El Collar
Todos tenemos una cadena, esa cadena invisible que nos hace infelices y que nos ata a algo que no queremos pero tenemos miedo de soltar.
O esa atadura que nos pusieron nuestros padres y amigos que supuestamente era por nosotros y que por miedo jamás nos liberamos.
Tal vez por miedo a la soledad, tal vez por miedo a que nadie te quiera, tal vez por miedo a ser odiado o regañado jamás quitaste aquella cadena, atadura o collar que te impide ser quién realmente eres.
*Clic* y con ese sonido cerrándose en su cuello se dio cuenta que estaba otra vez atada.
Pero está vez por alguien que también poseyó él mismo collar que ella y que odiaban.
"No otra vez"
Pensó en sus adentros, esa cosa que estaba segura sería de color negro era la mayor tortura que vivió desde que había llegado a Ten.
Él collar no la mataría pero si restringiría todo movimiento que no fuera ordenado, convirtiendo la así en él perro de la persona que poseía la maldita cadena invisible.
-No habían destruido todas estas cosas-, preguntó molesta mirando a Lili.
-Mia me obligó hermana, lo siento-, dijo Lili con tristeza sabiendo bien lo que ese collar significaba para todos los de Ten y aún más para ellas dos.
Sara solo suspiro, no podía enojarse con la pequeña omega por algo en lo cual estaba muy segura se negó a hacer.
Pero si con la persona que cruzaba la puerta de su habitación con cara de pocos amigos.
-Deja de mirarme así-, habló la beta al sentir la mirada penetrante de la peliblanca.
-Estoy comprobando si funciona lo de las miradas matan-, reclamos sin separar su vista de ella.
-Deja de comportarte como una niña, es solo un castigo momentáneo por tú mal comportamiento-, aclaró masajeando se la frente pensando en él papeleo que debía de hacer por culpa de ella.
-Si pudiera volver a ese tiempo, te juro que esa vez…-, Sara no pudo terminar de hablar cuando llegó Roni interrumpiendo las.
-Siento mucho molestarlas-, habló respetuosamente.-Él jefe quiere hablar con la señorita Mía y también envió un mensaje.
Todo quedó en silencio por unos segundos las chicas lo miraron dando le una señal de que prosiguiera.
Pero lo siguiente dicho congelo a la pobre omega, dejando de escuchar lo que dijo después él alfa.
Su corazón latía de forma acelerada y nuevamente sentía esa presión en su pecho, estaba perdiendo él control.
No escucho los llamados de Lili y Mía desesperadas porque no les respondía ni se movía.
Parecía haber entrado en shock pero nadie esperaba lo siguiente.
Sara de forma sorpresiva salió de la cama cayendo porque sus piernas aún no reaccionaban, pero eso no le importó.
De forma desenfrenada se paró apenas y empezó a correr hacia donde estaba su objetivo.
No le importó estar descalza y menos solo cubierta por una camisa.
Los otros tres trataron de seguir le él paso pero ella era demasiado rápida y más cuando, sin darse, cuenta se transformó.
Corrió pasando por casi todo él campus sorprendiendo a todos los estudiantes que entraban a clases.
Ya él aire ni siquiera entraba o salía bien de sus pulmones, se empezaba a agotar su fuerza y por está razón la peliblanca entró azotando la puerta volviendo a su forma original.
Cuando vio a uno solo se concentró en él y no le importó si había alguna otra persona alrededor, solo necesitaba sacar todo.
-Porque?-, salió apenas de sus labios.-Porqué!?-, grito está vez enojada.
Uno solo la miró con sus ojos fríos.
-Dime algo!-, exclamó Sara por una respuesta.-Hice siempre lo que quisiste, mate a todos, me deshice de la basura que te molestaba, te salve a ti y a tú familia!!-, dijo ya harta.-Pero porque, porque me haces esto!?
-Sara, por favor cálmate-, habló por fin él alfa mayor.
-Que me calme?-, preguntó irónicamente.-¿Cómo mierdas quieres que lo haga!?-, exclamó golpeando la mesa.-Hice todo para quitarme este maldito collar, para ser libre por una sola vez!!
Y por primera vez vieron a la omega rota, los tres que la seguían habían llegado solo para ver y sentir él dolor desgarrador de ella.
La peliblanca nunca mostró sus sentimientos porque la habían hecho así y por eso ellos creían que solo era una muñeca, olvidando por completo que también era humana, que tenía alma.
-Solo te pedí una cosa-, dijo entre lágrimas.-Solo debiste dejarme y no molestarme más.
Su cuerpo temblaba y sus lágrimas no cesaban, su aroma solo denotaba tristeza pura pero rápidamente comenzaba a cambiar a uno compuesto de rabia.
"Solo quise ser feliz"
Pensó con tristeza otra vez mientras todo se detenía para los presentes sabiendo bien lo que seguiría.
De forma veloz la omega se lanzó sobre él mayor y levantando su puño estaba decidida a matarlo a golpes.
Ley rápidamente sacó su mano y la sujetó comenzando a forcejear sabiendo qué no le ganaría en fuerza, ya que lo que tenía enfrente era un monstruo con él nivel más alto.
Todos quedaron en shock por un rato, hasta que por fin decidieron ir a ayudar pero la mayoría no podía moverse de su lugar.
Él aura de Sara los había paralizado, ya que era demasiado fuerte la sed de sangre que ésta poseía.
Pero había algo que podía detenerla de matar a todos los presentes; así que de forma lenta Lili sacó una lapicera de su bolsillo que poseía un botón en él mango.
Dudo si presionarlo o no pero todos, incluyéndola, estaban en peligro, sufriendo y sofocándose al mismo tiempo.
Miro la lapicera y luego a su querida hermana, y con pesar, cerrando los ojos, presiono él botón.
La peliblanca solo pudo sentir la electricidad envolviendo su cuello, girando así su cabeza para ver a la omega menor con los ojos cerrados tirando de su correa.
Y con está imagen se desplomó, si hubiera sido normal le hubiera dolido y gritado pero hace mucho que aprendió que eso era gratificante para ellos.
Cuando por fin la presión se fue pudieron ir a ver a su jefe, Mía estaba súper preocupada por él que solo poseía un pequeño rasguño en su cara.
Lili estaba triste y tenía ganas de llorar por lo que tuvo que hacer.
Los demás sólo estaban sorprendidos por ver cómo el asesino número uno a nivel mundial era acorralado por una pequeña omega.
Roni sin titubear cargo a la otra vez omega inconsciente, y comenzó a caminar con ella hasta la habitación de la misma.
La dejó en la cama y solo pudo dedicarle una mirada de compasión porque él mismo entendía lo cansado y agotador que podía ser estar encadenado a un lugar en él cual no quieres estar.
Y por segunda vez alguien miro a Sara cómo una persona y no como una cosa, lastima que ella nunca lo sabría.
Por ahora.