La Ruleta del Amor (Primera Parte)
La ruleta del amor…
El amor, así como la vida pueden tener momentos y situaciones realmente inexplicables. Hay quienes pueden vivir situaciones de benevolencia y hay quienes viven situaciones que parecieran ser escritas por el más malvado de los escritores. Muchas veces los seres humanos vivimos situaciones que están fuera de nuestro control, por lo que pareciera que todos tenemos la oportunidad de lanzar una vuelta a la ruleta, pero finalmente será la ruleta la que decidirá lo que será nuestro destino, no obstante, no hay que perder de vista que por más duro que pudiese llegar a ser el camino para algunas personas, por más precarios que puedan ser nuestros orígenes, no tenemos del todo escrito el destino por lo que siempre habrá quienes cuenten con una vuelta a la ruleta que les brinde la bendición del amor.
• La vuelta de Mariana.
Mariana era la sexta hija de los 12 que tuvieron sus padres, cuando ella nació pareciera que el destino hubiera echado sobre su ella y descendencia un malévolo hechizo debido a todo lo que les tocaría vivir… Ellos eran una familia muy numerosa que no podía hacerse cargo de sus 12 hijos. Por lo que Mariana fue obligada a casarse con el primero que le ofreció a su padre dos puercos y una gallina. Ella no era para nada feliz con su esposo Alfonzo quien le llevaba 18 años, pero al parecer ese era el hombre que le había deparado el destino, no era feliz, pero al menos tenía marido o eso fue lo último que le dijo su mamá antes de marcharse del hogar materno - “no serás feliz, pero al menos tendrás un marido”-. Él por su parte no era un hombre al que sinceramente provocara amar, era un grotesco déspota, grosero y maltratador, adicto a toda bebida que tuviera alcohol, que trataba a Mariana como su fuera su sirvienta, cada vez que podía le recordaba que era él quien le mataba el hambre, que era una buena para nada.
Era de complexión fornida, muy alto como de 1,90m, barrigón y calvo; una figura bastante aterradora para la joven Mariana quien apenas si medía 1,55m, era muy delgada, parecía más joven de lo que realmente era.
Las noches eran lo más difícil para Mariana de sobrellevar, bajo cualquier circunstancia o condición debía tener relaciones sexuales, sin chistar, sin replicar y sin importar como se pudiera sentir. Tan solo imagínate lo indefensa que se podía sentir una niña de tan solo 16 años, sin estudios, prácticamente analfabeta, que fue transada por su familia como cual ganado ante el mejor postor, sin contar si quiera con la ayuda o el apoyo de sus padres quienes se deshacían sin remordimiento alguno de sus numerosos hijos por no poderlos mantener, como si se trataran de pollos.
El infierno en la vida de Mariana cambió cuando nació Marina, su días se llenaron de luz y color, la dura carga del matrimonio se comenzó a hacer menos pesada, entre los mimos y cuidados que ella le profesaba a su pequeña hija, los golpes y vejaciones que Mariana sufría de parte de Alfonzo eran suavizados por cada abrazo y beso que Marina le daba. Cada vez que él llegaba fuera de control queriendo golpear a Mariana, ella corría a esconder a Marina debajo de la cama y cerraba la puerta del cuarto y le decía - “estamos jugando al escondite tápate los oídos y oigas lo que oigas ¡no salgas!”- así era la forma como la que Mariana evitaba que su hija presenciara como su marido la golpeaba y abusaba de ella.
Cuando Marina cumplió doce años, Mariana comenzó a sentirse mal del pecho, pero cuando le pidió a Alfonzo dinero para ir al médico y comprar medicinas, recibió una paliza que le hizo tragarse de la manera más dura todo sus malestares y dolencias, hasta que un día el pecho de Mariana no pudo más y sufrió un infarto fulminante dejándola muerta en el sitio, fue Marina quien encontró el cadáver aún caliente de su madre en la cocina, dando gritos desgarradores de desesperación y pidiendo auxilio, fueron infructuosas sus suplicas, los vecinos vinieron a ayudarla, pero ya era demasiado tarde, Mariana había muerto.
