Cap. 45 Sorpresas te da la vida.
Miles de preguntas se agolparon en mi mente y una de ellas fue… ¿Esto tendrá un fin?, me refiero a que si todo terminará algún día, ¿Podré conocer a mi creador? Pueda ser que si, sin embargo… reflexiono en todo lo que tengo que recorrer… a veces pienso que no será pronto, no a menos que haga una notable diferencia en el mundo.
Mi introspección se vio interrumpida drásticamente por golpes, rugidos y arañazos sobre el tejado, los niños comenzaron a gritar, incluyendo la mesera. Todos nos pusimos en guardia, listos para defender a toda costa el autobús. ─ ¡No te detengas! ─ ordené abriendo la puerta. Meyer, Wagner y Oliver, saltaron conmigo a enfrentarnos, sea lo que fuere lo que nos vino a atacar. Caímos rodando por el suelo con gracia felina, con garras y colmillos extendidos, rugimos y comenzamos una ardua pelea al son del autobús andando. Peleábamos entre saltos, carreras, esquives, a veces sobre el bus que Becker trataba, por todos los medios, mantener el control y no estrellarse, y por ello derrapaba cauchos constantemente haciendo giros bruscos para desestabilizar a los que caían encima, pero…
Hubo un punto en la batalla donde no había más camino, era la desviación de retorno, el que habíamos puesto para que todo aquel que llegara se regresara, pero nosotros sabíamos que para llegar a Orphan debíamos cruzar por los bosques o por mar. Las luces del bus y la luna, iluminaron parte de la batalla, nuestros contrincantes eran muy buenos, bien entrenados, portaban máscaras. Por fin pude atrapar a uno, me había lanzado una patada que atajé, y usando la inercia de su propia fuerza, lo azoté contra el costado del autobús, creando una profunda abolladura. Me deleitaría arrancando la cabeza del sin familia que nos atacó, pero antes, le quité la máscara para disfrutar aun más del momento, solo que… ─ ¡Mierda! ─ masculló mi cautivo al verse comprometido en no portar su máscara, en cambio yo… quedé petrificada, era imposible. ─ ¿Bach? ─ ¿Mi Führer? ─ mi arrechera fue incontenible, quería respuestas y las quería ya.
Mi rugir fue extremo, un rugir de un “basta”, un “alto”, y en efecto, el resultado fue el deseado, inmediato, todos se quedaron quietos como estatuas, Oliver tenía su puño a medio camino a estrellarse en la cara de su oponente que no era nada más y nada menos que Zimmerman, los otros los reconocí, pero no recordaba sus nombres, tampoco me interesaba hacerlo. Unos tirados en el suelo levantando las manos en un gesto de rendición, a otro le habían quitado la máscara igual. Escudriñé cada rostro que me devolvían la mirada, algunos expectantes, otros con miedo. Acercándome a zancadas en medio de aquel barullo comencé a exigir respuestas… a mi manera. ─ ¿Se puede saber por qué coño nos están atacando? ─ nadie dijo nada, aun seguían en un stop total. ─ Espero y aspiro que no se les haya dado por tirarle cotufas a los aviones, porque si es así, vamos a arreglar este peo de una vez ─ como nadie dijo nada, ofrecí otra opción que esperé que me contestaran. ─ Coño… coño… fueron bien entrenados, si, todo chévere, pero… coño, no para que nos echaran este tronco de vainón. Yo no sé, pero o… son locos o son maricos, pero algo me dice que locos no son ─ Mi Führer… ─ nombró Bach y le di una mirada afilada, aun con mi rostro transformado en el demonio que era, pero el pendejo ese solo podía mantener los ojos clavados en el suelo. ─ Ustedes ni se imaginan lo que nos costó calmar a estos niños por todo el trauma que les hicieron pasar, ¿Tienen alguna idea? Contesta, ¡¿La tienen?! ─ Lo… lo… ─ ¿Si Bach? ─ No fue nuestra intención ─ ¿No fue?... bien… ahora… ¿Por qué nos atacaron? ─ Pues… resulta que… usted sabe que… ─ No. Yo no sé nada. Habla de una vez. ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en El Viñedo? ─ Nos han estado atacando, bueno… no a nosotros, a los civiles ─ ¿Qué? ─.
