Capítulo 48: Encono

Año 1168 d.C. Serenísima República de Venecia.

El nacimiento del quinto Patrizio de los Veneto había sido anunciado con bombos y platillos por Malcom Flabiano y su padre, Adhemir, y las reacciones no se hicieron esperar en el resto del clan: todos estaban exultantes de felicidad al tener garantizado el liderazgo de la familia para la siguiente generación.

Bueno… casi todos.

—Padre está muy feliz con el nacimiento de su tataranieto.

Un varón de voz áspera comentó; se encontraba envuelto en la oscuridad de aquella habitación, en un círculo formado por cuatro sillas de piel.

—Eso por sí mismo es un gran problema —contestó otro, su voz era menos grave.

—Nuestro Gran Patrizio anunció que el niño vendrá cargado con grandes talentos y poder… Sabemos que sus profecías no se equivocan.

—Pero no podemos hacer nada al respecto. El niño viene en un momento complicado —intervino un tercer individuo.

—Así es… Padre irá a dormir antes de que él nazca, pero eso quiere decir que nosotros también tendremos que hacerlo.

—Eso solo los deja a ti, Bruno, y a este muchachito, para recolectar apoyo y cumplir con lo que debemos. Nuestra familia no puede seguir siendo manejada con un enfoque tan blando como el que la rama principal ha empleado todos estos años.

—Necesitamos actuar con mano de hierro…

El nombrado como Bruno asintió. A su lado, un muchacho castaño cenizo miraba con impresión, pero sin decir ni una sola palabra.

—Lo sé, tíos, lo sabemos. Charles y yo nos vamos a encargar de cumplir con sus deseos.

—Es lamentable que Adhemir tenga tan buena relación con todos sus hermanos… De esa forma, será imposible para ustedes cosechar apoyos en la tercera generación.

»Sin embargo, si se dan tiempo, porque lo necesitan para hacerles frente, estoy seguro de que lo lograrán.

—¿Y qué hay del hijo de Malcom? —habló Charles por primera vez.

—Ese es un tema complicado. Malcom es un tipo débil que tiene la suerte de haber nacido como el cuarto Patrizio, su casta debería ser igual. Aunque no podemos olvidar la profecía de nuestro padre, tampoco podemos atentar contra sus vidas ahora, o seríamos expuestos y destruidos.

—El niño puede nacer con el talento de la magia. Si eso sucede, ustedes, miembros de una generación superior, deben hacerse cargo —ordenó uno de los mayores.

Bruno y Charles lo miraron, y asintieron.

—Si el niño nace con el talento de la magia… estamos acabados.

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Año 1994 d.C. Venecia, Italia.

Las ruinas de un castillo funcionaban como el escondite perfecto, en medio de una noche adornada por la música de las explosiones de los cañones en el horizonte; alrededor de la propiedad no había nadie, y no hacía falta, porque los dos individuos que se encontraban en el interior eran perfectamente capaces de defenderse a sí mismos.

En las mazmorras, en medio de un profundo silencio, recibieron a un tercero.

—Me disculpo con ambos… tuvimos problemas para defender el frente este de nuestra propiedad los últimos días. Los ghoul están fuera de control —se excusó el recién llegado, un hombre alto y de hablar fino.

—Lo mejor sería aniquilarlos a todos —sugirió un castaño de ojos oscuros.

—Y lo haremos, hermano… nuestro tío está a punto de darnos el permiso para matarlos a todos.

El primero soltó la risa, y luego se relamió.

—Bien pues… Estamos en el momento en el que nuestro tío Enzo nos advirtió era propicio actuar. Esto tomará tiempo, pero necesitamos de él para prepararnos mejor. Valentino y yo pasaremos por el cambio pronto. Charles, tú y Gregorio necesitan fortalecerse tanto como puedan, y usar esta guerra para materializarnos.

—Así lo haré, tío. Gregorio está teniendo problemas ahora en su frente, pero es seguro que nos liberaremos de ello.

—Ya que Luke ha resultado ser un fiasco, el camino para deshacernos de Malcom es más llano… He estado escuchando muchos rumores a los que no sé si dar fundamentos, pero que favorecerían más nuestros planes —comentó Bruno.

»Con eso en cuenta… tendremos que esperar, pero debemos ser prudentes. Voy a ir a hablar con el tío Enzo pronto. Esta guerra no durará mucho tiempo más, debemos aprovechar este estado de desastre tanto como podamos.

