Te amo 21

La competencia estaba reñida. La maestra Gómez y Nicole se decidieron por ropa para mujeres con un concepto antiguo, pero interesante, dado que se inspiraron en la era medieval. Siempre que ellas se encontraban en el concurso, Claudia y Lisa eran atacadas por sus rivales con insultos y provocaciones.

El día esperado llegó y la pasarela estaba lista para presentar los diseños de los concursantes. Una amiga de Nicole era su modelo y Matt el modelo secreto de las chicas. Cada concursante tenía que presentar tres prendas de sus diseños.

—¿Cuál es tu modelo? —Nicole se le acercó a Lisa desafiante.

—¿Quién más? —Gómez atacó—. Es obvio que la descerebrada se cree tanto que ella misma va a modelar —se burló de Claudia.

—Eso no es asunto de ustedes. —Claudia contestó indiferente y sostuvo a Lisa de la mano—. Vamos, Lisa. Tenemos un concurso que ganar —dijo maliciosa antes de ambas marcharse.

Los miembros del jurado tenían las carpetas de diseños frente a ellos, mientras observaban la presentación de los diseñadores y sus modelos. Después de la presentación de Gómez y Nicole, fue el turno de Lisa y Claudia.

—Estoy nerviosa, siento que voy a vomitar. —Lisa se quejó temblando. Claudia se puso en frente de ella con sus manos sobre los hombros de la chica y la miró fijamente.

—Es normal que estés nerviosa, pero utiliza esos nervios a tu favor y no dejes que ellos te controlen a ti. Cuando nos sentimos amenazados nuestro cerebro se pone en alerta, entonces nos volvemos muy creativos para salir de la situación que nos atemoriza. Utiliza esos miedos para hacer esas cosas que normalmente no te atreverías hacer. Es tu momento Lisa, vívelo y disfrútalo. Demuéstrales de lo que eres capaz, es hora de poner tu cabeza en alto y mostrar lo buena que eres. Vamos, traserona, confío en ti. —Claudia la animó palmando su trasero. Lisa la miró unos segundos. Nunca se hubiera imaginado que se volvería tan cercana a esa maestra que se mostraba tan superficial y arrogante. Sonrió y llenó sus pulmones de aire, caminó hacia la pasarela y empezó a presentar sus diseños y a describir el concepto, estilo, tipo de telas, colores y el uso de las prendas.

Matt respiraba agitado mientras Claudia le daba unos retoques.

—Estarás bien, chico sexy. Serás la sensación del momento. —Dejó un casto beso sobre sus labios.

—Eso es lo que me temo —la miró aterrado—, ser la sensación y perder el respeto de mis estudiantes y compañeros de trabajo.

—¡Qué exagerado! —Claudia rio divertida—. Estás colaborando con el arte y la moda. Eso se respeta, amor. Vamos, chico sexy, te toca. —Palmó su trasero y él sonrió coqueto.

Después de la exposición de Lisa y la presentación, Matt salió a la pasarela llamando la atención de los presentes. Gómez y algunos maestros que fueron a presenciar el concurso abrieron la boca del asombro. Las féminas se emocionaron demasiado y el lugar se llenó de gran algarabía. Matt respiró profundo y sonrió con coquetería, sacando los suspiros de las mujeres que lo observaban con ganas de comérselo.

«Claudia me las pagará», gruñó para sí mientras fingía una sensual sonrisa.

—Vaya, profe, de lo que se perdió. —Nicole abordó a Gómez con una sonrisita maliciosa—. Se dejó quitar a ese bombón de la maestra descerebrada, como usted la llama. Quién diría que debajo de esos trapos raros, había tremendo hombre. ¡Dios! Debe ser un pecado estar tan bueno.

Gómez la miró fulminante y luego miró a Matt. No le dejaría el camino libre a Claudia, ella no se quedaría de brazos cruzados. Se había fijado en él mucho antes de que Claudia apareciera y no permitirá que ellos avanzaran en su tonta relación.

Después de que todas las prendas fueron modeladas y los diseñadores hicieron su presentación, era hora de que los jurados tomaran una decisión.

—De verdad, siento que moriré del corazón. —Lisa expresó nerviosa.

—¡Cálmate, Lisa! —Claudia trataba de tranquilizarla—. Lo hiciste muy bien y, sin importar los resultados, estoy muy orgullosa de ti —dicho esto, la envolvió en un cálido abrazo. Matt miraba a Claudia con orgullo y admiración, había cambiado mucho desde que él la conoció. La amaba y estaba decidido, ella sería su esposa y ellos irían a terapia para superar ese trauma.

