Te amo 25
Claudia decidió salir de su encierro y fue a la institución. Estaba sentada en el sofá de la recepción cuando Matt entró. Claudia se puso de pies nerviosa y se quedó observándolo un rato. Se veía muy bien con su traje de ejecutivo. Ya no era aquel chico mal peinado y mal vestido que conoció en la universidad, había cambiado mucho y era cuestión de tiempo para que encontrara un nuevo amor.
—Hola, Claudia. —Matt la saludó tratando de no tartamudear.
—Hola, Matt. —Ella devolvió el saludo con nerviosismo.
—Vine a traerle estos documentos a Jimena. —Apuntó hacia su maletín como si ella pudiera ver a través de este.
—Ella está en su oficina. —Trató de disimular los nervios.
—Gracias... —Hizo una pausa y la miró a los ojos—. ¿Todo bien?
—Sí, estoy aprovechando el tiempo libre para pensar qué hacer con mi vida, ya que no podré volver a la universidad. —Bajó la mirada.
—Entiendo. Yo traté de convencerlos de que no te echaran, pero no pude hacer nada.
—Está bien… —Ella se encogió de hombros—. Entiendo la posición de la universidad, yo quiero poner mi propia tienda de ropas y asesoría de belleza. Me tomaré un tiempo de ocio primero, necesito planear bien lo que voy a hacer.
—¡Vaya! Eso es genial, Claudia —exclamó emocionado—. Por cierto, ya estoy a punto de descubrir al responsable de tu difamación. Sé que fue un estudiante que estuvo en el mismo taller que tú, pero él pasó la información a quien hizo todo. Me falta descubrir a esa persona.
—Matt, déjalo así. —Claudia lo miró con ruego—. No vale la pena.
—Lo siento, Claudia, pero no lo dejaré así. Una persona capaz de hacer lo que te hizo, puede hacerle daño a cualquier otra. No me quedaré de brazos cruzados, claro que no.
—Hola, Matt. —Jimena salió de su oficina—. Ven, te estaba esperando. —Matt y Claudia se miraron unos segundos como si no quisieran apartarse. Él se alejó de ella y se adentró en la oficina. Por su parte, Claudia se sentó en el sofá sin dejar de observar aquella puerta por donde él había entrado. Minutos después, él salió y Claudia se espantó al verse descubierta mirando en su dirección. Ella tomó una revista y fingió leerla. Matt se acercó y se arrodilló, quedando a su nivel.
—Está al revés —dijo tomando la revista y levantándola en el aire entretenido. Claudia se sonrojó de la vergüenza y él acercó su rostro con coquetería. Ella sintió como su corazón dio un vuelco cuando él besó la comisura de su boca y la miró con una sonrisa traviesa—. Yo también te extraño —añadió. Besó su mano izquierda, se levantó y se marchó, dejando a Claudia con un gélido vacío en el pecho.
Jimena se sentó al lado de Claudia al verla sollozar en silencio.
—¿Qué pasó, Clau? ¿Por qué lloras?
Claudia secó sus lágrimas y la miró con tristeza.
—Es que... extraño mucho a Matt —confesó con desazón.
—Y él a ti. Me dijo que no te ha buscado porque quiere darte tu espacio y teme presionarte. El pobre hombre pregunta por ti todos los días y, en cuanto supo que estabas aquí, corrió hacia acá. Se supone que me entregaría los documentos más tarde. —Dejó salir una risita—. Clau, ¿estás segura de lo que estás haciendo? Él te ama mucho y tú lo amas a él, de verdad no entiendo por qué no pueden estar juntos; si sigues con tu ridiculez, vas a perder un buen hombre que, por cierto, está muy bueno el condenado. Eres una suertuda; tienes un hombre atractivo, con bastante madurez para su edad y muy centrado, y que sabe lo que quiere. Esa combinación es difícil de encontrar, en especial, un hombre joven que sepa lo que quiere.
