Te amo 22
—¡Esto es el colmo, Jessica! —Kevin alzó la voz con reclamo. Estaba que explotaba de la rabia. Ambos se encontraban en la oficina de él mientras la chica lloraba con desesperación.
—¡Te lo juro, Kevin! Yo no lo hice. Ni siquiera sabía que ese dibujo existía. Te lo juro, Kevin.
—¿No sabías que existía? Tú tenías la carpeta donde estaba el dibujo. No me mientas deliberadamente.
—¡Pero no lo vi! Tenías muchos dibujos ahí, me cansé de ver el rostro de Laura y la cerré. Además, yo no fui la única que vio los dibujos. Paloma también.
—Sí, pero Paloma no haría algo así. Ella no está loca como tú. —Kevin se dejó llevar por la ira. Jessica lo miró con tristeza y salió corriendo de la oficina—. ¡Rayos! —Kevin exclamó al saber que no pensó antes de hablar.
Jessica duró el resto del día encerrada en su habitación. Un toque en la puerta la sacó de su ensoñación, dirigiéndose a abrir al saber que era su amigo.
—Me enteré de lo que pasó. —Él se sentó en la cama. Jessica lo imitó quedando a su lado.
—Antes de que empieces el sermón, no fui yo.
—¿Ah no? —La miró con sospecha.
—No. —Acunó su rostro entre sus dos manos con frustración—. No sé quién está acosando a Laura, pero te juro que no soy yo.
—¡Vaya! Pero tu primo cree que eres tú. ¿Cómo saldrás de esta?
—No lo sé, pero voy a probar que no soy yo. Es por esto que necesito un favor. Yo ya no podré ir a la galería, pero tú sí. —El chico asintió y Jessica lo abrazó.
***
Pablo retomó su cargo en la empresa, por lo tanto, Jimena se tomó dos días de descanso antes de empezar con su proyecto.
—Disculpa que venga a visitarte a esta hora, pero no me gusta estar en el apartamento, me preguntaba... —Peinó su cabello con la palma de su mano—. ¿Puedo quedarme aquí esta noche? No en la misma habitación, obvio —dijo tembloroso—. Le puedo decir a Marta que me prepare una... —La miró con vergüenza—. ¿Sabes qué? Olvídalo. Mejor voy a casa de mis padres... disculpa por pedirte algo así...
—Puedes quedarte hoy. —Jimena contestó sonriente y Pablo la miró con incredulidad.
—¿En serio? —preguntó sorprendido y aliviado de no tener que ir a aquel apartamento que por alguna razón le daba pavor.
Jimena y Pablo compraron pizza y se pasaron la noche viendo películas de artes marciales y hablando tonterías, al final decidieron practicar un poco.
—Te dije que he mejorado mucho. —Jimena alardeó mientras apretaba la llave donde atrapó a Pablo. Este hizo una maniobra, doblando la pierna atrapada, logró liberarse y ponerse sobre ella, agarrando sus brazos.
—El alumno no supera al maestro aún, preciosa. —La miró airoso. Ella trató de zafarse, pero no pudo.
—¡Rayos! —espetó frustrada por lo que él empezó a reír. La soltó lentamente y ella lo manoteó en el hombro. Pablo apoyó sus brazos del suelo y acercó su rostro a Jimena, la observó por unos minutos y ella empezó a respirar con dificultad. Él se levantó y se tiró en el sofá, dejando salir un suspiro.
—Creo que es hora de dormir... —susurró y se puso de pies.
—Sí, vamos. —Ambos subieron las escaleras y se pararon en medio del pasillo.
—Buenas noches. —Él besó su mejilla.
—Buenas noches. —Ella respondió mirándolo a los ojos. Ambos se quedaron observándose con anhelo. Pablo se acercó lentamente y tembloroso.
—Si quieres... —La observó con profundad, lleno de deseo. Jimena sintió un punzón en el estómago y un cosquilleo se adueñó de su cuerpo. Tenía mucho tiempo sin acción y Pablo despertaba todos esos deseos dormidos. Deseaba tanto llevarlo a su habitación.
—¿Uju? —balbuceó con la respiración agitada al él no terminar la frase. La ansiedad iba a acabar con su cordura, pero ella no haría nada. Su orgullo no se lo permitía, aunque no se negaría a estar con él.
—Ah... nada, disculpa... —negó nervioso—. Voy... —Señaló la puerta de su habitación—. Voy a dormir... Qué tengas dulces sueños, Jim —dicho esto, se entró en la habitación con prisa y cerró la puerta. Una vez adentro se recostó sobre la fría madera y dejó salir un suspiro.
