Capítulo 44: Monachopsis

La sorpresa invadió a Malcom quien, de inmediato, como si «algo» hubiese detenido sus pensamientos, se apresuró a hacer una reverencia. Al percatarse de quién se trataba, aunque ya era conocedor de su presencia desde hacía varios segundos, Luke se levantó, mucho más señorial que su padre, dadas las circunstancias, e hizo una reverencia también.

—Lo siento, padre —se disculpó Malcom.

—Discúlpeme por mostrarle esto, abuelo —imitó el rubio.

Adhemir Flabiano se adentró en la habitación a paso firme; el frío desapareció al segundo siguiente, pero no los nervios de todos los demás presentes.

Él era un varón de apariencia cuarentona, con una barba muy rubia, copiosa, pero bien cuidada, y una clara cabellera que rozaba su nuca, sin arrugas y de porte serio, pero amable.

«Adhemir», el Patrizio de la tercera generación de los Flabiano, que había heredado de su abuelo ese nombre, a petición del antediluviano usó la coacción en su primogénito, Malcom, para someter sus pensamientos, mas no así en Luke, pues no lo vio necesario. Él era un vampiro de cuatro mil doscientos cincuenta años, y eso se reflejaba en sus capacidades.

Además. Ahora se desempeñaba como el Gran Patrizio, el líder de la casa de los Veneto.

—¿No pueden los dos vivir sin discutir en cada uno de sus encuentros? —Adhemir preguntó, llegando a la silla más céntrica y sentándose.

Blaise, Marco, y los otros dos, hicieron una reverencia, pero no abrieron la boca, no podían.

El guardián de Adhemir se colocó detrás de él, era un sujeto de cabellera entrecana y expresión dura. Era viejo, mucho más que el mismo Malcom, y había pasado su vida protegiendo a Adhemir, tras haber hecho una promesa con este en su juventud.

Malcom caminó de regreso a su silla, y se sentó.

—Lo siento, padre, pero todo sería más fácil si este chiquillo hiciera lo que debe hacer por el bien de nuestra familia —justificó con pesadez.

Adhemir, con un mirar tan miel como todos los Veneto más puros, llevó su vista a un Luke que se conservaba tranquilo mientras se sentaba, y le sonrió.

—Tengo un buen nieto—declaró con voz afable—. Este niño ha hecho ya mucho por nosotros, Malcom.

»Él no es igual a ti, que siempre vas por el sendero recto, solo buscando una solución; y tampoco lo es a mí… Es notoriamente diferente, pero eso no lo hace un mal niño —afirmó.

Malcom aguzó el mirar en su padre, y calló a regañadientes, pues no podría contradecir a su padre frente a tantos presentes… ya le costaba hacerlo en privado.

Adhemir corrió entonces la mirada hacia un Blaise que, a pesar de saberse observado, se mantuvo sereno y con la vista fija al frente, concentrado en su labor. Su instintos estudiaron la situación al instante, y sus ojos lo examinaron a niveles en los que solo un vampiro de su edad y generación podía caminar.

La sonrisa creció en los labios del muy antiguo vampiro, y se supo observado por su «niño», un Luke que lo estudiaba con curiosidad.

—Es llamativo verlo por aquí, Príncipe de los Kyburg. —Adhemir se dirigió a Blaise, quien volteó hacia él en un instante.

»Me gustaría disculparme, en nombre de toda mi familia, contigo y con tu padre, por el hecho de que mi hijo te colocara en la difícil situación de ser el guardián de mi nieto. —Lo tuteó.

Blaise encerró el mirar en él, y negó con la cabeza.

—No es así, Lord Veneto —contestó el menor, y continuó—: Usted no tiene nada por lo que disculparse. Mi padre estimó que sería provechoso para mí adquirir experiencia al lado de su nieto, para servir a los intereses de nuestro clan en el futuro.

El más antiguo de los vampiros en la sala entrecerró el mirar en el más joven, y una complicada sonrisa pintó sus labios, casi como si la inquietud se aguzara en su interior.

—Aun así… debe ser difícil estar, precisamente, al lado de Luke. En especial teniendo en cuenta estas nuevas circunstancias.

«Circunstancias», rebotó, tanto en la mente de Luke, como en la de Blaise, cuyo mirar decayó por apenas una micra de segundo, pero que Adhemir notó con suficiencia.

—Solo me concentro en hacer mi trabajo de la mejor manera posible —respondió Blaise con una serenidad que complació al otro, y que llamó la atención de Malcom.

»Esto también es una prueba de fortaleza —añadió Blaise.

La expresión de Adhemir se aclaró al escucharlo decir eso, y asintió. El pelinegro regresó su vista a la pared y, después de pasar la mirada por todos los presentes, el mayor declaró:

—Entonces, es momento de que iniciemos con el punto central de este viaje, y el encuentro con ustedes dos.

»Los cité hasta aquí porque, como ya saben, la tercera generación de nuestro clan, mi generación, ha acordado tomar un descanso y dejar el camino libre para ustedes, en pos de las preparaciones para que nuestros padres y abuelos regresen en la brevedad posible.

Malcom y Luke asintieron.

—A partir de aquí, Malcom, Luke, sobre ambos recaerá el peso de cuidar de nuestra familia y nuestro clan mientras no estemos.