Tuve que suspirar hondo para controlarme o si no me daría un telele por semejante noticia. Para aclarar otro punto… con la palabra “marico”, es un argot muy usado por los venezolanos, es una forma de llamar a alguien… amanerado, gay. En otras partes de Latinoamérica les dicen maricas. Disculpen por la interrupción, proseguiré con el relato: ─ Me vas a rendir un reporte completo de los hechos, no aquí, en la mansión ─ exigí con un tono de voz amenazador, y por ello pude ver la mano de Bach temblar. ─ S… si, mi Führer ─ volví a suspirar profundamente pasando una mano por mi cabello, debía controlarme. ─ ¿Qué coño está pasando? ─ me pregunté. Le di un vistazo al bus, aun podía respirar el miedo que desprendían todos dentro, y si queríamos entrar a Orphan, debía calmar a estos niños primero.
A nuestros queridos agresores los mandé a patrullar mientras abordaba en el bus y así tratar de calmar la situación, para mi sorpresa, me encontré a muchos niños aterrados, aferrándose entre si, temblaban como animalitos indefensos, era normal que aun tenían todo ese terror en sus cuerpos y mentes y al vernos, seguramente volvieron a revivir todo aquel terror que pasaron en la catedral, no era para menos, fueron muy pocos los que trataron de mantenerse firmes, solo que… aun se veían muy frágiles, a un paso de caer en el más absoluto terror o en la locura. Busqué a Jessie con la mirada, al divisarla al final del bus, me acerqué, ella seguía con la mirada puesta al frente, temblaba aferrándose a sus rodillas. ─ ¿Jessie?... Jessie, soy yo ─ no reaccionaba. ─ Todo está bien, están a salvo, no les pasará nada ─ al intentar tocarla… ella respingó, no quería ni mirarme, y por ello pensé. ─ Vaya forma de mierda de saber quiénes somos ─ pero no podía rendirme, tampoco podía hacer nada para cambiar las cosas, debíamos sacar a estos niños de aquí, aun era peligroso para ellos. ─ ¿Recuerdas que te dije que les prometí que no les pasaría nada? ─ insistí frotando su brazo. ─ Ellos destruyen. Yo protejo, soy la Maestra-madre ─ y ella reaccionó dándome una mirada llena de terror, pero no de mi, de su pasado. ─ Todo está bien ─. Nos costó un mundo volver a calmar a estos niños, en cambio Molly… se desmayó nada más al ver lo que en realidad éramos.
Avanzamos por los senderos marcados hasta la casucha abandonada, siendo escoltados por nuestros anfitriones, uno llevaba el cuerpo de Bauer en brazos y Meyer a su querida Molly, los niños caminaban con pasos apesadumbrados, como si fueran a la sala de ejecuciones, a su próxima muerte, en cambio el resto, aunque ellos no podían verlos, yo si. Corrían y saltaban de rama en rama, vigilando nuestros pasos, nuestros alrededores, sus ojos brillaban entre la penumbra como acechadores. Al estar frente a frente de la casucha, que a muchos les causó curiosidad por lo pequeña, Bach se acercó y colocó unos dígitos en un panel oculto detrás de un ladrillo falso, la puerta rugió metálicamente soltando los arneses de seguridad, dándonos la bienvenida. ─ Han mejorado la seguridad ─ comenté estudiando la entrada. ─ Cumplimos su palabra. Debemos mantener a la comunidad a salvo ─ Es bueno saberlo, Bach ─ dije iniciando la marcha, el resto me siguió y los niños entraron conmigo, que para sorpresa de ellos, no se esperaron unas largas escaleras que comunicaban a un largo corredor con luces fluorescente en el techo, con metros y metros de cableados eléctricos, sus ojos no paraban de admirar todo aquel trabajo realizado. ─ ¿Todo esto lo hiciste tú? ─ pregunté enarcando un ceño, parecía uno de esos túneles subterráneos que iban rumbo a catacumbas de techos abovedados. ─ No todo, mi Führer, con ayuda de Zimmerman, usted sabe, para mayor comodidad de los humanos cuando necesitaban salir, pero… ─ ¿Pero? ─ En la mansión se lo diré todo, mi Führer ─ Eso espero ─.