Jimena se quedó estática por unos minutos. La decepción embargó su pecho y le dieron ganas de llorar. Sabía que él temía, debido a que ella lo había rechazado varias veces. ¿Qué tal que ella lo buscara? No, eso no. Entró a su habitación frustrada y enojada, se sentó sobre la cama y llenó sus pulmones de aire.
—Es mejor así. —Secó una lágrima que se escapó—. No quiero cargar con las consecuencias de una calentura —dicho esto, se acostó abrazando la almohada que alguna vez perteneció a él y se quedó dormida.
***
—Chicas, ¿cuento con su apoyo? —Jimena miró a sus hermanas y a Laura a la expectativa.
—Me encanta tu idea, Jimena. —Laura trató de sonreír. Aún estaba afectada con el asunto del dibujo y los días en la galería eran tortuosos, ya que los hombres no le quitaban los ojos de encima y las mujeres aún murmuraban en los baños y la miraban con sorna. Kevin se la pasaba muy cariñoso, atento y un poco desubicado. Para él era difícil lidiar con la culpa y el enojo que le provocaban las miradas lujuriosas de los hombres que trabajan en la galería, en especial de John.
—Cuenta conmigo y hasta con Lisa, sé que ella estará encantada de colaborar. Todas tenemos una historia que contar y podemos ser apoyo a esas mujeres que han pasado por situaciones similares a la nuestra. —Claudia contestó sonriente.
—Cuenta con mi apoyo. —Cecilia respondió.
—¡Gracias chicas! No se imaginan lo que sus colaboraciones significan para mí. En el gimnasio he conocido a varias mujeres que necesitan apoyo emocional y psicológico. Eso me inspiró a crear esta institución.
—Matt es abogado, él nos puede ayudar con los asuntos legales. En especial, cuando tengamos casos de abuso.
—Sí. —Laura chilló emocionada—. Kevin podría apoyar en la parte artística. Crearíamos talleres gratuitos para mujeres y jovencitas de escasos recursos.
—Y Lisa y yo podríamos diseñar ropas para todo tipo de cuerpo, resaltando la belleza de cada mujer. He visto que muchas chicas tienen que vestir feo porque no encuentran la ropa apropiada o simplemente no se atreven a usar una prenda bonita, puesto que están llenas de complejos. Yo podría asesorarlas para que se arreglen conforme a la forma de su cuerpo, su tono de piel y la simetría de su rostro.
—Yo podría darles apoyo psicológico y como conozco personas en el área, podríamos conseguir el soporte de diferentes tipos de terapeutas. —Cecilia añadió.
—Yo seré la fotógrafa y publicista, también puedo ayudar con la contabilidad y buscar donadores. He hecho muchas relaciones con personas muy influyentes que nos pueden ayudar. —Laura propuso emocionada.
—¡Perfecto! —Jimena espetó con alegría—. Pablo y yo nos encargaremos de la parte deportiva. Pablo les enseñará artes marciales para que aprendan a defenderse y yo me encargo de enseñarlas a ejercitarse y disfrutar hacer deporte. Tengo algunos amigos en el gimnasio que me van a ayudar.
—¿Y cómo se va a llamar la institución? —Cecilia preguntó con curiosidad.
—Estuve pensando... —Jimena miró al techo y luego las miró a todas—. ¿Qué tal "Mi propio espacio"?
Todas la miraron intrigadas.
—Normalmente, las mujeres estamos muy ocupadas en todo —en especial las que somos madres —, menos en nosotras mismas. —Jimena prosiguió—. Nos olvidamos de nuestras necesidades y sueños, no sacamos ese espacio personal donde solo importamos nosotras. Los hombres siempre sacan un tiempo para ellos, pero nosotras nos envolvemos tanto en lo externo que nos descuidamos de nosotras mismas. Esa es la razón del nombre. Trataremos con mujeres que decidan darse un espacio para crecer y levantarse por encima de sus obstáculos. Mujeres que quieran compartir sus experiencias y sanar sus heridas. Ser una comunidad de féminas que se ayudan y apoyan entre sí.
Todas chillaron de la emoción.
Un mes después...
Jimena, Pablo y Matt se encargaron de registrar la institución y ya habían encontrado el establecimiento. Las chicas ya tenían el apoyo de diferentes empresas y personas influyentes. Jimena habló con Kenia para que las ayudara a reunir miembros en la fundación de rehabilitación para dar apoyo a las mujeres que estaban en terapia, pero también a hombres que lo necesitaran. Y aunque la institución era dirigida a las féminas, no se limitaba a éstas, descubrieron que muchos hombres tenían ese tipo de necesidad.
