Capítulo 16

La noche llegó con su usual frío. Badar Alid se internó en su palacio antes de que anocheciera.

La concubina Alid estaba tras la ventana que daba hacía el jardín del palacio, pero su mente estaba perdida en el cielo estrellado. Aquella noche era perfecta para compartir con la persona amada, o con alguien muy allegado. Sin embargo, estaba sola otra vez y a su lado ni siquiera estaba su amiga Ezra.

Badar soltó un suspiro y se alejó de la ventana. Caminó hasta el umbral del palacio y miró directamente el cielo.

—La noche está muy bonita, ¿verdad?

…—Majestad, ¿qué hace aquí?

—Concubina imperial Alid, vine a visitarla.

Badar sonrío ampliamente y se acercó hasta el rey para abrazarlo. El hombre correspondió su muestra de cariño y le dio suaves palmadas tratando de consolarla.

—Majestad, no sabe cuánto lo extrañé, ¿por qué nunca vino a visitarme? —cuestionó

—Lo siento, sé que te he descuidado. Dime, ¿cómo has estado?

—Estoy bien… ¿Desea comer conmigo? —dijo entusiasmada.

El rey sonrió complaciente y avanzó camino al comedor y compartir la cena con Badar Alid. Ambos se desplazaron hasta el comedor y esperaron en silencio que sus sirvientes llevaran la comida. Mahdi sonrío cuando se sirvió toda la comida y por fin pudo empezar a comer.

—Majestad, ¿tiene algún plato favorito? Podría ordenar que se lo hagan cada vez que venga al palacio.

—Me gusta mucho el baba ganuch acompañado con pan redondo.

—Haré preparar esa comida para usted.

Tras esa corta charla, tanto Badar como Mahdi comieron hasta quedar satisfechos, luego la señorita Yasmina entró al comedor y avisó que las habitaciones ya estaban listas. Era un poco entrada la noche cuando ambos se retiraron a los aposentos.

…

Badar despertó temprano y se encontró con la imagen del rey vistiéndose. Con rapidez se levantó del diván y avanzó hasta donde se encontraba el rey.

—¿Desea que lo ayude a vestir?

El rey aceptó con la cabeza y extendió los brazos.

La concubina imperial Alid alcanzó con sus manos las túnica oscuras del rey y empezó a vestirlo. Finalmente, ajustó el cinto que sostenía su espada y acomodó sobre su cabeza el turbante con el grabado real.

—Ya está listo. —Avisó mientras retrocedía unos pasos.

—Majestad, la señora Cadi solicita una reunión con usted —informó el eunuco real tras la puerta.

El rey corrió las puertas y salió de la habitación dejando atrás a Badar quien solo vio alejarse al rey con toda su ejercicio de eunucos. Sonrío sin muchas ganas mientras alzaba el mentón con aire desafiador. Tan pronto como se cercioró que el rey había abandonado por completo las instalaciones de su palacio, corrió hasta su habitación, abrió las gavetas de su aparador, rebuscó con afán hasta encontrar lo que quería; semillas de flor de zanahoria.

En ese momento, Badar solo rogaba porque las palabras de una de sus doncellas fuese verdad, y que aquellas semillas evitaran el embarazo. Sin pensarlo mucho Badar masticó las semillas y las tragó rápidamente.

...

La señora Cadi corrió apresurada cuando su doncella le avisó que había llegado una carta al palacio. Asma le arrebató el papel de las manos a la muchacha, rompió el sello y leyó emocionada el contenido del papel.

La alegría asaltó el corazón de Cadi al saber que su hermano mayor iba a volver del ejército tras haber pasado cinco años en una incursión en contra de los mongoles y los chiitas, quiénes se oponían al poder del califa y en general a la dinastía.

Por fin la espera interminable había finalizado, pues tendría de regreso a su hermano.

No había sido poco tiempo que este había estado lejos de Bagdad, cinco años se le hicieron eternos a Cadi, y por eso pretendía recibir a su hermano como lo merecía y gastaría tanto como pudiese cuando lo recibiese.

Cadi se acercó a su doncella y le ordenó buscar al rey. La muchacha salió de la sala dispuesta a cumplir con la orden de su ama, y en poco tiempo, el rey hizo presencia en el palacio de la mujer.

—Saludos, majestad.

—Dime

—Majestad, mi hermano regresará en poco tiempo, quiero su consentimiento para hacerle un recibimiento.

—¿Amín, regresa ya?

—Sí, majestad.

