Chapter 24.
. Celos
Transcurrieron unos veinte días o más, quizás un mes, no estoy segura porque no contabilicé bien el tiempo. Si bien escuché alguna vez decir a papá que los días felices son los que más se pasan volando, era cierto. Nunca en mi vida entera había sido tan feliz como lo era ahora, tanto que perdí la noción del tiempo.
Desde ese momento empezamos a dormir juntos cada noche, sin falta y llegué a acostumbrarme tanto a su olor embriagador el cual me encantaba, me acostumbré a que sus brazos me envolvieran por las noches, a sus besos antes de dormir y acariciarlo al despertar. Me gustaba despertarlo llenando su cuello de besos porque abría los ojos sonriendo y me había vuelto adicta a esa sonrisa. Juro por dios que cada vez que lo veía sonreír me sentía feliz, dichosa, no pensaba en nada ni nadie más que él. Mis días giraban en torno a los suyos, a esperar a que llegara cada noche, a cenar junto a él, dormir junto a él. Esto era la felicidad para mí.
En la escuela a veces cuando me lo cruzaba en los pasillos o en la cafetería, él me daba miradas esporádicas, sé que quería sonreír, pero evitaba hacerlo por no levantar sospechas, pero con eso me bastaba para sentirme feliz toda la mañana. Aunque he escuchado un rumor que se ha hecho bastante público, yo en un principio solo lo sospechaba por algún que otro comentario que escuchaba por parte de algunas chicas, pero luego Lucila me dijo que en su clase vio que estuvieron molestándolo por estar enamorado de alguien y, ¿quién era ese alguien? Yo, se regó el rumor de que él estuvo acosándome, que tiene una obsesión y por eso lo rechacé. Ese rumor tuvo que haber salido de la oficina de la directora, solo ella escuchó esa mentira que él dijo, así que lo tuvo que decir ella o alguien estuvo espiando, en todo caso ahora toda la escuela cree que él está obsesionado conmigo y que por eso ocurrió el incidente anterior.
Roman me dice que eso no le importa en lo absoluto, que él pasa de lo que digan, pero a mí no me gustan ese tipo de comentarios malintencionados, no me gusta que le digan cosas crueles o hirientes, pero francamente no sabría qué hacer.
Por otro lado, los fines de semana han sucedido cosas interesantes. Él sábado que siguió después de nuestra primera vez juntos fuimos a Santa Marta con Lucila y Mateo, quiénes querían ir a la playa. Yo no les había contado nada de lo ocurrido, solo Lucila sabía algunos detalles por la otra noche en que nos vio besándonos, pero hasta ahí, no tenían idea de que todo ya había avanzado demasiado. Viajamos en el auto de ellos porque francamente, no quería conducir por tanto tiempo y, además, mi auto no es precisamente la mejor opción para un viaje en carretera, podría habernos dejado botados sin duda. Quiero al viejo coche, pero estoy consciente de que es de poco fiar, por eso fuimos los cuatro en el auto de Mateo hasta el rodadero donde pasaríamos la noche.
Llegamos al mediodía y pasamos la tarde en la playa. Roman no accedió a bañarse, pensé que lo haría porque el otro día sí accedió a esto, pero no quiso hacerlo esta vez y, por el contrario, se gastó un frasco entero de antibacterial ese día. Lucila y Mateo reían cada vez que lo veían sacar de nuevo ese frasco y echarlo en sus manos, ellos tenían idea de que era maníaco, pero no habían presenciado hasta ahora alguna de sus manías. No tengo idea de cuánto gasta al mes en productos de limpieza y no quiero saberlo, es bastante exagerado, pero ya me acostumbré a ello, no me molesta.
Cuando se hizo de noche y la mayoría de familias se habían ido, Mateo sacó del auto una caja entera de pólvora. No entiendo la afición que tiene con la pirotecnia, nunca puede ir al mar sin aventar fuegos artificiales. Yo esas cosas ni las toco, me da miedo quemarme, pero él sabe mucho de eso. Ya ha causado disturbios antes, hace algunos años me contó avergonzado que se fue a lanzar cohetes al muelle y uno de ellos se desvió y le cayó a una pareja. Ni sabe si les pasó algo porque él se dio a la fuga.
-Oye, ¿has encendido un cohete? –Le dijo a Roman, el negó con la cabeza. –Porque me caes bien te dejaré encender el primero.
-Paso.