Pablo y Jimena se volvieron muy cercanos, pero se trataban como buenos amigos. Era increíble lo mucho que les faltaba conocerse y la manera tan única en que sus personalidades se complementaban. Ya todos esperaban con ansias que ellos volvieran a ser pareja, pues era muy obvio lo enamorados que estaban, sin embargo, ambos evadían sus sentimientos.
—Hola, Bruno. —Jimena saludó al candente hombre quien la besó en la mejilla. Bruno era un profesor de baile que Jimena conoció en el gimnasio y ellas le pagaban para que enseñe a las mujeres de la institución que estaban interesada en ese tipo de actividad. Muchas de ellas se inscribían en la clase para poder admirar al tipo, ya que estaba como quería. Tenía cabello largo y oscuro hasta los hombros, ojos azules y piel bronceada. Sus padres provenían de Italia, así que dominaba bien el italiano. Su cuerpo era como de los modelos de una revista y su rostro muy atractivo. Tenía una gracia y coquetería singular que hacía suspirar a las féminas; sin embargo, no era muy serio que digamos, de a leguas se veía que era un casanova, impresión que se ganaba al coquetear con todas las mujeres. Desde que llegó a la institución le tiró el ojo a Laura, pero al saber que estaba casada dejó de molestarla. Luego le hacía ojitos a Claudia, mas tomó distancia al ver la cara asesina de Matt, a quien temía por su gran tamaño y músculos. A pesar de que flirteaba con las chicas, tenía entendido que no debía enredarse con las mujeres que recurrían a la institución. Entonces, empezó a coquetearle a Jimena, quien le seguía el juego.
—Me gustaría darte clases particulares, Jim —ofreció coqueto.
—Bueno, no me opondría a eso. No sé si puedas después de que termine mis actividades.
—Por mí está bien, preciosa. No te vas a arrepentir. Soy -muy- bueno… —Hizo énfasis en esas tres palabras mientras la miraba fijamente—. Digo, en el baile. —Sonrió con picardía y Jimena estalló de la risa.
—Estoy consciente de lo bueno que eres —ella contestó con flirteo—, digo, en el baile —Jimena repitió su frase. Al instante, ambos se carcajearon.
Otra sensación en la institución era Pablo. Tenía muchas alumnas y no todas estaban interesadas en las artes marciales; incluso, algunas se habían atrevido a invitarlo a salir, pero él las rechazaba de forma cortés y sutil. Matt iba poco, porque estaba tomando muchas clases y tenía varios casos en los que estaba trabajando. Estaba ahorrando dinero porque quería casarse con Claudia, claro, ella aún no lo sabía. Él le insistía para que viera a una psicóloga que él conocía, no obstante, ella siempre lo posponía. Por otro lado, Gómez hizo un descubrimiento que pronto utilizaría en su contra.
—Ok, Jim, cuéntamelo todo. —Cecilia la abordó con curiosidad. Era sábado y Pablo se había llevado a Adrián para casa de sus padres por todo el fin de semana, así que Jimena aprovechó para asistir a una pijamada en el apartamento de sus hermanas. Invitaron a Laura y a Lisa. Esta última estaba saliendo con el chico de la cafetería. Descubrió que el trabaja medio tiempo allí para ayudar a sus padres con los gastos de la universidad.
—¿Qué cuente qué? —Entrecerró los ojos.
—No te hagas, yo te vi. —Claudia la señaló con su dedo índice—. ¿Cómo besa el ardiente bailarín?
—Ok, les diré. —Suspiró rendida—. Es todo un experto. Sentí que me derretía cuando me besaba. Pero...
—¿Pero? —Claudia preguntó como si se quejara. Imaginaba el “pero”. Jimena entendió su queja. Claudia era la única que no estaba de acuerdo con que ellos volvieran. Después de ver el sufrimiento de su hermana, temía que Pablo la volviera a dañar.
—Nada —respondió cabizbaja—. Son tonterías mías. Es que no estoy acostumbrada a este tipo de relación sin compromiso.
—Disfrútalo, querida. Ese Bruno es muy sensual. —Claudia le dijo con picardía.
—Me imagino lo experto que debe ser en la cama. —Cecilia comentó juguetona.
—No pienso llegar tan lejos con Bruno. El sexo vacío y sin compromiso no es lo mío. Entiendo que a muchas personas les funciona, pero dado mi historial, prefiero inhibirme.
