Capítulo 22
La Concubina imperial Azzar solo asintió en cuanto escuchó que la reina había dado a luz. Después de todo, ¿Qué podía hacer? No tenía el coraje para asesinar a ese inocente bebé, de tan solo pensarlo su corazón se sobresaltó y de inmediato pensó en su propio bebé.
Ahora, con la emperatriz suelta nuevamente, se vendría una verdadera guerra. Ezra sabía que días duros llegarían, sin embargo, no imaginó la magnitud de lo que afrontaría.
Para ese momento, Azzar ya se encontraba arreglándose para presentarse junto con otras concubinas al palacio de la eterna luz y darle las felicitaciones por el heredero imperial. No tenía ganas de ir, pero estaba obligada a hacerlo, aquello era otra hipocresía entre las bellezas, sus relaciones podían parecer agradables, aunque tan solo eran lazos maquillados con formalidad.
Con el paso del tiempo el palacio de la reina se fue llenando con concubinas y esposas. Con rostros maquillados y holgadas ropas se presentaron ante la joven reina.
Todas estaban ubicadas en hileras frente a la mujer que se encontraba sentada en el inalcanzable trono. Y una a una presentaron sus saludos ante la reina.
“Felicidades, majestad” aquella expresión la decían todas, aunque ninguna en verdad la sentía o se alegraba.
Finalmente, el turno fue para Ezra y con pasos calmados se acercó hasta la reina, la saludó según la etiqueta palaciega y musitó la misma frase que las demás concubinas.
Sus ojos quedaron clavados en la suave alfombra que cubría la totalidad del palacio de la luz eterna, fue incapaz de levantar el rostro y ser víctima de la mirada penetrante y acusadora de la reina.
—Felicidades, majestad. Ha sido bendecida con un hijo del rey.
La reina le dirigió una sonrisa mediana, sus ojos brillaron con una motivación muy distinta. Su mirada era amenazadora. Ypara evitar sentirse amedrentada, Ezra no miró a los ojos a la reina.
—Gracias, concubina Azzar —Arqueó una ceja con burla—, pronto seré yo quien te de enhorabuena, Azzar —se refirió a su embarazo.
Ezra solo sonrió con aparente timidez y aceptó las palabras de la reina.
Raita torció levemente el rostro mientras sonreía sardónica
—Bien, agradezco a todas por su interés. Ahora, si me disculpan descansaré —abandonó la sala principal con todo su séquito de doncellas.
Poco a poco fueron saliendo las bellezas del salón. Está hizo lo mismo que el resto pero al salir del lugar llamó la atención de la señora Shakti, la esposa de origen rajput ¹ y que en ese momento ocupaba el título de esposa de tercera categoría, eso la hacía superior a Ezra, quien solo era una concubina. Después de todo, los orígenes nobles de la princesa rajput habían influido en su rango. Sin embargo, no tenía el favor del rey.
—Concubina imperial, ¿cómo está?
—Señora Shakti —saludó—, todavía no he tenido la oportunidad de compartir tiempo con usted, ¿Qué le parece si la acompaño a su palacio?
—Me parece muy bien—accedió
Ambas mujeres avanzaron a través de los pasillos giratorios y labrados en piedra rojiza. Finalmente, llegaron al palacio. Ezra cruzó el umbral de la residencia de la princesa hasta entrar al palacio interior. El lugar estaba pulcro y ordenado, sin embargo, en una de las mesas de roble estaban muchos frascos y hojas desordenadas. Ezra miró aquella escena con interés, y no le pasó desapercibida la ansiedad y las miradas de Shakti hacía su doncella.
—Veo que le gusta la medicina —indicó los objetos sobre la mesa.
Shakti cerró los ojos con frustración y luego como si no pasará nada o le afectara fingió una sonrisa.
—Desde pequeña me sentí atraída con las plantas y lo que podía hacer con ellas. Pero nadie sabe esto, espero que pueda mantener este secreto.
Ezra miró fijamente a la mujer, después sonrío con cortesía.
—De mi boca no saldrá su secreto, pero ahora que sé cuál es su actividad favorita me gustaría pedirle un favor.
—Dígame, si está en mis manos lo haré.
La Concubina imperial Azzar sacó de entre sus ropas la bolsita que contenía el anillo roto de Badar y el suyo propio.