Una larga subida nos recibió, seguido de la bulliciosa Orphan, los niños quedaron maravillados al encontrarse con una pequeña ciudad llena de vida, no le envidiaba en nada a la capital, yo diría que Orphan era hasta más bonita que la ciudad de Londres. Como no serlo, si los habitantes que allí residían, eran personas que Si sabían convivir en armonía, pero no eran ningunos pendejos a la hora de defenderse. Unos guardias nos recibieron y no dudaron en presentar su saludo oficial sonando sus talones, no se esperaban que me llegara de improvisto y mucho menos de esta manera, eso dejó en claro a muchos de los niños que yo era quien mandaba allí.
Fuimos escoltados hasta la mansión en carrozas, para los que me reconocieron saludaban con solemnidad, muchos no me prestaban atención, continuando con sus vidas, pero a más de uno vi echar a correr para regar la voz de mi arribar. Al llegar a la mansión, fuimos recibidos por Madeleine, se encontraba algo molesta porque Bach había abandonado su puesto con el grupo de vigilancia, pero cuando me vio… la mujer se tensó totalmente empalidecida, presentó su saludo y… he de reconocer que se veía más joven, pero algo en ella me llamó a la curiosidad. Sus signos vitales. ─ Becker. Schulz, les encargo a los niños, proporciónenles comida, ropa, habitaciones, todo lo que necesiten. Están a cargo ─ ordené y ellos sonaron sus talones. Lo bueno de hablar varios idiomas, es que se me permitía comunicarme con quien sea para mayor entendimiento, lo malo es que si habían otras personas que no hablaran el mismo idioma que yo, ahí… estábamos jodidos todos. Los niños me miraban expectantes, esperando que tuviera algo que decirles, así que les aclaré lo que había ordenado para ellos. Confundidos cruzaron miradas y les repetí lo mismo que le dije a Jessie, ─ No se preocupen, los protegeré pase lo que pase. Pueden considerarme como Maestra-madre. Todo, de ahora en adelante, irá bien. Están a salvo ─.
Los niños se fueron con los muchachos que los guiaron con gentileza. En cambio yo entré con majestuosidad a la que una vez usaba como mi salón de reuniones. Todo se veía tal cual como lo había dejado. Las cuatro sillas y la mía, cuatro de mis consejeros y aliados y la más sobresaliente en medio, la chimenea al lado izquierdo y otras sillas a los lados, de lo que sería mi corte, libreros y cuadros viejos. Todo bien preservado.
Tomando asiento, me dispuse a entrar en materia de una vez, me crucé de piernas y esperé a que todos estuvieran presentes, Oliver se sentó a mi lado y Madeleine tuvo la misma intención, pero la detuve. ─ Tú. Delante de la mesa ─ eso le pareció muy extraño, pero así lo hizo. Comencé a jugar con un abrecartas entre mis manos. ─ Para ver tus manos, Madeleine. Zimmerman, ve a ver como le está yendo al Romeo de Meyer. Todos salgan. Tu no Bach. Solo cierra la puerta ─ todo se hizo tal y como ordené, no es por presumir, pero me encantaba esta sensación de control. Ya estando solos, tomé la mano de Madeleine y la estudié. ─ ¿Has estado tomando el medicamento? ─ ella guardó silencio por un par de latidos. ─ No, mi Führer ─ Entiendo ─ ella guardó silencio y le dio una mirada a Bach, como si esperase su aprobación. ─ Soy consciente de que tu eras la vinculada de Bach ─ ¿Mi Führer? ─ No te hagas la güevona que no te queda. Quiero una explicación y la quiero ahora y no toleraré mentiras blancas. Ahora, (carraspeo) ¿Por qué eres una Errante, Madeleine? ¿Por qué te convirtieron y sin Mi autorización? ¿Por qué coño estás aquí, Bach?, ¿No deberías estar en Alemania? ─ el silencio que llegó fue sepulcral, ¿Por cuánto tiempo?, tal vez uno, dos o tres latidos, que para mí fue como una hora y ya la paciencia la tenía al borde de perderla. Fue el carraspeo de Bach quien rompió el silencio. ─ Mi Führer... verá, todo es culpa mía ─ enarqué mi ceño esperando a que prosiguiera.
