Amor en Tiempos de Guerra (Parte Final)

• Un nuevo comienzo.

La joven Angelika con apenas 16 años, se había quedado completamente sola de un momento a otro, no tenía nada, ni a nadie, por un momento miró a su alrededor y se miró tan desprotegida como cuando vino al mundo, prácticamente desnuda, contando únicamente con la invitación de este perfecto extraño que le dio su gabardina para tapar la poca dignidad humana que le quedaba. Angelika temblorosa sin meditarlo mucho se despidió de los cuerpos de sus padres como si una parte de su ser se hubiera quedado junto a ellos, se montó en el convoy del Capitán William y se fue con dudas y miedos al refugio de los norteamericanos.

El capitán William al verla a los ojos, no podía evitar sentir compasión por aquella joven que lucía tan frágil y tan desprotegida, le brindó su cama en su habitación para que tuviera un lugar seguro donde dormir y ordenó que le dieran sopa caliente ya que lucía hambrienta, pidió a una de las enfermeras del hospital de campaña que le diera ropa de talla pequeña para que la joven pudiera vestirse ya que prácticamente la había rescatado desnuda. Él comenzó a hablarle en alemán, pero tan pronto ella calmó su desconsolado llanto comenzó a responderle en inglés.

Él dio la orden que le llevaran comida todos los días a su cuarto, mientras él cumplía con su jornada diaria. William de alguna manera se sentía responsable por Angelika no podía evitar sentir compasión por la penosa situación de ella quien había perdido todo lo que tenía en la vida. Ella encerrada en las paredes del cuarto del Capitán, después de pasar días llorando desconsoladamente la perdida de sus padres, un día después de secar sus lágrimas, ella le pidió que por favor le prestara libros para leer, él intrigado por la petición le preguntó cómo había sido su vida antes de la llegada de los soldados soviéticos; ella comenzó a contarle que sus padres no eran unos nazis como habían dicho esos asesinos, sino que eran panaderos de tradición familiar, que habían vivido en la casa subterránea aterrados por los horrores de la guerra y que habían ayudado a 4 familias judías a escapar escondidos en camiones de la SS.

Él le hablaba en alemán y ella le respondía en inglés, era como una especie de juego que habían generado entre los dos, entre la joven en peligro y su salvador, ella le contó que sabía hablar inglés porque estudiaba el idioma con su madre todos los días, el sueño de su familia era emigrar a los Estados Unidos cuando comenzó la guerra, pero no les fue posible, por lo que tuvieron que adaptarse a vivir en medio del caos de la guerra, escondidos y con mucho miedo, que esa había sido su vida durante todos esos años, lo irónico es que cuando finalmente Angelika sale después de muchos años del umbral de la puerta de su casa fue para ver como asesinaban sin piedad a sus padres, obviamente todo esto se lo contaba con un profundo llanto de dolor inconsolable.

Pasaron seis meses en los que ella había estado bajo el entero resguardo de William. Él preocupado por ella, por su salud mental y para que Angelika no estuviera tan sola, ni desocupada pensando en sus desgracias, pidió a la jefe de enfermeras del hospital que le enseñara a Angelika algunas habilidades para que ella pudiera brindar apoyo en el hospital de los soldados estadounidenses. A la enfermera le pareció peculiar la solicitud ya que se trataba de una chica alemana, pero igual hizo lo posible para enseñar a Angelika todo lo posible para poder ayudar ya que verdaderamente lo que más se necesitaba era la ayuda de la personas en aquel lugar donde se veían tantas situaciones duras.

