Capítulo 47: Uncanny
Año 2015 d.C., 16 d.G. Calvi, Corsica, Territorio de Fras, Düster.
Denisse Edevane había tomado una ruta diferente a la de su hermano, una vez este regresó a la Ciudad Neutral para seguir cumpliendo con sus obligaciones. Ella y su otro hermano mayor, Cedric, volaron a la isla que este regía, Corsica, donde el resto de sus hermanos y hermanas los esperaban para una inusual reunión.
Se encontraban en Calvi, ciudad donde se hallaba la casa de Cedric, al noroeste de la isla. Aquí el clima era bueno, y las vistas preciosas. El auto llegó a la Ciudadela y ambos bajaron frente al edificio donde el mayor se alojaba cuando estaba en la ciudad, junto a sus alimentadores.
Los caminos adoquinados, y las paredes blancas y beis de un exterior de tres plantas con techos de tejas color ladrillo, fueron reemplazadas por la modernidad del interior del edificio: pisos de madera oscura, rodapiés y molduras blancas, y una sala principal con un techo que llegaba al punto más alto de la propiedad, y unas preciosas ventanas que podrían resultar impropias para la casa de un vampiro, pero que Cedric amaba.
A él le fascinaba esta isla, y la cuidaba como a su primer hijo, todos lo sabían.
Los criados, miembros de ramas muy diluidas de la familia, vástagos jóvenes, se apresuraron a tomar las maletas de su amo, y también de una Denisse que no pudo ignorar las cinco curiosas presencias que aquí se hallaban.
—Señor Cedric, sus hermanos lo esperan en la sala de reuniones de la segunda planta. Insistieron en quedarse allí al conocer que usted y la señora Denisse venían en camino.
Anunció Rami, el mayordomo de la casa; un varón castaño, delgado, pero no muy alto, y de facciones angulosas.
—Está bien. Iremos con ellos por ahora, ya que tienen sus propios negocios que atender. Rami, asegúrate de que nadie nos moleste —anunció el dueño de casa con solemnidad.
Rami asintió, y Cedric emprendió camino escaleras arriba, con Denisse detrás de él.
Las escaleras de la primera planta eran de estilo imperial, con barandillas de hierro negro y pasamanos de madera, así como los escalones, del mismo tono que los pisos.
Al llegar a la segunda planta se abrió un descanso, con un sillón, una mesa de acero y vidrio, sobre la que había un par de libros, y algunas plantas sintéticas. Denisse identificó ese lugar como el sitio de lectura de su hermano.
Se abrieron pasillos a los lados, y ellos tomaron el de la derecha y pasaron frente a las escaleras que conducían a la tercera planta, para terminar con dos puertas dobles a los costados. Cedric abrió la de la izquierda, donde las presencias eran más fuertes, y las bienvenidas se dieron.
—¡Por fin han llegado! —soltó Jane con frustración fingida.
Denisse se sonrió y negó.
—Como si nos hubiésemos tardado tanto —se quejó ella y se adentró en el salón.
Allí, alrededor de una mesa redonda amplia, cinco personas con el rubio como color de cabello en común, se repartían entre las diez sillas de tapizado negro en tela suave.
Cedric volteó hacia las ventanas, y notó las persianas cerradas, a pesar de que eran las dos de la mañana.
—Es raro que vinieran aquí de una vez —murmuró él.
—William y yo tenemos que irnos pronto —dijo Markuss, de cabellera larga y ondulada de la mitad a las puntas, barba recortada y cuerpo trabajado—. Padre decidió que lo representáramos en la reunión con los Braganza por los acuerdos fronterizos y de manutención.
—Ya veo… es entendible —dijo Cedric, y tomó una de las sillas libres entre el mismo Markuss y Elizabeth, su melliza.
Markuss y Elizabeth eran como dos gotas de agua: medían casi lo mismo, y tenían las mismas facciones en el rostro, hasta casi el mismo largo de cabello, solo que la dama era más voluptuosa, y con razón. Elizabeth era la sexta en la línea, y Markuss el séptimo.
William, a quien Markuss había nombrado, era el segundo hijo, más delgado que el resto y de apariencia más normal, salvo por su cabello, bastante ondulado, casi rizado, en comparación al de todos sus hermanos y hermanas, y largo hasta las orejas, con una barba de pocos días.
—Entonces… hablemos pronto del tema que venimos a tratar —pidió Denisse.
—Básicamente, queremos saber qué piensas hacer respecto a los deseos de nuestro padre en torno a ti y Luke —intervino Gabrielle.
Ella y Jane eran gemelas idénticas y, junto a Cedric, formaban a los trillizos de la familia; tercera, cuarto y quinta en la línea de nacimientos. De todas las chicas, ellas eran las más favorecidas en atributos y altura… esa que le faltaba a una Denisse que nunca se permitía olvidarlo, al ser la menor en edad y estatura entre los ocho hermanos.
—¿Vas a cumplir los deseos de nuestro padre, o seguirás la línea de nuestro hermano? —agregó William.
Denisse, que se sentó entre William y Jane, miró la tabla, de la misma madera oscura que casi todos los muebles de la casa, y se tomó la libertad de pensar por unos segundos.
—Todos ustedes saben que las órdenes de nuestro padre son absolutas —dijo ella.
—Pero estamos hablando de nuestro hermano… Él, para nosotros, es más importante que nuestro padre —intervino Gabrielle.
Denisse la miró y asintió.
—Nuestro hermano nunca nos ha dado una orden; sin embargo, todos nosotros le somos devotos a él, no solo porque sea nuestro líder, o el Patrizio de nuestra generación, sino porque él se lo ganó.
Los hermanos asintieron. Gabrielle dejó las manos sobre la mesa, y comenzó a tamborilear sin hacer ruido.