El sepelio se hizo, con todo lo que ello conlleva, no pasó dos días después de la muerte de Mariana, cuando Alfonzo borracho y fuera de control llegó a su casa y al ver que nadie salía a atenderlo, fue hasta el cuarto de Marina la tomó del cabello, mientras le gritaba que a falta de la perra de Mariana ella tendría que servirle para algo, y de la manera más cruel y despiadada la tiró al suelo abusando de ella sin piedad alguna, en medio de sus gritos desesperado y su llanto descontrolado, después de haberla golpeado salvajemente y haber complacido toda su desenfrenada concupiscencia, la dejó inconsciente tirada en el piso. Marina sin entender aun lo que había pasado, no dejaba de llorar la pérdida de su madre y todo el dolor físico y emocional sentía por el maltrato que había sufrido de parte su propio padre.
• La ruleta de Marina.
El infierno que había vivido Mariana le fue heredado a su hija Marina, quien perdió toda inocencia y ganas de vivir después que su padre la convirtió en su esclava sexual, hasta que al llegar a la edad de 15 años Marina tomo valor después de una golpiza y se fue, huyó lo más lejos que pudo de esa casa, sin mirar atrás queriendo no volver nunca más. Ahora estaba en la calle, sin familia, sin saber a quién acudir, ella jamás había tenido contacto con sus abuelo o demás parientes, estando, deambulando sin cesar por la calle ya bien entrada la noche, se quedó sentada en la banqueta de una plaza mientras lloraba esperando que sus lágrimas limpiaran todo su dolor. Pero lo que no sabía la joven Marina es que la calle también es dura e indolente, fue entonces cuando todavía no secaba sus lágrimas de tanto dolor, cuando apareció un joven visiblemente apuesto de ojos verdes, que no dudó en acercársele para ofrecerle su “ayuda”, este joven cuyo nombre era Andrés fue la primera persona que se le acercó si quiera a conversar mientras lloraba desconsolada.
En ese primer encuentro fue cuando Marina probó por primera vez la marihuana, y de esa pasó a drogas más fuertes cuando se unió a la pandilla de los “desarrapados” como ellos mismos se hacían llamar. Ella sintió en esa pandilla que al menos tenía un grupo, en el cual sentirse como parte de algo, aun y cuando se dedicaban a vivir en las calles en la indigencia, hacían robos menores para tener con que drogarse, después de drogados todo se salía de control, había sexo colectivo sin estado de consciencia.
Andrés y Marina se emparejaron rápido, pero entre la calle, las drogas y el descontrol en el que vivían, pronto las cosas cambiarían, Marina quedó embarazada, ella sin entender lo que le pasaba a su cuerpo ni el porqué del crecimiento de su barriga, le comentó a Andrés sus malestares quien a pesar de su desordenada vida había demostrado sentir afecto por Marina. Pero antes de que los dos pudieran enterarse de que iban a ser padres, estaban tan drogados que él se paró a bailar en medio de la vía por lo que inesperadamente un auto a toda velocidad lo arrolló dejándolo sin vida en el instante, el impacto hizo que Marina se desmayara de inmediato, a unas escasas horas de lo sucedido llegó la policía que levantó de la escena el cuerpo de Andrés y llevó a Marina al hospital de las hermanas salesianas de la ciudad.