Al comenzar a ayudar a otros Angelika comenzó a sentir un poco de consuelo en su corazón, hacía su mejor esfuerzo para hablarle a todos en inglés ya que no quería que menospreciaran su presencia por ser alemana. No dejaba de llorar por sus padres, aunque fuera una vez al día, pero al menos ya le sentía utilidad a su vida. El capitán William ordenó que al salir del hospital ella fuera escoltada hasta su residencia para que nada malo pudiera pasarle en el camino, después de todo Berlín se había convertido en una ciudad muy insegura, en especial para las mujeres quienes contabilizaban las violaciones por miles, él quería evitar a como diera lugar que ella volviera a sufrir cualquiera de los desmanes que muchos soldados desviados hacían. Así siguieron pasando los meses, en los que ambos solitarios se hacían compañía y él se portaba como su ángel guardián, se contaban historias de sus vidas. Un día ella al verlo llegar muy cansado, le preparó una cubeta con agua caliente para que él pudiera meter sus pies cansados, lo esperó con una sopa caliente que ella misma se había animado a hacer y le horneó pan como su padre le había enseñado desde muy pequeña, él se sentía realmente agotado aquella noche, pero no pudo evitar conmoverse y sentirse agasajado al ver el gesto de ella, quien le había demostrado gratitud y el sentimiento sincero de quererlo atender y hacerle sentir bien.

Para William era bastante agobiante y agotador intentar ayudar para poner orden en una ciudad como Berlín, prácticamente destruida en donde pululaba el dolor, la desolación, la desesperanza, pero sobre todo el hambre, todos por igual adultos y niños, jóvenes y ancianos todos estaban famélicos deambulando sin hogar, sin familia y sin rumbo fijo. Pasados varios meses fue inevitable que William enfermara de una virosis que estaba en el ambiente entre tantos escombros e insalubridad. En ese momento que cae en cama debido al malestar del virus, a lo que Angelika respondió preocupada portándose como un ángel para él, lo cuidó día y noche, no se apartó de al lado de su cama, le daba sus medicinas, durante el malestar él no se podía ni mover por lo que ella lo bañaba y le daba de comer con esmero y especial atención.

Él se fue recuperando poco a poco, mientras pasaban los días ella le leía libros, le contaba las historias que sus padres le contaban a ella durante sus años en la casa subterránea, le dijo lo agradecida que estaba por haber sido un ángel protector con ella aun sabiendo que los estadounidenses tenían prohibido fraternar con los alemanes. Él la cuido a pesar de todos los prejuicios que los soldados tenían en contra de los alemanes y algo tan grande como eso ella lo apreciaba mucho, más aun después de él le salvara la vida, la cual seguramente perdería a manos de los soldados soviéticos que asesinaron a sus padres.

• El capitán y la berlinesa.

Luego de recuperarse de todos los malestares que lo mantuvieron en cama durante varios días, a William ya le parecía imposible no mirar a Angelika con otro ojos que no fueran con ojos de amor, lo que empezó como una necesidad de protección y resguardo de una frágil criatura en medio de una total catástrofe, terminó mutando a un sentimiento de amor sincero, ya no se imaginaba estar sin ella a su lado; le escribió cartas a sus padres contándoles sobre ella y lo mucho que sentía amor por ella, aunque aún no se lo confesara a ella.

Ella por su parte, no podía evitar sentir las ganas de atenderle, después de todo habían pasado varios meses desde que él la había rescatado y en todo ese tiempo se había portado como un caballero, había procurado su bienestar, la había cuidado y la había tratado con mucha amabilidad a pesar de ser una extraña, sentía que no quería alejarse de él y tenía ansiedad por el día en el que él se tuviera que ir, se preguntaba en su interior a dónde iría, con quién estaría si no tenía a más nadie en el mundo que no fuera él.

Una noche durante la cena como de costumbre duraban un par de horas hablando y entre ellos se había hecho como un juego divertido intercambiar los idiomas, ella le hablaba en inglés y él en alemán, y mientras conversaban sobre cosas cotidianas ella le confesó que tenía miedo separarse de él, cuando él se fuera a su casa, ya que tarde o temprano lo estadounidenses se irían, eso fue lo que ella escuchó en el hospital. Él al oír aquella confesión sincera de parte de ella, sintió que su corazón se paralizaba por un momento, de alguna manera casi inexplicable sintió como sus sentimientos se entrelazaban, las miradas fijas de uno al otro hablaban por sí solas, ambos sentían un sentimiento de amor el uno por el otro, y lo terminaron descubriendo en ese preciso instante, pero él sabía que el amor con alguien tan especial como Angelika no debía apresurarse, no debía forzarse menos después de todo el trauma que ella había vivido, por lo que esa noche no sucedió nada más que aquellas sinceras confesiones.

