Te amo 20

Paloma

Hola, Kevin. ¿Cómo amaneciste? ❤️

8:00 am

Kevin

Todo bien, gracias. Espero que tú también hayas amanecido bien. Pases buen día. 👍

8:15 am

Paloma

Gracias ❤️❤️❤️

8:15 am

Estoy practicando mucho. Tú eres muy bueno en tu trabajo, me has ayudado mucho. Eres el mejor. 👍♥️

8:17 am

Estoy desayunando algo que me recuerda a tus ojos. ¿Qué es? 🧐😄

9:00 am

¿No adivinas?

9:05 am

?????????????

9:10 am

¿Te estoy molestando? 😢

9:15 am

Tal vez estás ocupado y yo aquí de ociosa 😄

9:20 am

Hola, Kevin ¿Cómo estás? Me imagino que debes estar en la galería. 🤗

4:05 PM

Yo estoy practicando para mi presentación en el teatro. Un poco aburrido...😒😔

4:15 PM

No es que no me gusta cantar, pero me gusta otro tipo de música. No obstante, mi padre quiere que me comporte como una señorita elegante que canta música tradicional.

5:00 PM

Disculpa por decirte mis problemas... es que contigo me siento en confianza. ❤️

5:20 PM

Siento molestarte. Creo que no te escribiré más. ☹️

6:00 PM

¿Sabes qué? Olvida todo lo que te dije, solo estoy sensible hoy. Me gustaría que me des un consejo, pero te digo en la galería. Besos y abrazos. 😘🤗

6:30 PM

Hey... ¿Estás molesto conmigo? 😢

7:00 PM

Kevin había olvidado su celular en la casa, cuando llegó se fue a bañar y a comer algo; después de cenar fue a revisarlo.

—¡Vaya! ¿Y todos estos mensajes?

***

.

Jimena estaba en el apartamento de sus hermanas. Lisa y Claudia estaban trabajando en sus diseños, mientras que ella y Cecilia daban el visto bueno.

—¡Esto está hermoso, Claudia! —Jimena halagó admirando las prendas—. Es diferente y original.

—Deja que se lo veas puesto a Matt. Se ve genial y sexy. —Claudia contestó con una gran sonrisa.

—¡Por favor! —Cecilia exclamó—. No le vendría mal un cambio de clóset.

—Sí, Clau —Jimena secundó—. Deberías asesorarlo, él es un chico guapo y preparado. No se ve muy representable como profesor. ¡Dios! ¿Dónde consigue esa ropa?

—Lo sé. —Claudia se sentó en el sofá cabizbaja—. Creo que él tiene algún complejo con su físico. No saben lo difícil que fue convencerlo para que sea nuestro modelo; pero, poco a poco lo iré convenciendo de que cambie esa manera extraña de vestir.

—Bueno, si el profesor empieza a vestir como las personas normales, entonces deberás estar lista para ahuyentar a las lanzadas. —Lisa dijo en broma.

—Eso sí. Porque mi patito feo, en realidad es un cisne. —Claudia suspiró.

***

Pablo estaba sentado en el banco de costumbre, sumido en sus pensamientos.

—¡Tonta! Como si yo necesito que me busque pareja. Ni que fuera la Celestina, ahora. —Bufó.

—¿Hablando solo? —Kenia preguntó divertida.

—Este lugar me está volviendo loco, necesito salir de aquí.

—Bueno... —Ella se sentó a su lado—. No creo que te quede mucho tiempo aquí. Lo tuyo fue una recaída temporal. No eres un alcohólico.

—A decir verdad, no siento la necesidad de tomar. Es más, el simple hecho de imaginarlo me repugna. Kenia... ¿Estamos bien? —La miró con pesar.

—¡Claro que sí, tontito! —Le topó en el hombro—. Te quiero mucho, Pablo.

—Yo también te quiero, Kenia. —Besó su frente.

—Hola, chicos. —Jimena los saludó fingiendo una sonrisa.

—¡Jimena! —Pablo se paró de golpe y besó su mejilla.

Kenia saludó a Jimena indiferente y se marchó. Ella la observó marcharse confundida hasta que la morena desapareció de su vista.