—Amín hizo un buen trabajo mientras estuvo en el ejército, te doy mi permiso para hacerlo. Solo recuerda las reglas del palacio.

—¡Gracias, majestad. Seguiré su orden!

Mahdi salió de inmediato del palacio de Cadi, sin embargo, a ella eso no le importó, despidió al rey y luego se dedicó a pensar y organizar la bienvenida de su hermano.

Empezó redactando una pequeña carta. Luego, preguntó a sus doncellas como ellas recibirían a un familiar muy querido, y anotó cada una de las ideas en una hoja de papel, y descartó aquellas que no le parecía. Finalmente, decidió hacerle un banquete y como el rey había sido tan exigente en cuanto a las reglas del palacio, Cadi decidió invitarlo también. Por ello probablemente la comida se celebraría en el gran palacio imperial del rey, de esa manera, evitaría que un hombre diferente al Califa entrara al harén.

Aquella idea le pareció estupenda. Decidida se dispuso a llevarla a cabo. Solo debía esperar la llegada de su hermano.

…

Ezra caminó con lentitud hacía la plantación de rosas que tenía en su palacio. Tras ella era ya una costumbre tener a Didi siempre pendiente de su integridad, el muchacho miraba con atención cada paso de Ezra, buscando ser de ayuda y evitar que esta diera un paso en falso.

—Están hermosas, se ven alegres y rozagantes.

—Mi señora, la doncella Sahabat es la encargada de sus rosas, mire están hermosas.

—Sí, recompénsala.

—Así lo haré.

Ezra siguió su caminata por el jardín con aparente tranquilidad hasta que la señorita Yasmina le informa que la doncella personal de la reina Khatri estaba en el recibidor.

—Dice que la reina la solicita en su palacio.

—Concubina imperial, no creo que deba asistir. Algo me dice que es peligroso.

—Pero no tengo alternativa, es la reina…

Finalmente, Ezra aceptó ir hasta el palacio de la reina. Didi insistió en acompañarla y así no dejarla sola. Cuando Ezra entró al palacio de la eterna luz no pudo evitar sonreír y mirar con asombro toda la belleza y lujo del lugar. Aquel palacio era muy diferente a cualquier otro, los pabellones brillaban intensamente a causa del mármol finamente pulido, y los postes que sostenían el lugar estaban hechos con la más fina madera de ébano. También, el lugar estaba lleno de azulejos con hermosos y elegantes grabados.

Ezra estaba muy sorprendida, pues, su palacio a pesar de ser lujoso, no lo era tanto como aquel, el suyo no tenía aquella piedra blanca y en su lugar había piedra roja.

La Concubina imperial Azzar estaba tan embelesada con toda esa visión que no se percató que una mujer avanzaba con rapidez hacia ella. La doncella de palacio embistió a Ezra con la palangana que traía en las manos haciéndola trastabillar y como consecuencia empezó a caer de manera vertiginosa.

[...]

Ezra abrió los ojos asustada mientras su cuerpo iba cayendo, lo único que pasaba por su mente, era que si caía al suelo, el bebé sería el más afectado, sin embargo, ella ya no podía hacer nada. Con los brazos trató de agarrarse del muro que tenía en frente, en una de sus brazadas, sintió como alguien trataba de sostenerla. Ezra trató de agarrarse con todas sus fuerzas.

Didi había agarrado a Ezra por uno de sus brazos, y en cierta forma pudo disminuir el golpe de su caída. Arrastró a Ezra, y cuando esta cayó en vez de golpear su vientre, golpeó su rostro.

—Mi señora, ¿está bien?

Didi estaba desesperado, miró a su alrededor buscando a la doncella que había causado aquel accidente, pero la doncella ni siquiera paró a ver lo que había causado, en su lugar corrió hasta perderse entre los pasillos.

—¡Ayuda! ¡Alguien que me ayude! —gritó

Del palacio de la eterna luz salió la doncella de la reina, y al ver a Ezra allí tirada corrió para ver lo que pasaba, casi de inmediato, la reina salió de la sala y abrió su boca sorprendida.

—¿Qué pasó? —dijo preocupada mientras sus ojos quedaban fijos en Ezra.

—Majestad, una doncella empujó a mi señora, pude evitar que se golpeara el vientre, pero en su lugar se golpeó la cabeza. —dijo casi que gritando

Abban, doncella personal de la reina miró a Khatri con miedo y esperando alguna orden por parte de su ama.