Al día siguiente no sabían que decirse, ambos se sentían al descubierto, era como si tuvieran ganas de acercarse el uno al otro, pero como si aún no tuvieran el impulso para hacerlo. Él se fue a trabajar como todos los días mientras ella se iría al hospital para seguir aprendiendo, mientras atendía sus asuntos diarios él no dejaba de pensar en ella, en todo lo que ella le hacía sentir, además de que a pesar de lo joven que era había vivido tantas cosas, por lo que quería protegerla, cuidarla y que ella sintiera todo el amor que aguardaba en su corazón, por lo que decidió no pensar más, se fue temprano a casa antes que ella llegara, preparó una cena especial con los pocos ingredientes que tenían y la esperó ansiosamente con flores en la mesa, al llegar ella no pudo ocultar su gran sorpresa al ver tan lindo gesto de parte de él.

Cenaron a la luz de las velas, conversaron de trivialidades y al finalizar la cena, él no se contuvo y le confesó sus sentimientos, ella temblando entre lágrimas le dijo que no había conocido nunca un sentimiento como el que estaba sintiendo por él, con miedo y sus cuerpos temblorosos unieron sus labios en un suave beso de amor. Entre besos y abrazos, la pasión fue fluyendo totalmente natural, era como si sus manos sabían dónde tocarse, después de meses de tenerse al lado haciéndose compañía era la primera vez que estaban tan cerca, y era como si siempre se hubieran conocido desde antes o como si sus cuerpos estaban destinados a unirse en incomparable pasión, él sentía miedo de tocarla y que al hacerlo pudiera lastimarla por lo que la tocaba como si se tratara de una frágil muñeca a la que en cada caricia quería demostrarle todos los sentimientos que sentía hacia ella, mientras que ella fue olvidando en los brazos de él todas sus penas, todo su dolor, paso a paso quedaron completamente desnudos de cuerpo y alma, fue entonces cuando sus cuerpos se unieron ardientemente entre el amor y la pasión, hasta quedarse complemente exhaustos y dormidos.

A la mañana siguiente, él la despertó entre besos y caricias para prometerle que no se separarían nunca, que después de ese día solo la muerte podía separarlos, ella no podía contener las lágrimas de la emoción y lo abrazaba tan fuerte sintiendo que él era todo en su mundo. William sabía que casarse legalmente no era posible en aquel entonces por las prohibiciones que había en cuanto al acercamiento entre estadounidenses y alemanes, pero que igual haría todo lo posible para que Angelika pudiera estar con él y así cuando él tuviera que regresar a casa ella pudiera irse con él sin problema alguno, mientras tanto se dedicarían a vivir su amor tal y como lo estaban haciendo. Cada día se llenaban de detalles sencillos que hacían que brillara la luz para los dos, en medio de una ciudad completamente en ruinas y después de haber padecido tanto dolor; leían juntos, hacían planes juntos, él le contaba sobre las tradiciones estadounidenses y ella le enseñaba como horneaban pan en la panadería de los Becker y como desde muy pequeña su padre le había enseñado a hornear pan y como su madre le había enseñado a coser, teniendo entre sus memorias lo mejor de la panadería y la sastrería.

Así fueron viviendo la vida, entre la ruinosa cotidianidad berlinesa y el amor que ambos se tenían, hasta que finalmente en diciembre de 1946 se permitieron matrimonios mixtos entre estadounidenses y alemanas, lo que permitió que al menos unas 14.000 alemanas entre ellas Angelika pudieran irse a Estados Unidos con sus esposos; en el caso de ellos esto fue hasta después de año y medio de haberse conocido y estar juntos desde que él la rescató.