—¿Ah no? Tú no tuviste ningún compromiso con Jack. —Claudia recalcó.
—Yo nunca me acosté con él. Jack fue algo que no debió pasar. Acepté salir con él porque estaba harta de tener sentimientos por Pablo mientras él estaba con otra.
—Entonces... ¿Ya no amas a Pablo? —Laura preguntó media incómoda—. Creí que ustedes se estaban entendiendo bien.
Jimena se quedó pensativa y luego sonrió.
—Somos buenos amigos —contestó con serenidad—. Creo que ya superamos nuestra relación fallida.
—¿Estás segura? —Laura la confrontó y Jimena respiró profundo—. Al parecer, Pablo no te ha superado.
—Pues debería hacerlo. Ya nuestro tiempo pasó, es momento de continuar cada quien por su lado. Yo ya estoy cansada del drama en mi vida, quiero experimentar otras cosas.
***
Kevin estaba en el taller pintando. Sus ojos pesaban y le dolía la espalda, entonces, decidió que era hora de tomar un descanso. Se levantó del banco y fue a lavarse las manos, tomó su celular y respiró del hastío al ver treinta mensajes de Paloma. Últimamente era así. Ella le envía mensajes a cada momento y algunas veces lo llamaba por las noches. Lo seguía en todas sus páginas y en las redes. No salía de la galería, aunque no le tocara ir y ya Laura se estaba poniendo celosa. Había hablado con ella de forma sutil, pero al parecer, tendría que dejar la cortesía de lado y tener una conversación firme y clara con ella. No entendía qué rayos tenía que provocaba que ciertas mujeres se obsesionen con él. Por su parte, Jessica no volvió a la galería, pero su amigo iba algunas veces.
Laura recibió un extraño mensaje en su FB, y, cuando entró a la página de la persona desconocida, quedó atónita. La página iba dirigida a ella. Había todo tipo de burlas y comentarios desagradables, la foto de perfil era el desnudo que Kevin hizo de ella y tenía muchos seguidores. Laura empezó a llorar. Esa persona no se limitó a acosarla y amenazarla por mensajes de texto, también lo hacía en las redes y con cartas. A veces Laura encontraba notas en la puerta, o en sus carpetas. Las notas estaban hechas con letras de periódico o de revistas y les advertían que se alejara de Kevin. Laura se encerró en ella misma y no dijo nada por temor de que el acosador o la acosadora tomara represalias. Ella dejó de ir a la institución y a la galería. Empezó a deprimirse y ya no hacía ninguna de las actividades que acostumbraba. Kevin estaba muy preocupado y confundido, pues no sabía la razón del cambio repentino de su esposa.
—Laura, amor. —Él la removía con delicadeza. Ella estaba dormida en la cama con su laptop al lado. Kevin la dejó dormir un poco más y tomó la laptop para ponerla sobre la mesita de noche. Su sangre se heló al ver el contenido de la pantalla. Entonces, empezó a registrar los mensajes que Laura recibía y entró a la página del acosador. Dos lágrimas rodearon su rostro y la rabia e impotencia apretaron su pecho. La miró con tristeza y jaló su cabello con rabia. ¿Cómo no lo había notado? Y… ¿Por qué ella nunca le dijo nada?
***
Cristian se había reunido con algunos inversionistas y Delia, en un almuerzo de negocios. Después de terminar la reunión, él sacó el coraje de invitarla a comer un helado. Ella quedó conmovida con la invitación, pues le recordó sus tiempos de adolescencia.
Ellos estaban sentados en un parque, degustando su helado cuando Cristian decidió dar “el paso”. Dirigió su atención a los ojos de ella que brillaban de forma especial; con sonrojo y nerviosismo se atrevió a probar el helado de su amiga. Ella levantó la mirada sorprendida y sus narices chocaron, mezclando sus respiraciones. Cristian la miró a esos ojos que tanto le gustaban, entonces la besó. Ella gimió ante aquel delicioso beso donde se mezcló la calidez de su aliento con el frío del helado y, el sabor a fresa y chocolate, hacían aquel beso alucinante.
—Perdón por mi atrevimiento, Delia... —Bajó el rostro avergonzado. Ella tomó su mentón para verlo a los ojos y le sonrió.
—¡Hasta que por fin se nos da! Estaba cansada de que siempre nos interrumpieran. —Ambos rieron.
