muy atento...

—Pero... —Cecilia continuó por ella.

—Pero es un poco aburrido estar con él. Cuando me besó no sentí más que culpa y vacío.

—¿Culpa? —Claudia cuestionó confundida.

—Sí. Como si estuviese haciendo algo muy malo, como si hubiera traicionado a alguien. Me pasaba con Bruno, esa fue una de las razones por la que terminé con esa estupidez.

—Eso no tiene sentido, Jim. —Claudia replicó.

— Sí, lo tiene. —Laura intervino y todas la miraron con curiosidad—. Cuando amas a alguien, tus besos y tus caricias pertenecen a esa persona. Si otro lo recibe sientes que lo traicionas. No tienes que estar en una relación para guardarte para él, porque tu cuerpo y corazón solo le da el derecho a la persona que amas. Tú lo amas, Jim —afirmó sin mencionar nombre, pero Jimena entendió a quien se refería, por lo que empezó a llorar.

—Si te refieres a Pablo, ese idiota perdió su oportunidad con Jimena. —Claudia refutó.

—No lo llames así. —Jimena la miró fulminante—. Él cometió muchos errores, así como lo hice yo, si me da la gana de volver o no con él, es mi asunto. Estoy cansada de que siempre hables en su contra y quieras entrometerte entre él y yo. Sí, lo amo. No sé si regrese con él, pero si eso sucede, será porque yo así lo quiero y lo decido.

Todas se quedaron en silencio y Claudia empezó a llorar.

—¡Perdón, Jim! —La abrazó—. No lo hago con mala intención, solo no quiero que sufras.

—Lo sé. —Ella acarició su cabello y le regaló una sonrisa—. Ya te lo dije una vez y vuelvo y te lo repito; no dejaré que me dañen otra vez. Además, el sufrimiento es parte de la vida. No solo tienes buenos momentos, también están los momentos amargos de los cuales aprendes y te ayudan a crecer —dicho esto todas se abrazaron por un largo rato.

***

Jimena se miró en el espejo y quedó satisfecha. El vestido corto, azul marino le quedaba ajustado y resaltaba sus encantos naturales. El maquillaje era suave y llevaba el cabello suelto. Estaba nerviosa. Iría a cenar con César y en la cena, le daría una respuesta.

—¡Estás hermosa! —César expresó con emoción mientras le entregaba un ramo de rosas.

***

Pablo acababa de salir de la ducha cuando escuchó el timbre. Se puso su pantalón de dormir y una camiseta con rapidez. Se quedó mudo al abrir la puerta.

—Buenas noches, Pablo. —Jimena lo saludó entretenida por su reacción. Ella entró sin esperar que él le dijera y Pablo cerró la puerta. Ella se sentó sobre el sofá bajo la atenta contemplación de él. Estaba hermosa con aquel vestidito que empezó a encenderlo. Tomó una silla y se sentó frente a ella como esperando alguna explicación.

—¿Qué te trae por aquí? —preguntó al fin y ella le sonrió coqueta.

—Tu propuesta... —Lo miró con timidez—. ¿Todavía sigue en pie?

—¿Mi propuesta? —preguntó confundido y sin poder quitar la mirada de sus tonificadas y bronceadas piernas.

—¿Podrías dejar de mirar mis piernas y prestarme atención? —Ella reprendió.

—Lo siento —dijo avergonzado.

—Me pediste matrimonio, Pablo. ¿Tan pronto lo olvidaste?

Pablo se quedó mudo y su corazón se agitaba con fuerza. No daba crédito a lo que acababa de escuchar. ¿Acaso estaba alucinando?

—¿No me vas a responder? —Jimena frunció el cejo.

—Ah... tú... —Las palabras no le salían. Él se paró de la silla y se postró delante de Jimena, quedando a su nivel—. Tú... ¿Me aceptas?

—Sí. ¿Y tú?

Él la miró sin todavía creer lo que escuchaba.

—Pablo Mars, ¿quieres casarte conmigo? —Ella preguntó con picardía.

—No, preciosa. Eso me toca a mí decirlo.

—Deja tu machismo. Yo quise saber que se siente hacer esa pregunta. —Rio.

—Jimena Gutiérrez, ¿quieres volver a ser mi esposa? —Tomó su mano con delicadeza y la besó con ternura.

