Chapter 30.

. Intentos.

Pasó rápidamente dos semanas y llegó el fin de semana. Roman y yo no dormimos juntos en ninguna ocasión desde la noche anterior. Pensé que habría un retroceso abismal ahora que nosotros no salíamos, que el regresaría a ser como antes, pero luego esa noche dijo que planeaba recuperarme y al parecer iba en serio. Era muy extraño, pero agradable. Nunca podría haber imaginado a Roman intentando enamorar a alguien, pero ahora que lo veía era tan increíble, no lo podía creer, aunque no estaba segura de lo que yo misma quería.

Pensé que sería incómodo hablar o siquiera acercarnos, pero no fue así. Seguimos desayunando y cenando juntos, él me hablaba de su día o me preguntaba sobre el mío. A veces era extraño como la noche del miércoles en que yo estaba en la sala viendo una serie de crímenes y él llegó del laboratorio. Se echó a mi lado, conversamos sobre teorías de quién había matado a la señora Nancy y en un momento dado, el de forma inconsciente, agarró mi mano y continuó viendo el programa. Esperé a que se diera cuenta de que había sido inapropiado, pero no fue así, incluso pasaron unos segundos y él apoyó su cabeza en mi hombro. De inmediato me enderecé y el al verme apenada fue que pudo percatarse de que no debía hacer eso, que ya no podía. Pensé que ahora que le había dicho no lo volvería a hacer, pero la mañana de jueves mientras cocinaba, Roman se acercó por detrás y me abrazó por mi cintura.

-¿Qué se supone que haces? –Pregunté.

-Abrazo a mi Urano.

-Roman…

-Tengo algo para ti. –Me soltó y vi que puso un collar en mi cuello en forma de corazón, era plateado. Mire el dije varios segundos mientras él me lo ponía. No sé por qué me daba algo así justo ahora. Recuerdo que en nuestros primeros meses juntos él era tan torpe con los regalos que si se hubiese tratado de otra persona habría pensado que era una broma, pero era Roman, de él sí podía esperarse algo así. Me regaló muchas cosas, pero nada normal. Por algún motivo siempre me traía comida, decía que yo que soy un poco cutre podía comer cualquier comida de la calle sin que me importase los gérmenes, entonces me traía muchas cosas callejeras y yo no me oponía a ello, ¿a quién no le gusta la comida que engorde? A veces me traía extraños accesorios, como el broche en forma de escoba o los aretes de espantapájaros, entre otras cosas. Incluso una vez me dijo que me llevaría a comprarme un vestido que me sorprendió viendo en mi laptop, pero con la condición de que el pudiera maquillarme. Ese día parecía una ramera, no había otra forma de describirlo, aunque fue divertido. Este era el primer regalo normal que me daba y creo que lo hacía porque esperaba que lo viese diferente, que quisiera considerar la posibilidad de regresar o algo así, pero no podía. Si regresaba con él tan rápido y sin él luchar por ello, pensaría que yo siempre sería así de fácil de ceder, que puede equivocarse y un par de días después estaré como una tonta en sus brazos, pero no será así. No tan fácil.

Entonces esas noches el me ayudaba en mis cosas y esto no era algo extraño, antes también me ayudaba a revisar exámenes y ese tipo de cosas, pero ahora aprovechaba cada oportunidad que tenía para acercarse cuando me distraía y besar mis mejillas o abrazarme. El fin de semana pasado, llegué en la tarde el sábado después de estar en la escuela, a la hora en que llegué sabía que el ya estaría en casa porque los sábados trabaja hasta las tres, pero al llegar vi un par de bolsos en la sala y al asomarme, vi que en uno había ropa mía. ¿Qué carajos?

-¿Me mudarás sin que lo sepa? –Pregunté cuando lo vi salir de mi habitación.

-No, iremos a Cartagena.

-Mi auto no creo que aguante un viaje de dos horas.

-Lo sé. –Escuché la bocina de un auto proveniente de afuera. –Nos iremos en una van, regresaremos el lunes.

-Roman, no puedes decidir cosas por mí, ¿quién te dijo que quería ir allá?

-No necesito tu consentimiento. –Se acercó rápidamente, agarró mi rostro y me dio un profundo beso, no alcancé ni a reaccionar. Mi corazón se aceleró. –No lo necesito porque eres mía. –Sonrió y lo vi agarrar los bolsos y salir. Salí detrás de él. –Ven. –Me hizo señas.

-Mierda Roman.

-¿Qué pasa?-Se acercó a mí.

-Hoy saldré con Julien.

-Lo harás después.

-No Roman, ¿cuál es tu problema? No puedes decidir por mí, si piensas que haciendo estas cosas regresaré contigo piensas muy mal.

-Urania. –Agarró mi muñeca. –No me rechaces, pagué mucho por este viaje. Cartagena es un lugar muy costoso.

-Lo sé, pero nadie te dijo que lo hicieras.

-Ven conmigo, por favor.

-No lo haré. –Me di la vuelta. –Y deja mis cosas adentro.

Entré a mi habitación y saqué mi laptop. Empecé a llenar unas planillas de notas atrasadas que tenía. No entiendo por qué tiene que hacer estas cosas, no sé cuál es su problema. Transcurridos unos treinta minutos lo vi entrar a mi habitación. Se sentó a mi lado, resoplé.

-Urania.

-Estoy ocupada Roman.

-Lo sé, ¿puedes mirarme solo un momento? –Me di la vuelta y lo miré. –Logré posponer la fecha de viaje.

-Deberías cancelarlo, me molesta que creas que puedes decidir por mí.

-No lo volveré a hacer. –No respondí, seguí llenando las planillas. Roman guardó silencio un par de minutos. -¿Puedo preguntarte algo?

-Dime.

-Pero quiero que seas sincera. –Asentí, lo miré a los ojos. Se veía extraño, como preocupado. –Te rehusaste a venir conmigo porque ahora sales con Julien, ¿no?

-Somos amigos.

-Llevas dos semanas saliendo con él todos los fines de semana e incluso viene a recogerte, veo cómo te mira. –No me miraba a los ojos, miraba sus dedos. Movía sus manos de forma compulsiva. –Incluso anoche que te trajo de cenar, vi que te abrazó y yo… me sentí muy mal. Yo ni siquiera puedo tocarte.

-Roman, ¿qué hiciste que ya no puedes tocarme?

-Lo sé, lo sé bien. –Se puso de pie, desvió la mirada y mordió sus labios. Hace eso cada vez que se desespera, conozco cada uno de sus gestos. –Creo que iré a caminar un rato.

-¿Dónde irás?

-¿De verdad te importa dónde voy? –No alcancé ni a responder cuando ya había salido de mi habitación.