• Un nuevo comienzo en la tierra soñada.

En enero de 1947 ellos estaban arribando a Nebraska la tierra de William, para que al fin Angelika pudiera conocer a sus suegros, ellos fueron recibidos por toda la familia que estaban muy felices de que William regresara a casa sano y salvo, la madre de William estaba muy a gusto de que Angelika hablara inglés y la pudieran entender, sin mayores inconvenientes más que el acento alemán que a veces parecía distorsionar los sonidos de las palabras.

Angelika estaba maravillada, Estados Unidos era mejor de lo que había imaginado en sus sueños y más hermoso de lo que su mamá le mostraba en los libros, no podía dejar de sentirse culpable porque ella estaba viendo con sus ojos los que sus padres un día soñaron con ver y que no pudieron producto de la barbarie descontrolada de unos asesinos. Los padres de William no querían que el matrimonio de su hijo quedara como un lejano recuerdo de algo que sucedió en medio de la post guerra, por lo que decidieron hacer una pequeña reunión familiar para que Angelika y William se volvieran a casar, pero ahora con toda la familia de él junta.

Fue una reunión muy hermosa en la que hubo flores y hermosos detalles decorativos, Angelika no había visto nada parecido en su vida, todo era en abundancia, las flores, el vino, la comida. Justo después de la ceremonia al momento de la comida Angelika no pudo evitar sentirse agobiada al ver tanta comida sobre la mesa, por lo que en un momento de mareo y vómitos se desmayó. William no pudo evitar sentirse asustado y la cargó en brazos para llevarla hasta el cuarto mientras todos esperaban que llegase el médico familiar. Vaya si fue completa la alegría de la ceremonia familiar, ya que después de que el médico revisara a Angelika les dio la noticia de que ella lo único que tenía era muy seguramente varias semanas de embarazo por lo que debía asistir a la consulta para monitorear el embarazo hasta su feliz término.

Esa noticia le devolvía el alma al cuerpo a William ya que descartaba que su esposa pudiera estar enferma, sino que más bien lo convertiría en padre, después de la noticia todos los presentes en la ceremonia desbordaban de alegría y sentían más motivación para celebrar, William no solo había regresado con vida de la guerra, sino que también muy pronto sería padre, la familia estaba realmente emocionada. No tardó mucho tiempo que su padre les regalara una casa a la pareja de recién casados que pronto serian padres.

Durante su embarazo Angelika estuvo muy cuidada por la madre de William, quien la atendió como si se tratara de una hija, todo esto mientras que él definía su situación laboral en el ejército, el padre de William le aconsejaba solicitar el establecimiento definitivo en Estados Unidos para que por ningún motivo tuviera que irse nuevamente a una guerra y dejara sola a su esposa y a la criatura que venía en camino, menos sabiendo que estaba el peligro latente de otras guerras posterior a la conformación de las grandes superpotencias en las que había quedado dividida la nueva realidad mundial, algo que dio paso a lo que después se conoció como la guerra fría. William ya no era aquel muchacho idealista que quería enaltecer su país e ir a defender al mundo de los malos, sabía en carne propia todas las durezas que traía consigo la guerra, además ahora tenía una esposa, un hijo razones más que suficientes por las que permanecer en su país para cuidarlos. Ella por su parte aprendía nuevas cosas de la cultura norteamericana, se emocionaba con las reuniones familiares, en especial cuando vivió su primer 4 de julio, a escondidas lloraba de la emoción musitando una oración en honor a sus padres.

Llego mediados de septiembre cuando nacía Anthony Dedrick el primogénito de la familia Brown, todos estaban realmente felices de recibir a un niño sano y rozagante, ella no lo podía creer, lo mucho que le había cambiado la vida desde que William la rescató, entre los dos estaban muy felices de tener entre sus brazos a su primer hijo. Siendo esto el motivo principal para que William dejara el ejército y se ocupara de los negocios familiares con su padre, ya que después de tener por primera vez a su hijo entre sus brazos no haría nada que pudiera alejarlo de su nueva familia.