—Yo nunca he dejado de ser tu esposa, mi amor. —Ella sonrió y él agarró su rostro. Jimena se conmovió al ver lágrimas salir de sus ojos. Pablo la besó con fervor sediento de su néctar, aquel beso vehemente y lleno de sentimientos sacó un intenso suspiro a Jimena, quien estaba extasiada con ese sabor que tanto extrañaba, y, que después de tanto tiempo, tenía la dicha de volver a degustar. Él mordió su labio inferior y empezó a juguetear con su lengua, acción que ella correspondió gustosa, dejándose llevar por todas las exquisitas sensaciones que él le provocaba. Pasaron unos minutos entre jugueteos de labios, lamidas y mordidas que ya había prendido a la rubia, entonces se separaron y Jimena expresó en un gemido—: Eso es a lo que yo llamo un beso. —Pablo la miró confundido y ella rio por lo malvada que fue al comparar el beso de él con el de César. Pero ese sería su pecado secreto.

Pablo la cargó mientras devoraba su boca. La puso sobre la cama y empezó a quitarle el vestido. Besó y acarició cada centímetro de su cuerpo y Jimena sentía que explotaría ante todas las sensaciones. Sensaciones que solo él podía provocarle y no por que fuera el mejor en la cama o un experto en el arte de amar, más bien, porque su corazón y cuerpo lo reconocían como el único; porque con el simple hecho de que fuera él, un torbellino se desataba en su pecho. Su amor, el indicado, con el que quería pasar el resto de su vida. Con el que aprendió tantas cosas y con el que estaba dispuesta a sanar y crecer. Lo amaba tal y como era, con sus virtudes y defectos.

—Te amo, rubia candente. —Pablo gimió mientras disfrutaba de sus movimientos desesperados y deliciosos. Ella lo abrazó con fuerza y la habitación se llenó de su grito, eso fue el detonante para él, quien dejó salir un sonido que estremeció la piel de Jimena. Entonces, él recargó su frente contra la de ella y sonrió.

—Te amo, Pablo. —Ella dijo con dificultad. El movió su rostro logrando una dulce caricia de narices. Jimena se quedó pensativa un rato y su mirada cambió—. Pablo... no nos protegimos.

—No te preocupes, tú eres mi única pareja sexual. —Dejó salir una risita.

—No me refiero a eso, tarado. Puedo quedar embarazada.

—Bueno... —Él acarició su mejilla—. Es hora de que le demos una hermanita a Adrián.

—Podría ser un hermanito.

—Como sea, pero me gustaría tener la parejita.

—¿No te importa el tener que lidiar con pañales, vómitos, no dormir...? —Pablo la calló con un beso.

—En realidad, quiero vivir todo eso; siempre y cuando, sea contigo, preciosa. —Jimena no pudo contener las lágrimas y besarlo con fervor y felicidad. Pablo la miró con picardía y deseo—. Ups, mi amor; creo que habrá segunda ronda...

Un año después...

La familia Mars y Gutiérrez se fueron una semana de vacaciones al rancho. Una niña de ojos avellanas y cabello negro gateaba sobre la verde grama, mientras que Adrián iba detrás de ella como si fuera su guardián.

—Si eso es con su primita, no me quiero imaginar con sus dos hermanitas. —Jimena dijo entretenida por la actitud sobreprotectora de su hijo mientras acariciaba su gran barriga. Tenía seis meses de embarazo y esperaba mellizas.

—Leonor, ven aquí. —Kevin extendió sus brazos y la niña gateó hacia él. Él la tomó con ternura y besó sus regordetas y rosadas mejillas. Era muy tierno verlo cuidar a su pequeña, todos concordaban con que él iba a ser un papá muy celoso y protector.

Era de noche y Kevin y Laura estaban frente al lago que tantos recuerdos les traía. Él la rodeó por la cintura y besó sus labios con ternura.

Kevin: La primera vez que vi esos ojos miel, mi corazón latió con fuerza y ellos se convirtieron en mis dueños. Te amo, Ojos Melosos.

Bajo un árbol rodeado de luces tenues con una hermosa luna llena y el cielo decorado de estrellas; Pablo acarició la barriga de Jimena y la miró llenó de ternura y felicidad, entonces besó sus labios con fervor.

Pablo: Cuando vi esos ojos celestes, el deseo me abordó, pero nunca imaginé que esa mirada azul era la única que quería ver cada mañana al despertar. Me has dado una razón para ser mejor cada día y te amo como jamás imaginé se podía amar, mi rubia candente.

Todo empezó en un verano…

❤️ Fin ❤️