Chapter 27.

Boda de mis amigos.

El viaje de regreso fue bueno y malo, aunque más bueno que malo porque no tuvimos que hacer más paradas educativas a excepción de la hora del almuerzo. Esta vez me tocó ir de regreso en el autobús de los chicos de once porque Lucila me pidió que la acompañara porque ella es mucho más estricta que Julien (él es muy blando) y Gabriela no logra que la respeten. Cuatro de estos chicos se agarraron a golpes anoche con gente local, tanto que llegó una patrulla y los detuvo un par de horas. Como era de esperarse, la pelea fue del grupo de Nicolás porque perdieron en un juego de azar. Lucila casi los consume a gritos cuando logramos que los soltaran en la madrugada, ellos mantenían la mirada fija en sus zapatos, le tenían miedo. Por eso ella era la que traía este grupo de regreso para evitar nuevos inconvenientes.

Dormí casi todo el viaje y llegamos a Barranquilla a eso de las cuatro de la tarde. Mateo nos fue a recoger a Lucila y a mí al terminal, pero a Roman lógicamente no lo pudo recoger por no levantar sospechas.

Después de ese viaje pasaron varios meses, llegó septiembre en un abrir y cerrar de ojos. Sucedieron varias cosas interesantes en estos meses, como la esperada boda de mis mejores amigos. Se casaron exactamente el 28 de septiembre en el castillo de salgar, este es un lugar bastante habitual para realizar este tipo de eventos, aunque su boda fue bastante diferente a cualquiera que haya visto antes. No asistió tanta gente, solo unas setenta personas, Lucila no invitó a nadie de la escuela porque dice que nadie le agrada a excepción de Julien, quién sí asistió y él sabía de mi relación con Roman. No se enteró precisamente porque yo le dijera o que alguien lo hiciera, fue porque casualmente él nos vio agarrados de manos en una playa y en la escuela me preguntó y no tuve más remedio que decirle. Para mi sorpresa no me juzgó y nunca le dijo nada a nadie, él es una muy buena persona en realidad, estos meses Lucila y yo nos hemos hecho bastante cercanas a él y a su hermano, son agradables, Justin también asistió a la fiesta. Así que pude ir con Roman y creo que ambos nos quedamos perplejos con todo lo que ocurrió esa tarde.

El castillo de salgar queda en una vía única que lleva hasta un alta pendiente donde queda este castillo sobre el mar, este antes era utilizado en la guerra para disparar cañones y demás, por esto se ha mantenido en el tiempo. Pensé que Lucila no haría una fiesta elegante ni nada por el estilo, pero sí lo hizo, gastaron mucho en esa recepción y eso que fue para poca gente, les quedó todo muy bello. Me puse un vestido rosado con pedrería que usé alguna vez en una boda de unos vecinos y para mi sorpresa, Roman tenía un traje elegante, esa fue la primera vez que lo vi vestido así. Dios, se veía precioso, no sé ni por cuánto tiempo me perdí viéndolo cuándo lo vi en la sala terminando de organizar su traje, pero dejé de hacerlo cuándo me descubrió y desvié la mirada avergonzada. Recuerdo que me sujetó y quiso arrancarme el vestido, pero no se lo permití porque ya íbamos retrasados, aunque en la noche si le dejaría quitármelo…

El imbécil de Mateo mintió y contrató a un hebreo para que los casara fingiendo que tenían ascendencia israelí, casi muero de la risa al ver a ese pobre hombre, escuché las murmuraciones de todos al verlo porque cualquiera que conociera a ese par, sabe que ellos son las personas más ateas que existe, pero lo hicieron fue solo para tener las fotos de recuerdo. Lucila se puso un enorme vestido blanco de corte princesa que era tan grande que le costaba caminar, pero dijo que valió la pena. Mateo se puso un traje azul y vaya, se veía muy bien en realidad. Cualquiera que pasara cerca pensaría que ellos son una pareja normal que por fin pudo cumplir su sueño, pero nada más alejado de ello. La mitad de las personas que estaban aquí habían dormido con por lo menos uno de ellos o en el peor de los casos, ambos.

Después de la ceremonia, la fiesta la hicieron afuera, en el césped frente a la pendiente, el mar se veía debajo, me daba vértigo de tan solo pararme cerca, era muy alto. Tocó una banda de unos chicos que estudiaron con Mateo y yo en la universidad, vi a varios antiguos compañeros. Ya todos tienen hijos feos, menos él y yo por fortuna. No sé si quiera tener hijos, no creo que deba pensar en eso aún, aunque creo que nunca he pensado nada al respecto.