—¿Todo bien? —Ella le preguntó a Pablo preocupada y confundida.

—Ah... creo que debemos hablar, Jim. —Pablo la miró fijamente.

Ellos se dirigieron al cuarto de Pablo.

—¡Eres una tonta! —La acorraló contra la pared—. No necesito que andes de Celestina, sé conquistar a una mujer por mi propia cuenta.

—Pero, es que no dabas el paso. Solo aconsejé a Kenia para que tomara la iniciativa, ya que tú temías hacerlo —contestó con nerviosismo, pues su cercanía la estaba descontrolando.

—¡Eres una hipócrita! ¿De verdad quieres que me enrede con Kenia? —La miró a los ojos. Ella sintió que traspasaba su alma con su escrutinio.

—Ella es una buena mujer... Ustedes se gustan, no le veo el problema.

—¡Oh, Jim! —Acarició su mejilla—. Kenia me gusta, ella es una linda persona. Con ella he aprendido muchas cosas, en especial, sobre el respeto y el compartir sin cerrarme. Siempre he sido muy selectivo y no socializo mucho, tiendo a rodearme de las mismas personas y soy muy egocéntrico. Un egoísta de lo peor que solo piensa en sí mismo. Este lugar no solo me ha ayudado con mi problema de alcohol, sino con mi estúpido comportamiento. Jimena, Kenia es una buena amiga, una persona que me ha inspirado, pero... yo sólo tengo ojos para una rubia candente que ha sido la persona que más me ha enseñado en toda mi vida. Tú, Jim, a pesar de todo lo que te hice me ayudaste y apoyaste. Nunca te negaste a que viera a mi hijo, es más, hiciste más de lo que te correspondía. Jim, si antes eras especial para mí, ahora eres mi heroína y te amo como jamás imaginé se podría amar.

—Pero... Te gusta Kenia.

—Como amiga, nada más.

—Pero la besaste.

—Sí... me dio coraje lo que hiciste. Me abandonaste el día de mi cumpleaños y me lanzaste a otra mujer. No te imaginas como deseaba que estuvieras conmigo ese día y me saliste con esa pendejada. Ya le pedí perdón a Kenia.

—Ahora entiendo su actitud. —Bajó el rostro—. Me siento mal por ella, a ella le gustas.

—Yo también me siento mal, pero ella lo tomó bien.

—Siento haber metido mis narices...

—Creo que lo hiciste para evadir la que sientes. ¿Ahora eres cobarde, Jimena Gutiérrez? —Acarició su mejilla.

—No sé de qué hablas. —Ocultó la mirada.

—Sí sabes de qué hablo... Tú aún me amas, tanto como yo a ti...

—Pablo...

—Sssshhh... —Puso su dedo sobre su boca—. Jim, yo te amo... —Besó sus labios lentamente, como esperando su respuesta. Jimena se distanció.

—Lo siento, Pablo. —Acarició su mejilla—. No puedo, yo... ya no confío en ti. Solo te puedo ofrecer mi amistad.

Pablo se quedó estático un momento.

—Bien... si eso es lo que quieres. Pero debes saber que, si algún día cambias de opinión, puedes venir a buscarme. ¿Sabes por qué? Porque para mí no existe ni existirá otra mujer con la que quiera compartir el resto de mi vida que no seas tú. Te lo voy a demostrar, Jim. —La abrazó con delicadeza y besó su frente.

***

Lisa estaba de camino a su clase, cuando...

—Hola. Lisa, ¿cierto? —Un chico de tez morena, ojos oscuros y grandes, estatura media, cabello rizado y sonrisa de ensueño, la abordó de repente.

—S-sí... e ...se es... mi n-nombre... —tartamudeaba de los nervios.

—¿Me recuerdas? Soy Alan, el chico de la cafetería.

—Sí... eres .... el chico... ese... —No podía articular una frase.

—¡Eres tan graciosa! Solo quería saludarte, fuiste muy amable esa vez, gracias. —Ondeó su mano y se marchó sonriente. Lisa lo siguió con la mirada con expresión tonta.