Todos los diseñadores, los maestros que los guiaron y los modelos estaban en la gran tarima. El animador del concurso subió y se paró frente a los espectadores con un sobre en mano.

Sonaron bambalinas y los nervios y la tensión llenó el lugar. Lisa estaba en medio de Claudia y Matt, sosteniendo las manos de ellos. Ella los apretó fuerte y cerró los ojos. Los sonidos y la algarabía se escuchaban lejos y sin claridad, como si se estuviera alejando del lugar. Nunca había logrado nada en su vida ni recibido tanto apoyo, tampoco se había lanzado ni arriesgado. Siempre optaba por pasar desapercibida. Prefería quedarse callada a luchar y defenderse, solía conformarse y nunca atreverse. No escuchó al ganador. Se sumió tanto en sus pensamientos que se desconectó de la realidad. Solo sintió el fuerte abrazo de Claudia y Matt que la apapachaban, dejándola sin aire. Abrió los ojos y se encontró con una sonriente y llorosa Claudia.

—¡Felicidades, Lisa! —Claudia saltó emocionada—. Estoy muy orgullosa de ti. —Volvió a abrazarla con fervor.

—Entonces... —balbuceó ida y atolondrada—. ¿Ganamos? —Abrió los ojos con exageración al ver a Claudia asentir—. ¡Ganamos! —gritó emocionada y empezó a dar saltos junto a Claudia. Matt las miraba con una sonrisa de satisfacción y orgullo. Por otro lado, Gómez, Nicole y compañía salieron echando chispas del lugar.

—Esto se merece una celebración. —Matt interrumpió a las chicas, quienes seguían dando saltos como locas—. Las invito a comer.

—¡Felicidades, Lisa! —Lisa se volteó sorprendida e incrédula al escuchar aquella voz. Los nervios la embargaron y temía perder el control.

—Gracias, Alan —contestó sonrojada.

—Sabía que ganarías. Tus diseños son muy buenos y originales, espero algún día vestirme de tu arte —elogió con una sonrisa dulce mientras escondía sus manos en los bolsillos para disimular su nerviosismo.

—A mí me encantaría vestirte. —Ella sonrió sonrojada.

—¡Oye, chico! —Matt se acercó a ellos—. ¿Por qué no nos acompañas a almorzar? Celebraremos la victoria de las chicas.

—No sé, no quiero molestar... —respondió tembloroso.

—Claro que no molestarás —Lisa contestó nerviosa—. Me encantaría que nos acompañes. —Sonrió con timidez. El chico se fue con ellos y pasaron un momento agradable. Después del almuerzo, Alan invitó a Lisa a comer helados y Claudia y Matt fueron al cine.

Claudia llevó a Matt a su apartamento para cenar con sus hermanas y prima. Matt, Laura y Cecilia hicieron la cena, mientras Jimena y Claudia arreglaban una hermosa mesa.

—Te ves muy bien, cuñado. —Cecilia comentó con picardía. Ya todos estaban sentados en el comedor, degustando la cena.

—Sí, deberías vestir así más seguido. —Jimena secundó.

—¡Claro que lo hará! —Claudia aseguró—. Mañana mismo iremos de compras y voy a quemar todos esos trapos raros que él llama ropa. —Matt la miró mal y ella empezó a reír como loca.

—Estás obsesionada con mi vestuario, pero si eso te hace feliz, haz lo que quieras. De todas formas, mereces que te complazca, te has portado muy bien. —Todas empezaron a silbar y a tomarse las palabras de Matt en otro sentido.

—No se refiere a eso. ¡Mal pensadas! —Claudia bufó sonrojada.

—No hemos pensado nada, Claudia, pero tu sonrojo nos hace sospechar. —Jimena contestó con picardía.

—Jimena, yo no soy tú, cachonda. —Se cruzó de brazos.

—No, me imagino que eres peor; pero bueno, cambiemos de tema o vas estallar. Mira lo roja que estás. —Empezó a reír. Matt miró a Claudia con pesar, pues sabía que esos comentarios afectaban su autoestima.

Laura y Jimena se marcharon y Cecilia fingió que tenía sueño para darle privacidad a los enamorados. Ellos estaban sentados en el sofá, agarrados de manos. Claudia dejó salir un suspiro que emanaba tristeza, Matt la miró de reojo y cubrió su espalda con su brazo libre.