Lo que me fue revelado no tenía precedentes. A los pocos meses del fallecimiento del padre Mitchell, las cosas con el comercio se habían torcido, los caminos fueron sitiados por… vándalos de carretera, que no dudaban en robar toda la mercancía, amedrentando y agrediendo de forma salvaje a los civiles, muchos de ellos vinculados, que por mala suerte, algunos terminaron convirtiéndose, entre ellos, Madeleine, ella quería ser mediadora para abrir de nuevo los comercios, algunos no sobrevivieron, murieron al amanecer en caer en letargos, no les daba tiempo de cubrirse contra la luz del día, otros terminaban haciendo una masacre tan brutal que se perdían entre los bosques con un ataque de remordimientos y pánico, pero siempre regresando al seguir el llamado de la sangre de su creador, por lo tanto, Madeleine logró volver con vida y toda harapienta. Bach se atribuyó la culpa por haber permitido que ella se lanzara a tan arriesgada tarea, y con respecto a los medicamentos, también fueron acosados por el mismo tipo de gente que robaba todo por mar o carretera, prácticamente obligándolos a beber de la sangre de otros Errantes como una droga, ¿saben?, una adicción en querer ser siempre jóvenes. Lo bueno es que solo bebían de ellos sin llegarse a vincular. Sería totalmente un caos encontrarse con un Errante con múltiples personalidades.
Bach, por orden de Eloísa, junto con un grupo de colaboradores, se aventuraron hasta Orphan y se adentraron en la oscuridad de los bosques, buscando a los vándalos, todo se había convertido en una guerra, hasta que los bandidos se quedaron custodiando, deteniendo a todo camión de mercancía, verificando de donde provenían. Una alcabala, ─ ¿Eras consciente todo eso, Oliver? ─ Mi Führer… el señor Oliver no estaba enterado del todo de la situación, porque una vez que los caminos comerciales estaban establecidos, él operaba desde Londres con el padre Mitchell, se… aseguraba que todo fuera entregado y recibido, y desde allí partía o se comunicaba con El Viñedo ─ cerré los ojos y suspiré. ─ Me confirmaste que todo iba bien, Oliver ─ Así es ─ ¿Qué pasó? ¿Qué pasó después de que el padre Michell murió? ─ Partí para Alemania a notificar todo a Eloísa. Cuando volví, las cosas no estaban tan retorcidas como ahora ─ Mi Führer. En lo personal… considero que esto fue premeditado ─ ¿Es tu opinión, Bach? ─ Si, mi Führer. No tengo dudas ─ No eres el único que lo cree ─ ¿Usted piensa igual? ─ Es como decía Silvana. Pequeñas cosas que repercutan significativamente en el futuro. La muerte del padre Mitchell fue una de ellas que dio pie a todo esto ─.
Volví a guardar silencio, sabía que esta gente no se detendría hasta invadir Orphan, debía actuar cuanto antes. No me atrevía a promover una masacre así a la ligera, también sabía que más de uno de los que perdieron a sus vinculados llamaban a cobrar venganza. ─ ¿Han intentado invadir Orphan? ─ pregunté considerando opciones. ─ No, mi Führer, no se atreven a llegar hasta los alrededores ─ contestó Madeleine. Tamborileé con mis dedos sobre la mesa aun pensativa, supuse que este pequeño ataque, para los precursores, no era nada en comparación a una guerra; y a mi, me tenían cabezona. ─ Dejaré pasar por alto las conversiones, ya que fue algo que se les escapó de las manos. Con respecto a los vándalos, ya veremos más adelante. Madeleine… necesito que te hagas cargo de los preparativos funerarios en honor a Bauer ─ ¿Bauer? Pero… ─ la noticia la tomó por sorpresa, y por ello, asentí con tristeza, la noticia igual golpeó a Bach, eran buenos amigos. ─ Luchó y murió como todo un guerrero. Murió con honor ─ Así se hará, mi Führer ─ asentí satisfecha con un mohín. ─ Pueden retirarse. Tu no, Oliver, necesito hablar algo importante contigo.