—¡Oh Dios! —Claudia apareció de repente—. ¡Eso fue patético!

—Profe... —Lisa la miró avergonzada.

—¡Niña, parecías una retrasada! ¿Tanto te gusta ese chico?

—¡Ah! No, no, no, no —negaba moviendo las manos con nerviosismo.

—¡Claro que te gusta! —Claudia acercó su rostro entrecerrando los ojos. Lisa bajó el rostro resignada.

—Bueno, sí, me gusta —reconoció con tristeza—. Pero él nunca se fijaría en alguien como yo.

—¿Y por qué no? —Claudia inquirió frunciendo el ceño.

—¿Qué no es obvio? —dijo señalándose con desprecio.

—Eso es lo que no me gusta de ti, Lisa. Te menosprecias. Debes aprender a amarte y valorarte, nadie te va a dar más valor que el que tú misma te das. Tú eres hermosa y tienes tu propio encanto. Claro, estás muy mal arreglada, pero eso se resuelve fácil y yo te voy a ayudar. —Juntó sus manos emocionada y Lisa la miró con recelo.

—No lo sé —contestó cabizbaja—. Todos siempre se burlan de mí...

—Una pregunta. —Claudia la miró con suficiencia—. ¿Yo soy fea? ¿Crees que alguien se fijaría en mí?

La chica la miró como si preguntara una estupidez.

—Eres la profe más hermosa de la universidad, no solo traes loquito al profesor Páez, hay muchos hombres que te tiran el ojo.

—¿Te digo un secreto? A mí me acosaban por mi delgadez. Las chicas me llamaban fea y sanguijuela. Ahora me llaman descerebrada. No sé si es por el estereotipo de que las rubias somos tontas o es por mi apariencia. Lo que te quiero decir, es que la belleza es más actitud que apariencia. La apariencia se altera, cualquier persona puede parecer atractiva, pero la verdadera belleza es tu carácter y el valor que tú como persona te das, es ese brillo especial que te resalta de los demás. Yo mantuve mi actitud, un poco tergiversada, sí, pero no dejé que los comentarios mal intencionados me afectaran. Las personas suelen herir a otros para cubrir sus propias inseguridades. Tú eres hermosa, solo debes creerlo y resaltar esas partes bellas que la naturaleza te dio.

—¡Vaya! Nunca esperé escuchar eso de ti —expresó sorprendida.

—Para que veas, esta rubia descerebrada es una cajita de sorpresas —alardeó.

—Y para nada modesta. —Lisa se burló.

—Solo soy sincera. —Sonrió—. Pero, volviendo al tema principal... debes invitar a ese chico a salir.

—¿Qué? ¡Eso nunca! —Se cruzó de brazos.

—Lo harás. —Claudia la confrontó con la mirada.

—No me atrevería a hacer algo así... Creerá que soy una lanzada desesperada. No y no.

Claudia entornó los ojos.

—Si él te invita a salir... ¿Creerías que es un lanzado desesperado?

—No, eso sería una fantasía. —Rio de su propio chiste y Claudia la miró mal—. Es diferente, él es un chico.

—¿Y? ¿Acaso una chica no se puede sentir atraída por un chico y buscar la forma de acercarse? Si te gusta, trata de conocerlo. Si se da, bien, si no, pues por lo menos lo intentaste. Además, es obvio que le gustas.

—¡Claro que no!

—Se te acercó solo para saludarte cuando venían por caminos opuestos. Él se desvió para hablarte, lo que pasa es que parecías una retrasada balbuceando palabras sin sentido.

—Esa es una de las razones por la cual no puedo invitarlo a salir, me pongo tan nerviosa que se me olvida como hablar.

—Eso es un problema. Pero eres inteligente, podrás con eso. —Sonrió maliciosa y se marchó.

***

—¿Quieres venir a mi apartamento? —Matt rodeó a Claudia con sus brazos.

—Claro, así seguimos con las clases de cocina.

—¡Por supuesto! Aprendes rápido, estoy orgulloso de ti. El huevo frito que hiciste estuvo exquisito —dijo con sorna y Claudia le pegó en el hombro.