—¿Todo bien? —preguntó preocupado, pero se imaginaba la causa de su desánimo.

—Matt, ¿estás seguro de que quieres continuar con esta relación? Yo tengo demasiados problemas, no es justo para ti tener que cargar conmigo.

—Claudia —levantó su mentón y la miró con dulzura—, todos tenemos problemas. Unos más que otros, pero, al fin y al cabo, nadie es perfecto. Preciosa, sería muy egoísta de mi parte no continuar porque tienes un trauma, estaría pensando solo en mí. Una relación es de dos, con sus altas y sus bajas. Qué lindo recibir solo lo bueno, pero si algo anda mal entonces, ¿renunciar? Imagínate, nunca tendríamos estabilidad, pues nadie es perfecto y la vida en sí tiene sus momentos buenos y sus momentos no tan buenos. Yo te amo con todas tus virtudes y tus defectos. Te aprecio y admiro porque te has levantado por encima de tus problemas y tus ideales errados. Te hiciste mi novia, novia de un chico mal vestido que no cumplía con tus estándares. Claudia, no vuelvas a decir que te deje, eso jamás pasará. Te amo, reinita.

Claudia lo miró con lágrimas en los ojos. No podía creer que un hombre como él se aferrara a ella de esa manera. Se sentía culpable por ello. Él se merecía a una mujer sana y sin tantos problemas, una mujer que le sumará en vez de restarle, una mujer capaz de entregarse a él por completo.

***

Kevin se levantó espantado y miró el reloj aturdido. Apretó su cabello de la frustración y saltó de la cama.

—¡No entiendo, puse la alarma! —gruñó. Tomó su celular y empezó a teclear—. Laura, ¿estás en la galería?

—No, amor. Te dije que tenía una sesión de fotos fuera de la ciudad hoy; salí muy temprano y no te quise despertar, pues últimamente no estás durmiendo lo suficiente. Amor, creo que no deberías tomar todos los trabajos que te llegan, además, debes contratar a alguien que te ayude en la oficina. Es demasiado carga para ti.

—Lo sé. —Suspiró—. Pero es que quiero darte lo mejor. No viviremos en este apartamento para siempre, cuando tengamos un bebé tendríamos que mudarnos.

—Kevin, sabes que tengo mi patrimonio, no es mucho, pero es una ayuda. He notado que has invertido tanto en la galería que estás corto de dinero, pero debes tomarte las cosas con calma, amor. Además, cuentas con la fortuna de tu familia. Sé que no quieres tocar ese dinero, mas en caso de que lo necesitemos, cuentas con eso. Deja tu orgullo, haces que tu padre se sienta mal por tu rechazo.

—Eso no se discute, Laura. No es orgullo... es dignidad.

—Como digas. Pero no necesito una gran fortuna para ser feliz. Con lo que ganamos está bien, juntos podemos superar cualquier situación. Te prefiero sano y descansado. Hablamos en la noche, se acabó mi receso. Te amo Kevin Mars. Por cierto, no te saltes el desayuno ni el almuerzo. Si mis cálculos no me fallan, llegaré para cenar.

—No te preocupes, amor.

—Te conozco, Kevin —dijo con tono de reclamo—. Cuando estás estresado se te olvida comer.

—Vaya, pareces mi madre. No te preocupes, Ojos Melosos, no me voy a saltar las comidas. Besos, mi amor. Te amo.

—Yo también te amo.

Kevin se duchó con rapidez y cuando iba a desayunar, recibió una llamada.

—Sí, lo siento —contestó con vergüenza—. En diez minutos estaré ahí. —Cerró la llamada y tomó sus carpetas con rapidez, olvidando el desayuno. Kevin manejó hacia la galería. Estacionó el auto y corrió en dirección a la entrada. Iba con tanta prisa que chocó con una persona de frente, dejando caer sus carpetas.

—Lo ayudo, Sr. Mars. —El hombre se arrodilló para ayudarlo a recoger los bocetos que se regaron en el piso.

—Lo siento, no le vi venir. —Kevin se disculpó avergonzado—. ¡Gracias! —gritó mientras se alejaba con rapidez. El hombre recogió una carpeta negra del piso.

—¡Sr. Mars, espere! —vociferó, pero Kevin ya se había perdido por el pasillo.

—No se preocupe, señor. —Una hermosa chica apareció de repente—. Yo se la entrego.

