JULIETA
El adormecedor sonido del motor se detiene bruscamente, adormilada abro los ojos. El paisaje es muy diferente al de De Silvanus, aquí no hay rosas ni majestuosos palacios, solamente una hogareña cabaña en medio de un pasto muy bien cortado. Julieta ya ha llegado, hay un coche rojo brillante aparcado frente a la fachada de la pequeña construcción. Me ajusto el abrigo y trato de bajarme el vestido, estoy nerviosa, aún no la conozco, pero sé que es una mujer despampanante.
—Es hora—Jade me muestra su móvil, son exactamente las 12 del día—. Veena, no te preocupes, rondaré cerca y te avisaré si veo algo extraño.
Asiento y salgo del auto, me pongo los lentes de sol y tomo mi cartera. Inhalo profundamente antes de encaminarme a la puerta con paso inseguro. Y en cuanto llego a la cabaña, escucho a Jade encender su auto y después el característico sonido de los neumáticos en la gravilla.
Es mejor que se vaya, Julieta fue clara en sus condiciones para vernos: asistir sola a la cita. Acerco los nudillos a la madera y al mismo tiempo esta se abre, retrocedo un par de pasos.
Es un chico.
—Gusto en conocerla, Alteza—se dobla por la cintura con una mano en la espalda.
Mis ojos caen en la mujer detrás de él e inmediatamente retrocedo otro paso. Julieta Visconti no solo es hermosa de rostro y cuerpo; tiene el porte de una reina, una mirada azul llena de seguridad y un rostro digno de un ángel.
—El gusto es mío—respondo al chico usando la dulce voz de Emma, mientras por dentro soy un manojo de nervios.
—Perdone a mi hermano—dice Julieta con una amable sonrisa—, nunca ha visto a un Creel.
El hermano se hace a un lado y me invita a entrar.
—Yo no soy una Creel—replico pasando por su lado y mirando en torno.
La cabaña por dentro es impresionante y más hogareña de lo que imaginaba; el alto techo se sostiene por enormes vigas, hay un muro elaborado totalmente de sólidas rocas, del cual emerge una pequeña chimenea de granito. No hay pared de fondo, sino un gran ventanal que abarca desde el piso hasta el techo, y muestra una vista hermosa de las montañas que separan Laured de Celin.
—Gusta una bebida—me ofrece el hermano mientras me siento en un cómodo sofá en el centro de la estancia.
Niego mirando a Julieta sentarse en un sillón frente a mí. No sé por qué Fanny se empeñó en vestirme completamente de negro, esto no es un funeral ni nada parecido, pero le agradezco el abrigo, no quiero que esta hermosa mujer vea mis carentes atributos y mi escasa feminidad.
—Puede quitarse su abrigo—ella me tiende la mano.
Niego inmediatamente, el vestido que traigo abajo es hermoso, pero yo jamás lograría sacarle provecho a la ropa como hace ella.
—No hace falta—digo y sacudo la cabeza—. No tengo mucho tiempo, mis doncellas no pueden cubrirme todo el día. Gian regresará…
Visconti se coloca su hermoso cabello castaño sobre un hombro al tiempo que suspira profundamente.
—Es extraño pensar en él como un hombre casado—sus oscuros ojos azules caen en mi mano derecha, específicamente en el anillo de esmeraldas en ella—. Eres una mujer muy afortunada, Veena Creel.
Hay algo en esta mujer que me resulta muy familiar, su aspecto tiene algo que me recuerda… Abro mucho los ojos y todo mi cuerpo se tensa, por fin veo porqué ella se me hace conocida. Julieta Visconti no solo tiene unos casi ojos idénticos a los míos, sino también una nariz parecida a la mía, y la forma de su cara, sin duda es igual a la mía.
Veo que Julissa no mintió al respecto, esta bella mujer y yo nos parecemos un poco, es como si yo fuera la copia barata de ella, la mercancía pirata.
… Mi sangre comienza a hervir y la humillación se adueña de cada célula de mi cuerpo. ¿A esto se resume el enfermo interés de Gian por mí? ¿Ha estado detrás de mí por años únicamente por qué me parezco mínimamente a esta bella mujer? ¿Dijo que me ama a mí sólo porque no puede decírselo a ella?
—Por eso estoy aquí—le dijo viéndola a los ojos—, quiero saber qué tan afortunada soy siendo esposa de Gian Creel.
El hermano coloca un vaso de agua en la mesita de centro, a su hermana le entrega un vaso de whisky, después desaparece escaleras arriba.
—Discúlpame, él insistió en venir—me dice al ver como mis ojos miran con fijeza las escaleras—. Espero no te importe, además, tú tampoco viniste sola, ¿verdad?
— No, venir sola habría sido imposible.
Ella asiente y bebe un sorbo de su bebida.
—Gian es muy controlador, jamás te hubiera permitido salir de De Silvanus.
