Te amo 26
Pablo llegó a la institución y se dirigió al gimnasio. Ese día le tocaba de tarde, así que venía de la oficina. Dos días a la semana daba clases en la mañana y dos días en la tarde, casi anocheciendo.
—Hola, Pablo. —Jimena lo saludó y besó su mejilla.
—Hola —le devolvió con sequedad. Últimamente, estaba distante y mostraba una actitud fría con ella. No entendía la razón de su cambio y él no le daba el chance de indagar, ya que llegaba, calentaba en silencio, daba su clase y se iba sin decir nada.
Pablo terminó su clase. Ya había anochecido y todos se habían marchado menos, él, quien se estaba dando una ducha. Cuando él iba a salir, Jimena lo interceptó.
—No te vayas aún, necesito que hablemos. —Se puso frente a él. Pablo la miró con expresión de hastío.
—Dime lo que me vayas a decir rápido, estoy cansado —respondió con rudeza.
—¿Estás enojado conmigo? —Lo confrontó con la mirada.
—No. ¿Por qué lo estaría? Qué te estés revolcando con el idiota ese no es mi asunto.
Jimena sintió ganas de golpearlo.
—¿Perdón? —preguntó ofendida.
—¿Qué no es lo que hacen? —La miró con ira.
—No. Solo estamos saliendo.
—Sí, que bonita la señorita. Me rechazaste por un tipo que dondequiera que ve un hueco lo me... —No terminó la frase y la miró con tristeza—. ¿Sabes qué? Es tu vida, haz lo que mejor te parezca. Pero, hubiera preferido que te hubieras buscado a un hombre que valga la pena, no a ese imbécil. Solo sé cuidadosa y usa preservativo no vaya a ser que te pegue una enfermedad venérea.
—¡Pablo, ya basta! —Jimena espetó ofendida—. ¿Por quién me tomas? No soy una cualquiera que se anda acostando con el primer hombre que aparezca.
—Sí, porque ese tipo está contigo para jugar a las escondidas —dijo en tono sarcástico—. Pero, como te dije antes, no es mi asunto. Haz lo que quieras con tu vida que yo lo haré con la mía. Así como tú sales con otros hombres, yo también puedo salir con otras mujeres.
Jimena lo miró con rabia.
—De eso estoy más que segura. Si lo hiciste mientras estábamos casados. ¿Qué te lo impide ahora que estás soltero?
—¡Demonios, Jimena! Yo nunca salí con nadie mientras estuvimos casados.
—Pero te enredaste con esa mujer. Se besaron y te sentías atraído por ella, eso también es traición, Pablo —dijo casi llorando.
—Sí y por eso me divorcié. Por eso te he pedido perdón muchas veces. Por eso he respetado tu decisión, aunque me esté muriendo por dentro. Pero yo no quiero que cometas el mismo error que yo. Personas así no valen la pena, Jim. Sin embargo, yo soy nadie para reclamarte, así que deja de preguntarme si estoy enojado contigo. ¡Rayos! Me están consumiendo los celos. Me da impotencia verte en brazos de ese... tipo.
—Es tarde para nosotros. No debes celarme, no somos pareja.
—Dile eso a mi estúpido corazón que no quiere olvidarte. Tú fuiste la que preguntó, ahí tienes tu respuesta —dicho esto se marchó.
—Pablo... —Jimena susurró con tristeza.
***
Claudia estaba ida en sus pensamientos cuando Cecilia entró a su habitación.
—Tía Clara llamó —avisó sentándose sobre la cama—. ¿A qué no me dices quien apareció?
Claudia la miró confundida y con poco interés en el chisme.
—¿Quién apareció? —preguntó desganada.
—El papá de Laura —respondió con dramatismo.
—¡¿El papá de Laura?! —Claudia casi salta de la cama.
—Así es. Al parecer Laura huyó de él por la impresión de la noticia y casi la atropella un carro.
—¡Oh por Dios! —Claudia llevó su mano a la boca con exaltación.
—Todos creyeron que la habían atropellado porque ella cayó inconsciente; pero al parecer, se desmayó de la impresión. Pero esa no es la única noticia...
—¿Ah no? —Claudia la miró intrigada.