La recepción transcurrió bien, sin mayores inconvenientes hasta que empezó a anochecer. Roman y yo nos sentamos en la misma mesa que mis antiguos compañeros y se los presenté, el no habló mucho como era de esperarse, pero sé que les agradó a todos, en especial a Melissa, quién estaba un poco ebria y miraba a Roman como si quisiera devorarlo con los ojos. Ella nunca fue mi amiga, era extraña y no en el buen sentido. Siempre parecía tener sueño y era una persona poco fiable, pero en tan solo en el momento en que él y yo nos separamos porque como madrina me tocó estar presente en la interminable sección de fotos, Melissa de inmediato se le acercó y vi que agarró su brazo. Eso fue muy divertido porque ella no sabe con quién se metió, ni pensé en acercarme a ellos porque sería tedioso “hacer una escena de celos” y enfoco esto porque no soy celosa, no sé ni por qué no lo soy o no lo sé, los demás chicos nunca me interesaron lo suficiente como para sentirme de esta manera y Roman…bueno, lo adoro como a nadie, pero confío ciegamente en él, sé que no tengo que pensar en ese tipo de cosas, no tengo que hacerlo. Aunque es probable que le enoje que no le reclame, pero sé que él jamás se fijaría en ella o bueno, eso es lo que pensaba.

Terminé de estar presente en las fotos que debía y Mateo me jaló para bailar una música muy extraña que sonaba, era polca rusa, llevaba años sin escuchar ese tipo de música, no es de mi agrado. Solo la conocí por un antiguo profesor de la universidad y esto es muy difícil de bailar para alguien occidental. Sé que puso este tipo de música porque estaban los rusos con los que solía él andar en sus borracheras del 2014, el año en el que él se fue a Kiev de intercambio y todos sus amigos venían de Rusia. Fue cómico verlos a ellos bailar esa música, movían sus pies muy rápido y dando saltos imposibles para mí. Después de un rato bailé con Lucila, Justin y Julien, o a mi parecer bailé porque estaba lejos de asemejarme a los rusos. Debo admitir que fue muy divertido bailar con ellos.

Después de un rato, observé alrededor y no vi a Roman ni a Melissa, les pregunté a mis antiguos compañeros y nadie supo responder, ninguno se dio cuenta. Julien y Mateo me acompañaron a caminar alrededor por si algo había ocurrido, hacía frío por la hora, ya estaba oscuro, eran cerca de las ocho de la noche. Entramos a la recepción, donde solo estaban los cocineros, meseros y los baños, toda la fiesta era afuera. Mateo nos iba contando sobre los precios de los tiquetes a Cancún donde celebrarían su luna de miel cuando vi que se detuvo y miró sorprendido algo que estaba en frente. Julien y yo miramos también y… me quedé helada. Roman besaba a Melissa, estaban cerca a unos de los baños. La besaba de una forma torpe, extraña, no lo sé, pero la besaba. Desvié la mirada y tuve que tomar grandes bocanadas de aire para no romper en llanto. Pensé que soñaba, que era alguna clase de horrible pesadilla, pero esto estaba sucediendo. Mateo me miró preocupado y Julien agarró mi hombro, no sabía ni qué debía hacer. Mordí mis labios y no pude más evitar el llanto. Mi rostro se llenó de lágrimas, pero eran más lágrimas de enojo que de tristeza, porque confié plenamente en él, porque todos estos meses le di todo de mí, hice hasta lo imposible por hacerlo feliz y el me lo devuelve de esta manera, besando a la primera que se le aparece, literalmente.

Mateo se separó de mí y se acercó a él, agarró su hombro y lo hizo girar de un tirón.

-Roman, ¿qué mierda? –Él lo miró sorprendido y luego miró hacia atrás, me miró, abrió los ojos y de inmediato bajó la mirada, se veía avergonzado.

-¿Quieres quedarte aquí? –Preguntó Julien a mi oído, negué con la cabeza. Nos dimos la vuelta y Roman se acercó rápidamente y agarró mi brazo. No pude ni siquiera mirarlo a los ojos, estaba tan ofendida que sentía que, si lo miraba, lo empujaría o terminaría gritándolo incluso.