—Eres un pesado. Ya verás, cocinaré yo hoy, te voy a sorprender.

Matt y Claudia estaban sentados en el comedor, mirando la extraña comida verde con asco.

—¡Vaya que me sorprendiste! —Movió la cuchara haciendo una mueca—. Creo que voy a ordenar una pizza.

—Demasiado calorías. —Claudia se quejó.

—Prefiero las calorías a morir envenenado con esa cosa verde.

Después de comer se fueron a la cama a ver una película. Claudia se recostó del fuerte pecho de su grandulón. Empezó a acariciar sus músculos con delicadeza, como si estuviera experimentando; tocando su piel con curiosidad. Matt empezó a respirar con dificultad ante aquellas ardientes e inocentes caricias. De repente, Claudia le besó el torso desnudo bajo la atenta y asombrada de él. Los deseos de tomarla y recorrer su cuerpo con sus labios le aceleraban el pulso. Claudia empezó a juguetear con su cuello y a besar sus labios con fervor. Él le siguió el juego acariciándole la piel por debajo de la blusa. Escalofríos recorrieron a Claudia ante aquella extraña sensación de placer. Matt besaba su cuello con delicadeza, pero se detuvo al notar su incomodidad.

—Está bien, preciosa. —La abrazó con ternura y besó su frente—. No hay prisa, tenemos toda una vida. Quiero que lo vuelvas a repetir si sientes deseo de experimentar y perder el miedo conmigo, puedes hacerlo, estoy aquí para ayudarte a superarlo.

—Gracias, mi chico nerd. —Él la miró mal.

—De nada, miss simpatía —dijo malicioso.

***

Clara había llegado de un viaje de negocios de tres días. Estaba ansiosa de ver a Paulo, quien no viajó con ella esta vez porque tenía firmas de libros en otra ciudad. Él se había ido una semana antes que ella para presentar su nueva obra. Miró el complejo con satisfacción de estar en casa al fin. Ya podía oler el aroma del delicioso café con leche que Paulo preparaba, lo único que le salía bien en la cocina. Sonrió al recordar que él le prometió un masaje erótico cuando ella regresara y saber que estaba a minutos de verlo, le provocaba un cosquilleo en todo el cuerpo. Ese hombre sabía cómo enloquecerla y mantenerla aferrada a él. Nunca se había divertido como lo hacía con su esposo. Se arrepentía tanto de haberlo rechazado en el pasado, pero todo tiene su tiempo, y éste era su momento y estaba feliz de compartir su vida con ese loco apasionado.

—¡Clara, espera! —Gabriel la jaló del brazo ansioso. Ellos estaban frente a un gran portón de hierro que cubría la entrada al complejo. Era un lugar exclusivo y con mucha seguridad, puesto que allí vivían personas muy adineradas y famosas.

—¿Qué haces aquí? —preguntó desconcertada—. ¿Cómo supiste donde vivo?

—Yo... —Rascó su cabeza.

—¿Me has estado siguiendo? —Lo miró con desaprobación.

—Clara, yo necesito que me ayudes con mi hija, por favor. —Apretaba su brazo con ruego, ignorando su pregunta.

—¡Suéltame, Gabriel! —Reclamó mientras removía su brazo, pero él la apretó más y la atrajo a su cuerpo, rodeándola por la cintura—. ¡Déjame! ¿Qué crees que haces?

—Estás muy hermosa, Clara. Ya no eres la chica rara y aburrida que me ayudaba con mis tareas. Ahora te ves muy ardiente y sensual, al parecer, estos años te sentaron bien. Tú y yo podemos ayudarnos mutuamente: tú me ayudas con Laura y me das algo de dinero, mientras yo consigo un empleo y te doy mucho placer. Créeme que puedo llevarte a la luna. ¿Por qué crees que tu hermana se enamoró de mí? La hacía vibrar con mis habilidades. Contigo no hice nada de eso porque en ese tiempo no me gustabas y era fácil obtener lo que quería de ti sin tener que esforzarme mucho. Pero ya estoy arrepentido de mi comportamiento y quiero ser un hombre de bien para Laura. Ayúdame a conseguir un puesto en la empresa, yo no terminé mi carrera, pero tengo conocimiento en el área. Quiero ser buen ejemplo para ella, Clara, ayúdame y por fin tendrás lo que tanto deseaste de mí, créeme que te va a gustar nuestro trato.

