Chapter 26.

Noches perturbadoras.

Al día siguiente retomamos la ruta hacia el desierto, se hicieron las paradas para dar las explicaciones del clima, el suelo y ese tipo de cosas, todas las di yo por ser la única de sociales, Julien solo era pasante. Por primera vez Roman me escuchó dar una clase, sé que tendrá algún comentario negativo que hacer después, pero no vi su reacción porque sería sospechoso si me quedara viéndolo. Traté de disimular lo más que pude.

Cuando se hizo de tarde, vi a todos observando felices por las ventanas cuándo entramos en pleno desierto, pero no pude dejarlos bajar como querían porque esta es zona indígena, ellos a veces se esconden y sin previo aviso, te atacan con flechas. Aunque lógicamente ya casi todos son un poco más civilizados, pero aún hay tribus aquí bastante primitivas. También es de saberse que es un poco peligroso por lo que trajimos armas. Estas son legales, ambas son de Julien y la directora fue la que nos aconsejó traerlas discretamente por cualquier eventualidad. Lógicamente los padres jamás se pueden enterar de que el trajo armas.

A eso de las tres, llegamos al fin al hotel en el cabo de la vela. Gracias al universo que hacía brisa porque aquí no hay electricidad, solo la ponen en las noches. Tampoco hay agua, llegan carro tanques que abastecen los hoteles y toca bañarse con tanques, como lo hacían en la antigüedad.

El hotel es bastante rústico, queda en el desierto y el mar está al frente, acá en el cabo hay bastantes hoteles, bares, lugares turísticos y restaurantes, pero todos de madera, con hamacas y cosas así, todo esto queda al pie de la playa, el pueblo es en forma lineal y solo hay una calle principal, no hay más vías porque el desierto está atrás. Todos los hoteles tienen hamacas, aunque donde dormiremos hay tres habitaciones, pero una ya está ocupada y las otras dos las usaremos los profesores. Yo soy pésima durmiendo en hamacas, la última vez que dormí en una fue en el parque Tayrona, cuando fui con mis padres y en la noche, me moví mucho y terminé cayéndome.

Julien acompañó a los chicos a la playa, todos fueron bastante emocionados, incluso llevaron inflables y cosas así. Yo entré a la habitación simplemente a ducharme porque tenía calor, pero al entrar al baño casi me muero del susto. Había un niño tenebroso escondido ahí, casi se me sale el hígado por la boca. Fulminé a Lucila con la mirada al escuchar su risa.

Me dormí hasta la noche para reponer las horas de sueño de la noche anterior y desperté a eso de las siete. Los chicos habían armado una especie de fogata y me rogaron que los acompañara, lo hice solo porque me pidieron de verdad que fuera, pero quería seguir durmiendo. Me senté en la arena, frente al mar junto a los chicos. Lucila estaba a mi lado intentando encontrar señal en su teléfono, pero aquí es inútil, no llega hasta aquí. Estaban todos aquí, incluso Roman estaba del otro lado junto a sus compañeros, pero sé que no lo hizo por gusto, sino que Gabriela no dejó que nadie se quedara en el hotel porque al parecer, vio a una pareja con intenciones de perderse para… lógicamente no iban a rezar un avemaría, pero yo no les hubiese dicho nada, lo harán se los prohíban o no.

Escuchaba a las Means girls criollas cantar y Lucila me miraba enojada, eran muy irritantes, no pasó ni media canción de ellas cuando vi al tonto de Nicolás acercarse. Se sentó a mi lado y me lanzó una mirada que estoy segura de que él cree que es provocativa.

-Bonita noche, ¿no crees? –Lo miré de reojo, Lucila me escribió un mensaje de burla en su teléfono y me lo enseñó.

-Mmm no sé tú, pero en mi época yo no tuteaba a los maestros.

-Yo tampoco, pero contigo es la excepción. –Lamió sus labios de una forma muy perturbadora, Lucila no dejaba de reír. Mierda. –No eres como las demás.

-Mira, allá tus amigos creo que van a empezar a jugar voleibol, ¿por qué no vas con ellos? –Quería quitármelo de encima, pero era imposible, parecía estar decidido a intentar flirtear conmigo.