-A mí nadie me rechaza un cohete. –Mateo evidentemente molesto, se fue hasta donde estaba su caja y empezó a buscar algo ahí. Nosotros estábamos de pie cerca al agua, Lucila estaba en la arena armando un castillo y nosotros estábamos detrás de ella. Roman me abrazó por detrás y besó mi mejilla. Sonreí, pero antes de girarme a besarlo, escuchamos a Mateo.
-¡Roman! –Gritó. –Traidor. –Le aventó un cohete encendido y él me movió para que no me cayera encima. En menos de nada, ambos empezaron a aventarse cohetes encendidos y pude ver que Roman se divertía genuinamente. Ese es un juego horriblemente peligroso, pero ambos están lo bastante crecidos como para saberlo. Me senté al lado de Lucila porque al parecer, estallarán la caja completa esos dos.
-Está quedando horrible. –Se quejó Lucila al ver su confusa creación.
-La verdad es que sí. –Reí.
-Se ven bastante unidos ustedes dos hoy. –Sonrió, asentí. -¿Ya son novios?
-Puede decirse que sí.
-Con razón.
-¿Por qué lo dices?
-Se ve feliz. –Lo miró, lo miré también. –Tú también te ves feliz.
Los fines de semana siguientes hicimos muchas cosas diferentes, fuimos al cine a ver una película bastante extraña que el escogió, pero fuimos a uno lejano y tarde por no cruzarnos con nadie, fuimos a lugares naturales, nos metimos también en pleno monte porque el muy misterioso quería recolectar unas plantas para un experimento el cuál no logré entender. Esa tarde fue muy divertida porque él se tropezó y cayó, me reí de él y me fulminó con la mirada. Por su culpa nos perdimos, él aseguró conocer bien el área rural de las afueras, cerca de Tubará, pero no fue así, nos perdimos por tres horas, pero no fue malo como podría haber sido. El tonto de Roman a eso de las seis de la tarde que fue la hora en que nos perdimos, empezó a contarme historias de terror y yo usualmente no soy miedosa, pero en la oscuridad rodeada de árboles y quién sabe qué animales, me aterré en serio. Fue divertido en verdad.
Ayer sucedió algo curioso, la primera escena de celos de Roman. El otro día lo tomé como el demo, pero esta vez fue en serio. La tarde del viernes no regresé a casa de inmediato porque me tuve que quedar por el dichoso viaje, había muchas cosas que hacer. Hacer un viaje con casi 60 chicos no es tarea fácil, ya habíamos encontrado un hotel con el cual después de casi una hora, logré llegar a un precio razonable, aunque lógicamente ubicando a varios chicos en cada habitación porque si no saldría muy costoso. Julien fue el que se encargó con sus conocidos de la alimentación y la profesora Gabriela junto a Lucila gestionaron los autobuses, que son bastante decentes por lo que alcancé a ver. Faltaban algunos detalles aún, pero se hizo tarde, casi cinco de la tarde o un poco más y no habíamos podido comer nada al mediodía, por lo que Julien se ofreció a invitarnos a comer algo en su apartamento.
Media hora después llegamos y el empezó a cocinar. Las tres nos sentamos en la sala, el lugar era bastante decente, era cerca al batallón, un conjunto nuevo. Hablaba con Lucila porque Gabriela es una persona bastante molesta, siempre está pegada al teléfono y eso me parece muy grosero.
-¿Qué estás viendo? –Pregunté, ella miraba fijamente a Julien quién estaba de espaldas cocinando algo, no sé si lo miraba a él o si es que deseaba que la comida estuviera rápido.
-¿No lo notas? –Negué con la cabeza, confundida. –Irradia sensualidad, estoy excitada. –Rompió en risas y tuve que esconder mi rostro en mi blusa para no reír, qué comentario tan ordinario. -¿No te parece?
-Mmm. –Por más que lo mirara, no veía nada extraordinario en él. Es el estereotipo de extranjero que viene tanto a la costa, rubio, alto, caucásico. Es muy común de ver, no lo entendía y no sé si es que a ella le gustaba su cabello rubio, aunque sería extraño porque el tono es casi igual al de ella. Un poco perturbador. –No.
-No mientas. –Me sacudió, reía. –Mira su trasero, quiero morderlo.
-A veces no sé por qué soy tu amiga. –Bromeé, me incendió con la mirada.
Pasaron un par de horas muy agradables, Gabriela se fue casi de inmediato después de comer y nosotros nos quedamos conversando, también estaba Justin el hermano menor de Julien quién era de mi edad, había llegado un rato atrás. Hacía mucho tiempo que no conversaba con otras personas, no suelo conocer gente por no tener una vida social activa y es por esto que fue tan agradable, aunque también ayudó el hecho de que ellos fueran divertidos, también se notaba que eran muy respetuosos en todos los sentidos posibles. A veces se enredaban con el castellano, pero era posible entenderles. Creo que sería buena idea salir con ellos de vez en cuando, no lo sé, no puedo cerrarme a la idea de tener más amigos cuando tengo tan pocos.