Al llegar los doctores la diagnosticaron con desnutrición severa, aparte del estado de intoxicación debido a las drogas que había consumido durante los primeros tres meses de aquel embarazo, las monjas miraron con compasión la situación de Marina, ya que al despertar y estar consciente de su realidad, comenzó a contarle a Sor Evelyn quien era una dominica más de la orden de las hermanas de Santa María, no dudó en acogerla como una miembro más de la congregación, le daban de comer, le dieron medicinas y vitaminas para su embarazo. Durante ese proceso Marina aprendió a bordar, aprendió tareas de la cocina y jardinería; ella estando en pleno estado de conciencia se sentía vacía y sin un sentido para vivir la vida, sin su mamá, habiendo padecido todos los abusos de su padre, y sin Andrés que a pesar de su mala conducta era después de su madre quien más le había dado afecto.
Fueron pasando los meses… hasta que el día del alumbramiento llegó, nació una niña rubia como el sol muy parecida a Andrés, tenía sus mismos ojos verdes. Milagros la llamaron porque a pesar de haber estado expuesta a drogas como el crack, nació sana, verdaderamente era un Milagro de Dios que algo así hubiera podido suceder, ese día fue de fiesta, las hermanas de la congregación la recibiendo como un ángel, no dejaban de hablar con Marina para que sintiera la emoción de haber traído al mundo una niña sana en perfectas condiciones.
Pero por más que las hermanas y en especial Sor Evelyn estaban ahí apoyando para que Marina conectara con Milagros, parecía que una parte en su interior hubiera muerto y nada la hubiera podido resucitar. Estuvo amantando a la bebé como por tres meses, cuando en medio de una noche oscura y tormentosa, sintiéndose completamente vacía, sin poder parar de llorar descontroladamente y sin haberle encontrado ningún sentido a la vida, tomó la fatídica decisión de lanzarse del sexto piso de la congregación perdiendo la vida al instante tras el impacto.
• La ruleta de Milagros.
La muerte de Marina conmocionó por completo a toda la congregación, no se esperaban algo así en lo absoluto, posterior a esto Sor Evelyn protegió a la pequeña y ahora huérfana Milagros, entre todas las hermanas se ocuparon de atender a la bebita, el instituto familiar intervino para que la niña pudiera ser adoptada, pero las trabas burocráticas no hacían para nada fácil el proceso, así fueron pasando los años de Milagros quien mientras más crecía, menos tenía oportunidades de ser adoptada.
Sor Evelyn fue la madre y la familia por sustitución de Milagros, fue quien le enseñó a peinarse, asearse, a orar y creer fervientemente en Dios, a leer y escribir, la infancia para Milagros fue mucho más cálida y digna de recordar en comparación de la que tuvo su madre y su abuela - ¿Quién diría que ella llegaría a un espacio tan cálido y distinto del que tuvieron sus ancestros? - ¡Vaya vueltas que dio la vida! Eso fue algo realmente inimaginable. Milagros siempre recibió regalitos de San Nicolás en navidad, siempre tuvo una palabra cálida de las hermanas, así como también la disciplina necesaria para no ser una niña descarriada como solía llamarle la madre superior a las niñas que no tenían disciplina. Se pensaba en la congregación que Milagros tomaría los hábitos, ya que no conocía nada más del mundo, pero Sor Evelyn se opuso a que llegada la adolescencia ella iniciara los primeros pasos para tomar los hábitos, ya que lo ideal era que conociera el mundo antes de dar ese paso, porque amar y consagrase a Dios era un asunto de convicción y elección, y por la imposición o el deber de hacerlo por no conocer nada más, es por ello que para Milagros su casa era el convento, pero ella pudo estudiar en una escuela civil, en la cual pudo hacer amistades y desarrollarse como una joven normal, sin mayores aspavientos.