»Ustedes serán aquellos a quienes sus hermanos y sobrinos llamarán «señores» y, como tal, no solo la carga de los negocios, que es lo que discutiremos hoy en gran medida, se posará sobre ambos. Espero que entiendan la totalidad de lo que eso represente.

Adhemir parecía estar recitando alguna clase de sermón, pues su voz resonaba en medio de un absoluto silencio, y los nombrados lo observaban con atención exclusiva, para asentir en tanto se hizo referencia directa a ellos.

—Desde que tú, Luke, decidiste ir por primera vez en contra de los designios de tu padre, a una muy corta edad debería destacar. —Una tenue sonrisa se pintó en los labios del más joven, sin querer evitarla—, ustedes nunca han podido llevarse bien.

»Malcom, has tenido logros enormes a favor de nuestra familia: estuviste a mi lado en la guerra y protegiste a los tuyos desde tu posición como mi hijo, como el próximo líder.

El orgullo bordeó los horizontes de Malcom, quien se mantuvo firme y derecho sentado en la silla, y cuyos hombros se alzaron a la espera del centro de todo este monólogo.

—Luke, si bien es cierto que has traído mucha confusión a nuestro clan, por ser el tipo de vástago que eres, has sabido tejer tu camino y te has convertido en un activo fuerte y valioso. Estoy seguro de que muy pocos conocen tu fuerza real, incluyéndome.

»Has llegado más lejos que cualquiera que conozco en el mundo de la magia negra, y estoy seguro de que has visto cosas que solo podemos imaginar; sin embargo, jamás abandonaste a la familia.

»A ambos… sé que no se llevan bien, y estoy bastante bien informado de que el conflicto solo ha ido en aumento estas últimas semanas, la presencia aquí del Príncipe de los Kyburg como un mero guardián no hace más que confirmármelo. Se han hecho mucho daño el uno al otro.

Adhemir volvió la vista a Blaise por unos segundos. A ojos del pelinegro, el mayor parecía no estar para nada de acuerdo con el hecho de que él fuese, como un primogénito y heredero que era, reducido a ser un guardián para un miembro de otro clan.

¿Quizás Adhemir Flabiano no estaba al corriente de las razones por las que su hijo emprendió tales acciones? Blaise guardó esa pregunta en su mente con recelo, para meditarla más adelante.

—Como su padre, como su abuelo, sé que los dos jamás podrán ser un padre y su hijo, pues no lo desean. No obstante, quiero que entiendan —continuó Adhemir su discurso, y bailó la mirada, desde Malcom, hasta Luke.

»No. Sé que entienden —declaró con firmeza, y un poco rudo en el fondo—, que el bienestar de nuestro clan siempre debe estar por encima de cualquier rencilla personal que los dos tengan.

No fue una sentencia, porque el Gran Patrizio hablaba con suma tranquilidad, pero se sintió como tal.

—Puedo entenderlo, abuelo —afirmó Luke.

—Yo también, padre.

Adhemir asintió repetidas veces, con lentitud.

—Sé que lo entienden —reafirmó—. Las implicaciones de nacer en la línea principal de nuestra familia son grandes, y me atrevo a decir que la presión que cada uno de sus predecesores ha puesto sobre ustedes es grande.

»Nuestro clan es fuerte, es poderoso porque todos somos familia, estamos organizados porque así fuimos enseñados. Ustedes dos deben mantener el equilibrio y seguir con su trabajo —sentenció, y posó la vista entonces sobre Malcom.

»Malcom, a partir de mi partida serás llamado el Gran Patrizio de nuestra familia, y te convertirás en el vástago más joven desde que mi abuelo, Adhemir, caminó por este mundo.

»Su voluntad jamás fue cuestionada, pero tú si lo serás. Dirán que no sirves, pero sé que les demostrarás que se equivocan.

La expresión de Malcom se suavizó, pero no demasiado, y asintió.

—Gracias por confiar en mí, padre. Haré lo necesario para que, a tu regreso, encuentres a nuestra familia más unida y fuerte.

—Eso espero —comentó el mayor, y volteó hacia un Luke que se mantenía relajado.

»Luke, aún eres joven, y tienes mucho espacio para crecer. Quiero que, en mi ausencia, seas el apoyo de tu padre. Como su hijo: destaca, fortalécete. Tu fuerza, como la de cada uno de tus hermanos, se traducirá en fortaleza y respeto para tu progenitor.

»Lamentablemente, no estaré aquí cuando mi Malcom pase por el ritual de avance, me perderé la primera vez en nuestra familia en la que el primogénito esté presente para calmar la locura de sus padres. Eres fuerte, podrás con eso y más. Al momento de mi regreso, espero poder verte, y presentarlos a ambos a mi abuelo.

Luke asintió, y le dijo:

—Espero poder cumplir tus designios, abuelo.

—Eres un niño con voluntad propia y una gran carga que, por suerte, no depende solo de ti. —Adhemir desvió el mirar, por solo un segundo, hacia Blaise, y la regresó a su nieto.

»Bien. Comencemos con los puntos secundarios que nos han traído aquí —pidió el mayor, y así lo hicieron.

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—Monachopsis: La sensación sutil, pero persistente, de estar fuera de lugar.