Capítulo 41: Inlezaar

Año 2015 d.C., 16 d.G. Casteddu, Territorio de Vitéliu, Düster.

Todos los residentes de la casa terminaron en un vuelo, primero al territorio firme de Vitéliu, y luego hacia esta gran isla, que también formaba parte de las propiedades de los Flabiano.

La fortaleza del Castillo de San Michelle fue visible a la distancia, en medio de un camino que subía el cerro Sirai, y Blaise no pudo evitar recordar su historia.

Esta isla, Sardigna, fue conferida al cuidado de Luke Flabiano desde el momento de su nacimiento, como un regalo al próximo Gran Patrizio de la familia; sin embargo, él nunca había vivido allí, y solo la gestionó en los distintos tiempos de conflictos humanos, desde la distancia.

El Castillo de San Michelle se encontraba en el punto más alto de la ciudad y, al bajar del auto en la entrada, pudo contemplar el hermoso paisaje: más abajo se encontraban casas, negocios, y después se abría el precioso mar.

Esta noche, las estrellas y la luna propiciaban un extra en hermosura a lo que sus ojos contemplaban.

Debajo de este cerro, en las casas que recorrían la ciudad, y en toda la isla en general, no solo vivían miembros del clan Veneto, o de la familia Flabiano. Luke usaba este espacio para favorecer su visión del mundo, y aún ahora habitaban en este territorios sobrevivientes de la guerra que descendían de los primeros habitantes, humanos, a los que se les concedió un permiso especial, pero también licántropos, zombis no violentos, ninfas y otras especies, siempre y cuando no representaran una alteración para la paz y la economía de la región.

Este mismo castillo, en el pasado, fue usado como un hospital para atender al pueblo, en contra de los deseos de Malcom Edevane, pero con el visto bueno del patriarca de los Veneto.

Al final… Luke siempre había representado un dolor de cabeza para su padre.

Esta fortaleza, rodeada por cuatro torres, estaba construida en piedra caliza blanca, y se conservaba limpia, rodeada por un amplio parque, que servía también para marcar los límites entre el resto de la ciudad, y su cúspide.

En estos momentos la seguridad era temible: vástagos en cada esquina de cada torre, en los techos, el perímetro, y en cada parte de la isla, pero tenía su razón de ser.

Adhemir Flabiano, Malcom Edevane y Luke Edevane se encontraban en el lugar.

A pesar de que «Edevane» fue solo un apellido que Malcom tomó por su cuenta para proteger a su familia a mediados de las justas, su padre lo instó a conservarlo, y sus hijos lo imitaron, y lo usaron como una forma de hacer crecer su imperio hacia otros campos. Incluida Alessandra, solo lo poseían ellos diez.

Cedric Edevane era el cuarto hijo de Malcom, hermano menor de Luke, y a quien su hermano mayor designó como protector de este lugar, al ser poseedor de la isla Corsica, al norte, porque él no podía quedarse en un solo lugar por demasiado tiempo.

—Cedric, es bueno volver a verte —saludó Luke y extendió su mano.

El otro varón, de apariencia treintona, mayor que Luke, cabello rubio y con corte militar y porte serio, respondió tomando la mano y apretándola con gusto.

—También es bueno volver a verte, Luke —respondió el otro, su voz no era tan grave como su aspecto podía hacer parecer, y sintió unos brazos rodeando su torso—. Y a ti, Denisse. —Sonrió.

Denisse se acurrucó en él por unos segundos, y después lo dejó ir.

—Es triste que solo seamos nosotros tres esta vez —dijo ella, cuyo rostro, apenas maquillado, relucía en emoción al ver a su hermano mayor.

—Los demás están en sus propios asuntos, como todos —apuntó Cedric, y los tres asintieron.

El varón vio también a Blaise, a quien solo le dio un asentimiento, que el pelinegro correspondió de igual forma, y todos se adentraron en el edificio.

—Son los últimos en llegar… Padre está furioso —acotó Cedric, y Luke se sonrió.

—¿Tiene otro estado emocional nuestro padre? —preguntó con ironía. Cedric volteó a verlo, y negó con la cabeza.

No iba a contradecirlo.

Marco, Ailen y Raúl fueron guiados hacia sus habitaciones, y los demás, Blaise incluido, tomaron rumbo hacia las alcobas principales. El equipaje de Blaise sería llevado a su cuarto, pero recibió la orden de Luke de no separarse de él mientras estuvieran aquí.

Habían sido convocados por un espacio de tres días, Lord Veneto solicitó usar esta fortaleza para reunirse con su primogénito, y con el primogénito de este, a fines de organizar la forma en la que se distribuirían los negocios entre hijo y nieto, antes de que él se fuese a dormir.

—El abuelo también está aquí, Luke —comentó Cedric mientras subían las escaleras, rumbo a la habitación principal—. ¿Crees que puedas mantener la paz esta vez?

Denisse lo miró con dureza, pero a él no le importó. Luke en cambio se sonrió.

—No suelo ser yo quien tiene esos feroces cambios de humor, Cedric —apuntó el hermano mayor.

—Pero siempre ocurren en tu presencia, Luke.

—Eso es porque, aún después de tanto tiempo, padre quiere que sea algo que no soy. —Luke se encogió de hombros, y tomaron otro tramo de escaleras.

Por dentro, esta edificación se encontraba forrada en blanco. Pisos de madera, pasillos anchos, y muebles de madera oscura, pero alumbrados con luz blanca. Esta fortaleza no tenía ventanas, tampoco eran necesarias, y se componía de cuatro alas auxiliares y un ala central, donde las habitaciones más importantes se encontraban.

Luke era el dueño del inmueble y, aunque ofreció el cuarto principal a su abuelo para su estancia, como un símbolo, este se negó, y decidió ocupar una de las habitaciones convencionales.

—Tienes una forma muy particular de hacer las cosas —habló Cedric, y las puertas dobles al final del pasillo, de más de dos metros de altura, color caoba oscuro, y muy fuertes, anunciaron su llegada.

Luke abrió una de las puertas, y dejó pasar a sus hermanos; Blaise se detuvo al frente y aguardó.

—Cuida que nadie nos interrumpa, por favor —ordenó el rubio.

Blaise asintió y retrocedió, para quedarse de pie a un costado del pasillo, adornado con preciosas pinturas antiguas, con fondo en paredes pintadas en tonos champaña.

Adentro, la habitación era demasiado grande para un vampiro, con el piso forrado en una alfombra gris claro, paredes azul pastel, y una cama enorme.

Luke cerró la puerta y se adentró a la estancia; antes de llegar, Cedric se situó detrás de él y lo ayudó a sacarse la gabardina, que tiró hacia la cama, donde Denisse los veía con una sonrisa en el rostro.

Cedric también ayudó a Luke a quitarse la chaqueta y, sin oposición alguna, comenzó a desabotonarle la camisa con lentitud. Él era un poco más bajo, pero eso no importaba.

—Desde esta distancia… puedo sentir lo que llevas dentro, Luke —murmuró Cedric, deshaciendo todos los botones. Retrocedió, para que el mayor se quitara la camisa, y después lo abrazó por la espalda.

»¿Cómo sigues de pie con esos grilletes dentro? —preguntó y apretó el abrazo.

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—Inlezaar: Esperando con esperanza anticipada.