Al regresar de la escuela secundaria, Milagros se apresuraba a ayudar a todas las hermanas en todas las tareas de la congregación desde la cocina hasta el aseo, sabía cocinar, regaba las plantas, bordaba. Milagros era toda luz y dulzura, mientras crecía iba viéndose como ese pequeño retoño se convertía en un hermoso cisne de cabello largo y sonrisa radiante, y así fue transcurriendo su vida…
Al llegar a la edad de 18 años Milagros decidió ser maestra, por lo que estudiaba cerca pedagogía en una universidad relativamente cerca de la congregación. De camino a la universidad, un día como cualquier otro Milagros conoce a Diego un joven ingeniero de 26 años apuesto y adinerado cuya familiar servía de benefactora de la universidad que necesitaba más que los fondos públicos para poder permanecer abierta; ese día Diego fue a entrevistarse con los directivos de la universidad y entregarles el cheque con una cuantiosa suma de donativo. Fue cuando los ojos de Diego se quedaron anonadados al ver la belleza de Milagros quien caminaba por los pasillos de la universidad, ella siendo una joven muy tímida y servada criada por religiosas, ni siquiera dio importancia alguna a su presencia, ignorándolo por completo, siguiendo su camino hacia sus clases.
Él sintió un corrientazo especial que le recorría todo el cuerpo, se quiso acercar, pero ella lo evitó, estuvo conversando con unos conocidos suyos en aquella universidad sobre aquella hermosa mujer, pero ellos le dijeron “que ni perdiera el tiempo” ya que las monjitas la protegían y no iban permitir que cualquier hombre se le acercara para marchitar esa flor.
Diego prendado de la sensación que a primera vista Milagros le hizo sentir, decidió conocerla, acercarse y enamorarla como solía hacer con todas las chicas que le gustaban. Los primeros intentos fueron prácticamente en vano, ella no se impresionaba con el auto lujoso en el que él andaba, ni su ropa evidentemente de marca, porque ella era una joven que no conocía al mundo más allá de las paredes del convento, por lo que Diego la tenía difícil para deslumbrar a Milagros sobre algo que ella ni conocía y al parecer ni le interesaba conocer. El mejor amigo de Diego, Manuel le aconsejaba que no perdiera el tiempo con esa chica, ya que era evidente que estaban en dos sintonías distintas, en universos diferentes por lo que debía desistir en llamar la atención de Milagros.
Pareciera que Manuel le hubiera dicho todo lo contrario, porque él tomó la decisión de entrar en la vida de ella a como diera lugar, no había conocido a ninguna mujer que se resistiera a sus encantos. Cuando vio que Milagros daba clases a unos niños de preescolar, aprovechó para buscar excusas y estar cerca de ella y como era vísperas de la llegada de diciembre, él se vistió de San Nicolás para llevarle regalitos a los niños de la pequeña escuela. Fue justamente a partir de ese momento que Milagros le prestó atención a Diego, él vestido de Santa Claus con una barba falsa con un saco lleno de regalos para los niños, ella no paraba de reírse al verlo rodeados de niños que lo abrazaban y le jalaban su barba falsa.
• ¿Qué tiene ella de especial?
A partir de ese día, él hizo notar su presencia ante ella y ya sentía la confianza de poder acercársele, pero la tarea no iba a ser tan fácil, Milagros no era una chica como todas las demás, por lo que Diego se comportó con ella como nunca se había comportado con otra mujer. Se aparecía en la escuela con poemas de amor, con rosas, chocolates; pero ella parecía solo importarle la amistad de Diego, el camino fue largo, el mismo Diego no entendía porque seguía insistiendo en estar cerca de Milagros si él podía tener a cualquier mujer al alcance de sus manos; él estaba acostumbrado que con su sola presencia las mujeres mostraran interés y se le lanzaran a los brazos, a su edad ya había salido con dos super modelos, tres reinas de belleza y hasta una presentadora de televisión, todas mujeres de mundo, elegantes y con experiencia; no entendía: - ¿Qué tiene ella de especial? ¿Qué podía mantenerlo concentrado y suspirando solo por Milagros? - Si ella era todo lo contrario a las mujeres que había conocido, fue todo eso lo que precisamente hizo que él se alejara de las fiestas, los lujos, las mujeres pasajeras, acercándolo de una forma de vida distinta y mucho más sencilla a la que él había estado acostumbrado.