La reunión con Oliver fue… ¿Cómo decirlo?... productiva, le había encargado estar al frente con las patrullas en los caminos, en el día, usar de vinculados y en las noches con nuestra gente, buscaría la agenda de comercios para hacer un par de llamadas a los clientes que más nos frecuentaban, abriría las rutas de comercios porque si, nadie se iba a interponer en mi camino. ─ Sabes que no lo permitirán, podrían de inventarse una acusación por tráfico ilegal de mercancía para evadir impuestos ─ Eso es lo que quiero. Quien se atreva a levantar tal denuncia, iremos tras su cabeza. Les haremos hablar y sabremos de quien fue dada la orden. Quiero que te reúnas con los muchachos y se lo plantees ─ Oliver asintió contemplativamente. ─ ¿Oliver? ─ me dio una mirada insondable, pero en él… había un brillo, algo como la euforia, no sabría como definirlo, era la calma antes de la tormenta, y eso me había dejado sin habla. ─ Gracias ─ fue lo que pude articular en aquel silencio mientras acariciaba su mejilla. Con mano gentil y firme tomó mi mano y besó mis nudillos. ─ Eres más de lo que te estimas, Elisa ─ con esas palabras recitadas con solemnidad, se levantó y salió a cumplir mi orden.
Sumergida en el silencio, me puse a reflexionar, el fuego de la chimenea era mi única compañía, su crepitar era su única canción. Suspirando entre posibles ideas de todo aquello… decidí dejarlo en las manos capaces de Oliver. Sus manos, por un segundo, mi mente viajó a las posibles formas en que esas manos viajarían en mi piel, robándome los sentidos. A veces él… era tan humano y hermoso que se me olvidaba que… era un Errante como yo, aquella risa en el bar, me tomó por sorpresa, ¿fingía?, ¿se divertía?, fue hermosa, simplemente hermosa esa risa, y su mano cuando tomó la mía… manos que posiblemente han asesinado de miles de formas inimaginables, a mi me la sujetaba con gentileza. Y la manera en que me miró… a veces en esas situaciones, me daba por pensar que Oliver era solamente mío y que nadie más tenía derecho a tocarlo, pero está el factor que él es… muy antiguo y posiblemente ese tipo de afectos… ya no están en él, solo soy una misión que cumplir a cabalidad, ¿Cuándo es Oliver y cuándo no es él? ¿Se le habrá olvidado como se debe tocar a una mujer?
Parpadeando espabilé apartando esas ideas de mi mente, es obvio que Oliver me veía como su deber, una misión que cumplir, cuidar de la Nafalem de un gran precursor, debía ser todo un honor para él, por lo tanto… no tuve más alternativa que hurgar en el bolsillo de mi abrigo en busca del diario, que bueno que estos abrigos cuentan con botones, para mayor seguridad para que nada se te caiga. Suspiré estudiando la cubierta, ¿Qué cosas habrá escrito el padre Mitchell para que lo quisieran muerto?, hasta yo, siendo inmortal, tenía miedo de saberlo, tamborileé sobre la cubierta debatiéndome si leerlo o no, ¿Qué malo podría pasar?, es información altamente vital que me podría servir para mi empresa. ─ A la mierda ─ mascullé abriendo una página al azar, dispuesta a darme de carajazos con lo que me encontrara escrito en él. Inesperadamente, sin haber tenido la oportunidad de leer ni la primera línea, se oyó un escándalo de Dios padre y señor mío. Expandiendo mis sentidos pude darme cuenta de que alguien luchaba para que nadie se le acercara, estaba aterrada esa persona, lo supe por sus latidos. Rodando la mirada, resoplé en frustración y aburrimiento levantándome de mi silla, guardé el diario en mi bolsillo dispuesta a ver porque carajo la mesera tenía toda esa algarabía montada.
Bajé a pasos raudos las escaleras, crucé por los corredores para volver a bajar otras escaleras, las principales que dan con el vestíbulo. Quedándome parada en descansillo, coloqué mis manos en las caderas observando como cuatro de mis muchachos la rodeaban, pero ninguno de ellos se atrevía a dar un paso, más bien ellos se veían cautelosos, en un gesto conciliatorio con sus manos, ella solo usaba una silla mientras le mostraba un pequeño crucifijo para mantenerlos a raya. Como si eso sirviera de mucho, bufé por ello. Uno de ellos quería ayudarla en entrar en razón y era Meyer, se veía un poco frustrado porque sus palabras no llegaban a ninguna parte. Cabe destacar que mis muchachos respetaban mis órdenes, mis decisiones y estaban de acuerdo. A los humanos inocentes, es decir, personas como los niños o mujeres y hombres, hasta las mismas familias que solo quieren una vida pacifica, no usábamos de nuestras habilidades, al contrario, les dábamos opciones de elegir, pero a los que eran una total amenaza para nosotros y el resto de los humanos, con esos, no teníamos misericordia.