»Destruiremos a los «Edevane». Esa será nuestra victoria.

Charles asintió, también el varón identificado como Valentino, castaño y de orbes oscuros, y las sonrisas orgullosas pintaron sus rostros.

Una brisa fuerte sopló fuera, y un silbido se coló por las rocas; en ese mismo segundo, el espacio antes ocupado por los tres seres se vació, y cada uno salió disparado en direcciones diferentes.

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Año 2015 d.C., 16 d.G. Ciudad Neutral de Gaia.

Un zumbido yacía en el fondo de su cerebro, como la corriente proveniente de una bomba a punto de estallar, mientras besaba unos labios ajenos que tanto añoraba.

Lo acorraló contra la pared al lado de la puerta, y fue feliz al darse cuenta de que el otro se dejaba hacer. El dolor se esparció por su pecho, pero era soportable, aprendió a soportarlo en los últimos días. Cada hora de su actual existencia se había vuelto en un doloroso martirio.

Mientras Luke deshacía el nudo de la corbata que Blaise llevaba, y la tiraba a un costado, los músculos de su pecho se tensaron, se engrincharon, y solo no fue visible porque aún conservaba la camisa.

—Debemos parar —murmuró Blaise.

—No… Te dije que tenemos que tratar de deshacernos de esto poco a poco.

—Te vas a morir, Luke.

—No me voy a morir, Blas… soy un vampiro, ¿no lo recuerdas?

Blaise arrugó el mirar. Estaban tan cerca, que contemplar esos brillantes orbes de color miel bailar entre el padecimiento, el ansia y la necesidad, le parecía doloroso.

Él no quería que el rubio sufriera, pero Luke era muy pertinaz.

—Sabes que no me refiero a eso… el señor Malcom te matará si esa maldición vuelve a activarse.

El rubio se echó a reír, sorprendiendo al menor, y se separó de él, para jalarlo de una mano y caminar hasta la cama de aquella habitación de hotel, a la que llegaron tras la insistencia del mayor de no querer ir a su casa en el día.

Luke se sentó en la orilla, y llevó a Blaise a su regazo. Este chascó con la lengua, en tanto la blancura de su torso comenzó a ser explorada, sin vergüenzas, por las grandes y firmes palmas del otro.

—Mi padre ya no puede hacer nada más, querido Blas, y eso puedo asegurártelo. —Rompió distancias con el pecho ajeno, y comenzó a chupar el área de sus pectorales, hasta llegar a los pezones.

Sin poder evitarlo, porque el simple contacto con Luke lo enloquecía, Blaise jadeó. Su cuerpo se removió, conforme el contacto se profundizó y, antes de darse cuenta, se vio tirado sobre el colchón, con el rubio sobre él, contemplándolo con una fascinación que resultaba en su tesoro más preciado.

Nadie jamás lo había visto con los ojos con los que Luke lo miraba ahora… como si fuese el ser más precioso en la existencia.

—No has sido tú mismo estos días… y sé que el dolor tiene mucho que ver. No necesitas ocultármelo. —Blaise estiró las manos, ambas se posaron sobre el desnudo abdomen ajeno, y las subió hasta el pecho.

»Cuando estás conmigo, sueles bajar la guardia, y eso es algo que aprecio. Te preocupas tanto por mí, que te olvidas de ti mismo.

—Estás sufriendo por mi culpa… ¿piensas que no me doy cuenta? —La voz ronca de Luke acaricio los oídos del menor—. Sé que te preocupas por lo que me pasa, al punto de que olvidas tus propias necesidades, tus deseos…

»Todos allá afuera piensan que no te incomodó nada de lo que pasó en los ciento setenta y dos años que pasamos separados, porque nunca les diste motivos para pensar lo contrario… Eres muy bueno para fingir delante de ellos, pero yo te conozco, querido Blas, lo hago mejor que cualquiera.

Una sonrisa tímida adornó los labios de Blaise, que se vieron atacados por los de un Luke que lo besó con urgencia, tentándolo, y se separó con rapidez.

—Quiero que seas feliz… —murmuró Blaise, y sus ojos se desviaron al costado.

—Soy feliz si tú eres feliz, querido Blas… ¿no es así como hemos sido siempre? —Luke llevó la zurda al despejar la frente ajena, y bajó hasta allí, para besarla.

El calor aumentaba dentro de él, y su pecho tenso fue visible a los ojos ajenos, a su tacto.