—Sí... —La miró con intensidad—. Creo que me he comportado como un adolescente que nunca ha besado. Tenía tanto tiempo que no sentía estas cosas... Sabes que nunca superé mi divorcio y que no tenía ojos para otra mujer que no fuera Jillian. Pero ella hizo su vida y creo que es hora de superarlo.
—¿Todavía la amas? —Delia preguntó con tristeza.
—No te voy a negar que ella es especial para mí, pero... me gusta otra mujer. —La miró con coquetería y ella sonrió aliviada.
—Tú también me gustas, Cristian —confesó con un brillo especial en los ojos y besó al hombre que se estaba robando sus suspiros.
***
—Aquí tiene los boletos que encargó, señor. —La secretaria le pasó un sobre a Pablo y él le agradeció. Una vez ella salió de la oficina, él abrió el papel emocionado.
—¡Hasta que por fin los conseguí! Jimena se pondrá muy feliz. Mi amor, te daré una sorpresa. —Sonrió como tonto.
Pablo se dirigió a la institución con ansias. Tenía entradas para un evento de artes marciales que se estaba dando en la ciudad. La actividad era exclusiva y él quería sorprenderla, así que no le diría hasta que estuvieran allá.
—Hola, Jim —la saludó con nerviosismo
—Hola, Pablo. —Ella le devolvió el saludo con una sonrisa.
—He estado un poco estresado en estos días y tengo ganas de hacer algo fuera de la rutina hoy. Así que estuve pensando: Pablo, ¿por qué no invitas a tu amiga Jimena a dar una vuelta? No sé, ¿me acompañarías a votar el estrés? No es una salida formal, solo iremos por ahí para conversar. ¿Aceptas? —preguntó expectante.
—¡Claro que sí! —Ella contestó sonriente. Pablo salió emocionado de la institución. Volvió a la oficina y miraba el reloj a cada minuto. No podía esperar para ver la cara de Jimena por su sorpresa.
—Hola, Jim. —Bruno la abrazó—. Hice una reservación en un restaurante para una cena especial entre tú y yo.
—Eso suena bien. ¿Cuándo es la cena?
—Esta noche.
—¿Esta noche? Pero... —Se quedó pensativa un rato—. ¿Puedo darte mi respuesta en un rato? —Él asintió.
—Pero, Jim. —La miró fijamente—. No acepto un no por respuesta —advirtió. Él le guiñó un ojo con toda su picardía y se fue a su clase. Jimena fue a donde estaba Claudia y se sentó frente a ella.
—Clau, necesito un consejo —pidió como si estuviera en una encrucijada—. Pablo me invitó a dar una vuelta esta noche para conversar. Pero, entonces, Bruno me invitó a salir. Incluso hizo la reservación en un restaurante y todo. No sé qué hacer, si tan solo Bruno me hubiera dicho antes.
—Jim, no te atrevas a rechazar esa cita con Bruno. Lo de Pablo no es nada serio, ustedes pueden conversar en cualquier momento. Sin embargo, lo de Bruno es una cita de verdad con tu posible novio. ¡Hasta hizo una reservación!
—Lo sé, pero me da pesar con Pablo —contestó indecisa.
—Jim, Pablo entenderá. Solo dile que saldrán otro día y ya. Total, ustedes qué tanto hablan. ¿Vas a rechazar una cita con semejante hombre por una tonta caminata? ¡Por favor, Jimena!
—Tienes razón. Voy a llamar a Pablo para cancelarle. —Salió emocionada de allí y buscó su celular. No esperaba el momento para ir a esa cita con Bruno.
Pablo tomó el teléfono lleno de alegría al ver la llamada entrante de Jimena.
—Hola, rubia candente —contestó mientras miraba los boletos.
—Pablo... —Su voz se escuchó temblorosa y débil—. Lo siento, pero no podré acompañarte hoy... Te prometo que lo compensaré y yo te invitaré la pizza y el helado. Es que se me presentó una cita que no puedo rechazar... ¿Me perdonas?
—Oh... —Su voz se apagó—. Entiendo... ¿Sería mucho atrevimiento preguntar por tu cita? —Trató de no arrastrar las palabras.
—Es con Bruno; iremos a cenar a un restaurante. Como solo saldríamos sin rumbo, entonces voy a aceptar su cita y luego tú y yo, tenemos esa conversación, ¿sí?
Pablo sintió como su corazón se destrozó en pedazos. Tuvo que respirar varias veces para articular las palabras.
—No te preocupes —dijo con tristeza—. Lo mío no era nada especial —respondió mientras apretaba los boletos que había ordenado dos semanas atrás.