Los años fueron pasando, los negocios fueron prosperando, y dos hijos más llegaron a la familia Brown, Anna y Andrew un par de mellizos que les sorprendió apenas dos años después del nacimiento de Anthony. Ella se fue adaptando a la vida cotidiana como una ama de casa estadounidense, aunque seguía horneando el pan como su padre le enseñó desde pequeña, así como la costura que su mamá también le enseñó, ya que esa era la manera de sentirse cercana a ellos. Habían pasado años desde su trágica muerte y ella los seguía extrañando como si hubiera sido el día de ayer que los hubiera perdido, se sentida abrazada por la calidez de su nueva familia y de sus hijos, y aun así era inevitable no pensar en sus padres. Paso a paso fue aprendiendo la cultura, los modismos, hasta llegar a sentirse como una más de todos ellos, aun y cuando en fechas especiales como día de acción de gracias o navidad, pasara un tiempo a solas llorando por todo lo que sus padres no pudieron vivir a su lado.

Ellos hacían su mejor esfuerzo para mantenerse juntos e igual de enamorados como la primera vez, de vez en cuando seguían jugando a intercambiar los idiomas, era como una forma muy especial de mantenerse conectados el uno con el otro. Los hijos fueron creciendo, se fueron adaptando a la vida familiar con la llegada de cada nueva etapa. Las canas y las arrugas le fueron llegando a William y ella quien era 15 años menor que él, con paciencia se mantenía amorosamente a su lado, parecía estar igual de enamorada de él pese al paso de los años, pese a las manías, a los ronquidos, a sus ganas de dirigir a la familia como si fueran parte del ejército, pese a todos los embates naturales de la vida cotidiana. La vida fue pasando, los hijos crecieron, se casaron, con el tiempo no tardaron en llegar los nietos, y ellos permanecían juntos relatando sus anécdotas y la historia de cómo se enamoraron después de un plato de sopa caliente, William bromeaba diciendo que fue después de una cubeta de agua caliente y un plato de sopa cuando supo que Angelika era la mujer de su vida, de no haber sido por aquel plato de sopa ninguno de los nietos hubieran nacido, historia que tenía su encanto y que todos los nietos estaban encantados de oír año tras año durante las reuniones familiares.

• El ocaso de una historia de amor.

En septiembre de 1985 después de una vida familiar plena, llena de gratas experiencias, mucha unión y amor; William y Angelika fueron de vuelta a Berlín como turistas junto con toda la familia posterior a 40 años de haberse encontrado aquel fatídico 20 de junio de 1945. Se encontraron con un Berlín muy diferente al que ellos dejaron, hallaron una ciudad completamente dividida por un muro que había separado familias enteras durante décadas.

La parte oeste donde estaba la panadería Becker había sido reconstruida, ella casi no podía reconocer el camino del lugar que había sido su casa durante los primeros 16 años de su vida, fue un paseo familiar, pero no por ello dejó de ser un momento sumamente doloroso para Angelika ya que fue un reencuentro con todo lo doloroso de lo que William la había salvado. En cada momento del paseo ella no le soltó la mano, como recordatorio de que fue él quien con su mano amorosa la salvó de todo lo que le sobrevendría al destino de los berlineses. A partir de ese momento familiar Angelika sintió que no tenía nada más que hacer al visitar o si quiera recordar a Alemania, ya que lo que ella dejo hacía décadas atrás no existía más, ni existiría nuevamente, ni siquiera los cuerpos de sus padres, quienes muy seguramente después del asesinato de los soviéticos las tropas de soldados encargados de la sanidad de la ciudad incineraron como medida de protección sanitaria de la ciudad, ya que los cadáveres por doquier eran generadores de enfermedades y pestilencia.

