Capítulo 39: Maktūb
Año 2010 d.C., 11 d.G., Territorio de Edmonton, Lugal Ba-gen.
Lugal Ba-gen era un continente enorme que se dividía en diversos territorios, cada uno controlado por cada casta o raza, como se había establecido. Todos los seres que convivían bajo el pecado de la Avaricia: humanos, alquimistas, homúnculos y androides, tenían estas tierras como su casa principal.
Un vampiro como él no sería aceptado si vagaba por cuenta propia, pero ese no era el caso.
Las negociaciones con Lawrence iban bastante bien, ese era motivo suficiente para dejarlo transitar por estas tierras.
Sin embargo, con los primeros rayos de la mañana alumbrando el despejado cielo, no eran esas las razones por las que caminaba por aquella pequeña plazoleta, con una mediana bolsa de papel marrón entre manos, hasta llegar a un lugar de soledad.
Se sentó en una banca, dejó la bolsa a su lado, y en seguida lo vio salir de entre los arbustos: un cuerpo pequeño, de un niño, con la piel arrugada y caída, pálida y azulada en muchos puntos, y la cara desfigurada, que se dirigió hacia él, deteniéndose al frente.
—Nathan, es bueno verte —murmuró Luke.
El pequeño asintió. Sus ropas lucían gastadas.
El rubio tomó la bolsa, y de ella sacó una jeringa de plástico, que no temió hundir en su muñeca, era una de gran capacidad y la llenó hasta el tope; le sacó la aguja y se la dio al niño.
—Bébela, te ayudará.
El pequeño asintió y, con movimientos lentos, vertió el contenido en su boca y lo tragó.
El cambio fue visible de inmediato: su piel se recogió, su rostro volvió a ser el fino perfil de un niño de entre siete y ocho años; sus ojos verdes miraron al rubio, su cabello regresó, y la palidez lo cubrió todo.
Luke se sonrió.
—Te traje un poco de ropa. Después de que me cuentes lo que averiguaste, te la daré para que te cambies —anunció. Eso era lo que quedaba en la bolsa.
El pequeño asintió y dio un paso al frente, para dejar la inyectadora vacía sobre la banca.
—Entonces… Nathan, ¿qué has averiguado? —indagó Luke con curiosidad.
El niño, el zombi, Nathan, se paró derecho, cerró las manos en puños sin mucha fuerza, y comenzó:
—Amo Luke, vengo desde Düster hasta aquí para informarle: Lord Veneto, Adhemir Flabiano, ha decidido hacer que toda la tercera generación del clan inicie su descanso. —El mayor arrugó la mirada, pero lo dejó proseguir.
»En un plazo no mayor a siete años, él espera que todos los preparativos estén hechos.
—¿Cómo te has enterado de esto?
—Como ordenó, me mantuve vigilante de Lord Veneto desde finales de la guerra —declaró Nathan con monotonía.
—¿Él se lo dijo a alguien más?
Nathan negó, y comentó:
—Lord Veneto suele hablar al vacío cuando está solo. Usted me hizo invisible a sus encantos y capacidades, de esa forma pude escucharlo.
Luke asintió y sonrió. Para él era una fortuna que el encantamiento funcionara.
Con esa información en mente, supo cuál sería su siguiente movimiento.
—Tendré que ir a la Ciudad Neutral ahora —murmuró, mirando con soslayo alrededor, y se mojó los labios, para posar la vista sobre el pequeñín—. Bien… ya que me has dicho esto, te asignaré tu siguiente tarea…
—Sí, Amo Luke.
Los engranajes ya estaban en movimiento.
♦ ♦ ♦
Año 1780 d.C. Archiducado de Austria.
—¡Luke, Luke, mírame! ¡Ya puedo correeeer!
La chillona voz de un pequeñito forrado en vestiduras blancas, cuyo fino cabello negro revoloteaba al compás de sus carreras con pies descalzos, se dejó escuchar en el gran salón.
