La Llamada
Todo se había detenido para los tres cuando llegaron a la escena y vieron la sangre derramada por todo él coliseo.
Las paredes agrietadas, los cuerpos tirados a la lejanía y la respiración agitada de Sara demostraron que no había sido una pelea fácil.
Esto último sorprende algo a Seth, por mucho tiempo la omega había tenido una gran resistencia pero al parecer algo había cambiado y no fue él único que lo noto.
Nuestra loba seguía algo sorprendida por haber ganado, aún así seguía observando él cuerpo inmóvil del alfa puro esperando dejar de escuchar sus latidos de una vez mientras recordaba una y otra vez la pelea.
Cuando él profesor había salido del lugar la omega seguía cortando y esquivando con dificultad los cuchillos, las navajas y hasta los palos que no sabía ni siquiera de dónde habían salido.
Esto último no le hacía mucho pero si la distraen y le impiden esquivar con facilidad las armas blancas que cortaban su piel de forma limpia.
Él cansancio le empezaba a pasar factura y se le dificulta más el hecho de estar en equilibrio y poder evadir, hasta que un olor fuerte llegó a su nariz haciendo que todos se detuvieran y gruñeran por lo bajo.
-Ustedes ya se han divertido mucho, es momento que yo lo haga-, dice él alfa de cabellera azulada con una sonrisa, mientras todos se retiraban y él tomaba una posición de pelea.
La peliblanca levantó su mirada carmesí brillante de rabia con la sangre cayendo por sus manos y sostuvo con más fuerza él mango del cuchillo poniendo blancos sus nudillos, sabía que este sería él final de la batalla pero aún no sabía él resultado.
“Solo divirtámonos un poco más”
Fue su pensamiento antes de salir disparada a acabar con su objetivo pero era demasiado lenta y recibió un buen puñetazo que la tiró al suelo pero de forma rápida se levantó esquivando él siguiente golpe.
Él peliazul pensaba seriamente en que haría con la omega una vez que le mostrara cuál era su posición en esa jerarquía que por siglos había habido entre los lobos.
Pero era idiota al pensar en ello porque los instintos de la loba no le permitían perder y es por esto que ella seguiría en pie hasta él ultimo momento, lastima que Sara no quería lo mismo que su lobo.
Mientras ellos se reñían en esa batalla más espectadores se sumaban a ver sabiendo que la omega no tendría oportunidad de ganarle aun alfa puro por mucho que lo intentara, pero todos se quedaron haber ese triste final de la peliblanca.
Hasta que Sara fue golpeada con fuerza en la boca del estómago enviándola unos metros lejos provocando que soltara un quejido y su única arma.
Por un minuto ella elevo su mirada al techo, ya no podía, ya no quería seguir luchando porque ya no existía un porque y tampoco tenía a donde regresar, estaba completamente en soledad y así por siempre se tendría que quedar.
Así que con una sonrisa disimulada miró al peliazul esperando su final, lastima que para ella eso aun no llegaría.
Como por arte de magia una daga es lanzada de detrás de uno de los pilares del primer piso de espectadores evitando que él alfa se acercara a ella, esto ocasionó que todos voltearan a ver al valiente que había sido capaz de hacer tal cosa.
Y la omega no fue la excepción sorprendiéndose por encontrarse a su yo más joven pero al pestañear solo vio al beta que conoció.
El poseía la misma mirada que ella tenía cuando estaba en Ten, una mirada sin vida muy diferente a la que le había mostrado con anterioridad y fue ahí que recordó quién era.
“Ahora entiendo porque acabaste así en él futuro”
Ese niño era casi igual a ella, pero él estaba incompleto de alguna forma ya que si recordaba bien ese chico era un alfa en su vida pasada.
Y esto solo le daba dos opciones o en primer lugar él no había despertado aún, o lo habían torturado tanto como para suprimir a su instinto de Alfa.
Pero buscaría la respuesta más tarde; con una suspiro antes de que él alfa se volviera a concentrar en ella se paró con dificultad agarrando él cuchillo que se le había caído.
Todo su cuerpo dolía pero ya se había decidido por algo y nadie la detendría, su lobo se emocionó porque sabía que era tiempo de usar sus verdaderos poderes, era tiempo de dejar de jugar.
-Oye-, dijo llamando la atención del alfa.-Será mejor que no pestañees-, soltó con una sonrisa.
Fue solo un instante, Sara corrió con todo lo que podía ocasionando que los charcos de sangre sonarán con cada pisada cruzando esa línea invisible que había trazado la daga recién lanzada agarrándola con su mano libre.
Él alfa seguía muy confiado y no se movió de su sitio esperando él golpe, lastima que pestañeo haciendo que todo se detuviera para ella.
-Idiota-, susurro antes de utilizar uno de sus poderes, otorgado por sus padres, y desaparecer por un instante en ese pestañeo.
Cuando nuevamente abrió los ojos ella no estaba por ningún lado, hasta que miro arriba y se quedó paralizado por la imagen que sus ojos presenciaban.