—En el hospital descubrieron que Laura tiene mes y medio de embarazo. ¿Puedes creerlo?
—¿Laura embarazada? ¡Vaya! Esos dos no se pudieron aguantar. Me imagino los felices que deben estar. Espero que esta vez sea una sobrina.
—¿Te imaginas que tengan trillizos? —Cecilia sugirió maliciosa.
—¡Por Dios, Cecilia! Pero ¡qué buena prima eres!
***
Claudia no podía dormir. Se paró de la cama, salió del apartamento, se subió a su auto y emprendió la marcha.
Matt estaba viendo una película cuando escuchó el timbre sonar. Se paró de la cama sorprendido, pues ya era tarde y él no acostumbraba a recibir visitas. Abrió la puerta y se quedó inmóvil unos segundos.
—¿No me vas a invitar a pasar? —Claudia preguntó con una sonrisita.
—¡Claro! —respondió como si estuviera despertando de un sueño—. Entra. —Extendió el brazo con nerviosismo. Claudia entró con timidez y lo miró a los ojos.
—No puedo dormir —dijo de repente ganándose la cara de asombro de Matt.
—¿Viniste hasta aquí a decirme que no puedes dormir? —La miró entretenido.
—No. Vine hasta aquí porque dormir sobre tu pecho me quita la ansiedad.
Matt se quedó mudo.
—¿Puedo dormir contigo? —inquirió con nerviosismo.
—Ah... —Aclaró su garganta—. Claro, estoy viendo una película, no sé si quieres verla o prefieres que apague el televisor para que duermas tranquila.
—No, puedes dejarla. Eso me dará más sueño. Las películas que ves son muy aburridas —se burló.
—Por lo menos no son crueles como las que tú ves —protestó haciendo una mueca. Ambos se dirigieron a la habitación y Claudia hizo que Matt se quitara la camiseta debido a que a ella le gustaba sentir su cálida piel al recostarse sobre su pecho. Claudia se quitó la ropa y se puso una camisa de él y se acostó a su lado.
—Claudia... ¿Estamos bien? —Matt preguntó mirándola a los ojos.
—Sí, cavernícola. —Ella rio y él empezó a hacerle cosquillas.
—¡Te he dicho que no me llames así! —dijo mientras la torturaba. Claudia llenaba la habitación con su risa.
—Ya... —pidió casi llorando y él la abrazó.
—Te extrañé tanto, mi amor.
—Yo también... —Ella besó sus labios. Él se le puso encima y empezó a devorar su boca con hambre. Ambos se besaban con necesidad y deseo y Claudia se sintió excitada por primera vez; acariciaba su firme torso y abdomen mientas él besaba su cuello con delicadeza. El goce era sublime y las nuevas sensaciones provocaron un vaivén de emociones; no obstante, la oscura sensación de peligro y los recuerdos del pasado empezaron a hacerle estragos; como resultado, Claudia suspiró varias veces tratando de no alterarse; Matt, al percatarse de su reacción, decidió apartarse y darle su espacio. Una vez ella recuperó el aliento, él se recostó a su lado y la envolvió con sus brazos. Claudia sonrió al sentir la calidez de su piel y escuchar los latidos rápidos de su corazón. Entonces se sintió segura y feliz; allí en aquella cama, rodeada por sus brazos, no se sintió sola jamás. Por primera vez sabía a dónde pertenecía y se sentía en casa. Se durmió con una sonrisa que expresaba la paz que embargaba en su interior.
El olor a café y huevos revueltos inundó sus fosas nasales. Abrió los ojos lentamente y se sentó en la cama bostezando. Sonrió al olfatear su olor en ella. Se levantó de allí y fue a asearse. Matt entró a la habitación y Claudia se espantó al estar desnuda delante de él, quien se quedó observándola en silencio y con deseo en sus ojos.
—Eres hermosa. —dijo con voz temblorosa y luego salió de la habitación para darle su espacio. Claudia se vistió rápidamente y llena de vergüenza.
—¡Cuánto extrañaba tu desayuno! —exclamó con satisfacción. Matt se acercó a ella y la abrazó con fuerza.