-Tengo que hablar contigo. –Miré hacia atrás, Melissa se había esfumado del lugar como buena cobarde que es. Ya una vez se escondió de mí por una semana cuando no me mandó su parte del proyecto de grado.

-¿Por qué no vas y buscas a Melissa a ver si accede acostarse contigo?

-¡No haría eso con ella!

-Si nosotros no llegamos, ¿qué hubiese sucedido en los baños Roman? –No respondió, estaba en blanco. Se veía nervioso e incluso, aterrado. Le costaba vocalizar y francamente yo quería era ahorcarlo.

Caminé fuera del salón y Julien me siguió, también Mateo. Nos detuvimos en el estacionamiento.

-Urania, no creo que tengas ánimos de seguir de fiesta. –Comentó Mateo.

-Quiero irme, no me siento bien. –Respondí con total honestidad. Quería esconderme en un rincón y llorar hasta que no pudiera hacerlo más, si me quedaba sabía que les arruinaría el momento a mis amigos y no quería eso, lo mejor sería irme. –Tengo que pedir un taxi.

-Yo te llevaré. –Comentó Julien, no traje mi auto porque sabía que en las bodas se bebe mucho, aunque hoy no bebí prácticamente nada, Roman sí, noté que estaba bastante pasado antes de bailar la música rusa. –Sólo espérame un segundo para buscar a mi hermano, no sabrá como regresar solo después.

Mateo me acompañó hasta que vimos regresar a Julien junto a Justin, sé que este último quería hacerme preguntas del porqué lucía de esta manera, debía tener los ojos hinchados y el maquillaje arruinado, pero Julien le hizo señas de que no dijera nada. Justin no es muy prudente, he notado eso en estos meses, aunque de igual forma es un chico genial.

El trayecto hasta mi casa fue tedioso, no pude dejar de llorar en todo el camino y al llegar, me dolía tanto la cabeza que sentía que me iba a explotar, era horrible. Me sentía fatal, no podía creer que Roman hubiese hecho algo como esto. Dios, confié tanto en él y creía conocerlo por completo, pero al parecer, él no es tan inocente como pensaba que era, resultó ser justo como todos los chicos con que he salido, que no pueden decirle que no a una chica atractiva que se les atraviese y… no lo entiendo. El alguna vez me dijo que estaba enamorado de mí… ¿cómo es que si lo está pudo pensar en estar con alguien más? ¿O eso era mentira también? Porque yo sí rechacé a Julien y a todo hombre que me ha escrito, la idea ni siquiera me pasó por la mente, cualquier cosa que pensara que podía hacerlo sentir mal ni siquiera era una opción factible para mí, siempre busqué su felicidad y al parecer, fui tan estúpida. Quería morirme.

Ni me di cuenta cuando el auto se había detenido en frente de mi casa. Me quedé quieta, si me bajaba probablemente Roman no tardaría en aparecer y no quería verlo, me sentía tan humillada. Lo peor es que Julien y Mateo lo vieron dejarme en ridículo. No podía verlo ahora, tengo miedo de como pueda yo reaccionar.

-Urania. –Vi el rostro de Justin asomarse desde el asiento trasero. –No quieres entrar a tu casa, ¿no?

Negué con la cabeza. –Creo que prefiero buscar un hotel al menos por hoy.

-¡No! ¡Te podrían violar ahí! –Se quejó Justin. –Hermano, que se quede con nosotros, ¿sí? Porfi. –Justin movió cómicamente a Julien por los hombros.

-Sí, por mí no habría ningún problema. Es preferible y nosotros podemos intentar levantarte el ánimo, ¿qué dices? –Preguntó sonriente y no supe qué decir, pensar en quedarme sola en casa de dos chicos no sé si sea una buena idea, aunque ellos son mis amigos… no lo sé.

-Me avergüenza incomodarlos.

-No nos incomodarías, menos a Julien que está enamorado de ti. –Comentó Justin sonriente y creo que tanto Julien como yo nos sentimos muy incómodos por esa broma. –No pongan esas caras que sabemos que no va en serio, anda, di que sí.

-Está bien.

Esa noche fue tranquila, lo que necesitaba. Ninguno de los tres durmió, Justin me prestó ropa suya que era la que más podía quedarme por Julien es muy grande y jugamos videojuegos hasta que vimos que empezó a amanecer, en verdad lograron hacerme sentir mejor. Incluso pude reír y dejar de sentirme tan mal.