Era la calidez de su presencia, su sonrisa inocente, él sentía que ella era como un ángel, en estos momentos de análisis es cuando Diego se descubre con un sentimiento especial, no sabía si era amor, si estaba enamorado de Milagros, era algo que no le había pasado antes con otra mujer; por lo que decidió que no le importaría cuanto tiempo tomaría él le haría ver a ella que estaban hechos el uno para el otro. Así que paso a paso y con mucha paciencia continúo llevándole flores, diciéndole chistes, la acompañaba en el camino de regreso al convento a pie, porque ella le dijo que era incapaz de subirse a un auto tan lujoso, pero a él no le importó eso, aprovechó la oportunidad para caminar junto a ella así fuera bajo el incandescente solo del medio día, o tardes húmedas y lluviosas, durante el camino se reían sin parar como dos tontos a veces sin motivo, ni razón. Ella con el paso de varios meses teniéndolo tan cerca empezó a sentir su corazón palpitar con una emoción diferente y desconocida, el día en el que él no pudo llegar a verla por compromisos en la empresa de sus padres, en ese mismo instante Milagros comenzó a extrañarlo; al sentir que lo extrañaba y no comprender esta nueva sensación, le confesó sus emociones y sentimientos a Sor Evelyn, quien se conmocionó aunque muy en el fondo sabía que ese día tarde o temprano llegaría, fue Sor Evelyn la que le explicó a Milagros que muy probablemente esa sensación indescriptible era que el primer amor había llegado a su vida.
• ¿Somos novios?
Al saberse enamorada de Diego, Milagros sentía que ya no sabría cómo actuar frente a él, esperó a verlo al día siguiente nerviosa e impaciente por no saber si volvería a verlo, hasta que suspiró al verlo llegar a la escuela donde ella daba clases como todos días. Ella comenzó a sentir como su cuerpo se estremecía, temblaba, no sabía si quiera qué debía decirle, emocionada de verlo lo abrazó efusivamente diciéndole que le gustaba que hubiera llegado. Diego no se esperó el recibimiento de ella, era la primera vez después de meses de haberse conocido que tenía un contacto tan cercano con Milagros, fue como si el tiempo se hubiera detenido para ambos, como si sus corazones latieran al unísono.
Después de ese abrazo ella finalmente aceptó pasar un par de horas comiendo helados junto a él en una pequeña heladería que estaba cerca de la escuela, estando ya juntos en aquella heladería él le tomó la mano para decirle que también la había extrañado, estando tan cerca uno del otro fue inevitable que él le confesara todos los sentimientos que tenía hacía ella, todo lo que ella con su sencillez, su calidez y su hermosura le hacían sentir. Las palabras de Diego eran como gotas de rocío para Milagros, por primera vez ella sintió que su pecho iba a estallar de la emoción, él envuelto por la emoción del momento le pidió que fueran novios, a lo que ella contestó que -"¿Qué significaba ser novios?"-
Diego asombrado por la respuesta de Milagros le explicó que ser novios, era ser pareja, era la forma en la que las personas se demostraban sus sentimientos el uno hacia el otro, algo que no habían explicado muy bien las religiosas dentro de la congregación, la referencia más cercana que Milagros tenía de una pareja eran María y José. Entonces Milagros respondió que sí estaba dispuesta a ser novia de Diego, aunque le tomaría tiempo poder entender realmente qué significaba ser novios. Él no lo podía creer, finalmente la mujer que tanto lo había tenido entre las nubes por fin le había compartidos sus sentimientos, por fin le había permitido estar cerca, y aunque solo le había tomado la mano, era suficiente como para saber ya no querría separarse más de ella, él se sentía tan distinto a como había sido en el pasado, jamás se hubiera imaginado que se hubiera sentido tan pleno, tan lleno con tan solo escuchar una palabra tan sencilla como un sí.
