Chapter 29.

. Seguir.

Recuerdo que esa noche al salir, él estaba en la sala sentado en la mesita haciendo los trabajos de la semana y me miró cuando me vio salir vestida de la habitación, creo que intentó reprimir las ganas de decir algo porque en verdad se notaba, pero no dijo nada.

Julien y Justin pasaron por mí a eso de las seis, también estaba Valeria, la chica que Justin planeaba conquistar y que aún con muchas citas no había podido, creo que lo ve como yo los veo a ellos, es decir, como amigos porque él nunca se le ha confesado directamente, solo con comentarios al azar que sé que ella no entendió, no es que sea la chica más brillante, pero me agrada, nació el mismo año y el mismo mes que yo, Justin es mayor que nosotras por tres meses y Julien sí por un par de años.

Fuimos a ver una película que se llama Glass, yo había visto la primera, también la segunda y creo que me gustó más la primera, la tercera no tanto, sobre todo el final, pero aun así me gustó porque estuve con buena compañía. Luego de la película fuimos a jugar bolos, yo solía venir antes cuando estaba en la escuela y me gusta, por eso me gustó tanto regresar y me sentía bien, pero luego a veces me sentaba o al ver a alguien pasar parecido a él, recordaba a Roman y en la forma en que lo vi llorar hace unas horas. Yo lo conozco, sé que me decía la verdad, sé que besó a Melissa no por atracción, sino por hacerme enojar, pero es justo esa actitud lo que me hizo querer alejarme de él al menos por un tiempo, no lo sé, odio que tenga que ser tan rencoroso, no lo entiendo.

Regresé a casa casi a las diez y entré empapada porque llovía fuerte desde hacía muy poco, incluso la fuerte luz de un rayo hizo sobresaltar a Justin quién se asustó, pero intentó disimular por no avergonzarse frente a Valeria.

Entré y caminé directamente hacia la ducha porque me alcancé a mojar por completo. Me bañé y noté en ese momento que ya todo no sería como antes. En un principio yo entraba ropa a la ducha para que Roman no me viese caminar solo con una toalla encima, pero con el tiempo dejé de hacerlo porque tenía tanta confianza en él que hasta me vestía delante de él, pero ahora tenía que retroceder a como era todo en un principio. Dios…

Me sorprendí al entrar a mi habitación y verlo sentado en el borde de mi cama, estaba segura de que estaría en su habitación.

-¿Por qué estás acá?

-Está lloviendo, sabes que no lo soporto y es probable que haya un apagón. –Él ya me había confesado antes su temor a la oscuridad y a las tormentas nocturnas, esa noche en que me contó fingí darme por enterada, no quería que se sintiera avergonzado. Cada vez que llueve en Barranquilla hay una alta probabilidad de que se vaya la luz, decía la verdad y hoy peor porque llovía muy fuerte.

-Voltéate.

-¿Por qué? –Preguntó confundido y noté en ese momento lo mucho en que nos habíamos acostumbrado el uno en el otro. Vestirme delante de él había llegado a ser tan natural que él no me miraba con morbo o bueno, algunas veces sí en que me sorprendía tomándome cuando acababa de retirarme la toalla, me gustaba eso, de verdad me gustaba… ¿por qué tenías que arruinarlo todo?

-No me vestiré delante de ti.

-Te he visto mil veces Urania, conozco tu cuerpo de memoria.

-Tendrás que imaginarlo porque no me verás.

-No estoy aquí porque quiera verte desnuda, es que estoy seguro de que, si me quedo hoy en mi habitación, no podré dormir aún si deja de llover. Anoche no lo hice porque no te tenía a mi lado, hoy tampoco podré hacerlo si no estás y de verdad necesito descansar, tengo que rendir mañana, solo esta noche, ¿sí?

-Bien, bien. Vuelve en diez minutos. –Asintió y salió.

Regresó pasados unos quince minutos, ya yo me había acostado de lado y cubierto con la sabana porque hacía bastante frío, siempre es así cada vez que llueve. Entró en silencio, apagó las luces y se metió en la cama. No dijo nada en un largo rato, no podía dormir, esto era jodidamente doloroso. No sé cuánto tiempo pasó, pero luego sentí que se acercó demasiado, tanto podía sentir su respiración en mi cuello. Puso su mano en mi cintura, pero de inmediato la quitó.

-Roman, ¿qué es lo que haces?

-No haré nada, lo prometo. Solo necesito tenerte cerca. –No respondí, dolía, Dios, esto dolía. Nada de esto tendría que haber pasado, podríamos estar abrazados ahora mismo, pero tenías que arruinar todo lo que teníamos.

-No duermas mañana aquí.

-¿Por qué?

-Lo haces todo muy difícil.

-Haré lo que digas. –No respondí, pasaron algunos segundos. –Si no quieres tenerme cerca, dímelo y me iré, puedo mudarme si lo deseas, aunque es lo último que quisiera.

