Capítulo 42: Xodó

La sonrisa en los labios de Denisse desapareció, al contemplar la nostalgia en la expresión de su hermano.

—Es difícil… —respondió Luke en un susurro, y se separó de Cedric para caminar hacia la cama.

Él se sentó a un lado de Denisse, y subió la mirada hasta su hermano menor, quien se quitaba la parte superior de sus prendas con una paciencia solo propia de la educación. Luke apoyó las manos al colchón detrás de su espalda, y vio los orbes miel de Cedric brillar con deseo por un instante.

Era inevitable, siempre lo había sido.

Cedric dobló la corbata, la camisa y el saco, y se movió a un costado, para dejarlos sobre un sillón que estaba al frente de la cama. Regresó sobre sus pasos y se sentó al otro lado de su hermano mayor.

—¿Qué van a hacer ahora? ¿Ustedes dos… de verdad se van a casar? —indagó el cuarto hijo, y miró a su hermana, echándose un poco al frente.

Denisse se quitaba el abrigo con una calma destacable.

Ella lo miró y negó.

—No haré nada que disguste a Lulu. Todos sabemos dónde están sus sentimientos.

—Entonces será una lucha contra nuestro padre. Estoy seguro de nuestros hermanos te apoyarán, Luke —aportó Cedric, y miró con firmeza a su hermano mayor, quien negó con la cabeza.

—Soy yo quien debe encargarse de eso, no quiero meterlos en problemas con nuestro padre. Estos grilletes existen en todos mis sentidos, pero… no son irrompibles —anunció, lo que sorprendió a los otros dos hermanos, e incluso a Blaise afuera, quien no podía solo no escuchar.

»Solo debo encontrar, de nuevo, la forma de romperlos.

Cedric sonrió, y llevó su cabeza directo al cuello del mayor, para comenzar a lamerlo con lentitud.

—Estoy seguro de que tú sabes esto mejor que yo, Luke —habló desde esa posición—, pero… Marianne, Eliza, Blaise… hay una razón por la que siempre tienes que romper las reglas.

Una leve carcajada abandonó la boca de Luke, quien se dejó caer sobre el colchón cuando Denisse puso las manos sobre su pecho y lo empujó. Cedric se apoderó del momento, colocándosele encima, y la dama, en sostén, escaló en la cama y empezó a jugar con el cabello del mayor de sus hermanos.

—Quedé atado a ella desde el momento en que nací —musitó Luke, sintiendo cómo Cedric ponía los colmillos a la izquierda de su cuello.

»Y ella está atada a mí, de igual forma. —Cedric lo mordió.

Denisse siguió jugando con el cabello de un Luke que, poco a poco, cayó en el foso del placer producido por las endorfinas de la mordida de su hermano. Ella palmeó su cabeza y sonrió; su hermano hablaba de las almas, de las existencias, y un curioso término vino a su mente, que la hizo agrandar su expresión.

Ella se movió en la cama, y se puso detrás de Cedric, a quien comenzó a aflojarle los pantalones.

Lo que sucedió después de eso, entre tres hermanos miembros de un clan que representaba a la perfección el pecado de la lujuria, quedó entre ellos y un Blaise que, a pesar de tratar de molestarse o sentirse celoso por lo que escuchaba sucedía tras esas gruesas puertas, no podía.

Él solo estaba agradecido por el hecho de que ellos dos pudieran consolar a Luke de la mejor forma que sabían.

Ellos, los hermanos Edevane, eran así: una piña.

• • •

Una hora después, tras haber jugado y bebido lo suficiente, Denisse y Cedric abandonaron la habitación, y pasaron delante de un Blaise cuyos ojos se hallaban perdidos al frente, pensando en sus propios asuntos.

«Blas, ven aquí», escuchó desde dentro, una vez los hermanos desaparecieron por el pasillo, y así lo hizo. Se adentró en la habitación y encontró al mayor sentado a la orilla de la cama, estirando su camisa; el aroma de su sangre, y la de Denisse y Cedric, inundaban el espacio.

—¿Deseas algo? —preguntó Blaise, para cerrar la puerta tras de sí.

Luke le hizo una seña para que se acercara, y él obedeció.

Este cuarto, además de la enorme cama, irrisoria para un vampiro, poseía un sofá y sillones al frente, y un ropero.

Al llegar más cerca de la cama, Luke tomó de improviso al pelinegro de la muñeca y lo jaló para que se sentara sobre su regazo. La espada de Blaise, como el resto de su equipaje, ya debía estar en su habitación asignada desde hacía un buen rato.

El cuerpo del menor se tensó en preocupación al sentirlo rodear su torso con sus brazos, y temió por el conjuro, razón por la que se apresuró a soltarse, a escapar, pero sin resultados.

—No huyas de mí, por favor —pidió el rubio con rara serenidad, y apretó más.

—No quiero que te pase nada malo mientras estemos aquí. Tu padre y Lord Veneto se encuentran en esta propiedad… Es peligroso, será un desastre si algo sale mal —manifestó Blaise. En sus ojos, la preocupación era destacable

Pero Luke no aflojó su agarre. En su interior, una especie de zumbido comenzó a sonar, como un fastidioso fondo monótono que ignoró por el momento.