El momento tan especial hizo que perdieran la noción del tiempo, por lo que ella ya debía marcharse para hacer sus tareas domésticas en el convento. Regresaron como todos los días caminando hasta el convento, antes de despedirse, ella comenzó a temblar y estando emocionada le tomó las manos a Diego le agradeció por el helado y por los momentos compartidos, tomó una respiración profunda como si se estuviera llenando de coraje le dio por primera vez un beso en la mejilla y salió corriendo despavorida sin mirar atrás, sin decir más palabras; él sintió que había chispas y fuegos artificiales en su cabeza, no podía creer lo emocionado que estaba por tan solo un beso en la mejilla.
Al llegar al convento Milagros no podía contener su emoción, por lo que le contó todo a Sor Evelyn, quien al escuchar el relato de Milagros no pudo contener las lágrimas de la emoción, pero Sor Evelyn sabía que no debía postergar más la conversación que debía tener con Milagros como si se tratase de su propia madre, porque en cierta medida así era. Ella la abrazó, le explicó a Milagros que tener una pareja implicaba un alto nivel de responsabilidad tanto con ella misma, así como con la otra persona, por lo que no debía mentir, debía tener claro los límites, y la paciencia que debía tener, por lo que no debía estar apurada, ni impaciente por vivir ya que el verdadero amor es paciente y noble.
Milagros sintió alivio de haberle confesado sus sentimientos a Sor Evelyn y que ella le comprendiera tan bien sus sentimientos hacia Diego. Después de esto el romance comenzó a echar sus raíces, él iba como todos los días a verla, compartía sus obligaciones en la empresa con el tiempo que pasaba con ella, él le llevó a su perrito “spike” para salir de paseo con el perro que era su más fiel amigo. Los domingos después de la misa a la que tradicionalmente Milagros asistía iban tomados de la mano a comer helados. No es que él hubiera sido muy religioso como para asistir a misa los domingos, pero por pasar tiempo con ella asistiría a todas las misas que fueran necesarias, lo hacía complacido por sentarse a su lado y tomarle la mano durante toda la misa con la excusa de estar orando, ni él mismo se creía la felicidad que sentía de solo tomarle la mano.
La madre superiora al ver la actitud de Milagros, quiso conocer las verdaderas intenciones de Diego por lo que invitó al joven a un almuerzo en el convento con ella y las demás hermanas, a lo cual él accedió. Llegado el día del almuerzo tuvieron una velada al principio un poco tensa, pero se relajó después de que Diego dijera sin dudar en ningún momento que -“sus intenciones con Milagros eran completamente nobles y muy serias ya que estaba completamente enamorado de ella”- algo que enterneció a todas hermanas de la congregación, de hecho, Sor Evelyn casi llora de la emoción en ese momento.
Luego de tan emotivo momento, los días siguieron pasando y Diego se sentía entre las nubes queriendo hacer mucho más fuerte el vínculo con Milagros, fue cuando entonces decidió presentársela a sus padres, preparar en su casa un almuerzo especial para que ellos pudieran conocerla, un hermoso sábado soleado en el que parecía que el sol brillaba más que de costumbre. Ese día Milagros fue hasta aquella casa tan grande y elegante vestida con un sencillo vestido de flores, le resaltaba su hermosura, pero también su sencillez. A primera impresión la madre de Diego no fue que quedó impactada con ella, ya que no esperaba que la mujer que le hubiera puesto la vida de cabeza a Diego fuera alguien tan frugal, joven y sencilla, quizás esperaba a alguien más impactante, con más experiencia y un poco de más estatus, mientras que su parte el padre de él si se notó más receptivo con la joven a la que vio en sus ojos bondad y sinceridad.
