Ayúdame, no recuerdo nada

Desde muy pequeño fui muy apegado a mi abuela, ella me enseñó la mayoría de las cosas útiles que hoy en día sé.

Ella era una mujer muy reservada que vivió hasta el año pasado cuando falleció a los 93 años dejando un legado de secretos que compartió solo con pocos. Entre esos secretos, estaban algunos que por alguna razón le gustaba develarme.

Su papá, mi bisabuelo fue botánico y mi bisabuela historiadora especializada en estudios de la mujer. Por su parte, mi abuela prefirió no ir a la universidad ya que priorizó cuidar de su familia, dedicarse a leer y cultivar esa misteriosa habilidad que ella llamaba su don.

Como desde muy niño aprendí a leer, me encantaba meterme al cuarto de mi abuela y revisar biblioteca, por razones que aún desconozco, siempre me sentía atraído por una serie de libros que ella tenía y hablaban de luces y energías para obtener lo que quieres y supuestamente hacer el bien.

A mis padres no les gustaba que yo interactuase con esos libros, pero cada vez que mi abuela me veía con ellos, me sentaba en su regazo y me explicaba cómo utilizar el libro y llevar a cabo las cosas que decía.

Yo no creía mucho en eso, para mí eran cuentos entretenidos que se asemejaban a las historias animadas que me encantaba ver en la TV. Eran como relatos del bien contra el mal donde las fuerzas más brillantes terminaban triunfando.

Sin embargo, recuerdo que una vez estaba jugando con canicas en su casa y perdí mi canica favorita. Era hermosa parecía un caramelo, era de un rojo intenso muy brillante y tenía una línea roja que formaba una especie de serpiente en todo el centro.

Con mucha tristeza, le dije a mi abuela que no podía encontrar la canica y ella dulcemente me dijo que no me preocupase porque ella tenía un ritual secreto que me ayudaría a encontrarla. Para mi alegría, luego de la invocación que hicimos juntos, la canica apareció justo debajo d su cama, un lugar que había revisado al menos tres veces y podría jurar que no estaba.

Años después, en un viaje a otra ciudad, una de mis primas menores se perdió en un centro comercial inmenso y mi abuela me comentó que el ritual que hicimos para las canicas también servía para encontrar personas o hablar con los que se habían ido, solo que se necesitaban otros elementos que casi siempre me cuesta recordar.

Y como mi prima apareció unos minutos después, no fue necesario que mi abuela y yo hiciésemos el ritual para hallarla.

Los años pasaron y no recuerdo haber hecho ninguna otra invocación con mi abuela desde la vez que apareció mi canica. Pero esta vez, era urgente, necesitaba saber de mi ex, encontrarla como fuese y hablar con ella para resolver el misterio de su muerte y así poder seguir con mi vida.

Mientras intentaba recordar el ritual, recuerdo haber juntado mis manos, cerrar los ojos, intentar despejar la mente y suplicar a mi abuela que me ayudase a recordar.

Instantes después, recordé las palabras y objetos que necesitaba para hacer la invocación, así que, aprovechando mi momento de iluminación, no dudé en juntar todo para proceder con mi experiencia mística de búsqueda de personas y resolución de misterios.

Con la esperanza de que mi abuela me ayudaría y que toda esta angustia acabaría pronto, reuní los siguientes objetos:

1) Un tazón de cristal. (Tenía de vidrio y asumí que debía servir).

2) Agua. (Tomé del grifo).

3) Salvia. (Gracias a un programa del chef Ramsay, tenía un frasco de salvia en la cocina porque una vez lo vi usando eso para una receta. El frasco de salvia estaba sin abrir porque me da mucha pereza cocinar).

4) Un poco de tierra. (Como no había en mi apartamento, salí y tomé un poco de los materos de los vecinos).

5) Un tablero. (Cogí el de ajedrez que estaba en mi cuarto).

6) Un mapa. (Obviamente, no tenía ninguno. De modo que, busqué uno en la internet y crucé los dedos para que la impresora tuviese tinta y no se portase mal conmigo. La impresión del mapa quedó hermosa).