—Abban, llévala a una de las habitaciones, trae al médico imperial… y busquen a esa doncella —ordenó Raita

—Majestad, no pude ver el rostro de la mujer, eso hará más difícil su búsqueda. —objetó Didi

La reina Khatri ignoró las palabras del eunuco y entró a la sala de nuevo. Ella estaba asustada y a la vez enojada, pues alguien había utilizado aquel encuentro con la concubina imperial Azzar para hacerla quedar mal, de seguro, si aquello se sabía en todo el haren, le echarían las culpas. Sin embargo, la reina no había sido la causante de tal accidente, ¿quién pudo haberlo hecho?

—Abban, ya hiciste lo que te dije —preguntó a la doncella cuando esta ingresó a la sala

—Sí, majestad…ummm…. ¿Qué hará? De seguro le echarán las culpas. Aquel accidente tuvo una finalidad… hacer abortar a la concubina.

—Pero yo no fui, ¿Quién está tras todo esto? ¿Quién?

—Majestad, debe hacer algo. Si el rey se entera pensará que fue usted.

—Cierra las puertas del palacio, no dejes que nadie salga.

—Majestad, pero el eunuco jefe del palacio de la belleza eterna salió.

—¿Qué? ¿Por qué dejaste que saliera? —dijo alarmada.

—Lo siento, alteza.

—Oh, ya estoy desgraciada.

…

Didi salió del palacio de la reina una vez tuvo la oportunidad y buscó rápidamente al rey, le avisó todo lo que había ocurrido a la concubina imperial Azzar. En ese momento, el rey salió apresurado del palacio imperial destino al palacio de la eterna luz.

Pronto Mahdi llegó al lugar y caminó acelerado hasta entrar en la sala de la reina.

—¿Qué pasó?

—Majestad, la concubina imperial Azzar tuvo un accidente mientras trataba de entrar a una audiencia conmigo.

—¿Por qué la llamaste? Sabes que también está embarazada.

—No pensé que esto ocurriría

—¿No pensaste? Si algo le pasa a ella, te culparé a ti. —La amenazó.

—¡Majestad, yo no hice nada, no fui yo! —trató de defenderse

—Pero este es tu palacio, y lo que ocurra aquí es tu responsabilidad sea malo o bueno —dijo antes de abandonar la sala.

…

El rey corrió las cortinas de la habitación y encontró a Ezra acostada sobre el lecho. Las doncellas corrían de un lado a otro tratando de hacer todo lo que el médico les decía.

—Saludos, majestad —dijo el médico cuando lo vio

—¿Cómo está?

—Majestad, ella está bien. Solo se golpeó un poco fuerte parte de su cabeza.

—El bebé…

El médico sonrío mientras también negaba con la cabeza.

—Su bebé imperial también está bien. —dijo

Aquellas palabras tranquilizaron al rey, quien de inmediato bajó los hombros aliviado y se acercó hasta Ezra.

—¿Cuándo despertará?

—Estimo que dentro de unas pocas horas. No debe preocuparse, ya he dado instrucciones a su doncella personal, la señorita Yasmina.

—Está bien, me iré.

—Despido a su majestad.

—Cuida bien de ella —dijo mientras pasaba el umbral de la habitación.

—Sí, majestad.

El rey iba saliendo del palacio de la eterna luz junto con todo su ejército de eunucos cuando la emperatriz corrió hasta él acelerada. Raita se arrodilló frente al rey tratando de ablandar su corazón.

—Majestad, le aseguro que no fui yo —dijo desesperada

—Raita, sabes que todo apunta a qué fuiste tú.

—No es así, sí en verdad quisiera matar al hijo de la concubina imperial Azzar, ¿cree que lo hubiese hecho en mi palacio? No soy tan estúpida.

—Estúpida o no, eso no cambia que Azzar casi aborta en tu palacio.

—Majestad, por favor, déjeme investigar.

—¿Investigar? Eso lo haré yo.

—¡Gracias, majestad! —exclamó aliviada

—No cantes victoria —la mujer miró nuevamente al rey y en sus ojos se pudo ver la incertidumbre que sentía —Te mantendrás encerrada aquí hasta que la investigación se aclarezca o que nuestro hijo nazca, lo primero que ocurra.

—Pero majestad, no puede humillarme de esa forma, soy la reina, soy su familia—reprochó

—Por lo mismo que eres mi familia no te someteré a más humillación, de no ser así, ¿crees que sólo te encerraría en tu lujoso palacio? ¿acaso no recuerdas como terminó la consorte Akil? —gruñó en su oído.