—También saben que no puedo ir en contra de los designios de Lulu, no está en mí. A pesar de que desee lo que padre quiere para nosotros, no puedo hacerlo de la forma en la que él lo quiere, porque estaría lastimando a nuestro hermano.
—Entonces… ¿qué has decidido? —interrogó Elizabeth.
—¿Mi decisión tiene alguna importancia? —curioseó Denisse, sin muchas ganas.
—Eres nuestra hermana, así que también te apoyaremos en lo que decidas —contestó Cedric.
El resto de los hermanos asintió.
Denisse se mojó los labios, y declaró:
—Voy a apoyar a Lulu, eso es lo que he decidido. Nuestro padre ha puesto en él una terrible maldición, que lo ha mantenido alejado de la persona que ama por mucho tiempo… No puedo solo ser objeto de su desgracia.
Jane colocó una mano en el hombro de Denisse, que la miró. La mayor le sonrió y asintió.
—Es la decisión correcta —murmuró ella.
—Luke es muy complicado —declaró William. Los demás llevaron la vista hasta él—. Durante toda nuestra vida, hemos sabido que la relación entre nuestro padre y hermano es un desastre, y eso no va a cambiar, ni siquiera porque ambos tengan nuevas responsabilidades y deban mostrar «unidad».
A Jane se le pintó una cínica sonrisa en los labios.
—Luke debe encontrarse en un punto de su existencia donde está cansado de ser infeliz —continuó William—. Nuestro padre ha puesto sobre él grilletes que lo alejan del primogénito de los Kyburg, Blaise, pero también lo volvió su guardián. ¿Alguno se ha preguntado la razón?
—Al principio, pensé que era la forma más baja de tortura —canturreó Markuss.
—También pensé eso, pero… ¿no es extraño? —interrogó William—. Los hizo alejarse por casi doscientos años, y ahora solo los junta.
—Tal vez nuestro padre sabe algo que nosotros no —caviló Cedric.
—Creo que Luke también lo sabe —subrayó Denisse. Todos voltearon a verla—. Él ha estado haciendo muchas cosas estos días a escondidas mías, y estoy segura de que saben lo que pasó en la Ciudad Neutral, entre ambos, en su casa.
Los demás afirmaron.
—Se regó como la pólvora —señaló Gabrielle.
—En especial porque nuestra madre estaba furiosa —completó Markuss.
—Fue uno de los desafíos más directos a los designios de nuestro padre que Luke ha hecho en su vida; sin embargo, siento que eso tuvo otra razón más profunda que la necesidad de estar junto a Blaise —apuntó Denisse.
—¿Hay algo que se te ocurra? —preguntó Cedric.
—Creo que tiene que ver con lo que está pasando ahora. No sé cómo, o por qué, pero Lulu tal vez se esté preparando para el momento en el que nuestro abuelo, y toda la tercera generación, vayan a dormir.
Ojos curiosos adornaron los rostros de los hermanos, quienes tan solo debatieron el tema por un rato más, sin llegar a grandes resultados.
Al final, por sobre los deseos de su padre, William, Jane, Cedric, Gabrielle, Elizabeth, Markuss y Denisse Edevane, decidieron apoyar a Luke, su hermano mayor y figura de referencia.
Con todas las consecuencias que eso acarreara para ellos.
♦ ♦ ♦
Año 1168 d.C. Serenísima República de Venecia.
—¡Tu primer hijo será un niño, Malcom! —vociferó Adhemir Flabiano con orgullo.
En los orbes miel de Malcom, su hijo, el brillo del orgullo y el alivio se dejaron ver. A su lado, una Alessandra sonriente acariciaba su abdomen con cariño, mientras lo miraba con emoción y añoro.
—Él será el próximo Patrizio de nuestra familia, padre —dijo Malcom con firmeza.
Los tres estaban en la sala de la cabaña de Malcom, cuando la luna se hallaba justo al centro del cielo.
—Um… él será un niño especial, eso tenlo por seguro, hijo mío.
Malcom arrugó el mirar, como la misma Alessandra, y curioseó:
—¿Tus ojos han visto algo más, padre?
Adhemir Flabiano solía tener brotes de clarividencia, donde imágenes del futuro, premoniciones, llegaban a él como flashes pasajeros que guardaba con recelo. Saber que el primer hijo de su primer hijo sería un niño fue consecuencia de eso.
—Mis ojos han visto mucho, querido Malcom, incluso desde antes de que tú mismo vinieras a este mundo. Tu hijo será un muchacho especial y poderoso, valioso sin dudar… pero sus caminos no podrán ser iguales, porque él viene atado a algo más grande y único que nuestra pequeña familia.
—¿Pequeña? —indagó Alessandra con sorpresa, al escuchar a su tío hablar de semejante forma.
—Así es, mi niña: «Pequeña». Cuando la comparas con el resto de esta vasta existencia que desconocemos, es inevitable referirme a nosotros de esa forma.
»Pues bien, Malcom… te sugiero que cambies tu forma de ver a este mundo, o serás devorado por la presencia de ese muchacho que Alessandra lleva en su vientre. Por desgracia, eso es todo lo que puedo decirte, porque yo tampoco soy capaz de conocer todos los detalles.
Las palabras de Adhemir calaron en Alessandra con inquietud y espera, mientras que Malcom decidió ignorarlas, no darles importancia.
Ochocientos cuarenta y siete años después… Alessandra Edevane era consciente de la magnitud de esos designios, que no venían de nadie más que de un mundo más amplio que ellos mismos.
♦ ♦ ♦
—Uncanny: Una experiencia sobrenatural o inexplicable, extraña o más allá de lo ordinario.