—Tengo estos dos anillos, uno está roto.
—Temo que no soy la adecuada, no soy un orfebre
—No se preocupe, no quiero que lo repare, solo quiero que me diga qué es esto dentro de él —señaló dentro del anillo, la sustancia ya estaba seca en el interior del mismo.
La princesa Shakti tomó los trozos y los revisó minuciosamente frente a la mirada inquisidora de Ezra. En poco tiempo, la mujer raspó el polvillo y lo arrojó sobre un pañuelo. Tras haber examinado llegó a una conclusión.
—No es veneno —dijo.
Olió y probó aquello y finalmente supo de qué se trataba.
—Esta es una mezcla muy elaborada, concubina Azzar —comentó extrañada—, ¿usted por qué tiene esta sustancia?
—Dígame qué es primero
—Como le decía es una mezcla muy elaborada, contiene semillas molidas de loto y moringa, además de una concentración fuerte de brotes de alfalfa y astragalus
—¿Qué significa?
—Concubina imperial, esta mezcla tiene dos usos: uno, evitar el embarazo y dos provocar abortos. Las semillas de loto y moringa sirven para prevenir el embarazo mientras que la alfalfa y el astragalus en fuerte concentración provoca un aborto —indicó claramente— Dígame, ¿Por qué tiene esto es su poder?
—Fue un regalo, es un regalo —respondió con voz entrecortada—, pero ¿Cómo podía ingerir eso?
La princesa Shakti sonrió con burla, arrojó el pañuelo a un lado y se levantó de la silla de madera donde estaba sentada.
—La persona fue muy estratégica, un anillo se puede usar en cualquier momento, incluso en la comida. Si usted toma el té con él de seguro el vapor entra al anillo y luego sale para contaminar lo que consume… muy inteligente…. Muy astuto. —comentó intrigada—. Quien le ha hecho este regalo en realidad detesta a su persona, solo me pregunto, ¿quién fue el que actuó con astucia? Solo usted sabrá… y tome mi consejo de manera gratis; no se altere, demuestre que no sabe nada, engañe a su enemigo, solo de esa forma logrará golpearlo con su misma moneda.
Ezra no respondió nada. Ella solo pesaba en la suerte que había tenido por no haber abortado, todo lo debía a su poco gusto por los anillos.
—Debo retirarme —declaró
Ezra se despidió con una pequeña reverencia a sus espaldas la mujer le dio una sonrisa cínica y burlesca. En ese momento, Shakti pudo haberle colaborado, sin embargo, lo más probable era que fuese la primera y última vez.
[…]
…—He escuchado las investigaciones de la muerte del secretario del primer ministro han llegado hasta aquí, el palacio —murmuró una doncella a otra en el palacio de la belleza eterna.
—¿Qué? No sabía que habían asesinado al secretario —comentó
Aquellos rumores cobraron fuerza en los siguientes días. Un asesino había entrado a la ciudad imperial, los peligros y el miedo estaban acechando a los palacios. Las noches eran fuertemente custodiadas por los guardias imperiales en el esfuerzo de encontrar al asesino.
La pequeña Sahabat también escuchó aquellos rumores, y por aquellos días su corazón no dejaba de exaltarse con cualquier cosa. El sudor corría a dos manos, sus ojos se dilataban a causa del miedo y su mente no la dejaba en paz.
—La esposa del secretario ha seguido investigando de manera privada, y hace unos días consiguió el permiso del rey para entrar al palacio interior.
Sahabat soltó las ollas que tenía en las manos haciendo respingar a sus compañeras. Estas la miraron confundidas y enojadas.
—No seas traste, recoge eso —ordenó una de ellas con fastidio y continúo su charla sin beneficio.
—Lo siento —dijo a duras penas.
Con tan solo dieciséis años, Sahabat había enfrentado cosas que ninguna otra jovencita de su edad había pasado, había sobrevivido a la muerte y la deshonra familiar. Pero otra desgracia más no podría soportar.
[¹]Rajput: persona perteneciente a un clan territorial del norte y centro de la India.
[...]
Ezra no tardó en comunicar los nuevos hallazgos a Badar. Esta quedó sorprendida por la astucia que había demostrado la reina al agregar medicina anticonceptiva y abortiva en los regalos. Todas las concubinas del harén tenían un anillo como ese dado por la propia emperatriz, por lo tanto, todas consumían sin darse cuenta de dicha medicina. De hecho, ninguna belleza había quedado embarazada durante aquellos meses.