Molly insistía en querer llevarse a los niños. Froté mi frente con exasperación y bajé el resto de las escaleras. ─ ¿No se puede tener un momento de paz en esta casa? ─ protesté abriéndome paso entre mis muchachos y ella comenzó a recitarme padres nuestros y salves Marías, blandiendo el crucifijo como si fuese un látigo. Me pare delante de ella colocando mis manos en mis caderas apoyando mi peso en una pierna, le di una mirada plana enarcando un ceño. ─ ¿Eso es todo? ─ pregunté cuando dejó de recitar plegarias. ─ Tu. ¡Tu eres la reina de los condenados! ¡Una enviada del infierno! ─ busqué en mi mente las palabras apropiadas para hablar con una demente, pero ¿Qué carajo?, si ya ha visto lo que somos así de coñazo, ¿Por qué no decirle la verdad del mismo modo?, había dos opciones, la terminaría de volver loca o se desmayaría del trauma… y pararía a loca o… a monja. Una monja que se acostaba con media clientela en un bar de carretera. Suspiré y me preparé para entrar en materia. ─ Ya. Baja esa mierda que eso no sirve ─ ¿Cómo puedes…? ─ di un paso al frente y le arrebaté la silla, tomé el crucifijo y la terminé de acorralar contra la pared. No paraba de temblar, implorando para que no la matara, farfullaba que no quería ir al infierno y todas esas pendejadas con sus ojos cerrados con fuerza. ─ Escúchame, Molly. Si te quisiéramos muerta, ya lo estarías al momento de nosotros haber pisado el bar donde trabajabas, pero estás aquí. Con vida, ¿No es eso suficiente como prueba? ─ ella aun mantenía sus ojos bien cerrados.
Temblando de miedo, esperaba el golpe fatal, pero al oírme decir esas palabras, aunque su miedo seguía vivo, abrió los ojos con sorpresa. ─ ¿Qué van hacer conmigo? ─ ¿Contigo?, nada. Solo que te aventuraste en el bus equivocado y te fijaste en el… sujeto equivocado. Eso es todo ─ ¿Y los niños? ─ Los protegíamos ─ ¿De quién? ─ De seres peores que yo. (suspiro) Escucha… Molly, si te quieres ir, no te detendré. Eres libre de hacerlo, pero sabrás que tendremos que hacer que olvides donde estuviste ─ ¡¿Qué me van a qué?! ─ Simplemente pensarás que tuviste un mal sueño, eso es todo. La otra opción que te propongo es… que te nos unas y trabajes para nosotros, recibirás pagos bastante generosos y no tendrás que… hacer las cosas que hacías en el bar ─ hice una mueca de desagrado al recordar de lo que fue capaz de aventurarse Meyer, acto seguido proseguí: ─ Aprenderás cosas nuevas. Y si estuviste estudiando y el trabajo en el bar te obligó a dejarlo, te ayudaremos a completar tus estudios. Como sabrás, el conocimiento es bien recompensado entre mi gente ─ había capturado su atención, y eso que no usé ninguna de mis habilidades. Su miedo no había menguado, su cautela igual, pero por lo menos estaba dispuesta a seguir escuchando. ─ Somos bestias del infierno. Eres libre de creerlo si así lo prefieres, pero no somos las típicas bestias que conoces. Somos diferentes, protegemos. Yo protejo ─ ¿Cómo es eso posible? ─ Lo creas o no, es así. Es la verdad ─ Es lo que he estado tratando de decirle, pero no me escuchaba ─ protestaba Meyer frustrado pasando sus manos por su cabello. ─ Ven, vayamos a mi despacho. Allí te contaré todo. Meyer, reúnete con Oliver, él necesita personas bajo su cargo. Tenemos planes y te necesito activo cuanto antes ─ Meyer sonó sus botas y salió disparado a cumplir mi orden. ─ Todos ustedes igual, vayan con él ─ todos asintieron y se largaron.