Chapter 51: PECADOS SOBRE FANTASÍA
—Un día sin querer traspasé los límites permitidos para los nobles, me encontré con el príncipe—su sonrisa se extiende al recordar el momento—. Al principio fuimos sólo amigos, pero cuando nos dimos cuenta, ya nos gustábamos. Empezamos a salir...
Mi mente deja de pertenecerme y recuerdo con viveza al actual Gian besándome en los jardines de De Silvanus la noche de su cumpleaños, recuerdo sus ojos fijos en los míos mientras me tomaba...
— ¿Y qué sucedió para que hayas terminado así? —inquiero bruscamente, de pronto alterada y con la cara roja de rabia.
Julieta pasa por alto mi tono, y contesta muy educadamente:
—Un malentendido, todo se derrumbó por un malentendido—baja la mirada y suspira—. Una mañana simplemente vino un auto de De Silvanus a recogerlo, se fue sin despedirse y no tuve noticias de él por una semana. Y cuando regresó al castillo, lo hizo sin escolta, nadie vio en qué momento entró a Trinidad. Fue directo a mi habitación, estaba furioso, me dijo que yo lo había utilizado y corrió a gritos a la compañera que me acompañaba en ese momento. Traté de explicarle que nada de lo que había escuchado en De Silvanus tenía que ver conmigo, por supuesto que él no me creyó una palabra.
Al parecer, Julissa Hester ha dicho la verdad. Hace años, algunos nobles, entre ellos los Visconti, intentaron dar un golpe de estado para derrocar a Zen Creel.
—Hizo que criados y nobles abandonaran el castillo, los mandó a los jardines y con una llamada ordenó que mis padres se presentaran al día siguiente en Cianí. Ahí fue donde me enteré de todo, mis padres y otras casas habían intentado dar un golpe de estado, querían derrocar al Rey—su voz se ha vuelto aguda, al borde del llanto. Julieta es tan dulce, tan distinta a mí—. Y, por si fuera poco, tenían un plan alternativo por si el primero fallaba, pensaban utilizar mi relación con el Príncipe para algún día destronar a la familia Creel.
Por fin me familiarizo con la historia, este es el Gian que yo conozco, es el hombre con el que me casé. Los vellos de mis brazos se han erizado y mi respiración se ha vuelto rápida, mis ganas de escuchar lo que viene son inmensas, pero al mismo tiempo me muero por gritarle que no diga nada.
—Yo no sabía nada de los planes de mi familia, pero para los Creel y Gian, yo también era culpable— Julieta alza la mirada, tiene los azules ojos brillantes y húmedos. Tampoco quiere continuar.
No puedo evitar sentir compasión por ella. Sin saberlo, se vio envuelta en un elaborado plan de su familia, y acabó perdiéndolo todo.
—Alteza, ¿está segura de querer escuchar el resto? —me pregunta en un murmullo.
No, no lo estoy, no quiero escuchar una palabra más. Quiero vivir en una mentira, quiero creer que el hermano de mi mejor amiga no es un monstruo, quiero creer que me he enamorado de un ser humano y no de una bestia. Cuando Gian volvió de su expedición y tuvimos sexo en su oficina, yo estaba muy borracha, pero recuerdo vagamente oírlo decir que él había hecho cosas que me pondrían los pelos de punta. Ese día él habló de pecados y placeres, dijo que no me gustaría conocerlo de verdad. Ahora lo recuerdo, también recibí una especie de amenaza de su parte, Gian dijo que de mí depende que él se convierta en un monstruo o no.
Pero ya estoy aquí, no puedo echarme para atrás y volver a De Silvanus sin nada. Así que hago acopio de todo mi valor para abrir los labios y decir:
—Quiero escucharlo todo.
Asiente y se toma su tiempo para continuar.
—Gian me llevó hasta su habitación, hizo que sus criados me ataran de manos y pies, y abusó de mí—dice muy despacio para que yo asimile cada palabra—. Lo hizo repetidas veces, hasta hartarse. Me habló y trató como si yo fuera la peor de las mujeres. Mis ruegos, llantos y disculpas no sirvieron, él ya no era el mismo Gian de siempre, y yo no lo conocía ni un poco. Fue despiadado por toda una noche, cuando llegó el día y por fin me soltó, yo apenas podía moverme—siento escozor en los ojos, estoy a punto de llorar. Este es el castigo que tanto temía, el castigo al que Gian sometió a Visconti por su traición.
Dentro de mí algo está cambiando, y no puedo detenerlo.
—Después de eso, permanecí en la cama hasta que mis padres llegaron, entonces los guardias nos escoltaron hasta un salón vacío, y ahí Gian castigó a mi padre.
