Capítulo 45: Nankurunaisa
La reunión se sucedió en una nueva asignación de responsabilidades a los hijos y a los nietos.
Adhemir Flabiano era el líder de la familia, por lo que debía prestar atención a cada una de las actividades que sus hermanos, hijos, sobrinos, y todas las generaciones, hacían.
Malcom recibiría los deberes de su padre: la vigilancia y el control del nuevo tribunal del clan, que pasaría a estar conformado por miembros de la generación reinante, escogidos por él para velar por el respeto y decoro entre los integrantes de la familia. Además, conservaría todos sus negocios.
A Luke, además de esta isla, se le entregó el control total de la incursión familiar a la Ciudad Neutral, y fue asignado como representante de los Veneto ante la Mesa de los Pecados Capitales. Además de sus propios negocios, se le entregó el completo control de las actividades científicas de la familia, y la manutención de los zombis abandonados a cargo del clan, cosa que a él no le disgustó.
El Valle de los Muertos, una zona en el territorio de Düster, estaba bajo el control de los Veneto, a pesar de que fueron los Gottorp quienes enloquecieron al querer usar la nigromancia sin estar capacitados, y cada cierto tiempo debía hacerse una purga de los no muertos más violentos.
Dos meses después de que la tercera generación fuese a dormir, los Veneto se reunirían al completo para finiquitar toda la estructura de la nueva formación, y así evitar ser atacados por otros clanes.
Tras dejar todos los puntos en claro, Adhemir dio por terminada la reunión, y comunicó:
—Bien, Malcom, ya que hemos terminado, te pediré a ti y a los demás que me dejen a solas con Luke por un momento, tengo algunas cosas que tratar con él.
»Gregor, tú también —dijo a su guardián, que asintió con rapidez.
Malcom aceptó, porque las órdenes de su padre eran absolutas, y se levantó.
—Marco, Blaise… esperen por mí afuera, por favor —pidió Luke a los suyos.
Adhemir negó.
—No… Marco puede irse, pero me gustaría que el joven Habsburg se quedara con nosotros. A pesar de que lo conozco bastante bien, sigue siendo para mí una novedad que ahora se desempeñe como tu guardián, Luke.
Mientras Malcom y los demás dejaban el cuarto, Luke no evitó mirar a su abuelo con confusión, en tanto Blaise solo asintió y aguardó, a la expectativa.
—Luke, ven aquí —pidió Adhemir. La firmeza de su voz resonó en los oídos de Blaise.
Luke se levantó, sin ningún movimiento innecesario, caminó hasta donde su abuelo estaba, y se arrodilló a su lado.
Adhemir se colocó de lado en la silla, y encontró los ojos de su nieto, del mismo tono que los suyos.
—Además del mismo Dios que está en los cielos, Luke, nadie es más capaz de entender lo que la muerte representa, como nosotros los Veneto: el cuerpo muere, pero la existencia prevalece —citó el mayor con voz señorial.
Luke arrugó el cejo.
—Abuelo, ¿por qué cita el código de nuestra familia ante mí?
En los labios de Adhemir, una tenue sonrisa se dibujó.
—Eso es, mi niño, porque pienso que, entre todos nosotros, eres quien mejor puede entender el real significado de esas palabras —manifestó el mayor con elocuencia.
»Has vivido buscando tu destino por mucho tiempo, y gracias a eso has sufrido… La soledad siempre caló en ti, tras perder lo que más amabas. —Adhemir subió la mirada hasta encontrar los orbes de un Blaise que lo miraba con curiosidad.
El mayor sonrió de forma tenue, y eso tan solo aumentó la inquietud en el pelinegro, que permanecía de pie, derecho y con las manos a los costados de su cuerpo.
—Aquellos capaces de entender lo que la existencia es, están condenados a estar solos casi siempre, porque han sido atados a algo más poderoso que ellos mismos desde el primer segundo en el que nacieron en este mundo —relató el anciano con destacada lentitud, como si declamara, y bajó la vista a un Luke que lo contemplaba extrañado. Tomó su mentón, y sus dedos corrieron a su cuello como una rara caricia.
»Has nacido como un chiquillo especial en muchos sentidos de la palabra, Luke, y estoy sorprendido al contemplar tu fortaleza, ante un hechizo que debe ser peor que la locura a la que tu padre tanto le teme…
Luke se desabotonó los primeros dos botones de su camisa, y, ante un leve jalón de parte de su abuelo, alzó la postura, para hacer su cuello más accesible a la mordida ajena.