-No es necesario que te mudes Roman, ya es septiembre, en diciembre te irás.

-Lo había olvidado por completo. –No sé ni porqué dije eso, no lo dije de forma consciente. Pensar en eso ahora, teniendo a Roman tan cerca y estando de repente consciente de lo cerca que está que él se tenga que ir, me hace querer abrazarlo y besarlo, pero no puedo. Hace tan solo una noche lo vi besando con deseo a otra mujer, no puedo sacar esa imagen de mi cabeza. Es horrible, duele. No sé cuál de las dos cosas duela más. –No me iré en diciembre. –Comentó sacándome de mis pensamientos.

-Ahí acaba el año escolar, el primero y tu graduación será el cinco.

-Ya tengo un plan, no me iré. –Respondió confiado y me di la vuelta, sentía curiosidad.

-¿Qué pensaste?

-Sabes que yo soy más brillante que tú, ¿no es así?

-No sé hace cuánto no te escuchaba un comentario así.

-En el lugar en que trabajo como pasante, harán un proyecto de investigación con el gobierno y va a ser muy bien remunerado. Empezará en enero y lógicamente quieren al mejor que ha pasado por ese laboratorio, es decir, yo.

-Qué odioso eres.

-Me amas así, ¿no? –Chasqueé la lengua.

-Tu familia te va a querer en España, escuché que ya hasta pagaron parte de tu matrícula allá.

-Urania, incluso antes de vivir contigo le dije a mamá que no quería ir a una universidad, no tolero esos ambientes. Le dije que quería estudiar de forma virtual, no con la chusma, pero no me escuchó. Sé que la escuela ha sido horrible y no me quiero ni imaginar una universidad llena de gente sin talento o aspiraciones. No me iré, estudiaré por internet, trabajaré aquí y viviré contigo.

-No estamos juntos Roman.

-Lo sé. –Sonrió levemente. –Tengo aún unos meses para recuperarte, ¿no? –Quise sonreír, pero evité hacerlo o él se aprovecharía. Me di la vuelta y poco después me quedé dormida.

Esa mañana en la escuela fue bastante divertida. Hoy era semana de exámenes y es justo ahí cuando me desquito de los que se han burlado de mí todos estos meses. Sé que me tienen apodos, sé que dibujan mi cara en las sillas y no es que me moleste, pero en especial de Nicolás y su escuadrón es de quienes me voy a desquitar. El día de amor y amistad pasado el tonto de Nicolás me cantó una canción delante de todos, no dijo precisamente que era para mí, pero era muy evidente. Dijo que se la dedicaba a “Urano” y lo peor es que sus amigos le sirvieron de coristas, fue muy ridículo de ver. Lucila casi muere de la risa, pensé que se ahogaría y Roman estaba que echaba chispas, lo vi enojado al fondo. Lo peor no era ni siquiera la indirecta más directa que haya presenciado, sino la letra de la canción. Era pobre, mala y vulgar, tanto que la directora los echó y desde ahí, todos me hacen bromas con él de muy mal gusto, así que hoy será mi momento de brillar.

Sabía que ese escuadrón de inútiles, no habían estudiado nada de geografía y como en una prueba pasada que les hice los descubrí cambiándose los exámenes, podía darme el lujo de hacerles el examen esta vez oral y solo a ellos. Pasó uno a uno al frente, cada uno respondiendo peor que el anterior, entre los tres ni siquiera llegaban ni a los 100 puntos, entonces Nicolás pasó de último. Caminó de forma altanera y con exceso de confianza. Incluso sonrió a sus compañeras y luego me miró enarcando una ceja. Odio cuando hace eso, me revuelve el estómago.

-Parece que estudiaste, ¿no?

-Un poco, tengo todo memorizado. Es difícil no escuchar lo que sale de tus bellos labios. –Escuché murmullos y risas, luego yo reiré.

-¿Cómo era la economía en las comunidades primitivas? –Pregunté, Nicolás abrió los labios, pero luego los cerró. Se quedó en blanco.

-Paso.

-¿Qué forma de gobierno se manejaba?

-Capitalismo. –Respondió sonriente.

-Comunismo agrario. –Corregí.

-Mierda.

-Siéntate mejor, no sabes nada.

-No, no, no, hágame una última pregunta.

-¿Por qué no funcionó esta forma de gobierno?

-Por la tecnología. –Respondió orgulloso y escuché las risas de todos, era la respuesta con menos sentido que había escuchado en todo el día. -¿El patronato? ¿Mayorazgo? ¿Fidel Castro?

-Fidel Castro no había nacido.

-Mierda.

Qué bonito se sintió calificar mal a cuatro inútiles que realmente merecían ser calificados mal, aunque poco pareció importarles porque luego vi a los tres salir sonrientes con unas chicas y Nicolás se fue atrás de mí a acompañarme hasta mi auto. Maldición.