Clara se quedó anonadada por un rato. No podía creer lo cínico y sinvergüenza que era ese hombre.

—¡Eres un ser despreciable, Gabriel! Yo no necesito nada de ti, así como tú nunca tendrás nada de mí. Si en verdad quieres ser un buen ejemplo para tu hija, búscate trabajo por tu cuenta y sé sincero con ella. A mí déjame en paz y por favor no vuelvas a seguirme o te denuncio por acoso.

Clara trató de escapar de su agarre, pero él la sostuvo con más fuerza.

—¡Eres una egoísta! Tienes una buena vida y no quieres compartir conmigo. Deja de hacerte la difícil y vamos a divertirnos juntos, verás que te hago cambiar de opinión.

—¡Suéltame, Gabriel! —Luchaba con nerviosismo, en cambio él la apretaba con maldad.

—¡Pendejo de mierda, suelta a mi esposa! —Paulo ordenó lleno de ira.

—Ella me pertenece, Paulo. Yo fui su primer amor mientras que tú solo eres una solución a su soledad.

—¡Suéltala, basura o no respondo! —Paulo advirtió apretando los puños.

—Ella me prefiere a mí, Mars, siempre fue así. Déjanos en paz, nosotros queremos estar juntos.

—¡Eres un demente, desgraciado! —Paulo jaló a Clara y golpeó a Gabriel en el rostro. Luego lo pateó en el estómago y arremetió contra él con furia.

—¡Paulo, detente! —Clara lloraba con ruegos—. ¡Por favor, mi amor! No vale la pena, por favor. —Clara lo jaló por la chaqueta de cuero. Él la miró con pesar al percatarse de lo asustada y aterrorizada que ella estaba. Soltó a Gabriel quien cayó al suelo, escupió sangre de su boca y miró a la pareja con rabia. Paulo abrazó a Clara, quien lloraba de la impresión; por su parte, Gabriel se levantó del suelo maldiciendo. Mientras se marchaba, profería todo tipo de amenazas contra ellos.

La pareja entró al apartamento y Pablo le preparó su famoso café con leche a Clara. Él se sentó en el sofá y ella se colocó entre sus piernas, recostando su cabeza sobre su torso; quedando Paulo detrás de ella.

—Le diste una paliza. —Clara sonrió divertida—. ¿Crees que te denuncie?

—No creo. Ese cobarde no se va a arriesgar a que lo acusemos de acoso y más si quiere "recuperar a su hija", creo que su interés es económico.

—Yo también. Mientras Leonor tuvo el apoyo de mis padres, pues se supone que se fue a estudiar, él estuvo a su lado, hasta que ella quedó embarazada y mis padres cancelaron su cuenta de banco. Entonces, ese desgraciado la abandonó.

—Leonor debió pasar muchas necesidades, entonces. Entiendo que hizo mal en quitarte el novio, pero abandonarla a su suerte con una bebé, no sé, tus padres fueron muy exagerados.

—Sí... Todos fuimos muy vengativos. Mis padres se preocupaban mucho por las apariencias y el qué dirán. Leonor era su orgullo, por tal razón ellos se sintieron traicionados por ella. Por mi parte solo quería venganza. La odiaba con todas mis fuerzas porque siempre obtenía todo lo que me pertenecía. La atención de mis padres, mis amigos, los chicos que me gustaban y el único novio que tuve. Me encerré en mi odio y arruiné mi propia vida y me convertí en una mala persona. Me encantaba mi cabello, pero no lo volví a soltar porque a Gabriel le gustaba así. No te di una oportunidad después de lo que pasó, aunque me gustabas, porque temía que me hicieras daño. Tú siempre fuiste muy bohemio y soñador; no quisiste colaborar en los negocios de tus padres y eso me daba inseguridad. Preferí odiar las relaciones románticas para protegerme. Nuestros padres nos criaron con valores cristianos, pero yo los llevé a un extremo como forma de defensa. Malcrié a mis tres sobrinas y maltraté y esclavicé a Laura, mi otra sobrina; a quien veía como un error, una desgracia en mi vida. La llegué a odiar como odié a Leonor porque veía a mi hermana en ella. Una inocente que no tenía culpa de nada. Una chica dulce y talentosa a quien corté sus alas. —Las lágrimas cubrieron su rostro.