Luke, de pie junto al marco de la entrada y con los brazos cruzados, no hacía más que mirar al pequeño Blaise, de escasos dos años recién cumplidos, presumir lo bien que ya se le daba la carrera, riendo con alegría.
Hasta que se tropezó con sus pies y cayó de rodillas; el silencio se apoderó del cuarto, y Luke, quien no se movió, vio al niño levantarse en silencio y limpiar sus pantalones con gracia, voltear a mirarlo, y sonreír.
—¡No me ha pasado nada! —declaró alegre e infló sus mofletes. Su rostro brilló con luz propia, y el mayor se enterneció.
Su hermana, Anna, apareció en el salón y le sonrió, Blaise la miró con ojos curiosos, pero se acercó a Luke y lo tomó de los pantalones, extrañamente tímido.
Consciente de eso, el rubio se agachó y lo miró con inquietud.
—Es Anna, es tu hermana mayor —dijo al pequeño.
Anna tenía unos diez años.
—¿Anna? —musitó extrañado Blaise.
Y eso era obvio. Anna había estado fuera, con otra de sus hermanas mayores, por más de seis meses.
—Sí, es Anna, querido Blas… —susurró.
Los ojos de Blaise, grises y azulados, brillaron con ilusión al escucharlo decir «Querido Blas», y sonrió. A tan tierna edad, amaba escucharlo llamarle de esa forma.
—Es Anna —musitó el niño y sopló, se volteó. Anna lo miraba con expectación, y él le sonrió y gritó—: ¡Anna! —Para comenzar a correr hacia ella.
Ambos se recibieron, y Luke los miró abrazarse y reír con una sonrisa en los labios. Al percatarse de que Lord Kyburg entraba a la habitación, se levantó e hizo una leve reverencia, señal de respeto hacia un mayor.
—Muchacho… ¿estás disfrutando tu visita el día de hoy? —indagó Tomsk, y lo invitó a meterse más al lugar.
Lo guió hasta los muebles, y ambos se sentaron en unos sillones que estaban uno frente al otro.
—Lo hago, Lord Kyburg —contestó respetuoso el rubio, cuyos cabellos se encontraban peinados hacia atrás con cuidado.
Los orbes zafiro de Tomsk lo estudiaron, y asintió.
—Blaise está creciendo rápido, ya ha conseguido emprender la carrera —anunció Tomsk orgulloso, mirando al pequeño corretear a su hermana, al otro lado del gran salón—. Es triste saber que, conforme él crezca, estará destinado a sufrir.
El mirar miel de Luke se ensombreció, y bajó la vista a sus muslos.
—¿Crees estar preparado para eso, Luke? —preguntó Tomsk, sereno.
—No lo sé —respondió el rubio con total sinceridad.
Una sonrisa comprensiva pintó los labios del mayor, quien le dijo:
—Tu padre es un hombre pertinaz, Luke, eso ya debes saberlo. —Luke asintió—. Conforme Blaise crezca, la unión entre ambos se hará más fuerte, más poderosa.
»Pasará de ser el simple deseo de verse, a la necesidad de hacerlo, y comenzará a cubrir todos los aspectos de sus naturalezas: sentimental y afectivo, físico, sexual… y también la sangre.
Luke apretó las mandíbulas, y su mirar se aguzó. Los últimos ítems lo hacían sentir intranquilo.
—A Lilly ya no le agradas, porque ella conoce por completo la leyenda; sin embargo, tanto ella como yo sabemos que el Kétnemü no es algo que escogieron, sino una fuerza que los hace estar atados desde siempre
»A partir del momento en el que lo tomaste en brazos, tras ayudar a traerlo al mundo, supe que debería dártelo, porque siempre fue tuyo, tal como tú le perteneces, Luke.
El rubio alzó la mirada; su profundo silencio era indicativo de que sus pensamientos estaban muy activos. Él se fijó en Tomsk; sus ojos dudosos y apenados hicieron al mayor negar.