Adhemir dejó ver sus colmillos y, ante la presencia de un curioso Blaise, mordió el cuello de su nieto.
Cuando un humano era mordido en el cuello, su muerte estaba casi asegurada. Muy pocos vampiros podían hacerlo sin causar eso en sus alimentadores, y entre los Veneto se solía prohibir esa práctica, sustituyéndola por una mordida en el brazo o en la pierna, para no correr riesgos innecesarios; sin embargo, los de la línea principal nacieron con la potestad del control y… de vampiro a vampiro, nada pasaba.
Sin embargo, esta mordida no fue como ninguna que Blaise hubiera visto entre miembros del clan Veneto antes.
Al simple contacto con los colmillos, el cuerpo de Luke se tensó, y un gran siseo fue sustituido con rapidez por ojos cerrados y un gruñido gutural, señal de incomodidad. De repente, pareció comenzar a doler, y el pelinegro se preguntó si debía intervenir, porque podía escuchar los quejidos atorarse en la garganta ajena, sus dientes chocar y rechinar.
«¿Por qué la mordida le dolía?»¸ pasó por la mente confusa de Blaise.
Pero, antes de poder plantearse nada más, Adhemir Flabiano se despegó del cuello de su nieto, y lo miró con los ojos bien abiertos, impresionado.
—Mi niño… estás haciendo algo que nadie había intentado antes… ¿Puedo preguntar la razón? —indagó y aguzó el mirar en él.
Luke comenzó a acomodarse la camisa, y murmuró:
—Guardo esperanzas en el futuro, abuelo. Esta vez no lo dejaré ir.
Adhemir trató de descifrar la verdad en los ojos ajenos y, tras obtener su respuesta, asintió.
—Tu padre piensa que has vivido hasta ahora para satisfacer su egoísta deseo de no sufrir durante el cambio, y poder experimentar el placer de tener allí al primogénito, pero… bien puedo ver que no es así.
—Vivo por mí mismo, abuelo —manifestó el menor. Una tenue sonrisa pintó los labios de Adhemir.
—Puedo verlo… Y eso es muy propio de ti.
»Desgraciadamente, Luke, naciste en el lugar equivocado, o en la rama familiar equivocada, para poder ser libre de actuar por tu cuenta; sin embargo, tengo presente que cumplir tus propios deseos te es inevitable, porque tú no existes para este clan, ni siquiera para este mundo. Tu existencia está ligada a otra desde el primer movimiento…
Adhemir volvió a mirar a Blaise, quien esta vez parecía más sereno en su expresión.
—Tu padre piensa que la locura es terrible, y lo es. Pero… ¿no sabes tú acaso lo que la locura es, mi niño? Sé que has experimentado cosas más terribles que esa por tu cuenta… como la sed que ha nacido contigo, y que solo has podido mitigar en mínimos momentos a lo largo de tu vida.
Desde abajo, Luke lo vio con ojos limpios, al descubierto, y la sonrisa en los labios del mayor apareció, plena y complacida.
—Puedo quitar los grilletes que tu padre puso en ti, y que te impiden estar donde debes, de todas las maneras posibles —decretó el Patrizio.
Pero Luke negó, y acotó:
—Abuelo, debo encargarme de las imposiciones de mi padre por mi cuenta, o solo conseguiré repetir este ciclo una vez más.
El mirar de Adhemir se suavizó en su nieto, y asintió.
—Malcom es bastante pertinaz, pero también justo. Su gran defecto, y también su mayor virtud, es velar por el bienestar de nuestra familia, sin importar si debe sacrificar a sus propios hijos para conseguirlo.
Luke asintió, porque sabía que así era.
—No obstante, ya que naciste atado a algo más grande que nosotros, que los Veneto, es natural que él enfrasque sus protestas en ti, porque no puede controlarte
Luke soltó una breve carcajada, y pensó en esa afirmación por un par de segundos.
—Estás haciendo algo que ninguno de nosotros ha intentado jamás.
El menor apretó los labios y encerró el cejo, pero Adhemir le sonrió.
—Lo vi todo, mi niño…
»Has aprendido tantas cosas en el camino de tu vida. Solo espero que entiendas que tu padre no te ha matado, no porque te necesite, o por su temor a la locura… Él no lo ha hecho porque eres más fuerte de lo que nos dejas creer a todos, ¿no es así? —Una sonrisa en los labios de Luke fue confirmación para Adhemir.