El hombre entregó la carpeta y ella la llevó a la oficina de Kevin.

—¿Kevin no está? —Paloma preguntó a Jessica quien admiraba unos dibujos de la carpeta negra. Ella estaba sentada en el escritorio de Kevin.

—No. Tiene una reunión con unos vendedores. Lo estoy esperando para devolverle esta carpeta que se le cayó.

—¿Son los dibujos de él? —preguntó emocionada.

—Sí —respondió tirando la carpeta sobre el escritorio—. La mayoría son de Laura. Nada interesante. —Bufó. Paloma tomó la carpeta y empezó a ojear las hojas dentro de ella.

—No todos son de Laura, hay dibujos muy buenos aquí.

—No los vi. Como sea, es mejor que salgamos de su oficina antes de que él venga —advirtió quitando la carpeta de las manos de Paloma y poniéndola de vuelta en el escritorio.

Laura llegó tarde en la noche y se encontró con Kevin en la entrada del complejo.

—Vaya, amor. Tuviste mucho trabajo hoy.

—Sí. No te imaginas cuánto. —Él besó sus labios y luego entraron al apartamento.

Ambos se bañaron y recostaron en la cama.

—¡Estoy tan cansada! —Laura bostezó.

—Yo estoy muerto. ¿Me apapuchas? —La miró con ojitos de cachorro. Laura se acercó a él y lo abrazó con fuerza—. Ummm... me encanta estar así contigo, Ojos Melosos.

—A mí también, amor. Te amo mucho. —Besó todo su rostro y él empezó a reír.

—Eres muy tierna, Ojos Melosos. —Acarició su cabello.

—¡Cántame una canción! —Ella pidió mientras acariciaba su mejilla. Kevin empezó a cantar y Laura se relajó en sus brazos. Su voz melodiosa la fue transportando poco a poco al lugar de los sueños.

Laura se levantó relajada y llena de energía. Al parecer, Kevin se llevó de su consejo y no puso la alarma. Ella besó su mejilla y acarició los rizos anchos que se le formaban en la punta de su ondulado cabello. Lo observó dormir un rato con admiración y luego se levantó a preparar el desayuno. Era una de sus actividades favoritas en la mañana. Siempre le gustó cocinar y hacerlo para Kevin la llenaba de felicidad.

—¡Huele delicioso! —Kevin se sentó frente al desayunador. Laura le sirvió café con leche y puso el desayuno frente a él.

—Te ves sensual cuando cocinas. —La miró con una sonrisita—. En especial, cuando lo haces escuchando música, moviendo tus caderas de aquí para allá —dijo imitando un baile que más bien parecía una convulsión. Laura empezó a reír como loca.

—Estás loquito, Amor. —Se sentó encima de sus piernas y dejó un casto beso sobre sus labios.

—Y tú estás buenísima. Cada vez que veo tu dibujo me prendo.

—Guarda bien ese dibujo, Kevin Mars. Me moriría de la vergüenza si alguien lo llegara a ver.

—No te preocupes. —Besó su mejilla—. Lo tengo en mi carpeta personal.

Laura y Kevin llegaron a la galería y se sorprendieron al ver un grupo de personas murmurando entre ellos, frente al edificio. Ambos se acercaron con prisa para ver qué sucedía. Laura se quedó en shock. Las lágrimas mojaron su rostro y sudores fríos recorrieron su piel. Kevin se paró a su lado lleno de espanto.

—¡Vaya forma de atraer personas a tu galería, Kevin! —John se les acercó con tono burlón—. Vaya mujer la que te disfrutas. Con razón te tiene tan amarrado. —Kevin lo apretó por el cuello con rabia.

—¡Deja de decir sandeces, imbécil! —Sus ojos emanaban ira. John lo miró asustado por su reacción y Kevin lo soltó abrumado. Miró a Laura con pesar y culpabilidad.

—¡Explícate, Kevin! ¿Qué rayos es esto? —interpeló con decepción y dolor—. ¿Cómo pudiste hacerme esto?

—No, mi amor. ¿Cómo crees que voy a hacer algo así? —La miró temblando.

—¡Aléjate de mí! —Ella retrocedió entre lágrimas—. Te dije que no quería que me dibujaras.

Laura empezó a despegar las hojas de la pared que mostraban su desnudez, con desesperación. Kevin la ayudó al mismo tiempo en que echaba a todos los curiosos.