—Me gustaría que fuera como en mi niñez… La primera vez que te vi… Cuando me besaste por primera vez, o cuando tuvimos sexo en aquella cabaña. Guardo con cariño todos esos momentos en mi memoria —susurró el pelinegro. La ilusión se reflejó en el brillo azulado de sus orbes grises.

Luke suavizó su mirar hacia él, y asintió.

—También me gustaría que fuese así… por entonces éramos libres. Pero, querido Blas, ¿no es este el tortuoso camino que debemos transitar, antes de encontrar la verdadera felicidad?

—¿La encontraremos, Luke? —El ansia se coló al fondo del tono de Blaise—, ¿acaso tu padre desistirá, y nos dejará encontrarla? —Sus ojos miraron con urgencia al otro.

—Mi padre es un hombre terco, pero… sé que si demuestro la suficiente fuerza, él nos dejará en paz. —Luke se acercó al menor, y susurró a su oído—: Solo tienes que confiar en mí, querido Blas.

Un cosquilleo se extendió en Blaise desde su oreja a cada parte de su cuerpo, y no evitó removerse con gusto.

—Confío en ti, querido Luke.

Una sonrisa divertida pintó los labios del rubio, y cortó las distancias entre ambos, besando primero las mejillas del menor, para terminar de forma natural en sus labios.

Las caricias se extendieron por ambos torsos y, aunque el dolor comenzó a alcanzar límites peligrosos, Luke se rehusó a detenerse.

Hasta que los colmillos de Blaise se apretaron contra su cuello y, como un reflejo, como la sorpresa entre ambos, sus cuerpos se repelieron, y se separaron.

—Quiero tenerte de todas las formas posibles, pero… sé que, si lo hago, te mataré —declaró el pelinegro con propiedad, con ansia.

Los ojos de Luke lo contemplaron desde arriba con desencanto, y llevó la diestra a acariciar su rostro.

—También quiero tenerte de todas las formas posibles, querido Blas… pero aún hay que esperar un poco para que ese momento llegue —se lamentó.

Sin darle tiempo a contestas, y sin importar su propio dolor, regresó a besarlo, con la esperanza de hacerlo olvidar, y de poder él también arrinconar esos pensamientos y concentrarse en el presente.

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Año 2015 d.C., 16 d.G. Venecia, Territorio de Vitéliu, Düster.

Sentado en la silla acolchada de su oficina, Malcom Edevane tenía la vista puesta en los jardines que se apreciaban al mirar a través del gran ventanal. La noche dominaba y, en su mente, miles de preguntas eran coronadas por una gran inquietud.

Su fracasado primogénito había solicitado una audiencia privada con su padre antes de marcharse de Casteddu, pero desconocía qué tema o temas trataron entonces. Otras preocupaciones lo abrumaban, pues era su responsabilidad ocuparse de la ceremonia del ritual de sueño al completo, liderar a los suyos.

Todo esto se volvía demasiado, y apenas comenzaban.

La presión que sentía a su alrededor no era un juego. Él era el mayor de seis hermanos, y debía admitir que no estaban tan unidos como le gustaría; en definitiva, su unión no se parecía en nada a la relación que sus ocho hijos compartían entre sí.

—Esos bastardos podrían traicionarme, con tal de cumplir los designios de su hermano —murmuró ronco.

Eso no era malo para Luke, pero si inconveniente a sus intereses.

—Todo sería diferente si no tuviera un vástago como el que tengo —se quejó.

Y el recuerdo de una charla que los anteriores Patrizio tuvieron en su presencia, antes del nacimiento de su primogénito, llegó a él.

Su bisabuelo, Adhemir Flabiano, el primer Veneto, se encontraba allí, y decretó que él y sus vástagos irían a dormir, dejando la carga del clan a su padre, confiado en lo que vendría.

Además, anunció una visión incluso más clara que la que su propio nieto había tenido, colocando un gran peso sobre sus hombros.

«Malcom, deberás criar a tu chiquillo para que sirva a la familia de todas las formas posibles, a pesar de que lo que él sienta vaya por el camino contrario». Aquello, en inicio, lo extrañó, pero Adhemir continuó: «Él nacerá atado a algo más grande que nuestra familia, yo lo he visto, y es un problema. Sin importar lo que pase, no gozará de una buena existencia si cumple a rajatabla su deber de servir a su clan».

«Si puede seguir su propio camino… tampoco estará mal».

El problema era que, a sus ojos, Luke era un verdadero desastre.

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—Encono: Rencor hacia una persona.