»Tu cuello fue tocado por nuestro Padre; le serviste en un momento de necesidad, y sobreviviste al dolor. Sé que sabes la clase de poder que viene con el simple hecho de seguir con vida tras eso, más al ser compensado con una gota de su sangre.
Blaise, que los miraba, y escuchaba todo con atención, entendió las referencias al instante, y su expresión se pasmó en incredulidad.
—Sigue así, escondido, y cuando el momento llegue saca las garras y destruye todo aquello que busque dañar a quien amas. Labra tu camino y apoya a tu padre: no todos a nuestro alrededor son felices con este cambio.
»Tu deber para con nosotros es cuidar de él por ahora, y luego podrás ser capaz de vivir lo que tus deseos te dicten.
Aquello pareció una orden, por el tono en el que fue pronunciado, pero eran palabras amables del mayor hacia su nieto.
Entonces, Adhemir volvió su mirada a Blaise.
—Joven Kyburg… espero que, lejos de cumplir su deber como guardián y cuidar a Luke, quien será sometido a más peligros a partir de ahora…ambos puedan superar esta etapa, y que las brumas de su corazón puedan abrirse, porque todos merecemos saber la verdad detrás de lo que sucedió con su madre.
Blaise tan solo asintió, y Adhemir se levantó de la silla.
—Me retiraré por ahora, ya que hay otros asuntos de los que debo preocuparme. Luke. —El mencionado se levantó—, si hay alguna otra cosa de la que desees hablar conmigo, estaré aquí hasta mañana.
—Está bien, abuelo. Lo tendré en cuenta.
El mayor asintió y fue hasta la puerta para, segundos después, abandonar la habitación.
Luke caminó hasta su silla y dejó caer de sentón, soltando una exhalación fuerte y cansada.
—¿Estás bien? —cuestionó Blaise, avanzando desde atrás al frente.
Luke llevó la zurda a sus cabellos y los alborotó, para después comenzar a peinarlos hacia atrás.
—Estoy molesto… —murmuró el rubio en respuesta.
Su mirar estaba fijo al frente, filoso, y Blaise se dio cuenta de eso.
—¿Es por lo que Lord Veneto dijo sobre sus deberes?
Luke negó.
—Es porque vio dentro de mí… me desagrada esa particular habilidad suya.
Blaise arqueó las cejas.
—¿Es como cuando viste a través de mis ojos?
—No… Él lo hace a través de la sangre. Es una de esas habilidades que llegan solas con la edad, o se manifiestan por sentimientos fuertes —contestó el rubio y se espaldeó en la silla, relajando su cuerpo.
»Mi abuelo es alguien muy curioso… probablemente quería confirmar sus sospechas antes de ir a dormir. —Chascó con la lengua
—Parecía que de dolía mientras él tomaba de ti —acotó el pelinegro. El otro asintió.
—Él ejercía su coacción en mí. De otro modo… ya sabes, no me gusta que nadie entre a mi mente sin mi permiso. —Se mojó los labios, pasando la vista alrededor con rapidez.
Blaise se sonrió.
—Conozco muy bien ese celo… —murmuró, y llevó su mirar a la puerta—. Lord Veneto me agrada: él parece saber que hay mucho en este mundo que ni siquiera los vampiros podemos comprender, y contra lo que no podemos luchar.
—Si tan solo mi padre hubiera sacado eso de él… En cambio, nació con una temible necesidad de satisfacer los requerimientos de este clan, como si eso fuese lo más importante.
De nuevo, Blaise sonrió de forma tenue, y sus párpados se entrecerraron en el rubio, curioso y divertido.
—Eso es, querido Luke, porque tú estás torcido desde el primer momento en el que tomaste la vida en este mundo —acotó.
En consecuencia, el rubio arrugó el mirar en él con falsa molestia, negó y se levantó.
—Voy a hacer como que no dijiste eso —murmuró—. Ahora… ven conmigo, caminemos un poco fuera de esta fortaleza. Hace mucho que no piso estos que, se supone, son mis dominios…
Emprendió hacia la puerta y, con la diversión choreando en su semblante, el menor lo siguió.
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—Nankurunaisa: «No olvides quien eres, vive hoy por el bien de mañana y sonríe siempre que puedas. El próximo día, pase lo que pase hoy, el sol te recibirá con una gran sonrisa, así que tú haz lo mismo».