Se pasó volando el tiempo y cuando me percaté, eran casi las nueve de la noche. Me despedí, Lucila también y cada una se fue en su auto. Llegué a casa ya pasadas las nueve, aparqué y desde afuera pude ver todas las luces encendidas. Entré, dejé mis cosas sobre la mesa y caminé para saludar a Roman. Lo vi en su habitación con un montón de papeles encima, últimamente trae bastantes cosas del laboratorio que no alcanza a terminar allá. Le hice señas, sonrió, pero no fue como siempre lo hacía, parecía una sonrisa forzada.
Presté poca atención a ello y fui a la ducha, tardé un par de minutos y luego me puse ropa cómoda. Me senté en mi cama, más tarde me escabulliría en la habitación de Roman, mientras está ocupado no me parece prudente hacerlo, es por ello que me quedé en mi habitación. Encendí la computadora, abrí unas planillas, pero luego sentí que sonó mi teléfono. Era un mensaje.
-¿Sabes? Quise preguntarte hoy, pero estaba tu amiga ahí. ¿Te gustaría salir conmigo?-21:35 pm
-Espero y digas que sí Urania. -21:35 pm.
-Eres la mujer más bella que he visto en esta ciudad, me gustas mucho. –Remitente desconocido, 21:36 pm. Este sin duda era un mensaje de Julien, no alcancé ni a responder cuándo sentí que alguien estaba detrás de mí. Giré mi cabeza y vi a Roman de pie, detrás, me miraba fijamente con el ceño fruncido. Quise reír, pero eso lo haría enojar más, entonces no lo hice.
-¿Desde cuándo estás espiándome? –Pregunté.
-¿Dónde estabas?
-Estaba en la escuela, salí tarde y todos fuimos a la casa de Julien.
-¿El tipo que da las clases de inglés?
-Sí.
-¿Por qué fuiste allá?
-Nos invitó a comer, no fui sola Roman. No pienses nada raro. –Volteé a ver el computador, pero eso solo lo hizo enojar más porque agarró mi teléfono que estaba a un costado y sé que leyó ese último mensaje, se lo quité enseguida. –Oye, no puedes agarrar mi teléfono, es privado.
-¿Estás con alguien más? –Preguntó alterado, inhalé profundamente.
-No.
-¿Quién te envió ese mensaje? ¿Cómo esperas que reaccione al ver algo así?
-Fue Julien.
-Increíble. –Molesto, salió echando humos de la habitación. Tonto Roman.
Resignada, caminé hacia su habitación y lo vi de pie buscando algo en el escritorio.
-Roman. –Lo llamé, pero fingió no escucharme. –Roman, mírame. –Me lanzó una mirada mortal, le faltaba escupir fuego. Me acerqué a él, tomé sus manos. Desvió la mirada. –No imagines nada extraño, no me veo con él ni nada de lo que estés pensando. Solo hoy fuimos a comer algo allá, también estaba la profesora Gabriela, Lucila, incluso el hermano de Julien. Me quedé conversando un rato y regresé, ahora veo esos mensajes… -Me interrumpió.
-¿Cuáles mensajes? Solo leí uno.
-En primer lugar, no deberías haber leído nada.
-Qué cínica eres, ¿no crees?
-No, no lo soy porque en realidad no debes meterte con mis cosas, yo no lo hago con las tuyas y no es porque oculte nada en realidad, es cuestión de privacidad. Sí, al parecer le gusto, pero es solo eso. No alcancé ni a rechazarlo cuando ya estabas tú detrás de mí. –No respondió, se veía muy molesto aún. Quería besar sus mejillas rojas del enojo, no sé por qué me parecía tan adorable en este momento.
-Mira Urania, no te creo nada. Ese tipo de mensajes, aunque yo no sepa mucho al respecto, no se le envían a alguien que no tengas ni la más mínima idea si le gustas también o no, así que no me quieras pasar por estúpido, porque no lo soy.
-Tienes buena imaginación. –Me miró atónito, sonreí. –Te ves muy lindo estando celoso.
Se sonrojó, pero de inmediato volvió a estar molesto y salió de la habitación, escuché la puerta de la entrada cerrarse. No pensé que alguien que hace unos meses le costaba decir hasta una frase completa, ahora hace escenas de celos histéricos. Eres más interesante de lo que creí.