Capítulo 49: Orenda
Año 2015 d.C., 16 d.G. Sede de «El Infierno», Ciudad Neutral de Gaia.
Los zombis caminaban con libertad a través de todo el laboratorio bajo la orden de limpiar y asear el lugar con cuidado. Ellos ejecutaban su tarea con diligencia, y sin prestar atención a nada más, pero Blaise no podía evitar sentirse incómodo a su alrededor.
Estos tres meses le sirvieron para acostumbrarse al hecho de que Luke poseyera tantos zombis a su cargo, que le servían de diferentes formas, y de quienes debía ocuparse periódicamente. Pero la sensación de temor, el escozor en su interior, se negaba a marcharse.
Ahora miraba al rubio desde afuera, pues este se encerró en su laboratorio apenas llegar, y ya eran treinta y seis horas. Desde allí, pensó en él como alguien importante. Días atrás estuvo presente en una reunión entre los fundadores de la postrimería, y tuvo el placer de escuchar a Luke poner en su lugar a todos aquellos que querían rebatir sus decisiones o experimentos.
Una sonrisa se le pintó en los labios, pero se deshizo al momento en el que recordó un hecho curioso.
Antes de venir aquí, por varias horas, Luke desapareció de su vista.
Y no se trataba de sus ojos, porque él estuvo en casa mientras el rubio trabajaba, sino que desapareció de su radar sensorial, y eso era destacable.
Al ser su guardián, cuidaba de él incluso en la distancia, ayudado en su desarrollado sentido de la vista y el oído, para ubicarlo y poder reaccionar en caso de peligro; sin embargo, Luke se esfumó de él como si nada, y apareció en casa horas más tarde, sin decir ni hacer nada extraño.
No quiso preguntarle entonces, pero guardaba sus dudas.
En dos semanas sería el ritual de sucesión, y presentía que tenía relación con eso.
Adentro, el rubio trabajaba en sus muestras. Su objetivo principal era mejorar la inteligencia de los zombis, antes que concentrarse en su movilidad y reflejo; así, si se salían de control, no sería un problema acabar con ellos.
Tras estudiar decenas y decenas de tomografías computarizadas, además de pruebas químicas, comprendió qué era lo que necesitaba desarrollar para ayudar a la reconstrucción de las áreas del cerebro de los zombis.
Hacía mucho tiempo había tenido un pensamiento difuso sobre sus neuronas: los zombis las poseían, pero en muy mínimas cantidades, lo que provocaba un retardo en todas sus funciones, y carencias a nivel intelectual.
¿Construir neuronas? En el pasado hubiese sido imposible, pero su unión con las empresas de Lawrence tenían como fin último propiciar ese hecho, que también ayudaría a muchos seres de otras razas aquejados por enfermedades cerebrales.
Los zombis funcionaban con sangre, pero solo para que sus cuerpos no se descompusieran, esa era otra vertiente de la que debía ocuparse: crear una forma en la que amo y zombi pudieran vivir vidas separadas, o en la que aquellos zombis cuyos amos murieron pudieran tener algún tipo de vida. Por supuesto, hacer esto último implicaba torcer el conjuro del levantamiento, y eso era un aspecto que se hallaba en etapas nóveles en su cerebro.
Sin embargo, respecto a la inteligencia, había conseguido un mecanismo de reproducción «natural» que solo se ejecutaría hasta un cierto número de veces.
Comenzó su desarrollo semanas atrás, y ahora estaba casi listo para iniciar las pruebas.
Seis horas después, Luke terminó sus labores, y abandonó el laboratorio con tres ampollas entre manos. Eran las ocho de la mañana.
—¿Qué harás con eso? —preguntó un muy curioso Blaise.
Ambos vestían ropas clínicas de tono oscuro.
—Voy a probarlas con ellos. —Luke tiró la vista a unos zombis que caminaban por el pasillo.
—Son solo tres.
—No me arriesgaré a perderlos a todos si algo sale mal. Los zombis no son un recurso sencillo de conseguir.
Al entender, el menor asintió.
Luke llamó a tres de los zombis al cuarto que estaba al final, y les inyectó quince c.c. de una sustancia azul transparentado. Ellos eran quienes él consideraba se encontraban más retrasados en las diferentes etapas de prueba.
—No hará efecto de inmediato —anunció Luke a un Blaise que permanecía en un rincón, alejado. Se dirigió a los tres zombis, en italiano—: Quiero que regresen a sus cubículos por ahora. En dos días vendré a verlos.
Los tres seres asintieron y caminaron para salir por el pasillo, pasando cerca del menor.
—Todos los demás, regresen a sus cubículos.
Uno a uno, los muertos vivientes ingresaron al cuarto y siguieron por el pasillo. Las puertas de sus cubículos se cerraron, y el ambiente pasó a ser silencioso.
—Entonces, ¿qué harás con ellos si esto funciona? —curioseó Blaise, acercándose a la mesa—. Si lo entiendo bien, ellos se volverán más ghouls que zombis, porque aún necesitarán sangre para vivir. Serían una versión más demandante de los homúnculos. Sin mencionar que… ya sabes lo que los Veneto hicieron con los ghouls en la guerra.
Luke asintió, no parecía nada perturbado.
—He pensado en eso. Aprendí un ritual que permite la creación de un ghoul, en uno de mis viajes.
Blaise arrugó el mirar, inquieto de mala manera.
—Los vástagos de los clanes exterminados abusaron de los ghouls tratando de conquistar sus terrenos, por eso fueron destruidos por nuestro padre, Caín, ya debes saberlo, Luke.
Los ghoul eran resultado de dos cosas: la unión de un vampiro con un humano, en uno de cada diez mil casos; o cuando un vampiro nigromante insertaba un espíritu de un fallecido en un cadáver.