—Prométeme que nunca más te alejarás de mí. Que estaremos juntos pase lo que pase, hasta que la muerte nos separe —dicho esto sacó la cajita de su bolsillo y la abrió, dejando a la vista el hermoso anillo de compromiso. Claudia puso sus dos manos sobre su boca de la impresión—. ¿Quieres casarte conmigo, reinita?
—¡Oh por Dios! —gritó emocionada y con los ojos llenos de lágrimas—. Matt, cavernícola, vas a matarme un día de estos. ¿Por qué tienes que ser tan lindo?
—No entiendo tu respuesta ¿Es un sí o...? —La miró con confusión. Las manos le temblaban de los nervios.
—Pero... yo no ... Ya sabes, yo no puedo... —Claudia balbuceaba con vergüenza.
—No importa. Lo superaremos juntos. Quiero que nos casemos para empezar con tu terapia. Verás que poco a poco perderás el temor, entonces disfrutaremos juntos las delicias del amor. Te amo como nunca he amado a una mujer y quiero pasar el resto de mi vida contigo. ¿Qué dices? —La miró ansioso y a la expectativa. Claudia besó sus labios unos segundos y puso su frente sobre la de él.
—Por supuesto que sí, mi amor —susurró dejando salir una lágrima que él secó. Ambos se sumieron en un delicioso beso que selló la proposición.
***
—¡Qué hermoso anillo! —Laura tomó la mano de Claudia para admirar la prenda con emoción. Todas las Gutiérrez estaban en la habitación de ella con Adrián.
—Estoy muy feliz de que encontraras un buen hombre. —Clara la miró con orgullo.
—Sí, esta loca es muy afortunada. —Jimena dijo abrazándola juguetona—. Estoy muy feliz por ti, sé que estarás bien con Matt. Él ha demostrado ser un buen hombre y nos ha ayudado mucho en la institución.
—Sí, mi grandulón es muy lindo. Estoy tan enamorada que siento que vuelo por los aires, pero... —Bajó el rostro con tristeza. Todas la miraron con comprensión. Ya Laura y Clara estaban enteradas de lo que le sucedió en la adolescencia, por lo que todas se abrazaron. Adrián las miró confundido y empezó a llorar al verse fuera del abrazo. Jimena empezó a reír y lo tomó en sus brazos, llenándolo de besos.
—Adrián, tendrás un primo o una prima con quién jugar —dijo mientras lo mecía sobre sí.
—Kevin está que no se cambia por nadie, a leguas se le ve la felicidad. —Cecilia comentó.
—Sí, pero es un exagerado. —Laura se cruzó de brazos—. Cree que estoy incapacitada o algo así. No me deja hacer nada y hasta contrató a la mujer del servicio tiempo completo. Ah... y no se imaginan lo meloso que está, a veces me saca de mis casillas. Hasta ha dejado de trabajar para estar pegado a mí como si fuéramos siameses.
Todas empezaron a reír.
—Yo no le veo la gracia. —Laura se quejó frunciendo el ceño. En ese momento Kevin entró a la habitación con unas vitaminas y un vaso de agua.
—Ojos Melosos, hora de tus vitaminas. —Se sentó a su lado y Laura las tomó. Kevin puso el vaso sobre la mesita y envolvió a su esposa con sus brazos.
—Déjame respirar un segundo, Kevin Mars. —Laura refunfuñó.
—Estás muy enojona últimamente, pero como sé que es por el embarazo no te pondré asunto —dijo burlón y la llenó de besos.
—Ay ya, Kevin. —reprendió tratando de recuperar su espacio personal.
—¿La ven haciéndose la interesante? Pero si no le doy cariño se queja y hasta llora porque según ella, ya no la quiero. Últimamente no puedo hablar con nadie porque está demasiado celosa y fogosa... —Laura lo golpeó en el pecho.
—No tienes que añadir eso. A ellas no les interesa nuestra privacidad. —Bufó molesta, mas Kevin la besó juguetón.
Todas empezaron a reír ante las discusiones tontas de la pareja.
—¡Ay no, chicos! Ustedes son demasiado lindos, me dan ganas de buscarme un novio. —Cecilia los miró con ternura.