—Lo sé, pero no quiero esclavizarlo a mí. Tengo demasiados problemas y ni siquiera podré satisfacerlo en la cama. Tarde o temprano se cansará de esta situación y no creo que yo pueda soportar eso. No quiero hacerle daño, Jim, lo amo demasiado como para aprisionarlo a mí. No es justo.
—Clau, cuando se ama, no solo se ama las cosas buenas de esa persona. También, debes estar dispuesto a aceptar los problemas y defectos de tu pareja.
—No me siento suficiente para él, Jim. Matt es muy apasionado y se nota que es un experto en la intimidad, yo... tiemblo del temor con una simple caricia.
—Clau, poco a poco irás venciendo esos miedos. Juntos podrán superarlo. Pueden ir a terapia y tú solo debes poner de tu parte y confiar en Matt, él nunca te haría daño.
—Lo sé, pero es difícil. No te imaginas lo culpable que me siento después de que le pegué. Si hubieras visto su cara roja y la rabia en su mirada. Él estaba muy excitado y sus caricias fueron placenteras, hasta que me sentí sucia y culpable, entonces las imágenes de aquel desgraciado vinieron a mi mente y no pude controlar el miedo. No sé por qué rayos le pegué, mis manos se movieron de forma involuntaria. Fue horrible, siempre que recuerdo aquello me siento mal.
—¡Me imagino! —Jimena la miró con pesar—. No es fácil que te saquen de ese trance a pura cachetada. Eso lo hace más valioso, Jim. Él pudo haberse alejado, sin embargo, sigue aferrado a ti. De todas formas, algún día tendrás que superar ese trauma. No pensarás vestir santos para siempre y perderte lo delicioso de estar con la persona que amas. No, Clau, debes disfrutar de tu sexualidad, es hermosa la intimidad de pareja.
Claudia se quedó pensativa un rato, anhelaba buscar a Matt, pero al mismo tiempo, temía hacerle daño.
***
Jessica estaba sentada en un parque que queda cerca de la universidad a la que ella asistía. Sonrió al ver a Ángel venir hacia ella. Él se sentó a su lado y le devolvió el gesto con suficiencia.
—Tenías razón, Jess. La acosadora es la tal Paloma. La he estado siguiendo como me pediste. Ella utiliza un celular de los que usa mi abuela, esos que no son Smart, para enviar los mensajes de textos. También creó un perfil falso para acosar a la esposa de tu primo. Es muy inteligente, la loca esa, ella va a tres Cibercafés diferentes. Hoy me senté al lado de ella sin que me notara y vi unas fotografías de la esposa de tu primo y el tipo que hace esculturas. Eran muy comprometedoras. Al parecer, planea hacer algo con ellas, ya que la estaba pasando a una memoria.
—¿Qué? Tenemos que avisarle a Kevin.
—Creo que primero debemos quitarle la memoria. Ella fue a su casa y luego salió con su padre.
—¿Y cómo se la quitamos?
—Vamos a esperar a que regrese y la visitamos, de todas formas, ella te conoce. Entonces, la amenazamos o no sé, ideamos un plan. Paloma siempre regresa en la tarde cuando sale con su padre.
—Bueno, entonces debemos idear un plan. Le quitamos la memoria y se la entregamos a Kevin.
—Sí, tú me tienes de James Bones, ahora. —Ángel bromeó, ella hizo una mueca y ambos se quedaron en silencio. Por primera vez se fijó en su rostro. Él no era un galán como su primo, pero no era feo. Sus ojos avellana eran extraños y bonitos; su cabello negro y su piel blanca le daban una apariencia tierna e inocente. El chico era delgado y ambos contaban con la misma estatura. Al igual que ella, estudiaba diseño gráfico y era muy aplicado. Desde que se conocieron en el penúltimo año de la preparatoria, se convirtieron en muy buenos amigos.
Ángel tomó su barbilla y besó sus labios con ternura y torpeza. Era la primera vez que besaba a una chica y ella pudo sentir su nerviosismo. Jessica le correspondió el beso, pero él se desesperó ante la delicia de sus labios. Fue así como chocaron sus dientes.
