Capítulo 17

Asma Cadi paseó nerviosa de un lado a otro mientras esperaba la noticia de la llegada de su hermano a la ciudad. Alisó el vestido de color azul que llevaba puesto buscando quitar cualquier arruga que este tuviera. Revisó nuevamente por la ventana y vio acercar a su doncella.

—Señora Cadi, ya su hermano entró a la ciudad.

—Qué bien, ve y dile al rey que mi hermano ingresará al palacio.

—Pero su hermano se quedará en su mansión.

—Ya lo sé, piensa un poco más, solo vendrá al palacio para ver al rey.

—Lo entiendo —asintió la doncella.

—Ve con el rey —pidió fastidiada.

…

El rey ingresó a la sala imperial una vez el eunuco real lo anunció. En el lugar ya estaba presente la señora Cadi y su hermano Amín, ambos se levantaron para recibirlo cuando este estuvo dentro.

—Majestad —saludó el hombre mientras hacía una pequeña venia.

—Amín, qué grato tenerte por aquí.

—Ver a su majestad es un honor para mí.

—Deja las formalidades, somos familia —dijo mientras reía.

—Majestad, gracias por tratar tan bien a mi hermana, la veo muy alegre.

Cadi sonrío encantada a su hermano y acomodó su cabello con una mano.

—La señora Cadi me ha ayudado mucho, creo que ahora la aún más.

—Serviré a su majestad en todo lo que me diga.

El rey asintió con rapidez y esperó a que el eunuco rellenara el vaso con vino, después regresó su atención y mirada sobre Amín.

—Es una pena que dejes el ejército.

—No, majestad. Solo he pedido una semana para visitar a Asma. No pienso regresar a la ciudad, no me siento cómodo en la ciudad.

—Me parece muy bien, sigue aprobando méritos y no dudaré en promoverte.

—Gracias, majestad —exclamó emocionado.

Mahdi alejó su plato vacío, cogió el pañuelo que estaba sobre la mesa y limpió las comisuras de su boca. Finalmente, arrojó el paño sobre la bandeja que sostenía el eunuco real.

—Fue un placer volver a verte, Amín —dijo mientras abandonaba el comedor—. Otra cosa, dejo las riendas del harén sobre ti, Cadi. Si necesitas ayuda dile a la concubina imperial Farah, ella te podrá ayudar.

—Majestad, ¿qué pasó con su alteza?

—Por su embarazo la dejaré descansar, no deseo que maneje ninguna tensión ni estrés.

—Acataré las órdenes de su majestad.

Amín también se había puesto de pie, y una vez el rey salió de la sala se acercó a su hermana con pasos rápidos.

—¿Has sido promovida?

—No, sigo siendo una esposa secundaria, aunque tengo el poder de la reina.

—¿Eso por qué?

—Muchas cosas han pasado en el harén, nunca entenderás las batallas de una mujer —dijo para sí misma.

⟦···⟧

El palacio de la eterna luz no había abierto sus puertas desde hacía más de un mes, y la emperatriz se mostraba más enojada con cada día que pasaba encerrada en su residencia. Ella no podía entender como había perdido el poder de manera tan rápida, ni siquiera pudo anticipar aquel ataque. Ahora, la inquietud carcomía a la emperatriz, ¿quién había sido? ¿quién había osado actuar con tal astucia en contra de ella?

Raita pensó una y otra vez buscando una respuesta lógica a su pregunta, y no tenía otra candidata posible que a Cadi. ¿Qué otra mujer se beneficiaría de aquello? Definitivamente no había otra persona tan intrigante y doble cara que Cadi.

Khatri corrió parte de la cortina del palacio y vio las flores de almendro que crecían en el jardín de su residencia.

Las flores de almendro se veían florecientes en las copas de los árboles, tan bellas, tan delicadas, e incluso orgullosas exponiendo a todos que nadie podía llegar a tal altura. Cadi y Raita eran como eras hermosas flores, creían que por su altura y grandeza, nadie podría sobrepasarlas. Sin embargo, pasaban por alto que aquellas flores caían sin ataduras de sobre las copas de los árboles ante cualquier viento que soplara. No se necesitaba ser un ventarrón para hacer caer dichas flores, solo era necesario un pequeño soplo. Pero a pesar de todo aquello, el verdadero interrogante era si en verdad la altura, valía la pena tal golpe.

Raita había llegado hasta el lugar más alto y peligroso que una mujer podía llegar, aquel que todas codiciaban, que todas peleaban por llegar. Ese mismo, por el que estaban dispuestas a perder cualquier indicio de humanidad y los valores morales con que crecían.

Los más fuertes pensaban no tener ninguna debilidad, sin embargo, los débiles las podían ver con claridad. Su egocentrismo no les permitía compartir nada con nadie, y por eso desconfiaban hasta de su propia sombra, ¿Qué podía ser de una persona sin aliados en aquel lugar?

El exceso de confianza siempre jugaba en su contra, pues, se creían invencibles y subestimaban las habilidades de sus oponentes, ponían una venda sobre sus ojos y evitaban ver por dónde caminaban.

La emperatriz Khatri, la figura más poderosa del harén salió de su habitación muerta del aburrimiento. Aquellos días dentro del palacio significaron un auténtico tormento para ella, y eso que tan solo iba un mes, ¿qué sería de los otros cinco meses que le faltaban?

—Abban, necesito que vayas al palacio de Cadi.

—Majestad, ¿qué necesita que haga?

—Ella se atrevió a contrariar mi voluntad, me quitó lo que más quiero; mi poder. ¿qué crees que haré?