***
Laura estaba negada a ver a Gabriel, por tal razón, Kevin no permitía que él se le acercara, ya que ella se alteraba cuando sabía de él. Clara, Paulo, Pablo y Kevin estaban reunidos con él para saber qué era lo que quería exactamente. Estaban en uno de los gimnasios de la institución, sentados en ronda.
—No les voy a negar que al principio quise que me ayudara económicamente, ya que ella es muy exitosa y yo no tengo nada. Pero ahora, les juro que quiero compartir con mi hija. Sé que fui un mal padre, pero, quiero recuperar el tiempo perdido y apoyarla. Yo no tengo nada que darle... No tengo trabajo y estoy viviendo en moteles.
Todos se miraron con escepticismo.
—Si dice la verdad tendrá que demostrarlo. Laura es dulce y perdona con facilidad. Temo que usted se aproveche de ella y le haga daño, ya mi Ojos Melosos ha sufrido mucho y no permitiré que ni usted ni nadie vuelva a dañarla. —Kevin lo confrontó amenazante.
—La amas mucho. —Gabriel lo miró con satisfacción—. Es un alivio y alegría saber que mi hija cuenta con un hombre como tú. Eres un buen muchacho y sé que cuidas bien de ella. Estoy dispuesto a demostrar que mis intenciones con Laura no son malas.
—Si de verdad estás dispuesto a cambiar tendrás que demostrarlo y sé cómo. —Clara sugirió desafiante y todos la observaron con curiosidad—. Hablaré con Jimena para que te deje trabajar en la institución por techo y comida.
—Estoy dispuesto. En realidad, sería un gran favor en lo que consigo un empleo. No importa el tipo de trabajo, hago lo que sea.
Clara y Paulo se miraron sorprendidos. Gabriel siempre fue orgulloso y arrogante. Nunca haría trabajitos por comida, dado que siempre le había gustado la comodidad y la buena vida. Al parecer, la estaba pasando muy mal.
Hablaron con Jimena y esta aceptó. Gabriel se acercó a Clara y la miró con flirteo.
—Estás muy hermosa, Clarita. Si quieres te doy mi número y nos mantenemos en contacto. —Le guiñó un ojo.
—Ni en tus malditos sueños, imbécil. —Paulo lo confrontó amenazante.
—Paulo Mars, pareces perro guardián. Déjala que tome sus propias decisiones —dijo con todo su descaro.
—Cínico, pendejo de mierda. Ni se te ocurra acercarte a mi mujer o te vuelvo a partir la cara. —Paulo no soportaba la ira.
—Gabriel, será mejor que te comportes y me respetes. —Clara intervino—. Soy una mujer casada y no me interesa hablar contigo.
—Tú te lo pierdes. —Gabriel espetó y salió de allí. Pablo y Kevin se miraron a los ojos y no pudieron contenerse más. Ambos estallaron en carcajadas, sus risas ruidosas se escucharon en todo el salón.
—¡Vaya, Kevin! Ya estás en el club de los padres. —Pablo lo abordó de repente. Kevin estaba preparando las clases de canto que daría junto a Kenia. Ellos decidieron añadirlas y Kenia iría a la institución cada quince días.
—Sí, estoy muy feliz y preocupado a la vez. Me da mucho miedo que algo malo le pase a Laura y más con esa loca suelta.
—Vaya primito, pareciera que tuvieras un radar para las acosadoras. —Pablo palpó su hombro con sorna.
—Ni lo digas. Siempre fui perseguido por las mujeres, pero nunca por locas. Esto es demasiado agotador, en especial cuando afecta a tu pareja.
—Quien te manda a ser tan bonito. Nada más falta que los hombres también te acosen. Si yo fuera gay me enamoraría de ti, estás buenísimo. —Pablo se burló y Kevin lo miró mal.
—¿Si fueras? A mí me parece que ya bateas para el otro equipo, pendejo. No intentas nada con Jimena, pero tampoco sales con nadie. Y estás aquí haciéndome ojos bonitos.
—Tal vez sí. Tu aura “obsesiónate conmigo” como que cambió mis gustos sexuales y quiero robarte como la loca esa.
Ambos empezaron a reír de sus tonterías.
—Hablando en serio, Pablo. ¿No piensas conquistar a tu ex?