Estos grilletes, este conjuro, eran diferente a los anteriores. Lo había analizado usando sus conocimientos previos, y descubrió que su raíz estaba más profunda dentro de su existencia, aprovechándose de la debilidad que tenía en el momento en el que su padre lo realizó.

El rubio acomodó al otro sobre su regazo, y Blaise quedó sentado de costado, con las piernas bailando. Luke estudió su rostro unos segundos más, y negó.

—Tienes que confiar en mí, querido Blas —anunció sereno.

—Confío en ti, Luke —se defendió el menor.

Luke lo miró, sonrió, y asintió.

—Eso espero… —Soltó su abrazo y le tomó las manos. Blaise observó desde arriba, inquieto, pero Luke solo las miró.

»He vivido durante mucho tiempo, Blas… He deseado la felicidad durante mucho tiempo. Puede parecer estúpido para alguien de mi edad… pero tengo esa clase de añoranza infantil. ¿Tienes idea de lo que eso es?

El pelinegro arrugó el mirar, extrañado, porque ese comentario le pareció carente de sentido en un principio. Sin embargo, cuando Luke levantó la mirada, la sorpresa, la ira y el dolor se mezclaron dentro de él.

—Déjame preguntarte, querido Blas… ¿qué sientes por mí?

Los orbes miel de Luke se dejaron ver inyectados en abandono, en una insana inseguridad, y aquello, más que una pregunta, pareció una petición de auxilio.

Blaise lo interpretó como tal.

Si fuese un humano, podría decir que su corazón se paralizó, pero no era así. Por dentro, se sentía frío de repente y, en el centro del pecho, fue como si alguien clavara una estaca de plata ahí, y el dolor se regó al resto de su cuerpo.

Su cerebro le dio una alerta y, por reflejo, llevó las manos arriba, hasta enmarcar el rostro del rubio, sentir los vellos de su barba, lo tenso de su postura, y pintó en sus labios una tímida sonrisa.

Sus ojos se desnudaron ante él y lo contemplaron con una limpieza solo suya, que solo Luke podía mirar y comprender, y contestó:

—Te necesito… te deseo… y te amo, Luke. No hay nada ni nadie en este mundo que me lo dé todo, más que tú.

Sus ojos grises brillaron intensamente, resaltando en azul al fondo, un mirar que solo existía para el otro.

—Cada día de mi vida, desde el primer segundo en el que nací en este mundo, he existido por ti y para ti. Jamás creas lo contrario. —Se acercó a él, y depositó un suave beso en su frente.

En ese momento, el cuerpo de Luke tembló, y Blaise lo sintió. Sus ojos lo miraron abiertos de par en par, y apretó los labios uno contra otro, y frunció los dedos de los pies.

Por dentro, el zumbido subió su volumen, y una corriente comenzó a recorrerle el pecho, con malestar.

Ante Blaise Habsburg, Luke Edevane pasó a parecer un pequeño niño desvalido, desamparado por el mundo, por la felicidad. El menos se alejó, y contempló de nuevo esos brillantes ojos que tanto le encantaban, transparentes y honestos, y sonrió.

—Escúchame, Luke: nunca pienses que estás solo en esto, porque yo siempre, sin importar el momento o el lugar, estoy contigo.

»Me duele verte sufrir… me duele que me ignores a veces. —Blaise apretó los dedos de los pies, y Luke sintió la tensión crecer en su cuerpo—. Yo… sé que sufres, sé que tu cuerpo sufre, que tus pensamientos se revuelven, porque lo siento…. —Apretó el agarre de sus manos.

El cuerpo del rubio se pasmó, sus ojos contemplaron al menor con dolor, y esa misma sensación se acrecentó dentro de él, como lava caliente quemando todo a su paso.

De repente, la expresión de Blaise se angustió, y él lo supo: los sentimientos estaban ahí, reprimidos en el fondo de aquel varón pelinegro que comenzó a temblar con una ligereza que, de seguro, se le hacía indetectable, porque no se esforzó por esconderla, como todo lo demás.

—Amas ocultar lo que sientes, querido Blas —murmuró el mayor, y envolvió su torso con fuerza—. Pero, ante mí, no hay forma de que puedas esconder nada, y lo sabes.

»Así como siempre he sido un libro abierto a tus ojos, tú lo eres a los míos.

Una sonrisa cálida pintó sus labios, y Blaise correspondió, entre la sorpresa y la calma.

Las manos de Blaise bajaron a los hombros ajenos, y los apretaron. Alrededor de ambos, el habitual frío se convirtió en calidez y, por unos pocos segundos, sintió la libertad que le había sido arrebatada días atrás.

—Te necesito, te deseo… te amo —murmuró el rubio en un hilo de voz ronca, aguzada por el malestar que se desataba en su interior.

—Te necesito, te deseo, te amo… —repitió Blaise con más delicadeza, y también lo abrazó.

Aquella era desde siempre, para ambos, la verdadera forma de sus sentimientos.

Luke dejó caer su cabeza en el pecho ajeno, y Blaise comenzó a acariciar sus cabellos con delicadeza, buscando apaciguar los leves espasmos que detectaba venir del cuerpo de otro, y se lamentaba por su situación.

Lo último que quería en esta vida, era ser la causa de su sufrimiento… y no podía evitarlo.

• • •

—Xodó: Es una forma de decir «mi amor», pero solo a la persona a la que más quieres en la vida