—No entiendo…

—Ojo por ojo —dijo con una risilla.

[...]

La emperatriz Khatri ordenó a Abban ir hasta el palacio de la señora Cadi, Khatri estaba segura de que Asma había hecho tan acción dentro de su palacio, y con eso había logrado tomar el poder que por derecho le correspondía.

Por todo aquello, la emperatriz pensaba devolverle el golpe, Cadi le había quitado lo que ella quería y había luchado durante toda su vida. Ahora, ella haría lo mismo; quitarle lo que Cadi más quería.

—Abban, apresúrate.

La doncella salió del palacio y en poco tiempo entró en la residencia de la señora Cadi. Cuando entró pudo ver a Asma al final del corredor junto con la princesa Naya.

—Señora Cadi —saludó la doncella una vez estuvo en la sala.

—Abban, ¿qué haces aquí?

—Usted debería saber mejor que yo.

—No entiendo sus palabras.

—Señora Cadi, podrá parecer tan inocente y pura como el azahar pero también es orgullosa y altiva como un amarilis. ¿Acaso cree que puede superar a mi ama con esos trucos baratos?

—Si viniste a ofenderme puedes regresar por dónde viniste.

Abban sonrío con burla y avanzó un poco más.

—Vengo por orden de la reina, se lo pediré amablemente, deme a la princesa Naya.

—¿Qué? No le entregaré a mi Naya,

—Señora Cadi, no me lo ponga difícil.

—No le permitiré que se lleve a mi hija —expresó con ira.

—Me temo que usted no está en el derecho de replicar, pues es una orden de la reina.

Abban hizo señas a los eunucos y doncellas que venían con ella, de inmediato estos entraron al palacio interior de Cadi y tomaron a la princesa Naya.

—Señorita Naya, su majestad la solicita en su palacio —informó Abban a la princesa.

—Abban, ¿Es urgente? —respondió como si ya fuese una mujer adulta.

—Su majestad solicita su presencia.

La princesa Naya asintió y después giró hacia su madre.

—Mamá, no debe preocuparse. Si la reina me solicita es por alguna razón. —le dijo a Cadi.

Asma asintió de igual manera mientras la pequeña hablaba.

—Está bien. Ve con la reina —accedió finalmente.

…

La Concubina imperial Malik tenía una tarea pendiente ese día. Salió de su palacio destino a la residencia palaciega de la reina y una vez llegó al lugar, saludó con cortesía a la mujer.

—Saludos, majestad.

—¿Qué haces por aquí? —preguntó la reina

—Vine a acompañarla

Raita le dio una sonrisa descompuesta.

—Los días pasan muy lentos en este palacio. Lo único que deseo es retomar mi poder.

—No debe preocuparse mucho, recuerde que el que ríe de último, ríe mejor.

—Lo sé —se limitó a decir.

Malik también limitó sus palabras y acciones frente a la emperatriz, y solo asintió las palabras de esta.

Tan solo había pasado un mes desde el paso de poder de la reina a la señora Cadi, pero en ese tiempo, la emperatriz se mostraba como era, sin arandelas, conexiones o poder.

Ya se había demostrado en varias ocasiones que el poder no era eterno, por el contrario, iba y venía, tocaba solo por un momento a la mujer afortunada, pero luego con su partida la dejaba en desgracia y maltratada, ejemplo de ello fue la consorte Akil y ahora la emperatriz.

Malik sabía que se estaba moviendo en arenas movedizas y que con cualquier paso en falso caería y nadie podría salvarla. Ella tenía un secreto que debía ocultar indefinidamente si no quería terminar igual o peor que Akil.

Muchos pensaban que ella era una inútil, explosiva y nada inteligente, sin embargo, guardaba bajo llave sus verdaderos motivos, su inteligencia.

Su juego al igual que el de muchas concubinas era peligroso. Y para ella lo más conveniente era mantener engañada a la reina; dejarla pensar que su único y verdadero enemigo eran las demás esposas: Cadi, Azzar, Farah o Saadi. Por ningún motivo debía sospechar de ella.

⟦···⟧

Ezra Azzar por fin estaba tranquila, pues el león ya había sido encerrado en su jaula y hasta nuevo aviso no podría salir para acechar o devorar a las mujeres del palacio.

Sin embargo, había algo que no cuadraba. ¿Por qué Raita iba a actuar dentro de sus dominios? La emperatriz no era idiota para hacer eso. Esa era la razón por la que pensaba que habían inculpado a la reina.

—¿En qué piensas? —preguntó el rey quien durante aquel mes la había visitado constantemente.

—Majestad, estaba pensando en mi hermana.

—¿Tú hermana? ¿qué pasa con ella?

—Deseo que ella atienda mi embarazo, sería un apoyo para mí.

—Pero si tienes a muchas doncellas que te pueden ayudar.

—Por favor, quiero a mi hermana, solo serán los meses de mi embarazo —apretó los labios ansiosa e hizo un puchero.

—Está bien, no puedo negarte nada si me pones esa cara —dijo riendo.

—Gracias, Mahdi —saltó sobre él y lo abrazó.

—Lo hago para verte feliz.

Mahdi abrazó también a Ezra y rodeó su vientre con ambas manos, allí estaba el hijo o hija de Ezra, un pequeño inocente que se estaba desarrollando dentro de ella y que no tenía ninguna idea de lo cruel que sería el lugar donde viviría.

Ezra no permitiría que su hijo pasara necesidades, estaba dispuesta a hacer lo que fuese por darle la mejor vida posible.