Durante la velada con sus padres Diego repitió las mismas palabras que dijo en la congregación con las hermanas, que sus intenciones con ella eran completamente nobles y serias ya que estaba profundamente enamorado de esa hermosa mujer que le había cambiado la vida; por lo que ambos la recibirían como alguien más en su familia. Era la primera vez que Diego se tomaba tantas molestias por una mujer, es más de hecho nunca antes lo habían visto tan serio con ninguna mujer, ahí mismo la madre de Diego le preguntó a Milagros por su familia y sus orígenes, dejándola desconcertada ya que ella jamás se había puesto a pensar en eso, siempre estuvo al lado de Sor Evelyn y las hermanas de la congregación y era de ellas de quien había recibido toda la educación y el amor que pudo haber necesitado para crecer y convertirse en quien era.
Milagros y Diego no perdían la oportunidad para expresarse mutuamente su amor, al despedirse en aquella ocasión se dieron un beso tierno, largo, romántico, intenso que los hacía flotar sentir con cada roce de sus labios que el tiempo se detenía solo para ellos. Al irse milagros, la madre de Diego le dijo que aquella joven no era precisamente lo que ella en su mente hubiera esperado para la vida de su hijo, pero si era la mujer que verdaderamente le había robado su corazón y lo convertiría en un hombre de familia, alejándolo de la vida del casanova entonces ella no se interpondría para nada, por lo que tendría su bendición para formalizar su relación con ella.
Diego se iba a dormir pensando en el tiempo que pasaba junto a ella, por lo que ya no veía razón para no comprarle el anillo y proponerle lo más pronto posible que ella que fuera su esposa después de todo ya no era un jovencito ni quería andar de casanova con una mujer diferente cada día, él se sentía pleno solo con Milagros ya moría por tenerla a su lado completamente y vivir junto a ella y “spike”, sentía que había construido un vínculo emocional fuerte, solido mucho más profundo e intenso que la sola atracción física.
• El amargo encuentro con la verdad y el pasado de Milagros.
Por su parte Milagros esa noche después de conocer a la familia de Diego quedó pensativa y reflexionando sobre el hecho de que ella siempre asumió que ese era su lugar y ella nunca cuestionó de donde realmente era ella, quienes habían sido sus padres, cuáles eran sus orígenes, por lo que después de una larga noche de insomnio decidió preguntarle todas sus dudas a Sor Evelyn, quien al entender las dudas razonables de Milagros le dio un sobre del departamento de Trabajo Social que tenía toda la información que ella necesitaba saber sobre sus orígenes, no dijo más palabras, dejó la habitación dejándola sola con su verdad.
Milagros temblorosa leyó con detenimiento el informe que la trabajadora social hizo, quedándose estupefacta con toda la verdad sobre sus orígenes y parientes, en dicho informe su madre Marina le confesó por todo lo que tanto ella como su madre habían pasado, como su abuela murió en los brazos de su madre, como su abuelo había abusado de su madre y como ella había huido de casa desesperada y sin familia, para encontrarse con las drogas en la calle, como fue que su madre conoció a su padre y como este fue encontrado muerto tras un arrollamiento, toda esta historia estuvo disponible para los aspirantes a adoptarla después del suicidio de su madre, muy probablemente esto habría sido la razón más pesada que influyó para no ser adoptada por ninguna familia, ya que muchos consideraron que con antecedentes familiares así muy probablemente ella también sería tan “torcida” como sus padres; enterarse de esto la dejó devastada, lloró y lloró amargamente hasta quedarse dormida, se sintió con un gran vacío en el pecho por todo el dolor que pudieron haber sentido su madre y su abuela, a las que la vida no le dio la oportunidad de conocerlas.
Ella se quedó dormida de tanto llorar, al despertar sintió muchas dudas, sintió que no era lo suficientemente buena para estar al lado de Diego, por lo que le escribió una carta explicándole la situación dentro del mismo sobre que contenía la verdad sobre sus orígenes. Con la venia de Sor Evelyn y la Madre Superiora se fue en la mañana de aquel domingo lluvioso a un claustro de retiro de las hermanas en las afueras de la ciudad.