Y, finalmente:

7) Un objeto personal de la persona buscada. (Acá la situación se tornó algo difícil, pero recordé que hace años mi ex me había regalado una cadena que solía pertenecerle y que me dio porque tenía un dije del martillo de Thor y ella sabía que yo casi que tengo un fetiche serio con ese objeto. Creo que me la dio sin reservas porque pienso que era de uno de sus ex. En fin, me gustaba mucho, así que me valía un cuerno su procedencia).

Al haber juntado todos los elementos, debía proceder con el ritual. Y así lo hice:

Primero, apagué todas las luces, menos una que me diera de frente.

Puse el tablero en el piso, en todo el medio de la habitación, y sobre él ubiqué el mapa.

A su lado, puse el tazón de vidrio luego de besarlo y suplicar ayuda a San Antonio.

Después, mientras vertía el agua en el tazón y le rociaba la salvia y la tierra debía repetir estas palabras:

«Aquilón, viento regio, sé mi norte y ayúdame a encontrar la fuente de mis deseos. Si eres bueno conmigo te ofrendaré lo que pidas y de poseerlo, libaré sangre en tu honor y elevaré cenizas al cielo. Oh, viento guía, desata tu energía y escucha este clamor de alguien que te necesita».

Luego de mi plegaria al viento, debía sostener el objeto de la persona buscada entre mi dedo pulgar y el índice formando con ellos una cruz que debía besar para luego soltar el objeto en el agua.

Tomé la cadena con el dije de Thor, hice la cruz con mis dedos, le di un soberano beso y la solté en tazón que ya estaba dispuesto para ese fin.

Solamente quedaba que yo introdujese mi mano en el tazón y tomase nuevamente la cadena. Se supone que, si has hecho el ritual correctamente, debes poner el objeto encima del mapa, cerrar los ojos y dejarlo caer. El lugar donde caiga el objeto será la ubicación de la persona buscada y las gotas de agua que se vean en el papel del mapa, marcarán la ruta que debes seguir para llegar al destino anhelado.

De modo que, como era de esperarse, cogí la cadena, cerré los ojos y la dejé caer encima del mapa. Mientras lo hacía, en mi mente le rogaba a mi abuela que hablase con Aquilón para que me hiciese la caridad y yo saliese de este embrollo lo antes posible.

Al abrir los ojos, vi la cadena en un lugar exacto que no es muy lejos de mi ciudad y un caminito de agua que parecía perfecto. Al querer tomarle una foto para que no se me olvidase la ruta que me llevaría a mi ex y me permitiría hablar con ella, intenté levantarme para buscar mi celular pero, con mi pie izquierdo tropecé el tazón y no hice más que un gran charco en el piso.

Al ver el desastre que había hecho, exclamé: «¡Ay, abuela, Aquilón, San Antonio y Shaka de Virgo, ayúdenme a hablar con esta muchacha antes de que sea demasiado tarde!».

No me quedó de otra que limpiar mi desastre y lamentar que mi desespero no me haya permitido memorizar ni tomarle una foto a la ruta de mi mapa.

Me sentí muy mal, limpié toda la casa, inclusive, pensé en hacer el ritual nuevamente pero tenía el presentimiento que este tipo de ayuda metafísica solo es efectiva la primera vez.

Sin saber qué hacer, me puse la cadena y apreté su dije con fuerza mientras pensaba en mi ex y trataba de descifrar las razones por las cuales quería contactarme. También, me puse a pensar en que si la muchacha que había visto en la plaza en realidad era ella intentando llegar a mí y yo no fui lo suficientemente valiente para acercarme a ella.

Lloré un poco por sentirme inútil y empecé a lamentar que mi abuela ya no estuviese allí conmigo en este momento donde su ayuda sería lo mejor que pudiese ocurrir.

Lástima que entre mis habilidades no está ver el futuro porque me hubiese sentido mejor al saber que, en menos de lo que yo creía, obtendría respuestas de una forma poco verosímil.

Pero, ¿estaba listo para tal descubrimiento? ¿Podría asumir las responsabilidades que conlleva que mi memoria fuese liberada y mis ojos abiertos?