Laura salió corriendo de allí entre llantos y él la siguió; la atrajo a su pecho, envolviéndola en un fuerte abrazo.

—Laura, perdóname. Fui un descuidado, perdón, amor.

—Quiero estar sola, Kevin —pidió con ruego y el la soltó.

—Vamos al apartamento, si quieres.

—Quiero, pero sola. Por favor.

Kevin asintió y Laura se marchó. Se tiró sobre la cama a llorar por un largo rato. ¡Se sentía tan avergonzada! ¿Cómo iba a mirar a sus compañeros de trabajo a la cara? Estaba empezando a dormirse, cuando recibió una notificación en su celular. Tomó el aparato y se sentó de golpe al leer el mensaje.

Desconocido

Esa fue mi venganza por andar de chismosa. Espero que, desde ahora en adelante, mis mensajes sean un secreto entre tú y yo. Evita algo peor, Laurita.

Con amor,

Tu peor pesadilla.

***

Jimena se levantó temprano ese día, preparó a Adrián, lo subió al auto y emprendió la marcha. Estaba muy feliz de que por fin Pablo saldría de allí y retomaría su puesto en la empresa.

—Te voy a extrañar, guapo. —Kenia lo abrazó con euforia.

—Ni que me fuera del país. —Pellizcó su nariz—. Nos mantendremos en contacto, belleza tropical. Espero verte fuera de aquí muy pronto, preciosa.

Ambos se abrazaron. Jimena salió del auto con Adrián en brazos. Kenia cargó el bebé y Pablo se acercó a Jimena.

—Hola, Jim. —Besó la comisura de sus labios, provocando que Jimena retrocediera de la impresión—. Gracias por venir a buscarme.

—No tienes que agradecerme. —Ambos se quedaron un rato con las miradas cruzadas. Kenia aclaró su garganta y ellos dirigieron la mirada hacia ella.

—Te voy a extrañar a ti también, Jim. —La abrazó de una manera dulce que expresaba que todo estaba bien entre ellas.

Después de unos minutos de despedida, el auto de Jimena desapareció por la carretera. Pablo estaba feliz de recuperar su vida y libertad, aunque sentía un poco de nostalgia. También, el pensar en volver al apartamento le apretaba el pecho. Todavía tenía pesadillas del tiempo en que se emborrachaba.

Ellos almorzaron en un restaurante y se pasaron la tarde en un parque jugando con el niño. Jimena lo dejó en el apartamento y se marchó. Pablo tragó seco cuándo introdujo la llave en el cerrojo.

Aquel lugar se sentía tenebroso y con mala vibra. Entró lentamente y encendió las luces. Ya Jimena había enviado a alguien para prepararlo y a llevarse todo el alcohol que había allí. Fue a la habitación y después de un largo baño, se fue a dormir.

—Te ves tan indefenso ahí tirado. Tarado, si tan solo me dieras mi lugar, las cosas entre nosotros fueran diferentes. —La voz de Ariadna lo torturaba. No estaba muy consciente de lo que pasaba a su alrededor, se encontraba tan borracho que no sabía qué era real y qué no.

—Ariadna, es raro hacerlo con él en la cama —esa voz era de alguien muy joven.

—¡Tienes razón! Empújalo hasta que caiga al piso. —Sintió como su cuerpo rodaba y luego un calambre tensó sus músculos. Estaba tan ebrio que no sintió el golpe al caer de la cama. No sabía si soñaba o alucinaba, pero creía escuchar gemidos en la habitación. Un ardor en el pecho hizo que abriera sus ojos, pero su vista estaba tergiversada. El rostro de burla de un muchacho de unos dieciocho años era lo que creía ver. El chico fumaba un cigarrillo y soltaba su tóxico humo sobre él. Volvió a sentir el ardor en el pecho y la risa del chico le provocaba dolor de cabeza.

—Miguel, deja de quemarlo con el cigarrillo, le va a quedar marcas y me hará preguntas, imbécil. —Ariadna le reclamó al chico. Ella se acercó a Pablo y lo cacheteó—. ¡Desgraciado! —Empezó a pellizcarlo y seguía cacheteándolo—. Todo esto te pasa por preferirla a ella. Ahora tengo a otro hombre que sí está dispuesto a hacerme todo lo que tú te niegas. Me vengaré, Pablo. Te arrepentirás de todos tus desplantes, idiota.

Pablo despertó exaltado y sudoroso. Estaba harto de soñar con esa mujer.