—¡Auch! —Jessica se quejó y él bajó el rostro avergonzado—. ¡Qué tonto eres! Ni siquiera sabes besar. Tendré que enseñarte para que no pases vergüenza con otra chica.
—Yo no quiero besar a otra chica, tonta —protestó frunciendo el ceño—. ¿Sabes por qué? Porque me gustas y solo quiero besarte a ti, no obstante, sé que estás enamorada de tu primo...
Jessica lo interrumpió con otro beso. Él la agarró por el cuello para intensificarlo. Fue así como Jessica tuvo su primer novio.
***
Kevin estaba nervioso y no podía controlar las lágrimas que rodaban por su rostro. Daba vueltas de un lado a otro y todo su cuerpo temblaba.
El doctor salió de atender a Laura y todos se pararon ansiosos. Kevin corrió hacia él con desesperación y temor.
—Ella está bien, fue solo un susto. —El doctor se dirigió a Kevin para que se calmara—. El carro no le pegó, ella se desmayó de la impresión. Su esposa ya está despierta y más calmada, pero no es bueno que tenga ese tipo de estrés en su estado.
—¿En su estado? —Kevin preguntó confundido y todos miraron al doctor con curiosidad.
—Sí, su estado de embarazo —dijo con toda naturalidad—. Debe cuidarla y tratar de que se alimente bien, tiene anemia, así que le indicaré algunas vitaminas. Corrió con suerte, ella no sabía que estaba embarazada y le íbamos a poner un medicamento que le podía hacer daño al feto, pero una enfermera dijo que eso podía causarle un aborto. Le hicimos la prueba, por si acaso y la enfermera tenía razón. Después de hablar con su esposa, según su última menstruación, ella tiene 6 semanas de gestación. La voy a referir a un obstetra para que empiece con sus chequeos rutinarios.
Todos se quedaron mudos. Kevin empezó a temblar y una lágrima escapó de sus ojos.
—Laura está... ¿embarazada? —Su voz era temblorosa y su mirada ida—. Yo... voy a... ¡Voy a ser papá! —gritó emocionado y abrazó a su tío con fervor—. ¡Voy a ser papá! —repitió con alegría.
—¿Voy a ser abuelo? —Gabriel preguntó para sí atolondrado.
—¡Quiero verla, doctor! —Kevin pidió emocionado. Los ojos le brillaban de la felicidad. Siempre había soñado con tener su propia familia; una que fuese unida y llena de amor. El doctor asintió a su petición y él se apresuró a llegar a donde la mujer que llevaba a su hijo en su vientre.
—Kevin... —Laura susurró con timidez.
—Mi amor. —Él se sentó en la cama quedando frente a ella, tomó su mano y la besó—. ¿Cómo te sientes, Ojos Melosos? No sabes el susto que me diste, yo... creí lo peor, preciosa. Si algo te sucede yo no lo soportaría, mi amor.
—Perdón por salir como una loca, por poco le hago daño a nuestro bebé... —Paró en seco y miró a Kevin con miedo—. Kevin...
—Lo sé, mi amor, el doctor nos dijo. —Besó su frente y la miró con felicidad—. No te imaginas lo feliz que estoy. Vamos a tener un hijo, mi amor; de nosotros, el fruto de nuestro amor. ¿No es eso hermoso, Ojos Melosos? Te voy a cuidar mucho y voy a darte todos tus antojos.
—Vaya... —Respiró profundo—. Tenía miedo de cómo te tomarías la noticia, pero al parecer, estás más emocionado que yo.
—Ya te había dicho que quería un bebé, lo que no entiendo es como quedaste embarazada si nos estamos cuidando.
—No lo sé. No recuerdo haberme saltado un día —contestó pensativa.
—Tal vez se te olvidó, pero no importa, estoy muy feliz de que tengas a mi “coshita” aquí. —Acarició su abdomen. Laura lo miró con ternura. Kevin era tan dulce que le daba ganas de besarlo completo. Se sentía la mujer más afortunada del mundo con él a su lado y por el bebé que llevaba en su vientre.