—Entiendo tu sufrimiento —besó su cuello—, pero debes perdonarte. Ya Laura lo hizo y ustedes se llevan muy bien. Cometiste un error, sufriste por ello, debes dejar el pasado atrás. Ya pasó, no se puede borrar ni cambiar; entonces, es mejor liberarte de eso y ser feliz a estar lamentándote toda tu vida.

—Tienes razón, chico bohemio. —Se volteó a él y besó sus labios—. Por cierto, tú me debes algo —dijo con picardía.

—¿Ah sí? —La miró malicioso—. Creí que aceptarías la oferta de Gabriel.

—¿Por qué pagar por sexo cuando lo tengo gratuito en mi casa? —Ella enarcó una ceja.

—Gratuito y del bueno —alardeó.

—Muy modesto...

—Sincero, cariño... ¿Quieres probar?

—Ummm... creo que mi día se está poniendo interesante...

***

Ariadna estaba en su celda abrazada a sus rodillas. Las lágrimas cubrían su rostro, que ya no era deslumbrante como antes. No aguantaba un minuto más en ese lugar, prefería estar muerta, antes de seguir en ese infierno. Extrañaba su pequeño, pero pulcro apartamento. Su cama y sus sábanas con dulce aroma. Extrañaba la sensación de satisfacción al mirarse en el espejo con su ropa favorita; extrañaba su desayuno y el café negro de la empresa. Extrañaba salir a almorzar con sus compañeras de trabajo y reír de sus chismes y bromas. Extrañaba la sensación de autosuficiencia y poder al cobrar su quincena; salir de compras e ir al supermercado a llenar su refrigerador. Extrañaba su libertad. Extrañaba todo de lo que una vez se quejó.

***

Laura estaba editando unas fotografías en la casa. No se sentía bien ese día por lo que decidió trabajar desde allá. Dio un sorbo a su té de manzanilla y sonrió al sentir la calidez del líquido recorrerla. Recibió una notificación en su celular.

Desconocido

“Hola, Laura.

¿Sola en casa? ¿Te sientes segura allí?

Kevin está a mi disposición. ¿Sabes que él es mío? Pronto estará solo conmigo”.

Laura empezó a temblar. Miró a todos lados con nerviosismo y el temor la abordó.

Kevin estaba en se oficina, había terminado su sesión con Paloma y estaba revisando unos documentos.

—Kevin. —Laura entró temblando.

—¿Qué te pasa, amor? —Se acercó a ella preocupado—. Creí que te quedarías en casa hoy.

—Kevin… —Lo abrazó con fuerza.

—¿Qué sucede, Laura? Me estás asustando.

Laura le enseñó el mensaje. La ira inundó a Kevin que salió con el aparato en mano de la oficina seguido por Laura, quien corrió tras él preocupada por su reacción.

Jessica estaba en el estudio con Ángel y algunos diseñadores y fotógrafos. Desde que entró, Kevin se acercó a ella, la jaló por el brazo con violencia y puso el teléfono en sus manos. Jessica lo miró confundida y perdida.

—¡Explícate! —Kevin exigió apuntando al aparato.

—No entiendo, Kevin —contestó sin entender que sucedía.

—No te hagas la inocente, Jess —reclamó con gran enojo, sus ojos brillaban del coraje.

—De verdad no entiendo.

—Deja de molestar a mi esposa, Jessica. ¿Cómo te atreves a amenazarla? No me importa que seas mi prima, no te metas con Laura o no respondo. Haces otra y no te vuelvo a recibir aquí. —Kevin arrebató el celular de sus manos, tomó a Laura de las manos y salió de allí echando chispas.