Gran parte de mis celos por ella se esfuman y recupero mi natural seguridad. Estrecho la mirada, Julieta conoce perfectamente al príncipe, se nota que mantuvo una relación con él en el pasado.
—Mi tiempo es muy limitado—no sé por qué, pero mi voz se ha vuelto algo fría—. Cuéntame lo que quiero saber, a cambio, depositare la cantidad que tú digas en tu cuenta bancaria.
Niega al tiempo que esboza una dulce sonrisa.
—No, Alteza, me temo que ha malinterpretado mis intenciones al aceptar reunirme con usted.
Frunzo el ceño, ¿no quiere dinero? ¿Entonces, qué?
—Yo solamente vine aquí con la intención de no faltar a la petición de la próxima reina de Pangea, por eso y nada más.
Puedo verla como una Reina, mi imaginación alcanza a vislumbrar a Julieta Visconti convertida en reina y al lado de Gian, como una pareja. No sé qué pensar, ella es demasiado amable y correcta, justo lo que los rumores dicen. Pero yo no me siento cómoda hablando con esta linda mujer, hay algo en ella que no termina de gustarme.
—Bien, si tú gustas. Ahora háblame de Gian y de ti, quiero saber qué pasó exactamente entre ustedes.
Con elegancia devuelve su copa a la mesa, luego se lleva el índice a los labios y una pequeña sonrisa nostálgica aparece en ellos.
—Todo fue mi culpa y el arrepentimiento me seguirá hasta la tumba—murmura con la mirada perdida en sus recuerdos—. Aunque mi familia era noble, nosotros no teníamos lazos familiares con la familia real y papá tuvo que mover muchas de sus influencias para que me permitieran estudiar con los hijos de las más importantes casas del mundo. Recuerdo que cuando llegué por primera vez al ahora castillo Cianí—me lanza una mirada triste, yo me remuevo incómoda en mi lugar—me sentí una princesa, me sentí importante y, sobre todo, llena de seguridad. Pero eso no duró mucho, pocos minutos después llegó una caravana de lujosos autos con el escudo de la familia Creel y todos los niños corrimos muy emocionados a los jardines para recibir a los recién llegados. Fue algo muy impresionante, los agentes de De Silvanus bajaron primero y abrieron las puertas de un sencillo coche, del interior salió Emma Creel y detrás de ella su hermano mayor. Yo era una chica muy torpe, todos mis compañeros hicieron una reverencia y saludaron al mismo tiempo, pero yo permanecí erguida viendo embobada a los más jóvenes miembros de la familia real. Los dos hermanos apenas nos miraron, Emma era muy pequeña y su niñera rápidamente la llevó al interior del castillo, y su hermano no tardó en seguirlas junto con su consejero real. En cuanto desaparecieron dentro, todos nos pusimos a cuchichear muy emocionados, muy pocos de nosotros habíamos visto a los hermanos Creel con anterioridad.
—¿Qué impresión te dio el príncipe? —no puedo evitar preguntarle.
La frente lisa se arruga un poco al considerar su respuesta.
—Me pareció un poco soberbio y algo orgulloso, quizá—sus ojos buscan los míos y sonríe con calidez—. Y cuando usted lo conoció, ¿qué impresión le dio?
—Un pervertido hijo de puta—contesto automáticamente antes de darme cuenta.
Julieta ríe suavemente. No sé si se ríe conmigo o de mí.
—En ese entonces no era así, créame—suspira suavemente y su expresión vuelve a tornarse nostálgica—, él era lo que se espera de un príncipe—no puedo creerlo, imaginar a un chico como el que describe, es imposible para mí—. Gian y su hermana no nos acompañaron al principio, apenas sabíamos de ellos, una gran parte del castillo estaba prohibida para nosotros y todo lo que sabíamos que esa área era exclusiva para los hermanos Creel. Con el paso de los meses, comencé a ver a la princesa Emma pasear por los jardines de la mano de su niñera, pero a su hermano, él tardó mucho más en mostrarse.
—Matsson me dijo que él solamente convivía contigo—digo en voz baja, sintiéndome como una intrusa en una bella historia trágica.
—Los demás nobles no me querían y siempre me trataban con desprecio, sabían que yo no poseía el mismo estatus social que ellos—sus brillantes ojos azules vuelven a buscar los míos—. Sabían que nuestros mundos estaban muy próximos, que se rozaban entre ellos, pero también sabían que no eran iguales. El mundo de los aristócratas es duro, Alteza, sumamente cruel y despiadado cuando no perteneces perfectamente a él. Gian fue el único que se mostró amable, porque a pesar de mis desesperados intentos por encajar, siempre terminaba exiliada del grupo.
Entiendo perfectamente a lo que se refiere, aunque ahora yo soy una Princesa y la próxima reina de Pangea, el mundo de los nobles me detesta en secreto y no aceptan que yo sea quien algún día los gobierne.