Sin ninguna expresión en su rostro, sus ojos rubí brillaban de la misma forma que una joya y su largo cabello blanco ondeaba en libertad ya que su atadura se había soltado, mostrándola como un ángel caído que había sido manchada por sangre y aun pese a eso se veía majestuosa haciendo olvidar a todos por un momento que estaba sucediendo allí.
Hasta que ese ángel mostró sus dientes que perforaron con fuerza las clavículas de su oponente cortando toda carne de forma limpia hasta la última parte del abdomen, manchando se casi completamente de sangre.
De está forma todos despertaron de esa imagen celestial de la omega y nuevamente la vieron como él monstruo que era con excepción de un beta.
En él profundo silencio que había él alfa cayó de rodillas frente a la peliblanca,-Espero que ahora conozcas tú lugar.-, susurro en su oído antes de que cayera al suelo rendido por completo.
Regresando al presente Sara salió de sus pensamientos al percatarse de tres presencias nuevas que conocía, uno estaba asustado, él otro sorprendido y él último soltaba un olor muy fuerte de rechazo hacia su lobo y su persona.
Ella ya sabía que esto iba a suceder en algún momento, lástima que él alfa en cuestión no se daba cuenta de lo que estaba haciendo su lobo ya que este estaba estaba embelesado por la imagen de la omega.
Seth se dio cuenta tarde del aroma que desprendía su sobrino pero era mejor de esa forma, ya que una vez una omega es rechazada o encontrada como una amenaza por él lobo está misma jamás lo volvería a ver como una posible pareja.
Pero esto no significa que no doliera, aunque no se notara una lágrima cayó por su mejilla de forma casi imperceptible combinando sé casi al instante con él color carmesí y así cayendo al suelo sin que nadie lo notara.
-Creo que llegaron un poco tarde-, dice la peliblanca mirándolos sin interés.
-Sara…-, dice Seth antes de ser interrumpido por la voz de alguien desde atrás.
-Tú, enserio no sabes cuando parar-, habla Mia enojada.-Está vez no seré blanda contigo.
-Oh enserio?? Estoy esperando a ver que puedes hacer-, dice con una sonrisa altanera enfrentándola con la mirada.
-Lili hazlo-, dice muy enojada a la omega menor.
-Lo siento hermana-, habla la nombrada por detrás de ella para después aparecer un humo violeta que al instante la paraliza.
-Que jugada más sucia-, logra decir Sara antes de que sus ojos se cerraran en un profundo sueño.
Cuando él humo se disipó lo primero que vieron fue a la omega durmiendo plácidamente en él suelo.
Esto al alfa no le gusto pero eran sus superiores y él no podía hacer nada, así que sol se quedó callado esperando alguna orden que no tardó en llegar.
-Bien, Alan levanta la y sigue a Lili-, soltó de forma neutral.-Yo con él director nos quedaremos a limpiar este desastre.
Después de decir eso varias personas entraron detrás de ella con camillas y otras cosas, la beta era la mejor cuando se trata de organizar y dirigir pero ella era una jefa no una líder.
Todos los espectadores fueron retirados del lugar y con ellos también se fue él profesor encargado, al final todos volvieron a sus cuartos sin ninguna objeción.
Lastima que él profesor no podía dejar de temblar y así empezó a preparar sus maletas, lo que había presenciado era demasiado para él, hasta para un asesino experto, lo que hacía esa chica le parecería una monstruosidad y por ello sentía miedo.
Él no era un profesor solo se había infiltrado por órdenes de alguien más y todo él tiempo que estuvo ahí jamás había sentido que alguien pudiera amenazar su vida, pero lo que presenció esa noche le quedaría grabado para siempre en la mente como una advertencia de que pasaría si lo llegaran a atrapar.
De está forma agarro su celular para llamar a su jefe y dar a conocer su decisión final.
-Hola?-, se escucha del otro lado de la línea.
-Jefe, soy yo-, dice con voz temblorosa.
-Oh, eres él pequeño espía que puse-, dice de forma feliz.-¿Qué se te ofrece a estas horas de la noche?
-Yo-, dice algo dudoso.-Necesito salir de aquí ahora señor.
-Y porque él apuro?-, pregunta algo molesto pero sin quitar su tono juguetón.
-Hay un monstruo aquí-, suelta sin querer.-Ella me matara si descubre que soy un infiltrado.
-Acabas de decir un monstruo?-, dice con burla hasta que recuerda a aquella que parecía uno.-Espera, quizás ese monstruo tiene cabello blanco y ojos igual a la sangre?-, pregunta muy serio.
-Si señor.
-No me lo puedo creer-, dice feliz.-Así que ellos la tenían, mi precioso ángel.
Él profesor no podía lograr entender a qué se refería con ángel ya que ella nunca podría tener un alma pura.
-Dime todo lo que sepas por mensaje y vuelve a la base lo más rápido que puedas-, y así corta la llamada.
En un lugar lejano alguien guardaba su teléfono con una sonrisa, por fin había encontrado lo que más quería en está vida.
-Mi hermosa Sara, está vez no te escaparas de mis manos-, dijo al aire antes de empezar a dejar ese lugar lleno de mugre y sangre de muchas personas.