—Así que la reina no es de fiar —acertó Badar.
—Al parecer no lo es
—Pero, algo no cuadra. ¿Sí ella quería hacerte abortar por qué escogería su propio palacio? Estoy segura que aquel ataque no fue de parte de ella, no sería ilógico hacer eso cuando ya ella tenía la seguridad de la medicina en los regalos, ¿por qué se expondría?
—Es verdad, estoy por creer que ella no fue, pero… ¿Quién fue?
—¿Qué te parece Cadi?
—Podría ser. Es más, la emperatriz también desconfía de ella, pues le quitó a su hija, la princesa Naya.
—Bien, ya tenemos a dos esposas en la lista negra: la emperatriz y la señora Cadi.
—Sí, sabemos que ellas son las más poderosas. Ahora, la emperatriz ha consolidado su poder, es casi como una enorme piedra… difícil de mover.
Ezra apoyó su cabeza sobre una de sus manos y miró a los ojos de Badar.
—Debes estar cansada, ¿quieres acostarte? —preguntó Badar
—No, estoy bien así.
—¿Shakti te dio alguna fórmula? —preguntó
—Sí, aquí está —entregó un pequeño papel—. Aquí especificó los ingredientes. Ten cuidado, quémala cuando te vayas a deshacer de ella.
—Tendré cuidado.
Así terminó la conversación, pues Ezra abandonó el palacio de la concubina imperial Alid y regresó al propio. Allí Didi la recibió con celeridad y estuvo dispuesto a atender a la mujer es todo lo que esta pidiese.
—Mi señora, ¿sabe que el rey no ha nombrado heredero a su hijo con la reina?
—¿No? ¿Por qué?
—No lo sé, pero es muy extraño.
—¿Tienes alguna hipótesis?
—Mi señora, no me atrevo a ser charlatán.
—Vamos, te doy permiso.
—Creo que el rey está esperando su parto —soltó
Ezra desvío su mirada hasta Didi y lo interrogó con su inquisidora mirada. Si el rey no había nombrado a su heredero, todavía tenía oportunidad para su bebé aunque solamente si este era varón.
A partir de ese momento, la ansiedad empezó a carcomerla, pues probablemente esa sería la oportunidad más cercana que tendría de remontar el progreso de la reina.
Fue allí, en ese preciso instante se dio cuenta de lo mucho que pensaba en escalar en la jerarquía, no había un día, un solo día en el que ella pudiera actuar sin pensarlo tres veces, pues cualquier acción sería usada en su contra. Tanto había cambiado su vida.
—Mi señora, ojalá que también tenga un niño.
—Didi, no importará si tengo una niña o un niño, serán mis hijos, los habré llevado dentro, son parte de mí.
—Cualquier hijo suyo será amado por todos, concubina imperial —respondió con una sonrisa sincera.
…
La emperatriz Khatri estaba alarmada porque el rey todavía no había nombrado a su hijo Alí como el heredero al trono. El tiempo pasaba y la ansiedad empezaba a hacer mella en su estabilidad mental.
Desesperada tocó varias veces con sus dedos el brazo de su cómodo trono. El sonido retumbó en toda la cámara principal haciendo eco. Por la puerta principal se pudo ver entrar a la doncella personal de la reina.
—Majestad, ¿Qué hace aquí sola? —interrogó extrañada.
—Abbun, estoy disfrutando de lo que esté trono significa… poder.
—Majestad, disculpará mis palabras, pero esta autoridad que posee ahora se está viendo amenazada por la Concubina imperial Azzar.
—Di me lo digas —rodó los ojos fastidiada—. Azzar es una piedra en mi zapato, una muy molesta.
—El rey no ha declarado al principe como el heredero, ¿qué va a hacer?
—No lo sé, solo me toca rogar al rey y apelar a nuestro lado imperial.
—Pero ¿qué pasará si Azzar le da al rey un varón
—¡No pasará nada! Ella no puede comparar mi nobleza con su sucio linaje.
—Pero piense en mi que pasará si el rey quiere hacerlo heredero.
—¡Imposible, nadie en el clan imperial aceptará eso!