Chapter 28.
. Confrontación
Regresé a casa en la tarde del día siguiente, a eso de las cuatro. Era domingo, normalmente este día siempre salgo con Roman, pasamos la tarde juntos en algún lugar que él me invita, porque él siempre se rehúsa por algún motivo a que yo pague o cosas así, pero hoy era todo tan diferente. No sabía ni siquiera que le iba a decir, las otras veces en que el me hizo enojar era diferente porque no éramos novios y eran cosas que se podían solucionar, pero esta vez me fue infiel, rompió toda la confianza que tenía en él y yo no soy de confiar dos veces en una persona.
Julien estacionó, les dije que tomaría un taxi ,pero ambos se rehusaron y quisieron traerme a casa. Justin me recordó que pasarían por mí para ir con ellos al cine más tarde en la noche, así que solo asentí y me despedí, también les agradecí por haberse portado tan bien conmigo cuando en verdad lo necesitaba.
Me bajé y sin pensarlo, caminé y entré a mi casa. Quería encerrarme en mi habitación y dormir al menos un rato ya que anoche no pude hacerlo, pero al entrar a la sala, vi a Roman sentado en la mesa mirando algo en su laptop. Desvié la mirada y caminé rápidamente hacia mi habitación, pero él me detuvo antes.
-¿Dónde estabas? Te he buscado por todos lados, fui a la casa de Mateo, a la de tus antiguos compañeros, a los lugares que sueles ir, incluso a tu antiguo vecindario, pero no te encontré en ningún lugar.
-No estaba ahí. –Intenté que se moviera de mi puerta, pero no quiso hacerlo. Me miró de pies a cabeza.
-¿Traes ropa de hombre?
-Me la prestó Justin.
-¿El hermano de Julien? ¿Te quedaste con ellos? –Preguntó alterado y resoplé.
-No estás en una posición como para reclamar.
-Te he buscado precisamente porque necesito hablar contigo.
-¿Sobre qué Roman? ¿Cómo piensas explicarme algo que está más que claro? Te vi, por dios. Aprovechaste que me fui para besuquearte con la primera que se te apareció y lo peor es que lo hiciste en un lugar público, donde todos sabían que eras mi pareja, me dejaste en ridículo.
-No te enojes, por favor. –Agarró mis hombros y ni siquiera lo miré a los ojos. Estaba enojada como nunca lo había estado, ni siquiera cuando destrozó el auto de mi abuelo me sentí de esta manera. Su voz se escuchaba preocupada y tenía los ojos cristalizados.
-¿Estarías feliz si me hubieses visto besar a Julien?
-¡No! Dios, ni lo digas en broma. –Intentó abrazarme, pero fuertemente me alejé porque quería abrazarme a toda costa, pero no lo iba a permitir. -Urania. –Puso su mano en mi cintura, de inmediato se la quité. –Yo… no hice eso por lo que estás pensando, yo… quería que vieras.
-¿Qué demonios te sucede?
-Estaba enojado contigo porque no te molestó que ella se sentara a mi lado ni que estuviera descaradamente coqueteando conmigo, me molesté muchísimo y pensé en irme, pero luego te vi bailar con el estúpido profesor y pensé que debía hacerte sentir como yo me sentía. Estaba muy tomado, me di cuenta de que había tomado una pésima decisión cuando al besarla, sentí un sabor a chicle que me repugna, no el tuyo porque tu labial siempre sabe a cereza, me gusta mucho y pensé en los gérmenes también, pero no me detuve porque no nos habías visto. Ella no me gustaba, no me gustan los seres humanos en general, solo tú.
-Eres un maldito rencoroso. –Logré escabullirme y entrar a mi habitación, pero al intentar cerrar la puerta, Roman la sujetó e impidió que lo hiciera. Entró y se acercó a mí, intentó besarme, incluso sujetó mi espalda y mi nuca, pero no se lo permití, incluso llegamos a forcejear porque él no me dejaba alejarme y yo no quería que me tocara. -¡Suéltame! No me obligues.
-Necesito besarte.
-¡Y yo que me sueltes!
-No puedo, te irás si te suelto. –Podía sentir la desesperación en su voz.