Los hijos de Angelika la acompañaron amorosamente durante todo el proceso con la curiosidad de conocer las raíces de su madre, fue un momento de mucha unión y muy emotivo. Al terminar esas vacaciones familiares en la cuales William y Angelika estuvieron muy cercanos con la familia que ellos con tanto amor habían formado, él cayó en cama debido a un extraño malestar que no le permitía moverse mucho y le causaba mucho dolor en todo su cuerpo, fueron pasando los días y los médicos no hallaban la razón del malestar de William. Sin sentido alguno, William paso de ser un hombre sano y vigoroso para estar en un proceso degenerativo constante debido a una neuropatía periférica que se agravaba con su edad.

Fueron pasando los meses y él se iba encogiendo como si se trataba de una pasa arrugada, era como una vela que se apagaba lentamente, perdió la movilidad de sus músculos, perdió el habla y con cada día que pasaba Angelika estaba a su lado, haciéndole saber que en su proceso no estaba solo, que con su amor podrían superar esta enfermedad que parecía haber llegado de repente, pero con mucha fuerza para acabar con la salud de William quien en sus mejores tiempos hubiera sido un dechado de vigorosidad y salud.

Después de 10 largos meses de un proceso degenerativo constante hasta convertir a William en un vegetal que solo respiraba, finalmente murió en 1986 a la edad de 71 años después de haber pasado 41 años junto a Angelika quien se convertiría en el gran amor de su vida, ella estuvo a su lado tomándole su mano hasta su último suspiro. Angelika sintió con la muerte de William que una parte de ella y su vida también morían junto a él.

Después de la muerte de William, sus hijos y nietos se reunieron para apoyar a Angelika en todo momento, ya que ella no había vivido sin él desde que tenía 16 años, ella entre amargas lagrimas les confesaba a sus hijos que cuando él la rescató fue él quien le dio un nuevo sentido a su vida y a partir de ahí no hallaba su vida sin estar a su lado -¿Cómo haría para seguir viviendo ahora que él se había ido para siempre?- Ella recibió el apoyo de todos, pero ni aun con todo el amor familiar que recibió en todo momento pudo sobreponerse a la perdida de quien fuera su único amor, cayó en un proceso depresivo en el que dejó hasta de comer por más que sus hijos le hicieron compañía, con paciencia y amor trataban de alentarla, sin mucho éxito. Ella los amaba y se los decía cada vez que podía, pero la tristeza de no estar más al lado de William era algo que la sobrecogía. Después de dos meses de la partida de William, en una noche larga de delirios Angelika sintió como si una luz blanca muy incandescente la envolviera cálidamente, ella decía ya estaremos nuevamente juntos mi amor siendo estas sus últimas palabras antes de morir a causa de un ACV fulminante que apagó su vida inmediatamente, para reunirla junto a su gran amor en la eternidad.

Ellos pasaron juntos durante 41 años de matrimonio muchos momentos tantos difíciles y complejos como felices e inolvidables, él la ayudó pacientemente a superar sus miedos y traumas ocasionados por la trágica perdida de sus padres y por cómo vivió durante la guerra. Ella lo acompañó en cada duelo que significó la muerte de los padres de él, ambos fueron muy felices con cada momento vivido al lado de sus hijos, se sintieron plenos con la llegada de los nietos, estando unidos el uno al otro en cada etapa de su vida, ambos cumplieron su promesa de mantenerse a su lado hasta que la muerte los separó, siendo que la misma muerte sería la que los uniría nuevamente hasta la eternidad.

La noble naturaleza nos enseña que hay exóticas y hermosas flores que pueden llegar a florecer en medio de las más hostiles y hasta pestilentes condiciones ambientales, así mismo ellos con su amor nos enseñaron que inclusive en los tiempos más difíciles como lo fue la guerra puede surgir un sentimiento tan inmenso como el amor puro, sincero y verdadero que puede ser tan poderoso como para perdurar hasta aun después de la muerte.