—Esto no es tu culpa, ni de Blaise; tampoco mía, o de tu padre… Solo pasó, Luke. La pregunta es: ¿Podrás soportar la carga que tu padre pondrá sobre ti en el futuro? El Kétnemü tan solo se fortalecerá con el tiempo, pero el accionar de tu padre, en el momento en el que comprenda lo que de verdad es, cuando no puedas ignorar tus instintos, tus deseos y necesidades, solo traerá oscuridad.
»¿Serás fuerte cuando ese momento llegue? Necesito saberlo, Luke. —Miró al rubio con imperturbabilidad—. Necesito saber si puedo confiar en ti y entregarte a mi hijo, o si debo mantenerlo encerrado en contra de su voluntad, pero por su propio bien.
El cuerpo de Luke se tensó, y enderezó su espalda; corrió el mirar hacia el pequeño Blaise, que reía junto a su hermana, en tanto una criada los observaba. Sus ojos se suavizaron en ternura, y Tomsk no necesitó más que ver esa sonrisa en sus labios, para saber cuál sería su resolución.
Sin embargo, Luke volteó hacia él, y declaró:
—Voy a luchar, Lord Kyburg. Sin importar el tiempo que sea necesario… lucharé, y lo cuidaré de las garras de mi padre.
♦ ♦ ♦
Año 2015 d.C., 16 d.G. Ciudad Neutral de Gaia
Denisse Edevane estaba preocupada.
Su madre se marchó pocas horas después de que su hermano se desconectara, a causa de aquello que aún bullía en su interior con ferocidad y, desde el momento en el que despertó, no volvió a ser el mismo.
Los pasados días se había convertido en hábito que, tras llegar de su trabajo, el rubio preparase un bocadillo en la cocina y lo comiese en soledad, ante la tensa y atenta mirada de un Blaise que parecía estar rompiéndose al tan solo contemplarlo.
Porque tampoco le dirigía la palabra.
Él colocó una barrera, y casi ni se dirigía a ella.
Esa mañana, siendo casi las tres, lo vio meterse al baño con un cambio de ropa.
Extrañada, se sentó sobre el colchón y observó hacia la puerta del cuarto de baño, de donde, minutos después, él salió usando jeans y un suéter, además de medias.
—¿Vas a salir? —preguntó con curiosidad Denisse.
Él la miró y asintió. No había gestos innecesarios, ni miradas cariñosas. Sus ojos parecían muertos… sin emoción, sin vida.
—Voy a caminar un poco… Necesito despejar mi mente —contestó Luke y rodeó la cama—. Llevaré a Blas conmigo —anunció. La rubia lo miró inquieta y dudosa, y él prosiguió—: hay algo que debo decirle. No te preocupes.
Y salió de la habitación.
Denisse lo siguió con la vista por el pasillo, hacia el otro lado, y escuchó el toque de la puerta de la habitación del varón Kyburg; lo vio levantarse, en aparente sorpresa, y abrir. «Ven conmigo», fue lo único que Luke dijo, sin ninguna intención o expresión particular y, sin siquiera tomar su espada, vistiendo ropas de estar en casa, y en sandalias, el menor lo siguió.
Era como un perro persiguiendo un hueso, aplicaba para el uno y para el otro.
Denisse resopló con fuerza y, al escucharlos bajar las escaleras y abandonar la casa, se recostó con la vista fija en el techo.
No estaba segura de qué era lo que Luke haría o diría, pero… era la primera vez en más de una semana en la que demostraba interés hacia alguien.
—Tan solo espero… que todo salga bien —musitó y sopló. Cerró los párpados, y meditó.
Ella también necesitaba un descanso de todo esto.
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—Maktūb: «Estaba escrito». Lo que sea que pase en tu vida pasa o llega, no por casualidad, sino porque hay algo que necesitas saber o comprender.
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