-No dejaré que me beses después de haber besado a otra en mis narices Roman, pensé que te importaba. –Me soltó de repente, bajó la mirada, lucía completamente avergonzado y tenía los ojos tanto como el rostro, enrojecidos.
-Lo siento, lo siento. – Me senté en el borde de la cama e intenté respirar, pero me costaba, me costaba reprimir las enormes ganas de llorar que tenía, pero no pude hacerlo más cuando vi a Roman arrodillarse y hundir su rostro en mis piernas, sabía que lloraba también, podía sentir la humedad de sus lágrimas en mis piernas y su respiración agitada. –Sé que tomo malas decisiones siempre y que me equivoco, pero te adoro Urania, nunca podría nadie hacerme sentir como tú lo haces.
-No digas nada Roman, no hay nada que puedas decir.
-No digas eso… -Levantó su rostro y tomó rápidamente mis manos antes de que las quitara. Era horriblemente doloroso verlo así. –No me dejes, no lo hagas, por favor.
-Roman me engañaste delante de todos.
-Lo sé, sé lo que hice, pero no lo volveré a hacer. No pude ni dormir al pensar en que te había perdido y ni siquiera he podido comer, no he podido hacer nada y solo es una noche, no quiero imaginar cómo será perderte por siempre. No puedo sin ti Urania. Te necesito.
-Debiste pensar en eso ayer.
-Me odio en este momento. –Desvió la mirada, limpió sus ojos y luego jaló mi brazo, me hizo sentarme sobre él y me abrazó, intenté liberarme con todas mis fuerzas, pero él podía más que yo. Se rehusaba a soltarme. –No me gusta tu olor.
-¿Qué olor tengo? –Pregunté confundida.
-Esta ropa huele a perfume de hombre, no me gusta.
-Debe ser el perfume de Justin.
-¿Por qué usas su ropa? –Preguntó sin soltarme, no sonaba enojado, se escuchaba más bien temeroso, como si no quisiera oír la respuesta.
-Era incómodo dormir con un vestido de fiesta.
-Urania… por casualidad, no estuviste con ninguno de los dos por vengarte de mí, ¿o sí? –No respondí, intenté liberarme, pero no me soltaba de ninguna forma. –Urania, por dios, ¿estuviste con Justin?
-No.
-¿Y con Julien?
-Roman, suéltame. Estoy incómoda.
-Por favor dímelo, me muero si estuviste con él. –Hundió su rostro en mi clavícula, creo que nunca había visto a Roman tan mal, ni siquiera cuando tuvo su episodio en la azotea meses atrás. –No me digas que lo hiciste.
-Claro que no lo hice, porque no te lastimaría como tú lo hiciste conmigo.
-Lo sé, lo sé. ¿Podrías perdonarme?
-Roman…
-No puedo permitir que me dejes, no lo voy a soportar.
-Roman, ya no confío en ti. No puedo estar con alguien que siempre va a estar pensando en vengarse de mí, que si un día llego tarde te desaparecerás o si alguien baila conmigo te irás a andar besando mujeres.
-No volveré a hacer eso…
-Ni tú mismo sabes qué harás cuando te enojas, no puedes controlarlo. Lo siento, pero no puedo seguir contigo. Me has hecho muchas cosas malas antes y las dejé pasar, y sé que podrás decir que un beso es algo insignificante pero para mí no lo es porque yo confiaba en ti, pensé que solo querrías besarme a mí, pero ahora que te vi haciendo eso, no puedo sacarlo de mi cabeza, se rompió la imagen que tenía de ti, el ideal de que eras bueno, de que siempre me habías querido, que solo me mirarías a mí…
-Siempre te he mirado solo a ti.
-Ya no es así. –Me miró a los ojos e intentó besarme una vez más, pero no se lo permití.
-Por favor, déjame besarte, así sea solo una vez.
-No.
-No me dejes. –Me abrazó por mi cintura y lo escuché sollozar, tuve que morder mis labios.
-Lo siento. –Dije yo estaba vez, el secó sus lágrimas y asintió.
-Urania…
–Sal. –Miró fijamente el piso unos segundos, pero de repente se levantó y salió, así como saldría de mi vida en ese momento.