—¿Quién trata de conquistar a su ex, Kevin? Por algo es mi ex. ¿No crees? —Bufó molesto.
—¿Por qué estás enojado? ¿Pelearon?
—Esa Jimena es una malvada destroza corazones. Me canceló una cita para irse con el bailarín y pica flor ese.
—¿El chico italiano? —Kevin preguntó con asombro.
—Ese mismo —gruñó.
—Yo no la culpo. El chico es muy atractivo y carismático. Hasta yo preferiría salir con él antes que contigo. Quizás por un chico así cambiaría mis gustos sexuales —se burló malicioso.
—Eres un traidor de mierda. Yo cambiaría mis gustos sexuales por ti y tú, ¿por él? Eres un traidor, mal primo, desgraciado, infiel.
Kevin estalló de la risa.
—¿Por qué siento que esas palabras van dirigidas a Jimena?
—Jimena me va a volver loco. Se niega a estar conmigo y hasta se besuquea con ese tipejo, pero me busca como si nada, pretende que yo sea su mejor amigo y hasta me cela. ¡Mujeres! ¿Quién las entiende?
—¿Te cela? —Kevin preguntó entretenido.
—Sí, la muy descarada me cela. Sabes que algunas alumnas son un poco amistosas y hasta me invitan a salir, cosa que no va a pasar porque es la regla de la institución. Pero Jimena va más allá de la regla. Me persigue y vigila mis clases. Vive atenta de con quién hablo en la salida y mira mal a todas las que se me acercan. Se pone muy cariñosa y posesiva delante de ellas, a tal punto que estas piensan que es mi novia. Porque tonta no es. Mantiene muy en secreto su aventura con el mojigato ese y él encantado, porque así puede ligar con más libertad. Ese sí que no respeta mucho la regla de no salir con las mujeres de la institución.
Kevin estalló de la risa.
—¿Sabes qué pienso? —Kevin inquirió divertido—. Me parece que Jimena te quiere poner celoso, tal vez se está vengando por lo que le hiciste con Ariadna.
—Pero ya yo aprendí mi lección, sufrí las consecuencias de mis actos y le pedí perdón. ¿Qué más espera de mí? Ya yo me cansé, Kevin. Jimena que haga lo que quiera. Creo que me quedaré soltero para siempre, las mujeres son muy complicadas y rencorosas.
—Yo fuera tú, la busco y le planto tremendo beso. Luego le hago el amor con pasión, creo que eso es lo que le hace falta a Jimena.
—¡Vaya que me amas! Yo me atrevo a tocar a Jimena y ella me mata. Esa mujer está más complicada y bipolar de la cuenta. Yo mejor me aparto.
—Como digas, idiota. Llévate de mí. Por lo menos inténtalo.
Pablo se quedó pensativo. ¿Será que esa sería la solución?
Jimena estaba sentada en su oficina y Pablo entró sin permiso, se acercó a ella, la levantó de la silla y la besó con pasión. Jimena se quedó inmóvil sin entender nada.
—Te haré el amor aquí mismo, Jimena —dijo mientras tocaba sus pechos. Jimena le pegó tremenda cachetada y lo miró con ganas de matarlo.
—¡Qué droga te metiste, Pablo! —espetó exaltada—. ¿Qué rayos crees que haces?
—¿No es lo que quieres?
—¿Ah...? —Jimena lo miró con frustración y ganas de llorar—. ¿Cómo se te ocurre venir a tocarme de esa manera y a proponerme sexo? ¿Quién te crees que eres, imbécil?
—Si lo pones de esa manera suena mal... lo siento... fui un imbécil, perdón —rogó arrepentido.
—¿Acaso te estás burlando de mí, Pablo? —preguntó casi llorando.
—¡Demonios! ¡Ahora sí la embarré! —Apretó su cabello y Jimena lo miró confundida.
—¿Bebiste alcohol, Pablo? —cuestionó con sospecha.
—No, Jimena. Solo caí como un idiota en la broma de Kevin, pero voy a matarlo —dicho esto, salió furioso de la oficina. Jimena se quedó mirando hacia la puerta con desconcierto; aunque el comportamiento de Pablo fue muy extraño, esta sentía como su cuerpo ardía y anhelaba volver a sentir sus manos sobre ella.