-Prefiero estar en compañía de una mujer que despierte mi interés. –Maldita sea, odio la labia barata y más la de un chico inmaduro con exceso de autoestima que evidentemente busca ligarse a la profesora para quedar como un héroe con los tontos de sus amigos. Era muy evidente, podía ver a sus amigos mirarnos ansiosos. –Me gustan las mujeres con carácter, así como tú. Lo que hiciste el otro día no lo haría cualquiera, eres atrevida, me gusta eso.

-Me acabas de dar diarrea. –Me puse de pie y empecé a caminar, Lucila me siguió. Sujetaba mi brazo para no caerse porque reía tanto que le costaba respirar.

-Urania, Urania. –Intentó respirar fallidamente, pero no pudo. Volvió a romper en risas. -¡Fue genial! Muero. ¿Por qué le dijiste eso?

-Se me salió, me sacó de quicio. –Reímos.

El tercer y último día (porque el cuarto día se iría entero en el viaje de regreso), fuimos a las montañas cercanas, también a otras playas y lugares en que debía darles clases, todo el recorrido acabó a las cinco y por eso, les dejamos la tarde libre. Julien que es el que parece entenderse más con los chicos, se fue a jugar fútbol con ellos, las chicas en su gran mayoría fueron a tomarse fotos cerca y el resto, se metieron al mar donde Gabriela los vigilaba.

Lucila y yo aprovechamos que ellos estaban cuidando a los chicos para poder dar una vuelta e intentar disfrutar el rato. Nos fuimos lo suficientemente lejos en el pueblo como para no cruzarnos con ninguno de los chicos, confieso que estaba un poco harta de pasar tanto tiempo con ellos. Era demasiado, por eso nunca me gusta participar en este tipo de cosas.

Nos sentamos en la playa y Lucila consiguió un par de cervezas y francamente no lo hizo por querer embriagarse, sino que el clima estaba muy fuerte y aquí no se consigue agua potable, el agua es perseguida y escaza, conseguirla es difícil. Conversamos un rato, pero luego vi a un chico a lo lejos de unos veinte años o un poco menos que miraba atontado a Lucila, era sin duda de alguna de las etnias que viven aquí. Le hice señas a Lucila para que lo mirara y ella, quién no desaprovecha ninguna oportunidad, se acercó de inmediato a él y los vi alejarse.

Así que me quedé sola. Miré mi teléfono un momento y me percaté de que me había agarrado un poco de señal. Aproveché de inmediato y le escribí un mensaje a Roman indicándole donde estaba esperando que con suerte le llegara, lo leyera y decidiera venir. Pasó un rato, mucho tiempo, tanto que estuve a punto de irme porque ya estaba oscuro, pero luego miré hacia atrás y lo vi a lo lejos. Me buscaba. Le hice señas un rato, pero no me vio, por lo que me tocó caminar hasta donde él estaba. Se encontraba frente a un pequeño bar del estilo Hippie, me acerqué y lo abracé.

-¿Nadie te vio al venir? –Pregunté, negó con la cabeza.

-Pensé en eso y por eso me salí por atrás. De igual forma había una pelea, todos están viendo.

-Me gustó el mensaje que me dejaste la otra noche. –Admití, acarició mi rostro.

-Estuve esperando tu respuesta.

-No tenía señal.

-Tuve ansiedad estos tres días. –Confesó.

-¿Por qué?

-Porque no podía hablarte o tocarte. –Admitió avergonzado. –Me preocupa una cosa Urano.

-¿Qué pasa? –Hundió su cabeza en mi cuello.

-Cuando me vaya… -Lo interrumpí.

-No hablemos de eso, ¿sí?

-No hay forma posible de que me separe de ti. Estos tres días para mí han sido eternos, me da ansiedad el no tenerte cerca.

-Ya pensaremos en eso. –Besó mis mejillas, como estuve ocupada con todas las cosas del viaje, no pude pensar en si él se había sentido bien o algo así, no sé por qué no pensé en ello, pero ahora me dolía verlo así de preocupado.

-No pienso dejarte. –Besó mi frente, mi nariz. –No pienso alejarme de ti.