—Creí que el Rey fue quien castigó a tu padre—musito en un hilillo de voz.
—No, fue Gian, nadie más que él. Hizo que los guardias lo golpearan casi hasta la muerte, únicamente para vernos sufrir a mi madre y a mí; también allí mismo lo despojó de su título y de todos sus bienes. Cuando terminó con mi padre, creí que ya no haría nada contra nosotros, pero me equivoqué—sorbe con discreción. Yo estoy muda, mis pensamientos están congelados—. Los días pasaron y pronto nos vimos en la calle, Gian nos había cerrado todas las puertas, tanto económicas como sociales. A los ojos del mundo, mi madre y yo somos la peor clase de mujeres; y mi padre, un traidor que procreó una hija deshonrosa. El mundo entero nos dio la espalda, perdimos todo, absolutamente todo.
Por Dios, esto es peor de lo que imaginaba. Mi imaginación no hace nada contra la verdadera historia entre Gian Creel y Julieta Visconti. Conociendo al príncipe, ¿cómo pude siquiera llegar a pensar que la historia real era menos escalofriante? Sus últimas palabras se pierden en un silencio de muerte, como si la calma supiera lo trastornada que me siento, y saboreara al mismo tiempo el sufrimiento de Julieta.
Desvió la vista, sintiéndome avergonzada y sumamente culpable, igual que si yo fuera la causa de sus desgracias. No me doy cuenta que estoy llorando hasta que pruebo el sabor salado de mis lágrimas, me las limpio con rapidez.
—Julieta, yo de verdad que lamento mucho…
—Alteza, a pesar de lo que el Príncipe nos hizo a los Visconti— dice de pronto y mis ojos caen en ella otra vez. Su expresión ha vuelto a cambiar, ya no veo pena, sino firme determinación—. A pesar de lastimarme de todas las maneras posibles, yo no lo odio. Veena Creel, yo amo a Gian, por él no me fui lejos de Laured, por él permanezco en Celin.
Mis lágrimas se detienen bruscamente, y no puedo hacer más que mirarla conmocionada. ¿Cómo es posible? ¿Cómo puede amarlo después de todo el daño que le causó?
—¿Por qué...? —logro articular. ¿Por qué todavía lo amas?
No contesta inmediatamente, primero toma su vaso y se pone de pie. Sin duda luce como la Princesa que debería ser, sí Gian no hubiera emitido un juicio fallido.
—No lo sé, para mí también es un misterio. Alteza, he esperado pacientemente a tener una oportunidad para explicarle a Gian mi versión de la historia, sólo quiero que me escuche y nada más. Sé perfectamente que no puedo aspirar a más, él se ha casado con usted y yo…
También me levanto. Ya lo he decidido, por fin mi mente ha dejado de estar confundida. Al fin sé lo qué debo hacer y cómo.
—Ayúdame a escapar de De Silvanus y de Gian—digo con voz firme y sus ojos se abren como platos a causa de la impresión. Luce inocente, ingenua. ¿Cómo es que Gian se atrevió a lastimar a alguien tan pura? —. Y a cambio, te dejaré el camino libre para que estés con él.
Voy a arriesgarlo todo con tal de irme lejos de los Creel, ya no me importa si Gian está cambiando o no. Ahora lo sé, a mis ojos, él siempre será un monstruo. Y si Julieta está enamorada de él, bien por ella, yo jamás podría persuadirla para que se olvide de él. Además, al parecer Gian también la sigue amando, por ello su fijación obsesiva por mí y sus malditas ganas de mantenerme a su lado contra mi voluntad. Pero si Gian Creel vuelve con Julieta, se olvidará de mí y me dejará marchar en paz, estoy segura.
—Busca una forma para que pueda irme del palacio y huir lejos, muy lejos—añado cuando ella no responde—. Y cuando yo ya no esté en De Silvanus, tú podrás acercarte a Gian y él no te rechazara, porque me odiara más a mí de lo que crees que te odia ahora.
Aunque le prometí a Emma nunca abandonar a su hermano, no tengo otra opción, la sola idea de permanecer con un hombre capaz de realizar las atrocidades que Julieta acaba de contarme, me hiela la sangre. Además, ahora lo veo claro, yo soy solo una sustituta del gran amor de Gian Creel, una copia que llena mínimamente el hueco que Julieta dejó en su corazón al creer que lo había traicionado. Sus muestras de amabilidad y atención, no son más que ilusiones mías y mentiras de Gian.
A partir de ahora volveré a ser la chica que cree en sus ideales, la que no juega con monstruos y se deja manipular por ellos.