Esto último se asemejaba al ritual de levantamiento para los zombis, pero el proceder era muy diferente. En principio, el espíritu muerto podía o no ser del cadáver al que se le quisiera hacer regresar, el espíritu podía o no estar de acuerdo, y el espíritu y el cadáver podían tener años, incluso décadas, desde la última vez que vivieron en el mundo.
—Lo sé, lo sé… Mi intención no es crear un nuevo ejército de incontrolables ghouls. Solo hago esto por mi bien, y busco redimirme tratando de ayudar a los demás —declaró Luke con solemnidad.
En ese momento, Blaise recordó la cabaña en medio de la nada, al zombi, los féretros y el ritual de nigromancia, y sus ojos se abrieron de par en par.
—¡Tú piensas…!
No pudo terminar, Luke asintió.
—Cuando levante a Merrick, él volverá a este mundo con un encantamiento muy parecido al que se usa para levantar a los ghoul, y en la forma de un zombi: sin capacidad física o intelectual.
»Es por eso que estoy haciendo todo esto, querido Blas. Espero probar el levantamiento a la vida vampírica en él, en ellos, para garantizar su permanencia en el mundo; sin embargo, debo asegurarme de que su inteligencia y fuerza sean aceptables.
»Si levanto a uno de ellos en su estado actual, por su débil actividad cerebral, no sobrevivirán a la conversión, y los perderé para siempre.
Blaise no quitó la expresión de sorpresa de su rostro, no pudo, y apretó los labios. En ese instante todo se volvió claro para él: cada cosa que Luke había hecho hasta ahora tenía un trasfondo personal, tal vez hasta egoísta.
—La última vez me dijiste que querías mitigar los pecados de tu familia.
—Y eso es cierto, querido Blas. Los Veneto fallamos en controlar a los otros clanes, y por eso aún vagan miles de zombis por este mundo. Es solo que… mis deseos personales y colectivos van en consonancia, así de simple.
—¿De verdad traerás a tu hijo de regreso por un deseo personal?
Un leve halo de tensión apareció entre ambos; sin embargo, Luke lo cortó.
—Es un deseo del mismo Merrick.
El cuerpo de Blaise se tensó al instante, y encerró el cejo en él, indignado.
—Ya hace más de trescientos años que me comunico con su espíritu, también con el de Alton. Alton ha podido seguir adelante, pero Merrick siempre ha manifestado deseos de regresar. —Luke se estiró, sentado en la silla, y relajó su cuerpo.
»Sé que esto puede ser muy difícil de comprender, pero… he determinado que no tiene malas intenciones, y soy responsable de hacer todo lo que me sea posible para cumplir su deseo. Después de todo, Merrick esperaba ser levantado dos años después del momento de su muerte, cuando su cuerpo se desarrollara de forma correcta.
Blaise se mojó los labios, y el ya agrio sabor de su sangre se amargó más al contemplar la realidad de un hecho que Luke trataba como si nada, y que él mismo no había considerado con seriedad hasta ahora, porque no le gustaba hablar del pasado del otro, mucho menos preguntarle.
—Es mi deber como su padre, y lo mínimo que puedo hacer para compensar su sufrimiento —sentenció el mayor con una firmeza que llevó a Blaise a asentir.
Él se acercó a la mesa, y se sentó en la silla frente a él.
—Entonces… ¿qué harás ahora?
Luke se sonrió.
—Ahora volveremos a casa. Sin embargo, hay algo de lo que quiero hablarte antes de llegar allí.
El menor arrugó el mirar, y murmuró:
—Claro… ¿qué pasa?
—¿Te crees capaz de soportar un jazba?
Blaise puso las manos sobre la mesa, y lo miró como si estuviera loco.
—¿De qué estás hablando?
—Un jazba —recalcó Luke—. La sucesión y la ceremonia del sueño de los Veneto se llevará a cabo en dos semanas, ¿eres capaz de soportar un jazba para entonces?
La inquietud de Blaise solo desdibujó más su rostro, y negó.
—Nunca he pasado por uno… no sé qué me pasaría, Luke —comentó inseguro—. ¿Por qué me preguntas algo como esto?
—Por la sucesión. A ella asistirán vampiros muy poderosos, Blas, y necesito que puedas luchar contra cualquiera de ellos si la ocasión lo requiriese.
Blaise enceró el cejo.
—Acaso…
—No preguntes, no puedo darte detalles. Lo que sí puedo decirte, es que necesito que estés a la altura de un vampiro con seiscientos u ochocientos años más de experiencia que tú.
»Eres un vampiro de quinta generación, como mis hermanos o como yo, pero la edad es determinante en estos casos.
Blaise apretó los labios uno contra otro con fuerza, y lo miró a los ojos, en busca de un rastro más certero, de una respuesta real. Pero no encontró nada.
«Sucederá algo en la sucesión», se instauró en su mente como un hecho seguro, pero… ¿por qué un jazba?
El jazba era un estado de excitación que un vampiro padecía al consumir sangre en exceso, o padecer sed en exceso. En ambos casos, rayaba la línea de la locura, semejante al cambio que se producía en el año número mil de un vástago, y sacaba a la luz sus instintos, deseos y pensamientos más profundos.
—Yo no… no lo sé, Luke. ¿Cómo podré controlarme?
—Te ayudaré. Confía en mí. —Luke enfrentó su mirada con firmeza, tratando de brindarle la confianza que le faltaba—. Te ayudaré a mitigar tu dolor. —Sonrió.
»Te atiborrarás de sangre, y yo estaré contigo para ayudarte a asumir las consecuencias.
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—Orenda: El poder de la voluntad humana para desafiar el destino.